El SÁBADO COMO SEÑAL DE LIBERTAD

El SÁBADO COMO SEÑAL DE LIBERTAD

Clamor en Egipto
La oración de lamento es quizá, uno de los primeros actos, en la relación de Dios y su pueblo, un pueblo que clamó desde su dolor y sufrimiento. Personas que se encontraban en un estado de opresión, encontraron en la oración de lamento a un Dios alternativo de los que hasta ese momento conocían: los dioses egipcios. Un Dios desconocido en el que confiaron sus flaquezas, un Dios distinto, y no éstos, porque los dioses faraónicos avalaban y justificaban el deseo desmedido de los faraones. El pueblo de la opresión trabajaba para construir ladrillos que fortificaban ciudades, templos de diversos dioses que engrandecían la vanidad y deseo desmedido del nombre de los faraones, ocurriendo que cada dinastía quería ser más grande que la anterior. El lamento de este pueblo tenía que ser dirigido a Otro Dios. Un Dios distinto.
Esta relación que inició como forma de queja, de un pueblo a un Dios que no conoce, y de un pueblo que se sintió escuchado por ese otro Dios. Finalmente, ese otro Dios decidió escuchar a ese pueblo gimiente, y le proveyó de libertad, una libertad real, representada en signos.

El sábado
El primer encuentro entre Moisés y el faraón es para pedirle que deje salir a su pueblo a celebrar en el desierto un Holocausto a Dios (Éxodo 5:1-9), sin embargo; la respuesta del faraón fue negativa, y les recuerda a Moisés y al pueblo cuáles eran las expectativas que tenía con ellos: «…ustedes están apartando al pueblo de sus obligaciones. Vayan a sus trabajos. Y añadió: ahora que el pueblo es numeroso ¿quieren que interrumpa los trabajos?…». Que fueran más productivos era lo que deseaba el faraón, quien también les llama ociosos, flojos y mentirosos, ya que están pensando otra forma distinta a la de él, pues se perderán tres días de trabajo, y retrasarán la producción y los avances de las obras emprendidas por su imperio.
«El tiempo es dinero», es una idea que, aunque la conocemos en el mundo moderno, también era una idea faraónica: «el tiempo es producción». La idea de perder el tiempo en un mundo de producción es inconcebible. Se degrada la persona si pierde el tiempo para hacer. Sin embargo, la idea bíblica del tiempo incluye también el descanso como un provecho para el ser humano, y así encontramos en el sábado un primer signo de libertad.
Es el descanso (shabath) la herramienta que Dios pone al pueblo para golpear el sistema de producción faraónico. En el pueblo invalidaría el poder y el látigo de faraón. Un sábado ceremonial es el que llevaría al pueblo su liberación.
Es así como tiene lugar la alianza de Dios en el Sinaí, sellada con los primeros mandamientos. El primero, no tener otros dioses ni una imagen de Dios… que justifiquen la esclavitud, o una imagen que demande santuarios, que justifiquen el deseo desmedido y la opresión al pueblo. Ante esto, se presenta al descanso como bendición para el ser humano y signo de libertad

