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Lema: “La comunicación en la pareja

  

 

 

VISIÓN:

Un matrimonio que unidos por la fe y guiados por El Espíritu Santo colaboren en la Edificación de la Familia y de la Iglesia.

 

MISIÓN:

Formar matrimonios que contribuyan en la formación Cristiana de nuestra comunidad de fe y desarrollen una vida de consagración.

 

 

OBJETIVO GENERAL:

 Fortalecer las relaciones matrimoniales de cada una de las familias de nuestra iglesia utilizando las herramientas de la comunicación, como recurso y equipamiento en el desarrollo de su vida familiar

                                                                     

I. INTRODUCCIÒN

Nunca en la historia de la humanidad se había tenido tanta información al alcance de la mano. Jamás habíamos contado con tantos y tan variados medios para acceder, verificar, seleccionar y hacer uso de esa información. Nuestro contexto social  parece estar inundado por mensajes visuales, canales de tele­visión, voces sintonizadas a través de la radio, el sonido incesante de los teléfonos celulares y las comunicacio­nes a través de la red.

Sin embargo, en paralelo a esa abundancia de información, está ocurriendo lo que parece un con­trasentido: mucha gente tiene serias dificultades para comunicarse y convivir armoniosamente con otras per­sonas. Los casos de depresión se han multiplicado; las parejas jóvenes llegan al matrimonio cargadas de ilu­sión, y en un abrir y cerrar de ojos se muestran des­encantados y buscan la separación. Hay parejas con muchos años de casadas que continúan viviendo bajo el mismo techo por costumbre e inercia, porque no tienen nada que decirse y han aceptado como forma de vida una soledad acompañada.

Tal parece que hemos confundido los medios con los fines. Nos preocupamos por tener la computadora más actualizada o el mejor servicio de televisión por cable; nos interesa tener la mejor señal y cobertura en telefonía celular y los mejores recursos para navegar a alta velocidad por los sitios y portales de la red, sin embargo estamos perdiendo el contacto personal.

Hemos llegando al extremo de: comunicarnos por computadora con la persona que es nuestra vecina de oficina; buscamos hacernos escuchar por medio de recados telefónicos grabados; deformamos el lenguaje para decir las cosas con medias palabras y aceleramos nuestras comunicaciones escritas por medio de correos electrónicos o a través de mensajes telegráficos envia­dos vía celular.

Esas confusiones y abusos, nos están privando del disfrute de la comunicación cara a cara y están mer­mando nuestra habilidad para comunicarnos frente a frente, persona a persona, de una manera humana, positiva, constructiva y eficaz.

La inhabilidad generalizada para la comunicación y la escucha activa está afectando seriamente las relaciones de pareja, al grado que muchos cónyuges prácticamente no cruzan palabra y, con el paso del tiempo, se han ido convirtiendo en verdaderos desconocidos que pretenden formar parte de familias con un enfoque más de costumbre  que afectivo; más de conveniencia que de amor; más de una tolerancia resignada que de fuerza constructiva y vital que ayude a sus miembros a realizarse.

Necesitamos avivarnos y romper ese ciclo des­tructivo que está minando los cimientos de la relación y aprovechar todos los avances que nos ofrece la tecno­logía, para utilizarlos como valiosos medios, no como fines, que nos permitan una convivencia más rica, más humana, más positiva, centrada en valores y capaz de desarrollar lo mejor de nosotros mismos, para ponerlo al servicio de los demás, comenzando con la propia pareja, con la propia familia.

Es importante que volvamos a recordar los princi­pios básicos de la comunicación y que los pongamos a funcionar en nuestra relación de pareja, para que, motivados por el amor, el respeto y el compromiso de contribuir a la felicidad de la persona a la que hemos elegido para compartir nuestra vida, desarrollemos una relación en la que reinen la armonía, la compren­sión y la entrega desinteresada.

Por lo mismo, pretendemos que en el manual de  lecciones del programa y actividades del año 2010 hagan  énfasis en “desarrollar la comunicación en el matrimonio” para ello usaremos todos los recursos con los que contamos principalmente la revista “juntos con  bendición”,  así como nuevos materiales para los “Talleres de Fortalecimiento Matrimonial”.

