Posted in
Ministerial -
Formación Ministerial
Frio en el alma
La depresion del Pastor (Jeremías 15:15-21)
Dónde están los abrazos? ¿dónde los apretones de mano? ¿dónde un corazón heroico? No lo sé, creo que se han ido… no sé qué pasó. Antes la vida nos sonreía; hoy, es pálida como el color de la contaminación; su sonrisa es el ruido ensordecedor de un congestionamiento de autos.
Hay momentos en la vida de un pastor que son de alegría y paz, pero hay otros que duelen en el alma como el frío que penetra hasta los huesos. Hay momentos de sonrisas, abrazos, miradas y atenciones; pero hay también cuando la sensación que nos invade es de vacío e impotencia.
Los que servimos en el ministerio cristiano generamos bendición en la vida de otros: cuando ayudamos a los jóvenes a encontrar su camino, brindamos palabras de consolación a los que sufren, animamos a los que se sienten frustrados, acompañamos a los quebrantados, orientamos a los que dudan. Esto, por supuesto, se lo debemos a Dios, mas nos satisface ser instrumentos en sus manos. Sin embargo, no a todos agrada nuestra
Misión. No todos aprecian la palabra o el consejo dado, algunos se sienten agredidos, se molestan y se burlan. Queda en el pastor una sensación desagradable y de confusión.
Los pastores somos personas muy expuestas a las tensiones emocionales y, dependiendo de nuestros factores de predisposición, es probable que caigamos en estados depresivos Jeremías no es la excepción, es la muestra de aquellos que sienten que su mundo se derrumba o que pierden el sentido de lo que hacen. Jeremías se siente desilusionado, lo que parecía dulce y agradable se le vuelve amargo. Una función en la que esperaba encontrarse rodeado de amigos y escuchas resulta lo contrario, el profeta se siente solo, la gente se le escabulle. La gente lo rechaza y se burla de él. Jeremías lamenta su condición y la respuesta del pueblo. Lo ahoga la impotencia para 'cambiar' a un pueblo.
¿Qué causas pueden provocar la depresión en el Pastor?
- La soledad personal. El servicio pastoral propicia muchos momentos de aislamiento. La persona se mueve sola, se enfrenta sola o se queda sola. Hay cargas emocionales: confesiones, debilidades, culpas, dudas y otras cosas que la gente deposita en nosotros y que debemos guardarlas con celo discrecional. Hay decisiones que no se pueden discutir con otros y que obligan a que el líder cargue con la responsabilidad de las consecuencias. En intimidad con Dios se dialoga, se dejan correr los sentimientos y se afirma el corazón, pero ante las personas hay que exponer el rostro y el corazón.
La soledad es el sentimiento de sentirse rechazado, fuera de lugar en la vida, inútil y desechable. La soledad puede producir aislamiento y generar una tristeza profunda. - La falta de arraigo. Algunos pastores sufren, junto con sus familias, constantes desarraigos: No logran establecer amistades profundas, no se sienten parte de una comunidad, pierden su estabilidad, se desprenden de las cosas que aman, dejan a sus familias.
Toda persona necesita sentir que es parte de un grupo, que a alguien le importa, que en caso necesario encontrará una mano amiga que lo sostenga. Toda separación aun entre vivos, lleva un proceso de duelo. Hay dolor por la partida, hay miedos por lo que pueda venir, hay ira por verse forzado a dejar algo de sí mismo. Cuando no se expresa el dolor, en palabras o en lágrimas, la pena se instala en el interior y se convierte en una roca dura y pesada. - Las presiones financieras. En su generalidad, las familias pastorales viven con muchas limitaciones y algunas veces al borde de una crisis económica. Es verdad que Dios siempre provee una solución, mas no deja de haber angustia ante la incertidumbre o pena por lo que no podemos darle a los hijos.
Cuando llegamos a endeudarnos quedamos a merced de los acreedores o nos amenazan la vulnerabilidad y la vergüenza. - La competencia entre pastores. Hay factores que podrían estar bajo control pero que finalmente son desestabilizadores y la competencia es uno de ellos. La lucha por sobresalir y ser mejor que los demás colegas, generan la persecución por encontrar las fallas y las deficiencias de su trabajo. Caemos en la ambición de las “mejores” congregaciones o aparecen resentimientos por no ser preferidos o por sentirnos fracasados.
- Alcanzar éxito en los proyectos. Es extraño, pero sucede. Cuando un líder está luchando por alcanzar ciertos objetivos, se mantiene alerta y con toda su energía puesta para lograrlo; una vez que se logran los fines viene el relajamiento y es probable que se dé un estado de tristeza.
Cómo enfrentar la depresión
- Reconozca y respete sus límites. Con frecuencia tenemos una expectativa demasiado elevada sobre nuestras capacidades y los resultados que tendremos. También, pensamos que no debemos decir que no a nadie. Cuando pretendemos satisfacer todas las demandas de la congregación nos vemos envueltos en citas empalmadas, decisiones que no son nuestras, incumplimiento del trabajo; lo cual nos lleva a un sentimiento de fracaso.
No estamos obligados a hacer todo. Otros creyentes pueden participar en las actividades, cada persona debe asumir sus responsabilidades y si no podemos atender la necesidad de algún miembro, hagámoslo saber de buena manera. - Exprese sus necesidades. Un pastor puede expresar, en el espacio y momento adecuado, lo que está sintiendo, sus anhelos, su dolor. Podemos permitirnos ser frágiles y necesitados de otros. Podemos poner en palabras lo que estamos viviendo.
Encuentre alguien de plena confianza con quien pueda abrir su corazón. Es válido si usted les dice a sus hermanos en la fe que espera ser amado y respetado como persona. - Fortalezca las relaciones. Es cierto que nuestra vocación nos hace ser diferentes en algunos aspectos, pero no somos tan aptos como para vivir aislados. Necesitamos cultivar amistades personales. Las relaciones requieren tiempo y esfuerzo para que perduren y crezcan. Los amigos nos liberan de la soledad y permanecen junto a nosotros en las horas más difíciles.
- Comparta con Dios sus luchas. Las confesiones de Jeremías revelan una manera de acercarse a Dios en el dolor y la desilusión. El profeta llega a reclamarle a Dios que lo sedujo, le hizo creer que todo sería fácil y que en todo le iría bien. Ore y dígale al Señor cómo se siente, cuáles son sus dudas, dígale sus miedos, su molestia y espere en su respuesta.
- Continúe con sus actividades. Para evitar ser atrapados en la depresión cuando usted está percibiendo las señales que se muestran en el test que aparece a continuación permanezca activo, dentro de sus capacidades. No se quede en cama a lamentar sus desgracias, si tiene que visitar a alguna familia, hágalo, si debe predicar, esfuércese en hacerlo. Levántese lo más temprano, ponga su día en las manos de Dios, arréglese como si fuera a salir, aunque no lo haga; esto le ayudará a mantenerse activo. Con la fuerza de Dios, usted v
| < Prev | Próximo > |
|---|