La comunidad sabática como signo de libertad hoy
¿Cuántas veces hemos escuchado los mismos argumentos de la ideología faraónica como creyentes? La seducción del consumismo, de tener más, comprar más, gastar más; da como resultado ciudadanos que tienen que trabajar más tiempo, doblar turnos, adquirir dobles trabajos o laborar los fines de semana, etcétera. Convirtiendo al trabajo en una adicción o en una constante esclavitud. En ese sentido el sábado es una resistencia a la voraz cultura del consumo o del trabajo excesivo.
Para el Israel, una vez ya liberado, las voces de celebración (Sábado) fiesta, la música, así como las oraciones comunitarias (de lamento) recordando los sucesos del Dios libertador.
Encontramos en los Salmos (homenaje a la torá) una amplia recopilación de oraciones que nos ayudan a seguir orando y celebrando el sábado en comunidad (iglesia). Y que afirman la bendición de Dios para el ser humano desde el dolor a la alegría: has cambiado nuestro lamento en baile… La comprensión del pueblo cambia, de ese Dios desconocido al Dios que conocen por haberlos escuchado y liberado de Egipto. Ahora es el Dios libertador, el que, como dice el Salmo 103: salva, rescata del hoyo…, el que, …junto a aguas de reposo (sabáticas) hace descansar, conforta el alma…
Cuando guardamos el sábado lo hacemos también, como resistencia y alternativa. Una visible insistencia de que nuestras vidas no están definidas por la producción consumista y la búsqueda del confort. Una resistencia a las seducciones faraónicas de la búsqueda de vanidad. La iglesia es una alternativa a la cultura del entretenimiento que hoy determina la agenda familiar de miles de familias.
Trasmitir o proclamar a este Dios que libera, que transforma vidas, que guía y brinda herramientas al ser humano para su crecimiento, es una tarea que tenemos todos los que hemos vivido esa trasformación y libertad. El Dios que nos muestra Jesús de Nazaret, es nuestro Dios: Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar. Acepten mi enseñanza y aprendan de mí que soy paciente y humilde. Conmigo encontrarán descanso. Mi enseñanza es agradable y mi carga es fácil de llevar (Mateo 11:28-29, PDT)

Bibliografía:
• Sabbath as Resistance: Say no to the culture of now, W. Brueggemann, Westminster John Press Louisville, Kentucky

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EL CLAMOR DE LA TIERRA

EL CLAMOR DE LA TIERRA

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora (Romanos 8:22).

La película «Un día después de mañana» del director Roland Emmerich ha generado en muchos la inquietud acerca de los efectos reales del cambio climático del planeta en el medio ambiente. La trama presenta una sorpresiva destrucción de vastas regiones del planeta, provocada por el descongelamiento de los polos y el consiguiente desbordamiento de los mares; todo esto como consecuencia del cambio climático. Los países que rodean los polos son terriblemente afectados con inundaciones, tornados, granizadas y tormentas de nieve. Las imágenes son dramáticas, las poblaciones enteras aparecen tan frágiles ante la furia de la «naturaleza».

Para muchos especialistas, la película exagera los efectos del cambio climático; sin embargo, no podemos negar que señala algo real: el planeta está mostrando alteraciones, que en buena medida se deben a irresponsables acciones de los seres humanos, tales como: el uso de combustibles contaminantes y de aerosoles, la salvaje explotación de los bosques, la quema de pastizales, el empleo desmedido de aire acondicionado, la construcción de enormes planchas de asfalto o cemento, y otras. Por lo que dichas alteraciones deben interpretarse como la respuesta del planeta a estas agresiones.
Esta respuesta, o más bien, este clamor de la tierra, nos obliga como cristianos a reflexionar y a actuar por el cumplimiento fiel de nuestro llamado a ejercer la mayordomía de la creación. ¡Tenemos un encargo de Dios: Señorear en toda la creación! (Génesis 1:28).

El cambio climático

El clima es el resultado del vínculo que existe entre la atmósfera, los océanos, las capas de hielo (criósfera), los organismos vivientes (biósfera) y los suelos, sedimentos y rocas (geósfera).
La atmósfera es uno de los componentes más importantes del clima terrestre. Es una capa gaseosa compuesta de una diversidad de elementos bien mezclados, pero que no es uniforme, ya que tiene variaciones en temperatura y presión dependiendo de la altura sobre el nivel del mar.

La temperatura se equilibra entre otras cosas por la proporción de los gases invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CCH4) y el óxido nitroso (N2O); los cuales forman una capa protectora para el planeta.