Lo que bus­camos es provocar el análisis y la reflexión para moti­var a las parejas a la acción, haciendo lo necesario para desarrollar su habilidad para comunicarse con amor, respeto y de manera que puedan enfrentar con honestidad, apertura e inteligencia  los altibajos propios de la relación con­yugal, logrando que en cualquier momento que miren hacia el pasado, puedan constatar que el balance ha sido positivo y que el esfuerzo ha valido la pena. 

 

 

FRATERNALMENTE

ABIGAIL VICENCIO DELGADO

DAVID GARCÍA CASTRO

 

 

II. DESARROLLO DE LA TEMATICA:

A. Se desarrollara mínimamente una  sesión Mensual con guía Temática para cada una de las sesiones. Con el manual “La comunicación en  la pareja”, conteniendo   12 lecciones. Actualmente Manual ya se envió a la agencia Editorial  para su impresión.

Solicitamos  que las reuniones se realicen el último domingo del mes y que estén  marcadas en la Agenda Nacional.

B. ACTIVIDADES:

1.  DOMINGO 17 DE ENERO 2010:

     La actividad denominada: “CONSTRUYENDO UN PROYECTO EN COMUN”

OBJETIVO: En esta primera actividad del año, se trabajara con las parejas para que definan su  misión y visión, basados en el Documento “Iglesia en Misión” para dar rumbo a sus esfuerzos y asegurar su éxito. Las personas para quienes su matrimonio y familia constituyen la empresa más importante, trabajaran en definir la misión a la que se quieren enfocar a través de su relación de pareja y tener una visión clara de lo que quieren hacer de su familia. (Se anexa guía de contenido)

 

2.  DOMINGO 14 DE FEBRERO:

La actividad denominada “NOSOTROS DOS Y DIOS”  la. De Juan 4: 8

OBJETIVO: Reconocer a Dios como origen y destino del amor y hablar de la importancia de la espiritualidad en la vida de pareja, no es un simple recurso de poesía romántica, ni un “producto de la publicidad”, es una realidad constatada y vivida intensamente por numerosos matrimonios, que han podido comprobar en su experiencia personal y observar en la experiencia de otro que la oración, la vida espiritual y la cercanía con Dios, realmente dan vida, renuevan, alegran, revitalizan, intensifican y dan un sentido transcendente, positivo y entusiasta a la vida matrimonial. (Se anexa guía de contenido)

 

3. JULIO: “Semana Nacional de la Familia”

OBJETIVO: Ser un espacio de reflexión y restauración para todos los miembros de la Familia: y destacar los valores de compromiso, unión y propósito que Dios tiene para la Familia.

 

4. TERCER SABADO DE OCTUBRE:

Reconocimiento a Matrimonios mayores:

OBJETIVO: Reconocer a los matrimonios que han compartido toda su existencia juntos, motivándolos a continuar siendo ejemplo de la iglesia y la sociedad contemporánea.

 

III. ACTIVIDADES PERMANENTES: (Todo el año)

A). Talleres de Matrimonios:

a.    Para la realización de esta actividad, se puede solicitar previamente a la Dirección Nacional de Matrimonios la impartición de los mismos en su Distrito;  para Agendar las fechas disponibles. El equipo de Trabajo está formado por los Directores Abigail Vicencio Delgado y David García Castro, y el matrimonio formado los hermanos Alicia Miranda Barrera y José Luis Méndez Arreola.

Los Tel. 01 222 211-00-64

Celulares  2223 80 52 83  y    2223 71 50 43

b.   También se cuenta con “El manual de apoyo para la realización de los Talleres de Fortalecimiento  Matrimonial”. Fue Diseñado por La dirección Nacional de Matrimonios, con la finalidad de que en los lugares donde por diversas situaciones  no sea posible asistir para impartirlos; las Directivas Distritales y Locales se puedan apoyar en el mencionado Manual, solo tienen que solicitarlo a los teléfonos anteriores. El requisito para enviarlo es que nos envíen fecha de Programación del taller así como lema del Evento.

B). Talleres de padres e hijos:

Esta actividad también es permanente y se pueden solicitar mediante el mecanismo anteriormente descrito, así como también se puede enviar “Manual de Apoyo” pero con los mismos requisitos.

