| 12 Noviembre 2008
Probablemente nadie en la iglesia desconozca la doctrina de la excomunión; pero esta práctica se ha dejado de lado, quizá por evitar el malestar al miembro a sancionar, o por las implicaciones -legales, por ejemplo- que pudieran surgir. Aun asÃ, disciplinar a un hermano o hermana -aunque sea un asunto delicado y difÃcil, hasta el grado de quitarle su membresÃa- es una doctrina avalada por la Palabra de Dios.¿Qué razones hay para quitar la membresÃa?
Los Estatutos de nuestra Iglesia, basados en la Biblia, lo establecen:
ArtÃculo 72.
A cualquier miembro de la Iglesia de Dios (7o. dÃa) A.R. se le podrá quitar su membresÃa por las siguientes causas:
- Por apostatar contra la doctrina de Cristo (2 Juan 9-10).
La herejÃa o promoción de errores doctrinales serios, son una razón de peso para dar de baja a un miembro. No obstante que la paz de una iglesia es un asunto importante, jamás debe ser resultado de chantajes o amenazas. La unidad de la fe se rompe por una persona que niegue cualquier doctrina esencial. Judas exhorta: «Amados, por la gran solicitud que tenÃa de escribiros de la común salud, me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada a los santos» (Judas 3). Aunque no debemos ser contenciosos, debemos pugnar por establecer la verdad. Si una doctrina contraria a la Palabra de Dios empieza a imponerse en la iglesia, ese grupo o miembro que confunde, inquieta, interfiere y perturba mediante aberraciones doctrinales debe ser invitado a volver a la fe dada una vez a los santos, y si no modifica su actitud se le debe dar de baja.
Dos pasajes que indican que un miembro debe ser dado de baja por apostatar contra la doctrina de Cristo son:
a) 2 Juan 7-11.
En esta carta Juan advierte de la herejÃa que afirmaba que Jesús no se habÃa encarnado realmente (v. 7). La postura fue conocida como docetismo (del griego dokeo = apariencia); su enseñanza principal planteaba que la encarnación y muerte de Jesús habÃa sido sólo en apariencia. Quien niega ésta u otras doctrinas fundamentales de la fe cristiana «no tiene a Dios» (v. 9). Y si estos falsos maestros quieren compartir estas doctrinas heréticas en el templo o en las casa, el mandato es: «No lo recibas en casa, ni le digáis: ¡bienvenido!» (v. 10). ¿La razón? «Porque el que le dice bienvenido, comunica con sus malas obras» (v. 11).
b) Romanos 16:17
Pablo manda apartarse de quienes causan errores doctrinales. En este caso, tales herejes proponÃan una vida de libertinaje sin apego a la Ley de Dios. Abogaban por un estilo de vida licencioso bajo la apariencia de libertad cristiana. La satisfacción de las concupiscencias carnales puso en juego la gracia de Dios, puesto que «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia». Este falso concepto degradaba la santidad y aquellos miembros debÃan ser disciplinados con la excomunión. - Por atentar contra el Ministerio de la Iglesia.
La continua ofensa, la agresión verbal o el falso testimonio contra el Ministerio de la Iglesia amerita excomunión. Diótrefes es un triste ejemplo de esta conducta (3 Juan 9-10).
En el tiempo que Juan escribió esta carta (alrededor del año 90 d. C. ) habÃa ministros, misiones y maestros itinerantes que viajaban de pueblo en pueblo ayudando a establecer nuevas congregaciones. DependÃan de la hospitalidad de los creyentes, y Gayo, a quien dirige Juan la epÃstola, era un hermoso ejemplo de esta hospitalidad y atención esmerada a tales predicadores (vv. 1-8). No era el caso de Diótrefes, sino por el contrario, Juan denuncia de él su renuncia a prestar atención a estos lÃderes espirituales, de la calumnia que hace de ellos, de su mal ejemplo en dar acogida a un predicador del evangelio y, de su intento de excomulgar a quienes se oponÃan a su «liderazgo». Diótrefes debÃa ser detenido, asà como aquellos que atentan contra el ministerio de la Iglesia.
Pablo también sufrió el hostigamiento, cuando menos de Alejando (2 Timoteo 4:14), el cual fue excomulgado de la iglesia (1 Timoteo 1:19-20). - Por persistir en una conducta indecorosa (1 Corintios 5:11).