El problema es que esta capa se engruesa cada vez más, básicamente por los siguientes factores: la quema de carbón, petróleo y gas natural que libera grandes cantidades de CO2 a la atmósfera; la tala inmoderada de bosques que reduce la absorción de dicho gas realizada por los árboles; la cría de bovinos y el cultivo de arroz que general metano y otros gases semejantes. Si no se controla esta situación habrá un aumento global de la temperatura entre 1.5 y 4.5 “C en los próximos 100 años, ya que los gases invernadero absorben y reemiten la radiación de onda larga infrarroja que emite la superficie de la tierra; tal reemisión ha crecido por el espesor de la mencionada capa y es la causante del aumento en la temperatura. A este fenómeno se le ha denominado: Efecto Invernadero, causa principal del cambio climático.

Los posibles efectos del cambio climático
Los efectos de un cambio climático tan rápido ocasionarían que los ecosistemas no se adaptaran al ritmo del proceso y habría efectos en los patrones de la lluvia y del viento. El calentamiento de la tierra podría descongelar las capas polares y provocar un cambio en el sistema de circulación del aire, modificando los ciclos de lluvia. El nivel del mar podría subir y amenazar islas y áreas costeras bajas; lo cual, unido al aumento poblacional del planeta, generaría hambrunas, además de las muertes de las personas vulnerables a las temperaturas extremas; traería también el esparcimiento de enfermedades como la malaria, el dengue y el cólera; y quizá, presentarse en la realidad lo que la película mencionada muestra tan crudamente y que nosotros vinculamos al clamor de la tierra.

Qué hacer ante el clamor de la tierra
La ONU, a través de su organismo especializado en este problema de la humanidad, se propone estabilizar los gases invernadero en la atmósfera. Algunos países promueven el uso eficiente de la energía en los diferentes sectores: industrial, doméstico, comercial, del transporte. Estimulan el uso de fuentes de energía renovable, atacan la deforestación y promueven la reforestación.
Hay distintos esfuerzos de diferentes instancias, de los gobiernos y de organismos particulares; sin embargo, hasta ahora los resultados son mínimos. Por otra parte, la Iglesia cristiana se ha mostrado indiferente ante el problema ecológico. Por lo cual es la hora de recordar que la tierra espera una respuesta de los hijos de Dios: Porque el anhelo de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios (Romanos 8:19).

Fundamentos para una respuesta cristiana
La tierra es de Dios: Porque así dijo Jehová que creó los cielos; él es Dios el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso: no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro (Isaías 45:18).
Dios es el creador de la tierra. Él la hizo de tal manera que fuese posible la vida, una vida que realmente sea vida. La convirtió en el espacio para el desenvolvimiento del ser humano.

Teológicamente, al hablar del mundo visible es conveniente comprenderlo como creación y no como naturaleza; en su sentido griego el concepto de naturaleza de la idea de algo que existe por sí misma, que ya está acabado y que tiene su valor en sí misma. En cambio, creación implica que el mundo que habitamos es resultado de una mente y poder superior y bueno.
Esta creación está hecha con sabiduría y representa una obra en la que Dios se expresó. Él puso su sello en cada principio que rige el cosmos, que en la «casa del hombre». Dios vio que su creación era buena (Génesis 1:31). La cualidad de ser buena no se limita a ser bella, implica el que era favorable al ser humano, funcionaba para la vida.

La tierra es la casa de la vida
De nuestro análisis del texto bíblico, llegamos a comprender que Dios está íntimamente relacionado con su mundo. Que los principios que puso en él nos hablan de su permanente cuidado y de su profundo amor por la vida del ser humano, de los animales y de toda su creación; así lo canta el Salmo 104. Dios sostiene su mundo y sus criaturas.

Los principios que Dios puso en la creación rigen para preservarla como cada de vida. Hay una relación entre la obediencia a estos principios y las consecuencias para el ser humano: Si anduvieres en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusieres por obra yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto (Levítico 26:3-4).

