| 12 Noviembre 2008
Para ir abriendo camino y llegar al fondo del tema que nos ocupa debo aclararen primer lugar lo siguiente. La presente es una reflexión teológica sobre la misión de la Iglesia a la luz de las Escrituras, sometiéndonos al poder del Espíritu Santo. Esto implica que: partimos de la normatividad de la Palabra, es ella la que nos revela al Dios verdadero y en la que encontramos descritos sus propósitos para el mundo, la iglesia y las personas, así como su modelo de actuar en las relaciones.
Usando la metáfora del camino diremos que el camino está lleno de atajos ideológicos falsos, de seductoras montañas de éxitos y de pantanos pecaminosos en los que podemos quedar atrapados. Requerimos de una brújula que nos oriente y nos proporcione lacertidumbre de estar en el camino correcto. La capacidad para corregir el rumbo nos anima a proseguir. Por otro lado, nos interesa no sólo llegar al final de la meta, sino ir anunciando la buena noticia de salvación, logrando la restauración de las personas y transformando las condiciones de vida para que Dios reine en todos y en todo.
La teología y la evangelización son aspectos de la tarea de la Iglesia que se complementan armónicamente. La misión de la iglesia es su razón de ser y es el proceso mediante el cual vino a su existencia, pero esta misión no la hacen ángeles celestiales sino hombres y mujeres frágiles y limitados. La teología es como la espina dorsal de la Iglesia: La refuerza y ayuda a mantenerla en pie. Orlando Costas dijo sobre esta relación: “La Teología capacita a la evangelización para transmitir la fe con integridad, clarificando y organizando su contenido, analizando su contexto y evaluando críticamente su comunicación. La evangelización capacita a la teología para ser una sierva efectiva de la fe relacionando su mensaje con las necesidades espirituales más profundas de la humanidad.1
Procuremos eliminar la falsa dicotomía de tener que elegir entre la teología o evangelización. Buscamos que la iglesia tenga un mensaje fiel y pertinente.Fiel a su identidad y pertinente para el mundo. Todo esto será posible por el don de la fe que nos es dado por el Espíritu Santo. Entendiendo que conocer a Dios significa tener comunión con
Dios, experimentar su presencia y cumplir su voluntad.
CONCEPTOS BASICOS
El primer punto a establecer será entonces, definir lo que entendemos por evangelio, evangelización y evangelización contextual.
No todo lo que hemos llamado evangelio, es evangelio.A veces hemos llamado Evangelio a la moral, otras veces a los dogmas, tal vez a los mandamientos, hasta a las tradiciones de la iglesia o aún a “inspiraciones” personales. El concepto que podemos extraer de la Biblia podemos plantearlo así como lo han dicho en el documento “Una respuesta a Lausana”: “El Evangelio es buenas nuevas de Dios en Cristo Jesús. Es buenas nuevas del Reino que él proclama y encarna; de la misión de amor de Dios que trae salud al mundo, exclusivamente por medio de la cruz de Cristo; de su victoria sobre los poderes de la destrucción y muerte, de su señorío sobre todo el universo. Es buenas nuevas de una nueva creación, una nueva humanidad, un nuevo nacimiento por medio del Espíritu que da vida. Es buenas nuevas de los dones del Reino Mesiánico contenidos en Jesús y mediados por su Espíritu; de la comunidad carismática que por su poder encarna su Reino de Shalom aquí y ahora, ante toda la creación y hace visible y da a conocer sus buenas nuevas. Es buenas nuevas de liberación, de restauración de salud y de salvación personal, social, global y cósmica.2
Una de las distorsiones que ha sufrido la evangelización es la de dirigir el mensaje sólo al intelecto, como si lo único que importara es la dimensión subjetiva de las personas, con frecuencia a los programas especiales de evangelización solemos llamarlos cultos de “almas nuevas. H.W. Wolf señala que el término alma (En hebreo: nefesh) en el Antiguo Testamento representa ante todo “al hombre en su necesidad y ansiedad”. 3 Pero en el lenguaje cotidiano muchas veces se remite al ser interior; nuestro deber es aclarar a qué nos referimos. El evangelio que nos trajo Jesús se dirigió a la totalidad de ser.