ESTRUCTURA GENERAL DE LAS SESIONES MENSUALES

A.Devocional de Apertura

B.Presentación y Exposición del Tema.

C.Trabajo en Parejas: Tiempo para intercambio de opiniones el hablar entre parejas acerca del tema de la lección es una forma maravillosa de afianzar la verdad y plantarlas profundamente en los corazones.

D.Conclusiones: Realizar un Plan de actividades que pueden hacer juntos: y póngalo en manos de Dios a Través de la Oración

 

Recomendaciones generales para Las sesiones de Matrimonios:

  • Para trabajar en grupo de más de 15 parejas, necesitara una pareja de apoyo.
  • Pidan a las parejas que se comprometan a asistir regularmen­te durante las todas las sesiones de estudio. Esta regularidad en la asistencia es clave para la construcción de relaciones y el desarrollo de la confianza dentro de un grupo.
  • Anime a los participantes a no compartir detalles de índole personal o que puedan avergonzar a su cónyuge, sin haberle pedido previamente su autorización.
  • Todo lo que se trate en las reuniones grupales tiene carácter confidencial, y debe ser mantenido en la más absoluta reser­va, sin trascender más allá de los miembros del grupo.


 

 

F R A T E R N A L M E N T E

ABIGAIL VICENCIO DELGADO

PSIC. DAVID GARCÍA CASTRO

 

 

Actividad 17 de enero

“CONSTRUYENDO UN PROYECTO COMÚN”

“Misión y Visión de la Familia”

 Una visión compartida:

Uno de los ingredientes esenciales para el éxito de cualquier empresa es la claridad de visión.

Al saber hacia dónde se quieren dirigir, los integran­tes de una organización pueden tomar decisiones enfoca­das e inteligentes y diseñar estrategias que les permiten actuar con oportunidad y anticiparse a sus competidores.

Esa claridad de rumbo se inicia con la definición de: la misión y la visión de la empresa, es decir, el para qué existe esa empresa y qué es lo que quiere lograr.

Si las empresas dedican mucho tiempo y esfuerzo para definir su misión y visión para dar rumbo a sus esfuerzos y asegurar su éxito, las personas para quie­nes su matrimonio y su familia constituyen la empresa más importante, deberían hacer lo propio y trabajar en definir la misión a la que se quieren enfocar a través de su relación de pareja y tener una visión clara de lo que quieren hacer de su familia.

La misión ayuda a lograr que la vida familiar tenga una razón de ser y un propósito y esta misión debe ser acorde con la misión de nuestra iglesia, basada en la comunión, la edificación, el servicio, el evangelismo, y que cada familia sea un altar de adoración. La misión Permite definir con claridad cuál es la razón por la que se ha decidido formar una familia y hacia dónde deben ir avanzando todos los integrantes de la misma, a fin de mantenerse enfocados hacia ese propósito fundamental. La visión, por su parte, permite definir cómo se quiere ver esa familia en el futuro y qué es lo que se quiere lograr. Actúa como una brújula que per­mite dirigir los esfuerzos y acciones en una dirección deseada; preparando a los miembros de la familia para que evangelice, adore, edifique, sirva y mantenga la comunión de la familia guiados por el Espíritu Santo y en obediencia a la palabra de Dios.

¿Cuáles han sido los momentos más satisfactorios de su vida?, es decir, las experiencias, vivencias o situacio­nes, que siempre recordará con agrado, con entusiasmo, de una manera muy especial.

   Esos chispazos de su vida que siempre estarán pre­sentes en su mente y en su corazón, y que le sirven de contrapeso en su balanza personal para hacerle sentir que su vida ha valido la pena.

Los momentos que por su intensidad y resultados le sirven de estímulo para retarle a ser mejor, o moti­varle a superarse y esforzarse aún más, ya que usted puede ver con toda claridad que valen la pena.

Si logró identificar esos momentos, seguramente los podrá asociar con una sensación de realización, de triunfo, de éxito. Y esa sensación de realización nos sirve de inspiración, porque todos los seres humanos estamos llamados a realizarnos, a tener éxito, a ser felices.

Sin embargo, es posible que aunque hayamos experi­mentado esa sensación de éxito, no nos sentimos capaces de provocarla, repetirla y multiplicarla, porque quizá no hemos analizado cuáles son las condiciones, los requisi­tos, los elementos que se requieren para alcanzar el éxito.