Hay una interrelación entre Dios y el ser humano y la creación. El pecado del hombre genera el luto de la tierra a casa de la sombra de muerte que la cubre. La ambición humana y las prácticas irresponsables destruyen la armonía y provocan la extinción de los animales que Dios creó: Oís palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden. Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aún los peces del mar morirán (Oseas 4:1-3). La ideología dominante tiene como uno de sus puntos centrales el progreso y mira la «naturaleza» como algo para conquistar y arrancarle sus riquezas.

El hombre: protector de la casa de la vida
Dios le ha otorgado al ser humano la dignidad y responsabilidad de proteger el medio ambiente a favor de las generaciones presentes y futuras. Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrará y lo guardase (Génesis 2:15). La voluntad de Dios es que el ser humano proteja la creación con el fin de que cada uno siga disfrutando de ella: Cuando sities a alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruirás sus árboles metiendo hacha en ellos, porque de ellos podrás comer; y no los talarás, porque el árbol del campo no es hombre para venir contra ti en el sitio (Deuteronomio 20:19).
Dios se declara en contra de la crueldad y de acciones que destruyan el medio ambiente y nos enseña a ser compasivos con todos los seres vivos con los que estamos ligados. Si viereis el asno de tu hermano, o su buey; caído en el camino, no te apartarás de él; le ayudarás a levantarlo (Deuteronomio 22:4). El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel (Proverbios 12:10).

El reposo sabático fue dispuesto por Dios para liberarnos de la ambición desmedida de arrancarle irracionalmente los recursos a la creación. Guardar el sábado nos permite mantener el equilibrio de la tierra, dejamos que la tierra se restaure, contaminamos menos y recordamos de quién es la casa que habitamos.

Conclusión
La casa de la humanidad fue creada en un equilibrio armonioso, y así deberá mantenerse. La irresponsabilidad del hombre manifestada en la destrucción de los bosques, el uso irracional de los productos derivados de petróleo, la agresión hacia la naturaleza (la contaminación de los ríos, la extinción de especies animales, la generación de basura, y otros) ha provocado que el clima se vaya modificando.

Las respuestas del planeta: las lluvias, las inundaciones, el aumento de la temperatura, las nuevas epidemias, representan el grito de una creación viva que se ve amenazada. La creación clama por su liberación, aguarda la manifestación de los hijos de Dios.

Reconociendo la soberanía de Dios en su creación y aceptando la condición de mayordomos en ella, en el Concilio Ministerial del 2003 hemos declarado nuestro compromiso a:

1. Conservar los recursos humanos.
2. Buscar, restaurar y recuperar el suelo, el agua, el aire, etc.
3. Reforestar recursos tales como árboles, arbustos, etc., en la medida que se considera práctico hacerlo.
4. Practicar el reciclaje de objetos de plástico, vidrio, papel y metal en toda oportunidad.
5. Involucrarse en la limpieza y mantenimiento de nuestro ambiente inmediato.
6. Involucrarse en programas educacionales que promuevan la conservación y restauración de nuestros recursos naturales.
7. Reconocer que el uso prudente de los recursos de la tierra es recomendable.
8. Evitar apoyar y participar en organizaciones que tengan una posición radical o anti bíblica respecto al ambiente.
9. Participar en el cuidado y la defensa de los animales como parte de la creación de Dios, particularmente de las especies en extinción.

«Solamente cuando se haya secado el último río, cortado el último árbol, matado el último pez, el hombre se dará cuenta de que no puede comerse el dinero» (Lema del Parque Nacional «Iguazú», Argentina).

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¿POR QUÉ DIOS PERMITE EL SUFRIMIENTO?

¿POR QUÉ DIOS PERMITE EL SUFRIMIENTO?