Por evangelización entendemos, según la metáfora que se atribuye a Spurgeon, el gran predicador inglés: es el acto de “un mendigo diciéndole a otro donde conseguir pan”.4
Cuando hablamos de evangelización, corremos el riesgo de confundirlo con proselitismo. Para Costas, proselitizar es tratar de lograr que la gente cambie de un sistema religioso de creencias, ideología o partido político a otro-(a), usualmente por medio de incentivos psicológicos, sociales, culturales, políticos, económicos o por medio de la aplicación de presión. En contraste, evangelizar es compartir amorosa y respetuosamente con otros las alegres nuevas y la gracia liberadora del evangelio, es extender una invitación a la fe en Cristo y a la participación en su compañerismo y confiar la respuesta de la persona o la comunidad al Espíritu Santo. 5
Evangelizar es una obra de amor, no busca obtener poder o manipular a las personas, no busca dominar sino convencer. No se trata de dominar las técnicas de comunicación para conseguir la respuesta que quiero, se trata sobre todo una decisión de compartir el sentido de la vida, del perdón y de la esperanza que hemos encontrado en Cristo Jesús.
Con respecto a contextual diremos que:
El término contexto tiene su raíz etimológica en el latín contextos y significa “tejido junto”, separando la palabra“cum” = con y “text” = de donde se deriva tejido y el verbo tejer. Se refiere a lo que está entrelazado a una obra. También puede significar “las partes de un discurso que rodean una palabra o pasaje y que pueden traer luz sobre su significado, o las condiciones interrelacionadas en las que algo existe u ocurre: el concepto de “contexto, o entorno” se apoya en los fundamentos de la comunicación humana. En la comunicación la gente teje juntas las ideas, las actitudes, los valores y los sentimientos. Todo acto humano es contextual en cuanto está informado y formado por factores externos a él mismo.
El evangelio no nos ha sido comunicado a gritos desde el cielo. Dios se ha acercado al hombre, se ha insertado en la realidad histórica. Dios se encarnó y puso su tienda entre nosotros por medio de Jesús. Lo que significa que Dios se ha contextualizado en Jesucristo. El filósofo español José Ortega y Gasset dijo: “Yo soy yo y mis circunstancias”. El ser humano no existe aislado de sus condiciones de vida. La evangelización contextual es la que busca transmitir toda palabra, a la persona total. La buena noticia de salvación se dirige a todo el ser.
LOS FUNDAMENTOS DE LA EVANGELIZACION CONTEXTUAL
En base a lo que entendemos de lo que es el evangelio y la evangelización, afirmamos que no puede haber un cumplimiento bíblico de la misión si no se contextualiza el contenido y la forma del mensaje de salvación. Las razones para hablar de que es irrefutable la tarea contextual son las siguientes:
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- El concepto bíblico del pecado y sus consecuencias.
En la Biblia, el pecado no es un tema especulativo sino relacional. Se manifiesta en las relaciones entre el hombre y Dios, el hombre y su prójimo y el hombre y su medio ambiente. Es una fuerza destructiva que obstaculiza y deforma la vida humana. El pecado es la desobediencia al señorío de Dios, lo que produce como consecuencia la separación presente y futura de la comunión con Dios. Desobedecer a Dios es rechazar su amor y sufrir la ira es quedar fuera del ámbito de su reino de amor.
Además, el pecado significa todo acto injusto, todo atropello de la dignidad humana y toda violencia del hombre contra el hombre. La injusticia que practicamos se nos revierte, nos enajena, nos deforma moralmente y nos desvía de la vocación de criaturas de Dios. Por ello los profetas denunciaron las situaciones de abuso.
También, el pecado es ser incrédulos a Dios. Tener fe en Dios no es una cuestión intelectual sino ética. Creer en Dios es estar dispuestos a hacer su voluntad, desechando cualquier idolización de lo creado. La tentación de la idolatría está presente en diversas maneras; por ejemplo, en la época de Jeremías, hubo quienes ante la amenaza del ejército babilónico mostraron su confianza en el templo, en lugar de confiar en Dios.
