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TESTIMONIO

Estimados hermanos y hermanas: Paz a Ustedes.

Con la intención de que juntos demos gracias y alabemos a nuestro Dios por sus bondades, les comparto lo sucedido con mi salud en los recientes días.

La noche del lunes 4 de julio, estando en Cuernavaca, Mor., tuve una taquicardia muy fuerte. El martes 5, por la mañana, consulté al Médico Familiar del IMSS, quien me mandó a Urgencias. Ahí fui valorado y me internaron para controlar mi acelerado ritmo cardiaco, lo cual lograron en pocas horas. Estuve internado 24 horas, pues en unos análisis de rutina descubrieron una fuerte infección intestinal y quisieron iniciar el tratamiento ahí mismo vía intravenosa. Me dieron de alta al siguiente día, miércoles 6, con la intención de que sacara cita con el Cardiólgo para que valorar mi situación más particularmente.

Pero los siguientes días, el medicamento para la infección que inicié a tomar oralmente, me provocó una colitis, una gastritis y una fuertísima diarrea medicamentosa. Este cuadro me provocó una deshidratación tan fuerte que bajé 5 kilogramos. Consulté al Dr. Pedro Delgado, de nuestra Iglesia, quien me recetó medicamento que contrarrestó los efectos del medicamento para la infección y detuvo la diarrea. Fue Él quien me prescribió reposo absoluto y me aconsejó no participar en dos eventos nacionales de nuestra Iglesia: la Reunión del Consejo de Administración (13-15 de julio) y el Concilio (17-23 de julio).

Ante esta situación, y en acuerdo con mis compañeros del Consejo Ejecutivo General, se decidió me trasladara a Cd. Cuauhtémoc, Chih., para estar con mi familia y ahí permanecer hasta el término de mi función como Secretario Interino del CEG. Este viaje lo hice vía terrestre, pues el Cardiólogo no me permitió que lo hiciera en avión por el peligro de una nueva taquicardia. El Min. Jesús Américo López López me hizo el gran favor de traerme a mi casa en el coche del CEG. Salimos el lunes 11 y llegamos el martes 12 de julio.

Los siguientes días de mi estancia en casa presenté nuevos síntomas, gracias a Dios ya no de taquicardia, pero preocupantes por nunca haberlos tenido. Entre tanto que se tramitaba mi cambio de adscripción de Cuernavaca a Cd. Cuauhtémoc, consulté a una Internista, la Dra. Dunely Rempening, miembro de nuestra Iglesia, quién por los resultados de una análisis que me indicó, diagnosticó una Insuficiencia Renal Aguda, causada por el cuadro diarreico y la tremenda deshidratación que sufrí, pero de buen pronóstico. Y me prescribió un tratamiento asombroso: tomar agua en grandes cantidades y caminar media hora al día. Los resultados fueron más asombrosos: a este día, miércoles 24 de agosto, y luego de unos nuevos análisis efectuados el lunes 22, no sólo no presento ya los síntomas que me habían alarmado, sino que todos los niveles en mi sangre y orina resultaron normales.

Ya con el Médico Familiar estoy en trámites para mi pase con el Cardiólogo, y como en el caso anterior, y por las oraciones de mis compañeros en el Ministerio, así como hermanos y hermanas de muchas partes del país, sé que nuestro Buen Dios me tiene reservado otro milagro asombroso.

Agradezco a todos los que con fe y con mucho cariño hacia este servidor, han elevado sus plegarias al Señor a favor de mi salud, y bendigo a Dios por su bondad infinita. ¡A Él sea la gloria!

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con nosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18).

Fraternalmente

Min. Raúl López Espinoza

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