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DIEZMOS Y OFRENDAS
La infinita Sabiduría y Misericordia de Dios ha querido en sus altos juicios me permite traer al corazón de muchos estas palabras: “El Diezmo y las Ofrendas”.

En la Doctrina Santa de Dios, la décima parte de todos los ingresos fue destina al mantenimiento del Culto religioso, como está escrito: “Y todas las décimas de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová son: es cosa consagrada a Jehová. Y si alguno quisiere redimir algo de sus décimas, añadirá su quinto a ello. Y toda décima de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, la décima será consagrada a Jehová” (Levítico 27:30-32).

El precepto de los Diezmos, o la institución de los Diezmos, no ha sido entre los Hebreos, sino que antes que la Ley de Moisés existiera, este mandamiento era reconocido por los hijos de Dios, pues nada más antiguo tenemos sobre esta materia, que los Diezmos de Abraham a Melchisedec, haré una pregunta: Cuando Abraham dió los Diezmos a Melchisedec, ¿ya estaba establecida la Ley Mosaica? Sin duda me dirán que no, y si no estaba en vigor esta ley Mosaica, ¿de quién aprendió Abraham? (Génesis 14:20). Todos los Patriarcas estaban instruidos en esta Doctrina. Léase Génesis 26:5, en donde Dios dice: “Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”. Así vemos que el Patriarca Jacob, seguía esta misma obediencia, imitando la piedad de sus abuelos, dedicando a Dios el Diezmo de todo lo que pudiera adquirir en la Mesopotamia (Génesis 28:22).

La institución del Diezmo y las Ofrendas, tuvo por objeto recordar a los hombres, la gran verdad de que Dios es fuente de toda bendición para sus criaturas, y que todos los hombres estamos obligados a dar gracias y honrar a Dios por las buena dádivas de su providencia.

Él es el único que da a todos vida y respiración, y todas las cosas que hemos menester. Hechos 17:25 así como en el Salmo 50:10, 12, en que dice: “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. . . si yo tuviere hambre no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y su plenitud”.

Como reconocimiento de que todas estas cosas y todo lo que poseemos viene de Dios, el mismo Dios nos manda que una parte de su abundancia le fuese restituida: El Diezmo y Ofrenda para el sustento del culto religioso (1 Crónicas 29:14).

Moisés dice: “Todas las décimas. . . de Jehová son. . . es cosa consagrada a Jehová”  (Levítico 27:30-32). Si usted es un cristiano y fiel, debe notar que aquí se aplica la misma expresión que en la ley del Sábado, cuando se dice: “Seis días se hará obra, más el día séptimo sábado de reposo consagrado a Jehová” (Éxodo 31:15; 20:8). Nótese bien que en esta parte Dios está reclamando la séptima parte del ciclo semanal, es decir, un día de 24 horas, “de tarde a tarde holgaréis mis sábados” (Levítico 23:32). De los siete días de la semana, uno pertenece a Dios, y la otra es el Diezmo de nuestras ganancias.

Desde tiempos muy antiguos el pueblo de Dios reconocía estas instituciones y ordenanzas. Lo primero que maduraba de sus productos de la tierra, la primera lana cuando se esquilaba a las ovejas, el primer trigo, el primer aceite, el primer vino, etc., éstos eran puestos aparte, consagrados a Dios; así también los primogénitos de los animales, y por el hijo primero se pagaba un rescate, todas estas primicias fueron dedicadas para Dios y el uso de los Sacerdotes que trabajaban en el Santuario (Lea con espíritu de aprendizaje y de humillación los siguientes pasajes: Éxodo 30:12-16; 2 Reyes 12:4-5; 2 Crónicas 24:4-13; Nehemías 10:32-34). “Todo el dinero de las santificaciones que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero de los que pasan en cuenta, todo el dinero que cada uno de su propia voluntad mete en la casa de Jehová. Recíbanlo los sacerdotes, cada uno de sus familiares y reparen los portillos del templo dondequiera que se hallare abertura. . . Impusímonos además por ley el cargo de contribuir cada año con la tercera parte de un ciclo, para la obra de la casa de nuestro Dios. Para el pan de la proposición y para la ofrenda continua y para el holocausto continuo, de los sábados, y de las nuevas lunas y festividades”.

Así los hijos de Israel recordaban continuamente que Dios es el Único, propietario de los campos, ovejas y bueyes y que Él les había mandado el sol y la lluvia para la siembra y para las mieses, y que todo lo que poseían ellos, solamente eran administradores.

Cuando Dios les dio la tierra de promisión, los hijos de Israel de todo corazón comprendieron sus deberes para con Dios, lea Deuteronomio 26:5, 8-11, donde se dice: “Y trájonos a este lugar, y diónos esta tierra, tierra que fluye leche y miel. Y ahora he aquí, he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios. Y te alegrarás con todo el bien que Jehová tu Dios te hubiere dado, a ti y a tu casa, tú y el Levita, y el extranjero que está en medio de ti, cuando hu8bieres acabado de diezmar todo el diezmo de tus frutos

Parece que las contribuciones pedidas por Dios a los Israelitas, los había de empobrecer, pero la obediencia fiel a estos estatutos era lo contrario, venía para ellos un cúmulo de bendiciones de Dios, y como consecuencia, Jehová les dio una promesa: “Increparé también por vosotros al devorador, y no os corromperá el fruto de la tierra; ni vuestra vid en el campo abortará, dice Jehová de los Ejércitos. Y todas las gentes os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los Ejércitos” (Malaquías 3:11-12).

