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PESCAR TODA LA NOCHE

“Cuando acabó de hablar, le dijo a Simón: —Lleva la barca hacia aguas más profundas, y echen allí las redes para pescar. —Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no hemos pescado nada —le contestó Simón—. Pero como tú me lo mandas, echaré las redes.” (Lucas 5:4-5 NVI)

Qué significa ser “pescadores de hombres”. 

Hay dos figuras significativas acerca de esto. Los primeros discípulos eran pescadores, y el Espíritu de Dios parece señalar que su trabajo secular era una parábola de su vocación divina. David era pastor, y se transformó en el pastor de Israel. Pablo era fabricante de tiendas, y fue usado por Dios para transformar los cuerpos de las gentes en tabernáculos del Espíritu Santo.

Me pregunto cuántos saben lo que es estar toda la noche en el mar, pescando. Antes del amanecer, a eso de las tres o cuatro de la mañana, uno se siente tan increíblemente frío y tan increíblemente indiferente, que ni siquiera sabe si le importa algo, y eso es lo que pasa en esas noches en la obra de Dios. ¿Sabe lo que es tener una relación con Dios tan consumante, una devoción apasionada y personal con Jesucristo tan poderosa que le sostendrá durante todas las noches frías cuando espera poder alcanzar a individuos para Dios? Son esas noches frías que constituyen la prueba.

¡Qué maravillosa ilustración es la pesca! Especialmente pescar con red. Jesucristo les dijo a sus discípulos que los había hecho pescadores de hombres, para atrapar almas humanas. Si no arde dentro de nosotros esta pasión divina por las almas, producto de nuestro amor personal por Jesucristo, muy pronto abandonaremos la tarea. Es fácil ser pescador cuando se tiene toda la emoción de haber pescado: todos quieren ser pescadores, pero Dios quiere a aquellos que, en las largas noches, a lo largo de periodos difíciles de trabajo espiritual, han estado procurando echar las redes para atrapar los peces.

¡Cuánta habilidad, paciencia, ternura, y resistencia se necesitan para esta pasión por las almas! Un sentido de que la gente se está perdiendo no lo logra; sólo lo hará una cosa: una ardiente pasión, una devoción al Señor Jesucristo, una pasión que todo lo consume. Entonces no habrá ninguna noche tan larga, ningún trabajo tan duro, y ninguna multitud tan difícil, para que ese amor perdure.

Esa es la verdadera y profunda nota evangélica de la pasión por las almas: la pasión consumidora que transfigura el ser del hombre, y de la mujer, que los hace en verdad sabios y pacientes, y hábiles pescadores de almas humanas.

Preguntas para reflexionar:

· En Lucas 5, ¿qué impulsó a Pedro a pescar aunque no había sacado nada en toda la noche anterior? ¿Por qué reaccionó en la forma que lo hizo cuando Cristo realizó el milagro?

· ¿Cuándo ha sido visto alguien cuyo amor por Jesucristo lo ha mantenido “pescando almas” aunque era difícil?

· Cuando se siente “frío e indiferente” hacia la gente, ¿cómo recobra la “pasión”?

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