Por otro lado, el pecado es personal pero está intrínsecamente relacionado con lo colectivo. El pecado es algo que nos trasciende, que ha estado presente a lo largo de las generaciones, nos hemos formado como personas en una sociedad afectada por el pecado. Según las enseñanzas bíblicas, el pecado no sólo es personal sino estructural. El Nuevo Testamento nos muestra que el ser humano está sujeto a poderes que determinan su existencia. Walter Wink al hablar de estos poderes señala que: Los poderes, no tienen una existencia espiritual separada. Ninguna realidad “espiritual” tiene una existencia independiente de su contraparte material. Los demonios son… el nombre dado al real pero invisible espíritu de destructividad y fragmentación que invaden personas, comunidades y naciones”. 6 o en términos de Orlando Costas lo dice así: Estos “poderes y principados” son descritos como fuerzas invisibles. Se les asocia con reglas morales y rituales, filosofías e ideologías, tradiciones, leyes y estilos de vida. 7 Los poderes no sólo se encarnan en las personas sino también en las instituciones, comunidades o naciones.
Los poderes a los que se refiere la carta a los Colosenses, fueron creados por Cristo para preservar el orden del mundo (Colosenses 1.16), pero se rebelaron y se convirtieron en fuerzas opresoras (Colosenses 2:8-10). Luego, Cristo los desarmó, ridiculizó y los derrotó por medio de su muerte en la cruz (Colosenses 2:15). Así, triunfó sobre ellos. Las personas somos afectados por el pecado estructural. Por esta condición de pecado que está en las condiciones de vida.
El mensaje de la Iglesia debe anunciar la sabiduría de Dios a estos poderes (Efesios 3:10-11). La evangelización busca no sólo dar la seguridad de salvación interna sino transformar las causas estructurales de pecado en el nombre de Jesús.
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- La salvación plena.
La verdadera salvación es la del alma y del cuerpo, del individuo y de la sociedad, de la humanidad y de toda la creación. La salvación la recibimos por el evangelio que es el poder salvador de Dios. La salvación significa justificación y liberación. La justicia que se revela en el evangelio justifica a todo pecador que confía en Cristo (Romanos1:17, 3.22; 5:1), libera a los pecadores de su conciencia culpable y de su estado de muerte (Romanos 8:1-2). H. CLINEBELL, 8 lo dice así: “la liberación incluye Liberación de, liberación hacia y liberación para. Es hacia la vida en toda su plenitud, hacia un cuidado y habilidades que se incrementan y hacia una vida creativa. Es para la vida en el Espíritu que se expresa en el servicio realizado con amor. Es liberación de aquellas muchas fuerzas que existen en los individuos, las relaciones, los grupos y las instituciones que limitan, constriñen, y a veces ahogan el desarrollo pleno de las posibilidades otorgadas por Dios a las personas”.
Aquí en esta vida podemos discernir cuando la justicia es según Dios. La justicia es de Dios cuando levanta al pobre y al oprimido y le da nuevas posibilidades de vida: en lo económico, sociocultural y político. Sabemos que la liberación es “evangélica cuando derrumba divisiones que separan o que promueven el odio y la violencia. La salvación es reconciliación y comunión. El arrepentimiento dice Padilla: “No es un mero remordimiento de conciencia, sino un cambio de actitud, una reestructuración de todos los valores, una reorientación de toda la personalidad”. 9
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- La raíz de la contextualización es la encarnación.
La encarnación del Hijo de Dios constituye el punto más alto de la autorrevelación de Dios, de un Dios que en su libertad elige salvar a la humanidad y lo hace por el medio más sublime, el de hacerse accesible a los hombres por medio de un hombre. El texto de Filipenses 2:5-8 nos describe elocuentemente el proceso encarnacional de Jesús: siendo Dios se hace hombre, como hombre se hace siervo, como siervo se hace obediente, obediente hasta la muerte y muere en la forma más cruenta e ignominiosa: la cruz.La encarnación es la presencia de Dios entre nosotros (“Emanuel” = Dios con nosotros). Este acercamiento de Dios revela el profundo interés que tiene en este mundo, su mundo. Cuando nos preguntamos por qué muere Jesús, observamos que la cruz fue la consecuencia de la vida que llevó; su contacto con los desposeídos, con los olvidados y condenados de la sociedad judía le valieron la animadversión de los que ostentaban el poder religioso y político. La cruz habla del sufrimiento del Hijo, y también del Padre (2 Corintios 5:19).
