| 20 Agosto 2010
RENOVANDO NUESTRO MINISTERIO
Servir a Dios, a la Iglesia y al mundo, y hacerlo con frescura no lo podemos hacer si nuestra fortaleza se ha envejecido.
La constante renovación personal debe ser un modo de vida para el Ministerio de la Iglesia: Ministros, Diáconos, Pastores y Obreros, que deseamos que nuestro trabajo siga siendo vital y positivo.
Si continuamos haciendo las mismas cosas de la misma manera que siempre lo hemos hecho y aun así esperamos mejores resultados, no tiene ningún sentido.
Con mucha frecuencia nos movemos más por hábito en lugar de movernos por inspiración. Cuando la adoración o el servicio se hace por cualquier otro motivo que no sea el Espíritu de Dios – no importa cuán noble sea el motivo – nunca tendrá el poder para impulsarlo a un éxito verdadero.
“Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá” (Proverbios 19:21).
¿QUÉ ES LA RENOVACIÓN?
La renovación en el Ministerio significa que constantemente debemos estar viendo dónde hemos estado, dónde estamos y dónde desea Dios que estemos. Muchas veces nos movemos de una manera que puede haberse visto bien en el pasado, pero que ahora necesita que se le hagan ajustes.
Ver hacia atrás puede resultarnos doloroso y desilusionante. Pero mientras evaluamos dónde hemos estado y dónde debiéramos estar, podemos descubrir que nuestra meta puede resultar ahora muy anticuada y no tiene nada que ver con la realidad del momento que vivimos.
Consideremos la experiencia del Profeta Elías.
Seguir las instrucciones precisas de Dios parecía convertirse en desastres para él. Se fue al arroyo de Cherith donde fue alimentado por los cuervos como Dios le dijo, pero el arroyo se secó. Se fue a Sarepta donde una viuda lo cuidó, pero el hijo de la viuda falleció. Ante toda esta tragedia, Elías clamó:
“Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa yo estoy hospedado has afligido, matándole su hijo?” (1 Reyes 17:20).
En medio de tales circunstancias horrorosas, Dios oyó el clamor del Profeta y resucitó al niño. En lo que parece ser una renovación de la confianza del Profeta Elías en Dios, estaba dispuesto a regresar y enfrentarse a Achab en una de las más grandes demostraciones del poder de Dios que uno pueda imaginarse.
¿POR QUÉ ES NECESARIA LA RENOVACIÓN?
Para que un Ministro, Diácono, Pastor u Obrero pueda mantener una relación apropiada con Dios, debe renovarse constantemente.
"Por tanto no desmayamos: antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16).
Así como necesitamos que nuestros cuerpos sean nutridos y hagan ejercicio regularmente, de la misma manera necesitamos del refrigerio espiritual cada día. Así como es importante mantenernos con buena salud en el sentido natural, es aun más importante que el ser interior mantenga una comunión fuerte con Dios.
Jesús les dijo a los Apóstoles que debían permanecer en Jerusalem hasta que recibieran el poder de lo alto. No se les permitió ministrar hasta que fueron facultados por Dios a través de su Espíritu Santo. Comenzar sin esa fuente de fortaleza les hubiera asegurado su total derrota.
Todos los miembros del Ministerio debemos experimentar la renovación de tal manera que podamos tener una relación apropiada con nuestra familia que es la primera área de nuestra responsabilidad en nuestro ministerio. Así como vemos el fracaso familiar en toda la sociedad, las mismas situaciones han ocurrido en familias del Ministerio. Cualquier miembro del Ministerio podemos dedicarle tiempo a las necesidades de la congregación y descuidar a los seres más cercanos a nosotros. Cuando nuestro cónyuge e hijos no son alimentados, enseñados o alentados, nuestro servicio como Ministros de Dios disminuye.
Uno debe renovarse constantemente en el Espíritu Santo y en nuestra comprensión bíblico-teológica de modo que esté preparado para ministrar a la multitud de necesidades que tiene la congregación. Debemos ejercer el papel de un padre espiritual con los miembros y familias de la Iglesia de tal manera que aprendan sus papeles individuales en la vida cristiana.