La Importancia de una visión compartida:

Esa claridad de visión, que ha llevado a las empre­sas exitosas a adelantarse a los hechos, es lo que los expertos llaman: la misión y la visión de la empresa, es decir, establecer la razón de ser de la empresa y fijar el rumbo.

Muchos estudios  evidencian el impacto que tiene, para el éxito de una empresa, el contar con una visión clara y compartida entre todo el personal.

Desde luego, el éxito es visualizado como algo diná­mico, es decir, que haber alcanzado el éxito en un momento, no garantiza que se siga siendo exitoso en el futuro y, por lo mismo, las empresas tienen que estar revisando y enriqueciendo lo que han planteado en su misión, para asegurar que ésta les siga señalando el rumbo y ayudando a no desviarse del camino, de un camino que hay que estar redescubriendo o reinven­tando, pero que guía a todo el personal de esa empresa.

Si el contar con una visión y una misión claras y compartidas resulta un ingrediente vital para el éxito en la empresa, ¿por qué no aplicar esa misma idea en la empresa, que para muchos de nosotros podría ser cali­ficada como la más importante: nuestra familia?

 

Visión y Misión

La visión ayuda a tener una idea clara de hacia dónde se quieren dirigir y en qué posición quieren verse en el futuro próximo y responde a la pregunta ¿qué que­remos lograr o en qué situación queremos estar en los próximos cinco años?

Por su parte, la misión define la razón de ser, el para qué se existe. Esto, aplicado al caso de una pareja, debería responder a las preguntas ¿cuál es la razón de ser de nuestra relación? ¿Para qué decidimos unirnos en matrimonio?

La empresa más importante: La Familia

Algunas de las personas que hemos asistido en su lecho de muerte, afirmaban en sus últimos momentos ninguno se había lamentado de no haber tenido más propiedades o más lujos, pero que muchos se sentían apesadum­brados por no haber hecho más por convivir con sus familias, trabajar más por ellas, o haberles dedicado más tiempo.

Hay estudios que demuestran que cuando a la gente se le pregunta qué es lo más importante para ellos en la vida, más del 90% citan a su familia.

Si la familia es tan importante, ¿por qué no aplicar lo aprendido para ayudar a que nuestra familia sea una familia exitosa, realizada y feliz?

Cómo establecer una misión con mi pareja:

Si las empresas dedican mucho tiempo y esfuerzo para definir su misión y visión, ¿por qué no trabajar en definir la misión de nuestra pareja, de nuestra familia?

La misión ayuda a lograr que la vida familiar tenga una razón de ser y un propósito. Permite definir con claridad cuál es la razón por la que se ha decidido formar una familia y hacia dónde deben ir avanzando todos los integrantes de la misma.

Si usted con su  familia quiere defi­nir su misión, le puede ser de gran ayuda seguir un proceso sencillo que consta de tres pasos:

1.   Explorar cuál es su propósito como familia. ¿Qué clase de compañeros queremos ser los esposos? ¿Qué princi­pios les queremos enseñar a nuestros hijos para que se preparen a ser adultos responsables y felices?

2.   Escribir su misión familiar. Redactar un sencillo documento, en el que se ponga por escrito, a fin de que no se olvide lo que los integrantes de la pareja han definido como su razón de ser. Algo así como: "Hacer lo necesario para que nuestra familia sea un lugar en donde ambos, esposo y esposa, nos sintamos amados y respetados, encontremos oportunidades para desarro­llar nuestra responsabilidad; crecer humana, intelec­tual y espiritualmente; aprovechar al máximo nuestras cualidades y ayudarnos a ser felices".

Utilizando el Documento de Plan Nacional de Misión Integral “2010-2020. “Iglesia y Misión”.

El alcance de esa misión se puede ampliar a los hijos, involucrándolos en su redacción, para que la sientan como algo propio y estén dispuestos a utili­zarla como guía para el desarrollo de las relaciones dentro de la familia.

3.   Utilizar ese documento para mantenerse en el camino. Tener un documento no sirve de nada si dicho docu­mento no se aplica. Se trata de que, en primer lugar, los integrantes de la pareja y después también los hijos, cuando lleguen a una edad en la que puedan involucrarse, participen en definir lo que quieren ser y la forma como van a trabajar para lograrlo.

