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La creación de la mujer fue idea de Dios. En el Salmo 139:16 dice: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu Libro están escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar ni una de ellas.”

Esto nos confirma que ya la había planeado, y con esmero diseñó cada una de las partes de nuestro ser.

Fuimos  creadas con honor y valía; con un diseño distinto del hombre.

En este diseño la anatomía y fisiología, diferentes, nos provee de una sensibilidad y habilidades para llevar a cabo las funciones de cuidado y  afecto en el núcleo familiar.

El diseño no implica inferioridad, ni el porque “soy mujer” le toque  quedarse con el cuidado de los hijos y la organización del hogar; no interviene la tradición cultural o la familia, ni la orden del esposo. Sino que el conocimiento de que en la creación el diseño Divino para la mujer la proveyó de inteligencia, habilidades para llevar a cabo una importante profesión: “SER MUJER”.

Una de las tareas más difíciles a las que la mujer se enfrenta es aceptar la idea de la sumisión,  pero si nos enteramos realmente de lo que Dios quiere, tendremos la motivación de escoger la oportunidad de llevar a cabo la función para la que fuimos creadas.

La respuesta a sus funciones dependerá de si es soltera o casada.

Existen mujeres solteras muy felices que con responsabilidad llevan  a cabo la función que Dios les dio: Ellas son colaboradoras en la Iglesia Cristiana, en estudios bíblicos, dan apoyo a grupos de adolescentes y ancianos. Estos grupos necesitan ser fortalecidos. Ellas, al llevar a cabo estas tareas, son mas libres de soledad y, la labor gratificante de servir a Cristo las llena de gozo cumpliendo su palabra: “…La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradarle.” (1 Corintios 7:32b).

Si eres una mujer casada tus tareas serán diferentes: si tienes hijos que necesiten cuidado, si tu esposo puede proveer para las necesidades básicas del hogar, o si tienes hijos y te  encuentras sin pareja.

Hay mujeres que eligen casarse, tener hijos, administrar el hogar y que este sea un lugar para practicar la hospitalidad cristiana.

Hay mujeres que creen que la mejor manera de servir a los hijos es estando ahí, cuando ellos lo necesiten.

También hay mujeres que no tienen esa opción, aunque sea la ideal.

El Plan de Dios se describe en Efesios 5:22 -24: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y El es su Salvador.”

La mujer al casarse, voluntariamente se comprometió con el Señor al pronunciar sus votos matrimoniales. Esto es un acto de fe, voluntario, que se lleva a cabo públicamente, con la presencia del Señor, en ese momento reconocemos que el liderazgo del esposo es parte de ser una esposa cristiana.

Si el esposo es una persona no creyente, el Señor nos dice en 1 Pedro 3:1, “Asimismo, vosotras mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, para que también los que no creen a la Palabra sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas.”

 La sumisión no es una conducta servil, ya que si la mujer escoge casarse, se hace responsable de seguir la guía del esposo. Sólo que toda regla tiene una excepción: únicamente cuando el esposo le pide algo que entra en  conflicto directo con la voluntad de Dios. Por ejemplo: Las acciones de Ananías y Safira que fueron registradas en Hechos 5:1- 11 son ejemplo digno de mencionar, de una esposa que participó neciamente en el pecado de su esposo y sabiéndolo no se rehusó a seguir el plan, y conspiró junto con él en mentir y el resultado fue la muerte de los dos.

Cuando el esposo pide algo que entra en un descuerdo con la voluntad de Dios, entonces ella, la esposa, tiene la libertad de no hacerlo (1 Corintios 7:15).

Es verdad que someterse es más fácil cuando el esposo es un hombre cristiano, lleno del Espíritu de Dios, bondadoso, paciente, benigno, lleno de paz; ese es el ideal de Dios, pero toma en cuenta que el compromiso en el altar no depende si la otra persona hace su parte o no hace su parte.

Un esposo cristiano ha de servir a su esposa con amor, se ella sumisa o no. Y una esposa cristiana ha de ser obediente y sumisa independientemente si su esposo le muestra el amor de Cristo.

Esta actitud es una prueba de fé en Dios, ya que no es solo para mujeres sino para todos: “…someteos unos a otros…” (1 Pedro 5:5).