Por qué las cosas malas le pasan a la gente buena? Se preguntó Harold Kushner a la muerte de su hijo Aaron, quien nació con progeria (falta de crecimiento y envejecimiento prematuro) y fallece a los 14 años de edad. ¿Puedo de buena fe, continuar predicando que el mundo es bueno y que un Dios misericordioso y lleno de amor es responsable de lo que está pasando aquí? Se cuestionaba este rabino de origen neoyorkino.
Las personas estamos expuestas a innumerables formas de sufrimiento: «Dolor físico, corporal, causado por accidentes, catástrofes naturales, guerras, hambre, enfermedades de todo tipo y el penoso envejecimiento. Dolores insoportables: incontables discapacidades; amarga dependencia de instrumentos y medicinas, de cuidadores y terapias. Y al final el dolor del ir apagándose las fuerzas y del penoso proceso de morir (…) Y aún más: el infinito espacio del dolor del alma (…) por las propias limitaciones…por la culpa y el pecado. El dolor de las expectativas defraudadas y las esperanzas rotas, el dolor causado por el prójimo: por sus críticas y desprecio, por sus burlas y desconsideración, por la envidia y la ambición, por el abuso y la competitividad… el sufrimiento producido por tantos que me amargan y echan a perder la vida (…) Y el sufrimiento por el amor… porque la persona amada no es como pensábamos… por los hijos, que no toman el camino que habíamos previsto; se sufre a causa de Dios. ¡Con cuánta frecuencia la oración no es escuchada, en vez de consuelo, tan sólo impenetrable oscuridad! …tener que vivir como si él no existiera (…) a la larga ninguna vida se libra del dolor. En seguida acecha un sufrimiento nuevo. Nadie escapa de él; resulta inevitable que a todos nos alcance ¿por qué?»
C.S. Lewis plantea de la forma más simple el problema del dolor y la fe en Dios: «Si Dios fuera bueno, hubiera querido hacer a sus criaturas perfectamente felices, y si Dios fuera todopoderoso, hubiera sido capaz de hacer lo que Él quería. Pero las criaturas no son felices. Por tanto, Dios carece o bien de bondad o bien de poder o de ambos» . En esta interesante obra, Lewis responderá que la respuesta está en el criterio del libre albedrío que Dios dispuso en la Creación.

Alternativas de explicación
al problema del sufrimiento
Merecemos lo que recibimos, las desgracias provienen de castigos a nuestros pecados (Isaías 3:10-11; Génesis 38:7; Proverbios 12:21). Dios da a los hombres su justa retribución. Esta explicación tiene varias repercusiones: la gente se autoculpa, odia a Dios, se odia a sí misma y además, esto no se ajusta a los hechos.
Otra idea es que: el plan divino es justo en el plano final (Salmo 92:5-7, 12-15). El sufrimiento ocurre y contraría la existencia humana; sin embargo, Dios tiene sus razones. Por ejemplo: puede ser el mejor momento para que alguien deje este mundo, o bien, es para evitarle algo malo o hay otros fines que de momento no alcanzamos a mirar.
Se dice también, que el sufrimiento tiene un propósito educativo: para reparar lo defectuoso en el ser humano y que algún día comprenderemos que fue para nuestro bien (Proverbios 3:12), se dice que Dios nos lastima con el fin de ayudarnos. Esta es una apología de Dios (teodicea) pero no ayuda a la persona a sobrellevar su pena.
Otro abordaje al problema del sufrimiento consiste en la idea de que Dios nos libra de un mundo de dolor y que al morir nos conduce a uno mejor. Esta explicación puede ayudar a algunas personas a sobrellevar el sufrimiento, pero puede ser utilizada como excusa para no transformar las injusticias con la sabiduría y la fuerza que Dios nos ha dado.
Todas estas explicaciones suponen que Dios es la causa de nuestro sufrimiento y todas tratan de comprender la razón por la cual nos es impuesto. Pero es posible que nuestro sufrimiento no sea causado directamente por la voluntad divina. Es posible que estemos haciendo preguntas erradas.