Una vez definido el rumbo, tienen que revisar periódicamente si van avanzando en la dirección correcta, para que en caso de que detecten desviacio­nes, definan qué van a hacer para corregirlas.

Conclusión:

Si usted cree sinceramente que su familia es su empresa más importante, valiosa y trascendente, tiene que ser congruente y hacer que sus acciones ratifi­quen sus ideas. Para lograrlo, vale la pena que haga un alto en el camino y analice si en verdad a esa empresa importante le está dedicando el tiempo y el esfuerzo necesarios para asegurar que dicha empresa sea exitosa.

Para pasar de las ideas a la acción, un primer paso consistirá en reunirse, no una, sino varias veces con su pareja y, en su momento, con los demás inte­grantes de la familia, para que todos juntos definan lo que quieren ser como familia y las acciones con­cretas que van a realizar para avanzar en la direc­ción que ustedes han elegido. Basados  en el Plan Nacional de Misión Integral. De esa manera, estarán plantando cimientos sólidos para fundamentar su éxito familiar.

Finalmente en  Grupo Poner el Plan de Misión y Visión en manos de Dios en Oración

¡Dios nos bendiga en la elaboración de nuestra Visión y Misión de nuestra familia!

 

Actividad 14 de Febrero:

“Nosotros dos y Dios”

la. De Juan 4: 8

Un matrimonio que verdaderamente quiere vivir el amor en su máxima expresión, necesita ir al origen, a la fuente del amor y sumergirse en ella para llenarse de su esencia.

Para las parejas que viven en la fe, debe resultar sumamente sencillo identificar esa fuente, pues a través de todo el Nuevo Testamento, Dios se define a sí mismo y es definido como "El Amor"... San Juan, en su pri­mera carta, lo dice con mucha claridad y de manera contundente: "El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor (1Jn 4,8).

Reconocer a Dios como origen y destino del amor y hablar de la importancia de la espiritualidad en la vida de pareja no es un simple recurso de poesía romántica ni un "producto de la publicidad", es una reali­dad constatada y vivida intensamente por numero­sos matrimonios, que han podido comprobar en su experiencia personal y observar en la experiencia de otro que la oración, la vida espiritual y la cercanía con Dios, realmente dan vida, renuevan, alegran, revitali­zan, intensifican y dan un sentido trascendente, posi­tivo y entusiasta a la vida matrimonial.

La experiencia vivida en forma personal y compar­tida con otros matrimonios, solamente ratifica aquí y ahora, lo que dice la propia palabra de Dios: "Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros" (1Jn 4,12).

Vale la pena reflexionar sobre el papel que ocupa Dios en la vida de la pareja y tomar las acciones necesarias para asegurar que sea Él, al mismo tiempo, origen y fin, y punto obligado de referencia para crecer en el amor.

Una enfermedad que está afectando de manera grave a los seres humanos de hoy, y que no ha sido detectada como tal ni analizada con suficiente profun­didad porque para muchos de nosotros pasa desaper­cibida, es la "superficialidad".

Nuestros intereses, convicciones, relaciones, accio­nes, familias, trabajos, afectos y proyectos, resultan superficiales; los vivimos más por inercia que como resultado de un análisis y una elección. Fácilmente nos olvidamos de ellos, o los cambiamos por otros, como cambiarnos de zapatos.

La velocidad a la que estamos viviendo nos empuja hacia el centro de un torbellino, que nos absorbe y arras­tra, obligándonos a entrar en movimiento, siguiendo el ritmo que la vida actual nos impone.

Nos enfocamos hacia lo inmediato, lo fugaz y lo des­echable; no solamente en lo referente a productos de consumo, sino también en aspectos como las creencias, los valores, las relaciones entre las personas y la familia.

Poco a poco, casi sin darnos cuenta, hemos estado restando importancia a lo que nos obliga a pensar, reflexionar, cuestionarnos y realizar un esfuerzo, y dejamos que esta tendencia continúe, manteniéndonos en un nivel de conformismo y aceptación pasiva.