El escándalo de una conducta indecorosa persistente es razón suficiente para dar de baja a un miembro. Un buen precedente lo encontramos en el caso de inmoralidad mencionada en 1 Corintios 5. Un hombre de la congregación estaba cohabitando con su madrastra (v. 1). Los pecados de adulterio e incesto estaban prohibidos por Dios y no eran tolerados ni siquiera por los paganos. Casi tan grave era la indiferencia de la iglesia frente a esta flagrante iniquidad que estaba trayendo desgracia a la causa de Cristo (v. 2). Estaban inflados y engreÃdos cuando debÃan estar compungidos de corazón. Por eso Pablo ordenó que el hombre incestuoso fuera expulsado de la iglesia (vv. 3-5). ¿Qué significa la frase «sea entregado a Satanás»? Significa poner al pecador fuera de los lÃmites de la comunión de la iglesia en el territorio dominado por el prÃncipe de este mundo. Se esperarÃa que la expulsión de la comunión cristiana condujese al arrepentimiento y a vivir una vida que crucificara la carne, «porque el espÃritu sea salvo en el dÃa del Señor Jesús», osea, que pueda regresar a la comunión de la iglesia para ser salvo en la venida de nuestro Señor. Claramente el apóstol señaló algunos de los pecados por los que se debe quitar la membresÃa, y que implican una conducta indecorosa (v. 11). - Por causar divisiones en la Iglesia (Tito 3:10-11).
Después de recomendar a Tito que evitara las cuestiones frÃvolas e inútiles que sólo producen altercados (v. 9), Pablo añadió: «Al que causare divisiones, amonéstalo dos veces, y después evÃtalo» (v. 10 NVJI). La versión Reina-Valera 1909 dice «hereje». Originalmente, un hombre hereje era el que causaba divisiones. Del verbo escoger, herejÃa significaba al principio un partido escogido por un hombre para unirse a él o a una causa que elegÃa para promover. Más tarde, herejÃa vino a ser la opinión o interpretación que se oponÃa a la enseñanza de la Iglesia. Aquà Pablo usó el término en su significado más antiguo para referirse a un hombre sedicioso fomentador de luchas y disputas. Es de notarse que las opiniones erróneas o falsas doctrinas son frecuentemente la causa de las divisiones. El apóstol menciona que tal hombre debe evitarse, o sea, darlo de baja luego de amonestarle o advertirle dos veces.
Judas nos da un excelente ejemplo de los que causan divisiones. Expone las causas de tales divisiones (v. 4). ¿La conducta y procedimiento que quien divide? «Estos son los que causan divisiones; siguen sus deseos naturales y no tienen el EspÃritu de Dios» (v. 19 Dios habla Hoy). - Por no asistir continuamente, sin causa justificada, durante un año a la iglesia local que pertenezca.
MalaquÃas 2:10 nos dice que si tenemos un mismo Padre y un mismo Dios «¿por qué menospreciaremos cada uno a su hermano,...?». Dejar de tener comunión con la Iglesia, sin causa justificada, por más de un año, es mostrar una total indiferencia hacia la responsabilidad cristiana de convivir y trabajar por la obra de Dios, y esto nos hace acreedores a la excomunión de la iglesia. Somos llamados a la comunión (1 Corintios 1:10; Colosenses 3:12-14) y al trabajo (1 Tesalonicenses 5:11). Por ello la asistencia y participación comunitaria en el templo es fundamental (Hebreos 10:25).
Sin duda, el propósito más importante de la disciplina es el de sanar, buscando provocar el arrepentimiento y llevar a la restauración al pecador. La disciplina -que puede llegar a la excomunión- parece dura, pero su propósito es pastoral; porque si el hermano pecador, cuya vida está confusa y es infeliz, puede ser recuperado por medio de la expulsión, las cuerdas que se rompieron pueden volver a vibrar de nuevo en armonÃa y felicidad. Como los padres terrenales, el Padre Celestial no disciplina a sus hijos para torturarlos, sino para corregirlos: «Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella» (Hebreos 12:11 NVI).
¿Cómo disciplinar a un miembro?
Nuestros Estatutos señalan:
«ArtÃculo 73.
Las sanciones a un miembro o asociado de la iglesia que hayan incurrido en una de las faltas señaladas en el artÃculo anterior, las aplicará la congregación a la que pertenezca, en reunión de membresÃa presidida por el Pastor. Dicha reunión deberá ser autorizada por escrito previamente por la SobreveedurÃa de Distrito. En todo proceso disciplinario se procederá como señala Mateo 18:15-18. Cuando se trate de un miembro que asista irregularmente a varias congregaciones la sanción será aplicada por el Sobreveedor de Distrito».