El amor duele y Dios sufre por su amor a la humanidad. En palabras de Jon Sobrino lo dice así: “el mismo Dios ha tomado la iniciativa de hacerse salvíficamente presente en Jesús y la cruz de Jesús no es, entonces, sólo grato a Dios, sino aquello en que Dios se expresa él mismo como grato a los hombres… la vida y la cruz de Jesús es aquello en que se expresa y llega a ser lo más real posible el amor de Dios a los hombres”. “La cruz no hay que verla como designio arbitrario de Dios ni como castigo cruel hacia Jesús, sino como consecuencia de la opción primigenia de Dios: la encarnación, el acercamiento radical por amor y con amor, lo lleve a donde lo lleve, sin salirse de la historia, sin manipularla desde fuera”. 10
También señala que: “en la historia no hay amor sin solidaridad y no hay solidaridad sin encarnación”. Dios se ha solidarizado con nosotros, se ha hecho uno como nosotros. Sólo el modelo encarnacional puede permitirnos conocer al Dios crucificado. D. Bonhoeffer 11 lo expresó en este poema:
Los hombres en su dolor llegan a Dios,
Imploran ayuda, felicidad, pan,
Que salve de la enfermedad, de culpa y muerte a los suyos.
Eso lo hacen todos, todos: cristianos y paganos.
Los hombres se acercan a Dios en el dolor de Dios,
Y lo hallan pobre, insultado, sin abrigo, sin pan,
Lo ven vencido y muerto por nuestro pecado,
¡Oh Señor!. Los cristianos permanecen con Dios en la pasión”.
La evangelización de estilo encarnacional –dice Montimer Arias- no es infalible, pero es fiel porque es auténtica y desde dentro… Sin encarnación no hay verdadera evangelización… ¿Cómo puede la iglesia ser prisionera con los prisioneros, reprimida con los reprimidos, marginalizada con los marginalizados, enferma con los enfermos, indígena con los indígenas, solitaria con los solitarios?... sólo viviendo como uno de ellos, desde adentro. 12
(Nota: el artículo es autobiográfico y refiere una experiencia del autor en prisión después del golpe militar en Bolivia el 17 de julio de 1980. Allí experimentó uno de sus más preciados momentos de servicio pastoral)
NUESTROS DESAFIOS ACTUALES
Una de las críticas que se puede hacer a la mayoría de las iglesias cristianas en Latinoamérica es la de su escasa o nula participación en las condiciones sociales de nuestros pueblos. Con mucha razón se ha criticado a la religión de ser el “opio de los pueblos”, cuando negamos la realidad de las condiciones de injusticia, cuando evitamos denunciar el pecado permitimos que las causas de muchos sufrimientos prevalezcan.
El panorama de nuestro mundo es la de multitudes desprotegidas y abandonadas. Las luces y los ruidos no logran esconder la soledad y la falta de sentido (Marcos 6:34), son víctimas del pecado: el pecado entendido como violencia, abuso, injusticia o deshonestidad. Hay miles de campesinos sumidos en la más oscura pobreza, sin tierra, sin protección social, sin derechos. Son muchos los obreros y obreras que trabajan las largas jornadas de trabajo por salarios escasos y que además, viven la injusticia de su posible despido; cada día se engruesa la fila de marginados, miles de subempleados o desempleados recorren las calles, las prisiones no son suficientes, además muchos están en ellas siendo inocentes. Los niños que viven en condición de calle peregrinan carentes de amor, además de sufrir maltrato permanente; los jóvenes no miran un futuro claro, no tienen modelos verdaderos que los estimulen a una vida plena. Muchas de las mujeres padecen el maltrato en su casa o en los empleos. Hay muchos hogares en los cuales mujeres solas deben hacerse cargo de sus hijos.
Estamos inmersos en un mundo dominado por los ídolos modernos del hedonismo, del poder, de la imagen. Somos parte de sociedades dominadas por la corrupción y aún nosotros mismos contribuimos a alimentar ese monstruo, cada vez que hacemos algo ilegal, colaboramos a que el sistema de ilegalidad se fortalezca.
NUESTROS COMPROMISOS COMO IGLESIA SON:
- Vivir la ética del evangelio con todas sus consecuencias.