Las áreas más importantes de responsabilidad para el Ministerio incluyen su tiempo de oración y su tiempo de estudio de la Palabra de Dios. Su capacidad para predicar, enseñar y servir se determina y se forma por su tiempo dedicado a la oración y el estudio. Los recursos recibidos del Espíritu y la Palabra se necesitan para poderlos transmitir a los que están bajo su responsabilidad.
LA BASE BÍBLICA PARA LA RENOVACIÓN
Hablando sobre su muerte inminente y su resurrección, Jesús dijo:
“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva” (Juan 12:24).
De la misma manera el Ministerio debe morir al pasado, no importa cuán grande pueda haber sido, a fin de moverse a lo que sigue en el plan de Dios. Aun el mismo Jesús, cuando expresó tales palabras, no podía permanecer como era y realizar todo lo que Dios tenía en mente para Él. La misión de Jesús involucraba su disposición para sacrificarse a sí mismo, completando así el plan por el cual todos quienes creen puedan encontrar una nueva relación con Dios.
Un Pastor refiere que estaba teniendo problemas con su Consejo Local en la Iglesia. Se había esforzado bastante para darles gusto a varios miembros de la congregación y del Consejo Local pero descubría que casi ninguno estaba feliz, incluyéndose a él mismo. Decidió entonces concentrarse en desarrollar su relación personal con Dios y Jesús y renovar su compromiso con la adoración.
Cuando la congregación observó cambios en su vida y actitud, también ellos comenzaron a experimentar un cambio, y la atmósfera de la iglesia mejoró para todos.
Este tipo de renovación no es el primer “nuevo nacimiento” que un miembro del Ministerio debe experimentar, pero en alguna manera suena como un eco de ese suceso influyente. Jesús habló con Nicodemo sobre volver a nacer, pero Nicodemo pensó en lo físico. No comprendió cómo era posible nacer de nuevo. De la misma manera, muchos líderes de la Iglesia se resisten a la idea de una nueva transformación. Se necesita cambiar el modo de pensar para comprender el mensaje de Jesús.
UN NUEVO PRINCIPIO
Al revisar nuestro trabajo pastoral podemos darnos cuenta, casi inmediatamente, cuanta falta nos puede estar haciendo estar al corriente en los muchos recursos que necesitamos para suplir las necesidades de nuestra familia, de la congregación y de la sociedad.
Comencemos con un enérgico plan diario de oración y de lectura de la Palabra de Dios, (si podemos leer dos veces la Biblia completa en nueve meses). Será un tiempo tremendamente valioso anticipar lo que podemos esperar de la lectura de la Palabra, así como sobre todas las oportunidades que descubriremos. Será emocionante volver a disfrutar la historia de nuevo y aquellos detalles que hemos olvidado por vario tiempo. Volveremos a disfrutar exponer la Escritura, dando definiciones y aplicaciones de las palabras, aprendiendo lección es de las abundantes ilustraciones hermosas de la Biblia. Miraremos con gozo como esas verdades espirituales se arraigan más profundamente en nuestra vida y florecen en un mundo completamente nuevo de comprensión. Tendremos conocimientos y experiencias nuevos que compartir con los demás.
Esta experiencia nos traerá un regocijo nuevo a nuestra relación con Dios por Jesucristo. Nos dará oportunidades nuevas en el Ministerio. Tendremos un interés más compasivo por los miembros de la congregación. Podremos alcanzar a más con nuestro corazón que con nuestro conocimiento.
Un desarrollo adicional ocurrirá en nuestra renovación personal cuando nos sumerjamos en la oración diaria, en lo personal, con nuestra esposa, con nuestra familia, para buscar la dirección de Dios en nuestras vidas. Cuando buscamos traer familias y a la congregación a relaciones más fuertes, la renovación que experimentamos calentará nuestro ser. Es la base para el crecimiento continuo en cualquier cosa que Dios tenga reservada para nosotros,
Este es un buen momento para analizar dónde hemos estado y buscar un nuevo principio en nuestro llamado al servicio de Dios. Lo que podemos esperar es que Dios encienda la pasión en nosotros para días mejores en el futuro, como lo hizo con el Profeta Elías.



