Mensajes
“YO SÉ QUE MANDARÁ A SUS HIJOS”
“Porque yo le conozco y sé que mandará a sus hijos y a su descendencia que guarden el camino del Señor, practicando la justicia y el derecho, de modo que pueda concederle el Señor a Abraham lo que le tiene apalabrado.” (Génesis 18:19).
La urgente necesidad de atender la problemática, situación actual, desafíos y posibilidades, nos debe mover a Dios para que a través de su Palabra, nos siga instruyendo acerca de cómo tener familias sanas donde la unidad, el amor, la vida espiritual, la obediencia sea parte de su vida cotidiana.
A través de la vida de Abraham aprendemos que para tener familias conforme al corazón de Dios recibimos:
- Una vida limpia ante Dios.- “Porque yo le conozco…” vivir una vida que responde a la expectativa del Señor, es lo que se nos dice cómo cabeza de nuestra familia.- “Yo soy el Saddai, cuida en mi presencia y sé perfecto” (Génesis 17:1).
- Un brillante carácter y ejemplo.- “Sé que mandará a sus hijos a su descendencia” “Nuestra familia no sólo necesita que oremos con ella y por ella (Job 1:15); necesitan que los enseñemos con mucho cuidado y los dirijamos bien. “Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy.- se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado...”(Deuteronomio 7:6-7). “Instruye al niño en su carrera, y que cuando fuere viejo, no se apartará de ella” (Proverbios 27:6). Quienes esperamos bendiciones para nuestra familia, debemos tener conciencia de nuestro deber hacia ellos.
- Estar fundamentado sólidamente en los principios de Dios.- “Que guarden el camino de Jehová, practicando la justicia y el derecho...” - No debemos llenar la mente de nuestros hijos con asuntos de dudoso debate. Mas bien tenemos que enseñarles a ser serios y devotos adoradores de Dios (Romanos 12:1). A ser honestos en todos sus tratos con las personas.
Nuestro desafío es constituirnos con familias de bendición para nosotros, para la iglesia y para la sociedad. Sí confiamos que el Señor nuestro Dios y su Hijo Jesucristo se enseñorearán a nosotros (Salmos 127:1), lo lograremos.
¡Dios bendiga nuestra familia!