La historia de Job
En el planteamiento de este enigmático libro observamos tres premisas fundamentales:
1. Dios es todopoderoso y es causante de todo lo que sucede en el mundo. Nada acontece sin que Él lo desee.
2. Dios es justo y es razonable que los justos sean premiados y los perversos castigados.
3. Job es una buena persona.
Pero, no se pueden sostener las tres premisas. Por un lado, los amigos de Job intentan confortarlo diciéndole que el mundo funciona lógicamente, que no es un lugar caótico, que si sufre es por la culpa de Job, que algún pecado debe tener y que si quiere que termine su padecimiento deberá arrepentirse, confesar y volverse a Dios para que cambie su suerte; por su parte Job expresa su desilusión y el sinsentido de su dolor. Si Dios es justo y todopoderoso entonces él que ha sido un hombre íntegro no debería sufrir. En su opinión Dios se ha equivocado con él.
La enseñanza del libro admite la bondad de Dios y la integridad de Job y relativiza que Dios sea todopoderoso. Dios es bueno, pero ha decidido limitar su poder. Dios desea que los justos vivan contentos y en paz, pero no interviene directamente en todo acto o situación y entonces la vida o el mundo parecen ir a la deriva porque ha creado este mundo con el criterio del libre albedrío. El hecho de que Dios sea todopoderoso, no implica que pueda crear algo lógicamente imposible. Para que el ser humano disponga de libre albedrío se hace necesaria la posibilidad de que el hombre elija lo bueno o lo malo, incluso que no acepte a Dios.
¿Por qué Dios no controla el caos y no limita el daño que pueda causar? Muchas cosas suceden «al azar», dentro del ámbito de libertades que Dios nos da. El azar en el mundo da la impresión de caos. ¿Por qué suceden cosas malas a las buenas personas? Una razón es que nuestra condición humana nos otorga libertad de lastimarnos los unos a los otros y Dios «no puede» detenernos sin quitar esa libertad que nos convierte justamente en humanos. Las vidas de las personas están afectadas por las decisiones triviales e impensadas. Hay aspectos que se mantienen independientes de su voluntad, pero entristecen a Dios igual que a nosotros.
Generalmente suponemos que si Dios es amor prefiere un mundo sin sufrimiento. ¿Es necesariamente verdad? Creemos que Dios tiene razones primordiales para permitir el sufrimiento en el mundo. Por ejemplo; conocemos casos de la vida en los que permitimos el dolor para producir un bien mayor. Hay «bien», como las virtudes morales, que sólo pueden lograrse a través de la colaboración libre de las personas, y puede ser que un mundo con sufrimiento tuviera un saldo en la balanza mejor que un mundo sin sufrimiento.
En el paradigma de Job se confrontan dos concepciones opuestas de fe: una fundamentada en derechos y deberes a partir de su comportamiento moral y una basada en la gratuidad del amor. Job nos ayuda a ver el sufrimiento como un misterio más que como un escándalo. El cuestionamiento esencial que Dios le hace es: ¿Quieres ser Dios o quieres ser tú? ¿Quieres ser el Creador o quieres ser criatura? Job 38:1-40:2. El dolor de Job se convierte en revelación para nosotros.