Nos resulta más fácil hacer lo que la mayoría hace, o pensar lo que la mayoría piensa. Es más sencillo y menos demandante vivir en la subjetividad, adoptar lo que es más cómodo o fácil y evitar todo lo que exige y compromete. Y es en este contexto en donde la vida espiritual no tiene cabida, y pensar en Dios, o vivir de acuerdo al plan de Dios, resulta incómodo.

Volcados al exterior y cerrados al interior

Parece una contradicción que estando rodeados de tecnología, la cual nos permite procesar millones de datos por segundo, enviar y recibir información en forma casi instantánea y localizar o entrar en con­tacto con las personas prácticamente en cualquier lugar donde éstas se encuentren, nos resulte casi imposible entrar en contacto con nosotros mismos para reflexio­nar y analizar lo que está sucediendo con nuestra propia vida.

Estamos viviendo a tal velocidad que nos resulta difícil detenernos en medio de esta loca carrera en la que estamos inmersos, para entrar en nuestro interior y hacernos algunas preguntas básicas: ¿para qué estoy aquí en este espacio de tiempo al que llamo vida? ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Qué es lo que estoy haciendo con mi vida? ¿Tengo un rumbo claro? ¿Tengo idea de a dónde quiero dirigirme?

Toda esta corriente que nos rodea y nos motiva a buscar lo inmediato, lo sensible, la satisfacción instan­tánea y el placer, nos ha vuelto egoístas, centrados en nosotros mismos y nos está alejando del contacto con Dios, de la vivencia espiritual, de la ora­ción y del sacrificio (sacrificio en su verdadero significado de: "ofrendar" y "hacer sagrado" el esfuerzo y la actividad de cada día).

La superficialidad, enfoque al exterior, temor al sacrificio y búsqueda de soluciones fáciles se han con­vertido en una trampa que absorbe y obstaculiza la reflexión profunda, la vida espiritual, la paz interior, la búsqueda de un sentido trascendente y el contacto con Dios.

 

Soluciones fáciles:

Da flojera, y tal vez temor, hacerse ese tipo de pre­guntas. Se piensa que posiblemente más adelante habrá tiempo para eso. Por lo pronto, resulta menos compli­cado dejarse llevar por la corriente y evitar entrar en el propio interior para vivir sin la exigencia de un plan o proyecto, actuando  de acuerdo a como las cosas se pre­senten, al humor del momento o a lo que parece menos complicado.

Resulta menos amenazante dejar que pasen los días y los años, viviendo al azar, dejándose llevar por las circunstancias, por lo que ocurre alrededor, dejando que las cosas sucedan, sin esforzarse mucho por inter­venir, buscar, analizar, decidir y definir el rumbo.

Es más sencillo buscar arreglos fáciles, tirar por la borda lo que nos exige dedicación, aceptar las solucio­nes simplistas, fáciles y sin esfuerzo que el mundo en el que vivimos nos pone al alcance de la mano.

Esa forma de pensar ha impulsado una tendencia a evitar el compromiso, a buscar en la relación de pareja solamente el placer y lo inmediato, y a huir de todo lo que implique entrega, dedicación y sacrificio.

Por eso, muchas parejas van al matrimonio dejando abierta la puerta del divorcio para un escape fácil. Resulta más cómodo dejarse llevar por la corriente, hacer lo que todos hacen, aun a sabiendas de que eso es pensar por anticipado en el fracaso, o teniendo con­ciencia de que aunque ese modo de obrar pudiera parecer atractivo, en realidad atenta contra la propia felicidad y obstaculiza la felicidad de otros.

Cómo romper ese ciclo:      

Para romper ese ciclo recurrente se necesita aper­tura y disposición, para permitir que Dios esté pre­sente en nuestras vidas de una manera real, activa y continua, sólo se logra a través de la oración.

Al hablar de oración no necesariamente nos referi­mos a leer o recitar fórmulas establecidas, pues esa es solamente una de las muchas formas que se pueden utilizar para hacer oración, sino a buscar un lugar tran­quilo y un tiempo adecuado, guardar silencio y centrar totalmente la atención en platicar con Dios, de manera sencilla y espontánea, tal como lo hacemos cuando conversamos con un amigo.

Para poder vivir realmente un proceso de transfor­mación espiritual, se requiere que los esposos sean sis­temáticos y constantes.

