Mensajes
TESTIFICANDO EN LA ADVERSIDAD (Apocalipsis 14:6-13)
Introducción: Juan nos ha presentado a las tropas de Dios y nos ha dado seguridad de que están listos para el combate final.
I. Para ellos necesitan oír tres anuncios angelicales:
- Dios desea la salvación de toda su creación y la invita a participar en ella: vv. 6-7.
- Antes de poder disfrutar de tal salvación, el mundo tiene que ver la caída del sistema comercial-político-religioso que lo tiene engañado (la gran Babilonia): v. 8.
- Todos los seres humanos que se benefician de dicho sistema, o aun cooperan con él, serán severamente sancionados, objetos de la ira divina: vv. 9-11.
A pesar de los tormentos que estos últimos mensajes incluyen para los incrédulos, Juan tiene presente que los que pertenecen al pueblo de Dios también sufrirán en el combate de la gran tribulación. Necesitan fortaleza porque muchos de ellos morirán: v. 12.
Lo que distingue la muerte suya de la de los seguidores de las bestias (capítulo 13) es que los creyentes serán dichosos (bienaventurados), porque descansarán de sus fatigosos trabajos: v. 13 a.
Y Juan, como profeta lleno del Espíritu, en la víspera de una cruel persecución, agrega que sus obras los acompañan al morir (v. 13b), no como mérito que los recomiende para la salvación, ni como satisfacción personal, sino porque su sacrificio tendrá un efecto evangelizador en todos los que lo presencien.
II. Contrastes entre las huestes del mal y las tropas que pertenecen a Dios:
- El pueblo de Satanás está marcado por el nombre de la bestia (13:17);
- El pueblo de Dios está marcado con el nombre del Padre (14:1).
- Las huestes del mal usan palabras de arrogancia y blasfemia (13:4-6):
- Las tropas de Dios entonan cánticos de victoria y alabanza al Creador (14:2-3).
- El pueblo de Satanás engaña a los moradores de la tierra (13:14):
- El de Dios es un pueblo sin mentira en sus labios, pues son intachables (14:5).
- Las huestes del mal adoran al dragón y a la bestia (13:4);
- Las tropas de Dios SON una adoración purificadora (14:4).
- El pueblo de Satanás tiene un privilegio exclusivo: comprar y vender (13:17);
- El privilegio exclusivo del pueblo de Dios: aprender el cántico nuevo (14:3).
- Las huestes del mal tienen un dirigente autorizado por el dragón (13:4);
- Las tropas de Dios tienen un dirigente autorizado por Dios (5.12).
- El pueblo de Satanás no será salvo: morirá eternamente (14:9-11);
- El pueblo de Dios será salvo: morirán sólo físicamente (13:7, 10; 14:12-13).
III. Testificando en la adversidad.
Estos dos pueblos descritos se codean todos los días en las calles de las ciudades del mundo. La batalla se libra a diario en todas partes del mundo, aun cuando algún día llegará a su desenlace definitivo.
Aunque las tropas del Cordero no atacan directamente al imperio (el sistema comercial-político-religioso, la gran Babilonia)- su lucha es de otro tipo-, se organizan de manera fraterna e igualitaria, como antiguamente las 12 tribus, y resisten a la bestia.
A la larga, su lucha persistente va a derrotar al imperio (17:14).
El imperio, lejos de ser soberano de la historia, va a caer corrompido, derribado por sus propias plagas (13:10).
Pero las comunidades del Cordero, por su lucha, preparan el comienzo del nuevo futuro. Desde YA, ellos son las “primicias para Dios” (como primera ofrenda) y para el Cordero (14:4), una muestra del futuro que Dios quiere para todos.
Aplicación:
- Este es un Mensaje lleno de Esperanza y Consuelo.
En medio de un mundo caótico y con pronóstico de autodestrucción, Dios se nos muestra como el Dueño de la Historia y como el que guía a su pueblo a la victoria final, a una tierra y a unos cielos nuevos donde mora la justicia. ¿Vale la pena seguir luchando? ¡Sí! ¡Claro que sí! Estamos en una lucha con final asegurado.
- El Mensaje de la Iglesia es el del primer ángel: 14:6-7
El Evangelio Eterno para Predicarlo a todos los pueblos en todo el mundo: “Todo el amor de Dios, por toda su iglesia, en todos tiempo y lugar, para todo el mundo”.
- Nosotros somos el pueblo de Dios.
Estamos en pie de guerra, pero nuestra lucha no es con armas, sino con el poder del amor. Nos organizamos de manera fraterna e igualitaria para resistir a los enemigos del Señor. Somos la señal de que el Reino avanza a su consumación gloriosa: 14:7: “toda nación”: México, Estados Unidos; “y toda tribu y lengua y pueblo”: español, inglés, coreano, japonés.¡Gloriémonos en esta realidad!