¿Por qué Dios permite el mal?
Mucho sufrimiento parece injustificado y no le vemos sentido ni necesidad. Pero, ¿es realmente injustificado o sólo lo parece? No estamos en una buena posición para dilucidar ese tipo de probabilidad con certeza. Somos seres limitados en inteligencia, en espacio y en tiempo. Pero Dios, en el plano general, ve el final de la historia desde el comienzo y ordena providencialmente los hechos para que se llegue a un final que Él desea, a través de las acciones libres de los hombres. Y para un final de acuerdo a Sus objetivos, Dios puede muy bien tener que admitir una gran cantidad de sufrimiento en el camino.
Todo evento ocurrido, inicia una cadena de efectos a través de la historia, de tal manera, que las razones morales suficientes que Dios pueda tener para permitir que un mal ocurra, podrían no emerger hasta tiempo después. Sólo un Dios omnisciente puede aprehender las complejidades de dirigir un mundo de personas libres hacia sus objetivos previstos. Un bien a corto plazo, puede a largo plazo conducir a un sufrimiento indecible, mientras que ciertas acciones que parecen desastrosas en un principio, pueden resultar ser una bendición para la humanidad.
William Craig explica varias posibilidades sobre por qué Dios permite el sufrimiento , dice: El propósito principal de esta vida no es la felicidad, sino el conocimiento de Dios (Y el conocimiento de la gloria del Señor llenará entonces toda la tierra… Habacuc 2:14). El propósito principal para el hombre es el conocimiento de Dios, que al final dará lugar a la felicidad última y la máxima realización. Mucho del sufrimiento en el mundo puede resultar completamente inútil en relación a producir felicidad humana en esta vida, pero puede no ser inútil en relación a dar lugar a un conocimiento más profundo de Dios.
Otro punto es que «la humanidad vive en estado de rebelión contra Dios y sus propósitos. En lugar de someterse a Él y adorarle, la gente se rebela contra Dios para seguir su propio camino, con lo que se alejan de Él, y se sienten moralmente culpables ante Dios, buscando a tientas en su oscuridad espiritual y persiguiendo falsos dioses de su propia manufactura. Terribles maldades humanas en el mundo dan testimonio de la depravación del hombre por ese estado de alienación espiritual de Dios. Las Escrituras nos indican que Dios deja al hombre que opta por el pecado. Él no interfiere para detenerlo y permite que la depravación humana siga su curso (Romanos 1:24, 26, 28). Esto sólo sirve para aumentar la responsabilidad moral de la humanidad ante Dios, así como nuestra necesidad de perdón y de purificación moral». Mucho del sufrimiento que padecemos nos lo causamos unos a otros, como manifestación de la maldad humana elegida.
Además, el propósito de Dios no se limita a esta vida, sino que se derrama más allá de la tumba hacia una vida eterna. Cuando Dios pide a sus hijos que soporten sufrimientos en esta vida, es solo con la perspectiva de un gozo que viene del cielo y una recompensa que van más allá de toda comprensión. El apóstol Pablo se sometió a una vida de increíble sufrimiento que incluía males morales y naturales. Su vida como apóstol fue una vida marcada por las aflicciones, penas, desgracias, golpes, encarcelamientos, tumultos, trabajos, vigilias, hambre… (2 Corintios 6:4-5). Aun así, escribió: Por tanto no nos desanimamos…pues este ligero y momentáneo tiempo de aflicción nos prepara para un intenso regalo de eterna gloria más allá de toda comparación, porque miramos, no aquello que puede ser visto, sino aquello que no lo es, pues las cosas que vemos son transitorias, pero las que no vemos, son eternas (4:16-18).
El peso de la gloria es tan enorme, que sobrepasa más allá de toda comparación el del sufrimiento. Conocer a Dios, el centro del bien y amor infinitos, es un bien incomparable, la realización de la existencia humana, para esto fuimos creados. La persona que conoce a Dios, no importa lo que sufra, no importa cuán terrible pueda ser su dolor, puede aún decir honestamente «Dios es bueno conmigo», simplemente en virtud del hecho de que él conoce a Dios, un Bien inconmensurable. Así puede Job afirmar: Aunque él me matare, en él esperaré (Job 13:15).

Referencias
1 Greshake, G. ¿Por qué el Dios de amor permite que suframos? Salamanca, Sígueme, (2008)
2 C.S. Lewis. El problema del dolor. Ed. Caribe, 1977, Miami
3 http://lastresllavesdepablo.blogspot.mx/2011/07/un-analisis-del-problema-del-mal-por-w.html

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