Mensajes
Por: Min. Abraham Valdovinos
Cuando dentro de una relación entre personas que se quieren, una de ellas no se comporta a la altura y defrauda al ser querido, la ruptura es frecuentemente definitiva. Cuando las cosas llegaron demasiado lejos y ya no es posible regresar al estado armonioso que caracterizaba una relación, ¡cómo quisiera uno que el reloj regresara al tiempo justo en el que se podían componer las cosas!Pues para las personas lastimadas y decepcionadas que no pueden perdonar y la relación está rota y ya no hay regreso.
Afortunadamente, Dios no es como nosotros; a pesarde que el ser humano constantemente parece estar comprometido con dañar su relación con Dios, él perdona cuando nosotros queremos abandonar esa actitud y queremos regresara la comunión con Él.
I El regreso no es para quienes quieren seguir ajenos a Dios (II crónicas 33:9-10)
EL mensaje del perdón de Dios, sin duda se presta para los fines equivocados de quienes quieren persistir en una vida ajena a la voluntad de Dios; pero esto no sirve de nada, pues no se trata de que nos vaya bien en la vida o en la iglesia, sino de si Dios realmente es lo más importante en nuestras vidas.
II Las tragedias de la vida ponen al descubierto nuestra auténtica necesidad de Dios y lo grandioso de su amor (II Crónicas 33:11-13)
La necesidad de regresar a la comunión con Dios, no es algo que se planea fríamente (me porto mal durante este tiempo y luego me arrepiento), es algo que arrebata el alma de angustia y dolorque se desborda en súplicas y que revelan el auténtico carácter de Dios. No son sus milagros y portentos sino su perdón lo que reconoce Manasés.
III El perdón permite el regreso, regreso que no es otra cosa que la lucha contra el pecado (II Crónicas 33:14-17)
El sentir el perdón de Dios es la auténtica liberación del pecado; es la única forma de luchar contra él. El castigo doblegó el ser de Manasés, pero el perdón de Dios doblegó su pecado y lo convirtió en un luchador contra el pecado. Se le perdonó mucho, entonces amó mucho.
Conclusión Nosotros como Manasés pudimos apartarnos y ofender el nombre de Dios, pero si en nuestro ser tomamos conciencia de que, no obstante nuestras rebeldías, Dios no ha apartado su perdón de nosotros, podemos disfrutar del regreso a la comunión con él, sin esperar a que la rudeza de esta vida nos ponga en una situación de angustia, y aunque así fuera, finalmente sabemos que es posible el regreso.