Cuando nosotros pensamos que la vida nuestra depende de otra persona, y si ésta es negligente, descuidada, irresponsable, pues se tendrán sentimientos de enojo, temor y ansiedad, y una gran frustración, y esto es razonable; sin embargo, la sumisión que requiere la escritura nos da una motivación diferente.

La sumisión manifestada por la mujer es para demostrar fé y confianza en que el Señor es quien conoce sus necesidades y El las suple, sean materiales y sobre todo espirituales, para su vida y su hogar.

También ella confía al orar y pedir la intervención de Dios como juez entre ella y su esposo cuando sea necesario.

Veamos un ejemplo en 1 Pedro 3:5 y 6. Pedro no da un modelo de sumisión respetuosa: Sara, la esposa de Abraham. Veamos a dos personas creyentes, imperfectas aún, que pueden herirse y lastimarse mutuamente.

Sara enredó las cosas, y a pesar de eso encontró fortaleza en el Señor; puso en El su dolor y amargura, expresó sus sentimientos apelando a la consciencia de su esposo. Esto nos hace pensar que su sumisión no es pasiva; ella confronta al padre de la fé y le expresa lo disgustada y profundamente herida que se encuentra. Admitió el error al haber exhortado a Abraham a tener un hijo de la sierva, y le dice a su esposo que enfrente la mala situación que se ha empeorado.

Génesis 16:56 dice: “Mi afrenta sea sobre ti, yo te di a mi sierva por mujer, pero al verse encinta me mira  con desprecio. ¡Juzgue Jehová entre tu y yo!” y respondió Abram a Saraí: “Mira, tu sierva está en tus  manos. Haz con ella lo que bien te parezca”.

Sara (ejemplo de sumisión), no calló su sentir a su esposo, ella expresó con respeto su estado de ánimo y lo más importante es que ella sabía quien los vigilaba; cuando dice: “Juzgue Jehová entre tu y yo”; ella apeló a Dios y, Abraham, al sentir el peso de la  apelación, se sujetó a Dios.

Ella tuvo una postura firme, de dignidad y respeto, su seguridad era Dios. Así, ella nos enseña, que la seguridad al someternos no la da el hombre, sino el Señor al cumplir su palabra, esto nos motiva a ejercer con gozo la sumisión y no con una actitud servil.

Cristo demostró vivir bajo autoridad (Galatas 4:4); bajo la autoridad de sus padres (Lucas 2:5); bajo la autoridad de sus líderes (Lucas 22 :21 ); y bajo la autoridad de su Padre Celestial, y cuando asumió su papel de siervo, su honor no disminuyó (Filipenses 2:2-8). No se denigró, no se deshumanizó al humillarse a sí mismo, y se hizo obediente hasta la muerte. No le fue quitado potencial, sino que, al aceptar voluntariamente su papel obediente y su misión, en realidad le dio al Padre razón para exaltarlo y darle un nombre sobre todo nombre.

Hermana, de esta manera, Dios le da a la mujer un ejemplo para creer que su diseño, no implica, de ninguna manera, que la mujer es menos persona, que tiene menos honor o menos potencial.

La mujer, como el hombre, están hechos a imagen de Dios, pero el diseño y los propósitos de Dios para con ellos, sencillamente son diferentes.

Así que, Hermana, tu belleza no es como la de las mujeres que desfilan en traje de baño, o con vestido de noche ante jueces y cámaras de T.V., no; lo que a ti te convierte en atractiva es tu serenidad, seguridad y confianza que te da el poner los ojos en Jesucristo.

Eres una mujer de valor y dignidad en la que el significado de tu vivir y tu fuerza se hallan en la relación con el Padre. No hay mujeres más hermosas que las que se visten de Cristo. Nunca se olvida a una mujer benigna, humilde, paciente, llena de perdón y agradecida. Estas cualidades no se encuentran en las tiendas de ropa y no se pueden comprar a ningún precio.

Sin embargo, Cristo da estos regalos a mujeres que decidan vivir para Él y le permiten a Él vivir en ellas. Así que motivémonos a ser el sello de la creación, vivamos con honor y dignidad la tarea asignada por Dios y con gozo mostremos que él nos creó con una belleza incorruptible para su gloria.

 

Referencias:

- Pasajes de la Biblia: Versión Reina Valera 1960.

- ¿Qué espera Dios de la mujer?: Martín R de Haan.

- Trabajo en familia: Libro editado por el Depto. de Medicina Familiar UANL, Dr. Teófilo Garza.

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