Éxodo 19.3-8 —Anúnciales estas mismas palabras a los descendientes
de Jacob, a los israelitas: ‘Ustedes han visto lo que yo hice con los
egipcios, y cómo los he traído a ustedes a donde yo estoy, como
si vinieran sobre las alas de un águila. Así que, si ustedes me
obedecen en todo y cumplen mi alianza, serán mi pueblo preferido entre
todos los pueblos, pues toda la tierra me pertenece. Ustedes me serán
un reino de sacerdotes, un pueblo consagrado a mí.’ Diles todo
esto a los israelitas. Moisés fue y llamó a los ancianos del pueblo,
y les expuso todo lo que el Señor le había ordenado. Entonces
los israelitas contestaron a una voz: —Haremos todo lo que el Señor ha ordenado. Moisés llevó entonces al Señor la respuesta
del pueblo... Eras como una esposa joven “Así como juré a Noé, cuando
el diluvio, Pero todo el que peca, hace maldad; porque el pecado es
la maldad. Ustedes ya saben que Jesucristo vino al mundo para quitar los pecados,
y que él no tiene pecado alguno. Así pues, todo el que permanece
unido a él, no sigue pecando; pero todo el que peca, no lo ha visto ni
lo ha conocido. Hijitos míos, que nadie los engañe: el que practica
la justicia es justo, como él es justo; pero el que practica el pecado
es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Precisamente para esto
ha venido el Hijo de Dios: para deshacer lo hecho por el diablo. Ninguno que sea hijo de Dios practica el pecado, porque
tiene en sí mismo el germen de la vida de Dios; y no puede seguir pecando
porque es hijo de Dios. Se sabe quiénes son hijos de Dios y quiénes
son hijos del diablo, porque cualquiera que no hace el bien o no ama a su hermano,
no es de Dios.
Dios se acerca a ti
Después de tres meses de su salida de Egipto,
el pueblo de Israel llega al Monte Sinaí.
Allí Moisés subió a encontrarse con Dios, pues el Señor
lo llamó desde el monte y le dijo:
Jeremías 31.31-34
En esta promesa de Dios podemos ver su propósito
de estrechar su relación con el ser humano. Cada vez se acerca más
y más.
El Señor afirma: “Vendrá un día en que haré
una nueva alianza con Israel y con Judá. Esta alianza no será
como la que hice con sus antepasados, cuando los tomé de la mano para
sacarlos de Egipto; porque ellos quebrantaron mi alianza, a pesar de que yo
era su dueño. Yo, el Señor, lo afirmo. Esta será la alianza
que haré con Israel en aquel tiempo: Pondré mi ley en su corazón
y la escribiré en su mente. Yo seré su Dios y ellos serán
mi pueblo. Yo, el Señor, lo afirmo. Ya no será necesario que unos
a otros, amigos y parientes, tengan que instruirse para que me conozcan, porque
todos, desde el más grande hasta el más pequeño, me conocerán.
Yo les perdonaré su maldad y no me acordaré más de sus
pecados. Yo, el Señor, lo afirmo.”
Isaías 54.1-10
El amor de Dios queda de manifiesto en esta porción
del libro de Isaías, haciendose semejante a un esposo con su esposa.
Da gritos de alegría, mujer estéril y sin hijos;
estalla en cantos de gozo,
tú que nunca has dado a luz,
porque el Señor dice:
“La mujer abandonada tendrá más hijos
que la mujer que tiene esposo.”
Agranda tu tienda de campaña,
extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives;
alarga las cuerdas, clava bien las estacas,
porque te vas a extender a derecha e izquierda;
tus descendientes conquistarán muchas naciones
y poblarán las ciudades ahora desiertas.
No tengas miedo, no quedarás en ridículo;
no te insultarán ni tendrás de qué avergonzarte.
Olvidarás la vergüenza de tu juventud
y no te acordarás más de la deshonra de tu viudez,
porque tu creador te tomará por esposa.
Su nombre es Señor todopoderoso;
tu redentor es el Dios Santo de Israel,
el Dios de toda la tierra.
abandonada y afligida,
pero tu Dios te ha vuelto a llamar y te dice:
“Por un corto instante te abandoné,
pero con bondad inmensa te volveré a unir conmigo.
En un arranque de enojo, por un momento, me oculté de ti,
pero con amor eterno te tuve compasión.”
Lo dice el Señor, tu redentor.
no volver a inundar la tierra,
así juro ahora
no volver a enojarme contigo
ni volver a amenazarte.
Aunque las montañas cambien de lugar
y los cerros se vengan abajo,
mi amor por ti no cambiará
ni se vendrá abajo mi alianza de paz.”
Lo dice el Señor, que se compadece de ti.
1 Juan 3.1-10
En esta porción de la primaera carta de Juan, encontramos
descrita una de las consecuencia de tener una relación estrecha con Dios,
no practicaremos el pecado.
Miren cuánto nos ama Dios el Padre, que se nos puede llamar hijos de
Dios, y lo somos. Por eso, los que son del mundo no nos conocen, pues no han
conocido a Dios. Queridos hermanos, ya somos hijos de Dios. Y aunque no se ve
todavía lo que seremos después, sabemos que cuando Jesucristo
aparezca seremos como él, porque lo veremos tal como es. Y todo el que
tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, de la misma
manera que Jesucristo es puro.