- Anunciar un evangelio que tiene un alto costo, para Dios y para el creyente.
- Anunciar el mensaje profético que denuncia el pecado instalado en las estructuras sociales. Llámense: política, economía, medios de comunicación, educación o iglesia.
- Predicar un evangelio encarnado, que luche junto a los pobres, los que sufren, los que padecen violencia.
- Practicar la solidaridad. Como Iglesia debemos mirar por las necesidades humanas, compartir el pan, la casa, los bienes, el tiempo y los dones.
- Estar dispuestos a aceptar el llamado de Dios para ir donde el Espíritu nos quiera llevar.
- Luchar por superar las condiciones de injusticia, para erradicar la violencia familiar, las relaciones de opresión, la pobreza, la violación a los derechos humanos, la marginación, la segregación.
- Ser pacificadores, comprometerse a restaurar la paz individual, familiar, grupal, o social.
- Fomentar proyectos de desarrollo sostenido. No de asistencia temporaria sino que operen de forma permanente.
CONCLUSION.
Es nuestra esperanza y oración de que seamos movidos a una actitud de arrepentimiento por nuestra esclavitud al mundo y por nuestro triunfalismo arrogante, y renovemos la confianza de que Dios tiene poder para hacer muchísimo más de lo que nosotros pedimos o siquiera pensamos, por medio de su poder que trabaja en nosotros. ¡Gloria a Dios en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! Amén.
TENEMOS ESPERANZA
Por que El entró en el mundo y en la historia;
Porque el quebró el silencio y la agonía;
Porque llenó la tierra de su gloria;
Porque fue luz en nuestra noche fría.
Porque el nació en un pesebre oscuro;
Porque vivió sembrando amor y vida;
Porque partió los corazones duros y levantó las almas abatidas.
Porque atacó a los ambiciosos mercaderes y
Denunció maldad e hipocresía;
Porque exaltó a los niños, las mujeres, y
Rechazó a los que de orgullo ardían.
Porque el cargó la cruz de nuestras penas y,
Saboreó la hiel de nuestros males;
Porque aceptó sufrir nuestra condena y
Así morir por todos los mortales.
Porque una aurora vio su gran victoria,
Sobre la muerte, el miedo, las mentiras,
Ya nada puede detener su historia,
Ni de su Reino eterno la venida.
CORO
Por eso hoy tenemos esperanza;
Por eso es que hoy luchamos con porfía;
Por eso es que hoy miramos con confianza
El porvenir, en esta tierra mía.
Por eso hoy tenemos esperanza;
Por eso es que hoy luchamos con porfía;
Por eso es que hoy miramos con confianza
El porvenir.
Federico J. Pagura (Argentina) Cancionero Abierto, ISEDET. No. 65.
Notas:
- Orlando Costas. “Liberating News. A. Theology of Contextual Evangelization”. WB. EErdmans, Grand Rapids, 1989. p. 1
- Citado por R. Padilla. “Misión Integral. Ensayos sobre el Reino y la iglesia”. Nueva Creación, Buenos Aires, 1986. p.55
- H.W. Wolf. “Antroplogía del Antiguo Testamento” Sígueme, Salamanca, 1975. p. 43.
- Citado por M. Green. “La Iglesia Local, Agente de Evangelización”. Nueva Creación, Buenos Aires, 1996, p. 21
- Costas Ibid. P. 18
- W.Wink. “Naming the Powers. The Language of power in the New Testament” Fortress Press, Philadelphia, 1984, p. 106-1’7.
- O. Costas. “Pecado y Salvación en América Latina” p. 275 en CLADE II: “América Latina y la Evangelización en los años 80”.
- H. CLINEBELL “Asesoramiento y cuidado pastoral”. Nueva creación, Buenos Aires, 1995. p. 34
- R. PADILLA. Ibid. P. 19
- J. Sobrino. “Jesucristo liberador. Lectura histórico –teológica de Jesús de Nazaret. Trotta, Madrid, 1997. p. 294, 311.
- D. Bonhoeffer. “El precio de la gracia” Sígueme, Salamanca, 1986, p. 213
- M. Arias. “Evangelización desde adentro” en Revista Misión No. 17 Vol. 5 No. 2 Buenos Aires, junio de 1966.