Con la oración y la vida espiritual, sucede algo pare­cido a lo que ocurre con el ejercicio físico: si se busca tener una buena condición física, no basta con hacer, de vez en cuando, muchas horas de ejercicio; se requiere una práctica continua, que no necesariamente implica una gran demanda de tiempo, pero sí exige tenacidad y constancia.

La vida en común se fortalece y se renueva cuando los esposos adquieren el hábito de hacerse espacio para entrar en contacto con Dios.

Para que ese contacto con Dios sea transformador en su vida matrimonial, es recomendable que dedi­quen algunos minutos al día para hacer oración juntos; oración que puede ser guiada por la lectura de algún pasaje del evangelio, e interiorizada reflexionando al respecto, para luego traducirla en acción al acordar un propósito de aplicación práctica, derivado de esas reflexiones.

El tiempo de oración debe ser la cita diaria de la pareja con Dios, la visita de ambos al padre, al amigo, al hermano que siempre está con los brazos abiertos dispuesto a recibirlos, escucharlos, consolarlos en sus aflicciones y ayudarlos en sus necesidades.

La relación cercana con Dios proporciona al amor de los esposos una nueva dimensión positiva, y da un sen­tido de trascendencia a su proyecto de vida en común.

Hacer más presente a Dios en la vida de la pareja, lleva a los esposos a unirse para hacer oración y a reflexionar sobre la dirección que están dando a su vida matrimonial, lo cual por sí mismo trae beneficios a la relación.

En esa búsqueda de riqueza espiritual para el matri­monio hay tantos medios que pueden ayudar que sería imposible citarlos todos, por lo que sólo presentamos algunos que pueden ser un buen punto de partida:

Para Trabajar en Parejas:

1.      Hacer un diagnóstico. Reunidos y tomados de la mano con su  pareja, tomar un tiempo para analizar con sinceridad el lugar que ocupa Dios en su matrimonio. Si se llega a la conclu­sión de que la presencia de Dios gradualmente se ha ido desvaneciendo, o de plano no está presente en la vida matrimonial, será necesario encontrar las causas: comodidad, flojera, desidia, descuido, o lo que cada pareja descubra. Una vez conociendo las causas, elabo­rar un plan que permita eliminarlas.

2.      Hacer oración en pareja. Independientemente del tiempo individual que se dedique a la oración en pareja permite hacer presente a Dios como Amor que nutre amor de los esposos y como fuente de gracias particulares, para vivir con compasión, optimismo y com­prensión la vida en común.

3.      >Buscar medios para tener presente a Dios. Ser muy creativos para encontrar formas que les ayuden a tener presente a Dios en su hogar y en sus vidas: tener una Biblia en un lugar visible de la casa que sirva como recordatorio; orar a Dios por los alimentos antes de cada comida; colocar en el hogar algún símbolo que les recuerde que Dios está con ellos.

4.      Fortalecer su práctica religiosa. Las prácticas religio­sas pueden llegar a convertirse en rutinas y costum­bres carentes de sentido, si no se ha profundizado en ellas. Cuando se hace lo necesario para comprender su verdadero significado, y marido y mujer se involucran para vivir intensamente su fe, podrán experimentar que también su matrimonio adquiere nuevas perspec­tivas, se dinamiza y enriquece.

5.      Formación. Las parejas de hoy suelen dedicar tiempo a actualizarse y seguirse preparando profesio­nalmente, pero muchas veces la instrucción y forma­ción religiosa queda a nivel de preescolar. Actualmente existen muchos cursos, conferencias y talleres de con­tenido, bien diseñados y altamente formativos, que pueden ayudar a conocer más a Dios, a entender mejor los textos sagrados y a captar el verdadero propósito y significado de las prácticas religiosas.

6.      Apostolado en familia. Participar como pareja en alguna actividad enfocada a ayudar a quienes más necesi­tan de formación, apoyo, atención, orientación o consejo. En este tipo de actividades puede participar la pareja sola y también involucrar a los hijos, para contribuir como familia a la realización de obras en las que Dios se haga presente a otros a través de esa labor en familia.

 

Finalmente en  Grupo Poner las conclusiones y acuerdos en manos de Dios en Oración

 

 

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