Primero viene la amonestación personal: «Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado a tu hermano» (Mateo 18:15).
En su sentido más amplio, lo que Jesús dijo serÃa: «Si alguien peca contra ti, no ahorres esfuerzos para hacer que reconozca su falta, y para poner las cosas en su sitio otra vez entre ustedes dos». En el fondo, lo que quiere decir es que no debemos nunca tolerar ninguna situación en la que se rompa la relación personal entre uno de nosotros y otro de la comunidad cristiana: debemos expresar nuestra queja inmediata, directa y personalmente con el ofensor.
Segundo: la amonestación en presencia de testigos: «Mas si no te oyere, toma aun contigo uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra» (v. 16).
En este caso, el llevar testigos no era para tener una manera de demostrarle a una persona que habÃa cometido una ofensa, sino para ayudar en un proceso de reconciliación. Una persona suele odiar a los que ha ofendido; y bien puede hacer que nada que nosotros digamos puede hacer que le recuperemos. Pero el hablar del asunto con algunas personas prudentes y amables presentes es crear una nueva atmósfera en la que hay, por lo menos, una posibilidad de vernos como nos ven los demás. Los rabinos tenÃan un dicho sabio: «No juzgues a solas, porque no hay nadie que pueda juzgar a solas salvo uno, es decir, Dios».
Tercero: la amonestación en presencia de la iglesia: «Y si no oyere a ellos, dilo a la iglesia» (v. 17a).
Si también lo anterior fracasa, debemos llevar los problemas personales a la comunidad cristiana. ¿Por qué? Porque tales problemas no se resuelven nunca llevándolos a los tribunales, o discutiéndolos sin Cristo. Es en un ambiente de oración, de amor cristiano y de comunión fraternal donde se pueden enderezar las relaciones deterioradas. Lo que se da por sentado es que la comunidad de la iglesia es cristiana, y trata de juzgarlo todo, no a la luz de un libro de práctica y disciplina, sino a la luz del amor: «¿osa alguno de vosotros, teniendo algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?» (1 Corintios 6:1). Y, contra la opinión ya generalizada de no presentar ante la iglesia los problemas personales o de pecado para su amonestación, el apóstol establece: «A los que pecaren, repréndelos delante de todos, para que los otros también teman» (1 Timoteo 5:20).
Cuarto: sino oyere a la iglesia, debemos darle de baja como miembro: «Y si no oyere a la iglesia, tenle por étnico y publicano» (Mateo 18:17b).
¿Qué quiso decir Jesús con la frase: «tenle por étnico y publicano»? de ninguna manera dejarlo por imposible o irrecuperable. Lo que Jesús dijo fue: «Cuando hayáis hecho todo esto -amonestarlo personalmente, en presencia de dos o tres testigos y delante de la iglesia-, cuando le hayáis dado al ofensor todas las oportunidades sin que deje de ser obstinado y testarudo, puede que le consideres en nada mejor que un publicano renegado hasta que un pagano idólatra. Bueno, puede que tengas razón; pero Yo no he encontrado que los publicanos y los paganos sean casos perdidos. Mi experiencia con ellos es que ellos también tienen un corazón que se pueda tocar; y hay muchos de ellos, como Mateo y Zaqueo, que han llegado a ser mis mejores amigos. Aun en el caso de que el ofensor testarudo sea como un publicano o un pagano, todavÃa los puedes recuperar, como Yo». Se les debe dar de baja como miembros pero con la intención de que tal disciplina los inste a regresar arrepentidos a la comunión de la iglesia.
En 1563 una Iglesia se hizo la siguiente pregunta: «¿Cómo se cierra y se abre el reino de los cielos por la disciplina cristiana?» La respuesta nos servirá de conclusión: «De esta manera: Cristo mandó que aquellos que llevan el nombre de cristianos y se comportan de una forma no cristiana en la doctrina o en la vida deben ser amonestados fraternalmente. Si no se apartan de sus errores y maldades se notifica a la iglesia o a aquellos que han sido ordenados por ella. Y si no obedecen después de esta amonestación, se les prohibe participar de la Cena del Señor y asà son expulsados de la comunión de la iglesia y por Dios mismo del reino de Cristo. Sin embargo, si prometen y demuestran enmienda, se les recibe de nuevo como miembros de Cristo y de su iglesia».
BibliografÃa:
- 1. Estatutos de la Iglesia de Dios (7o. dÃa) A.R.
- 2. El Nuevo Testamento comentado por William Barclay.