Algunas personas para evadir este mandamiento, dicen que esto solamente se hizo bajo la orden del Antiguo Testamento, pero que en el Nuevo Testamento, no se encuentra esta orden; diré lo siguiente, como dijo el Apóstol Pablo: “Pues, para corresponder al propio modo, como a hijos hablo” (2 Corintios 6:13).

Si nosotros, los que formamos la Iglesia de Dios, desecháramos el Antiguo Testamento, como algunos lo hacen caprichosamente, para evadir Puntos Doctrinales que no les convienen, diciendo que el Antiguo Testamento ya no tiene ningún valor, y que debe aceptarse únicamente como histórico, pero que los cristianos ya no están obligados a regirse por sus ordenanzas.

Y yo, y todos los que comprendemos las Sagradas Escrituras, como verdaderos cristianos debemos aceptar los 66 libros como inspirados por el Espíritu Santo, y así los debemos aceptar, como Divinos, tanto los del Antiguo Testamento, como los del Nuevo, los dos Testamentos forman la Escritura Divina; el uno testifica del otro, y los dos forman la Escritura Divina, y en cuanto a las doctrinas, debemos comprender que el Antiguo Testamento en sí es el Nuevo y el Nuevo es el Antiguo y por la relación de los dos Testamentos se prueba que el uno y el otro son Divinos (2 Timoteo 3:16-17). El Antiguo Testamento nos enseña el fundamento de la Doctrina genuina de Dios, y el Nuevo Testamento lo confirma. El Antiguo Testamento hace mención del pueblo Judío, y el Nuevo Testamento del Cristiano y el Apóstol San Pablo dice que estos dos pueblos no forman más que uno solo, y un solo Cuerpo y como consecuencia una misma doctrina (Efesios 2:13-15). Así nuestro Señor Jesucristo recomendó leer las Escrituras, el Nuevo Testamento aun no estaba escrito, y así dijo más el Señor (Juan 5:46-47). El Señor Jesucristo nos recomienda poner toda nuestra atención en el Antiguo Testamento, porque allí está la base de una Doctrina (véase el testimonio del Apóstol San Pablo en 2 Corintios 4:13;  Romanos 15:4-6; Hechos 24:14).

Por otra parte, diremos que el precepto de los Diezmos, no es de la Ley de Moisés, sino que éste existió y fue practicado por los Patriarcas antes de que la Ley de Moisés existiera y cuando Dios constituyó la República de Israel en el Monte Sinaí, este precepto fue insertado en la Ley como lo fue el mandamiento del Sábado que también ya existía desde el principio de la Creación.

Así han venido cumpliendo y practicando los hijos de Dios este mandamiento hasta nuestros días, pues es un punto fundamental de la Doctrina de Cristo Jesús. Vea Mateo 23:23: “¡Ay de vosotros Escribas y Fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es a saber, el juicio y la misericordia y la fe; esto era menester hacer; y no dejar lo otro”. Los Fariseos se distinguieron por la exactitud en el pago de los Diezmos, y vemos que Cristo no desaprobó esa exactitud, pues no les dice que el Diezmo es de poca importancia, lo que hace es reprocharles lo poco consecuentes que eran, pues oprimían al pueblo y así destruían el sistema implantado.

Leeremos Génesis 14:18-20: “Entonces Melchisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual era Sacerdote del Dios alto; y bendíjole, y dijo: Bendito sea Abraham del Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano, y dióle Abraham los Diezmos der todo”.

¿A quién representó Melchisedec? Melchisedec fue la imagen viva del Hijo de Dios, según la autoridad de San Pablo en la Epístola a los Hebreos 7:3, que dice: “Sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de días, ni fin de vida. Mas hecho semejante al Hijo de Dios”. Semejante al Hijo de Dios y no Cristo a la imagen de Melchisedec.

También Melchisedec representa el Ministerio del Nuevo Testamento y el Sacerdocio de Cristo en el Nuevo Pacto, Cristo fue Ministro y Sacerdote según el orden de Melchisedec (Hebreos 7:17-28). Por esta razón el Apóstol Pablo dice: “Mirad pues cuán grande fue éste, al cual aun Abraham el patriarca dio diezmos de los despojos” (Hebreos 7:4). ¿Por qué Abraham no pagó los diezmos a los sacerdotes del orden de Aarón? Mirad cuán grande fue éste, que Abraham, el padre de la fe, y el padre de muchas gentes (Génesis 17:4), pagó los Diezmos y por consiguiente ¿cuánto mayor será nuestro Señor Jesucristo, a quien nosotros pagamos hoy nuestros diezmos?

Melchisedec fue la figura de Cristo, púes el Apóstol San Pablo lo dice: “Porque este Melchisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, al cual asimismo dio Abraham los diezmos de todo, primeramente él se interpreta Rey de justicia; y luego también Rey de Salem, que es, Rey de paz” (Hebreos 7:1-2). Como he dicho, Melchisedec no era más que una imagen del Hijo de Dios, pues Cristo es el verdadero Rey de Paz (Jeremías 23:6). Y el príncipe de nuestra paz (Isaías 9:6). Y Él mismo es nuestra justicia (1 Corintios 1:30). Y nuestra paz (Efesios 2:14). Y si Abraham lo reconoció como el Sacerdote de Dios y le entregó los Diezmos a él, ¿cuánto más será para nosotros traer nuestros diezmos a Cristo Jesús? (Hebreos 7:4-8).

Los Levitas que descendían de Aarón, tenían derecho, según la Ley de recibir los Diezmos de los Hebreos (Números 18:21). Y los Hebreos cuando pagaban los Diezmos esperaban del Ministro su bendición. Todos los Levitas también pagaron los Diezmos a Melchisedec (versos 9-10), porque cuando Abraham pagó los Diezmos, Leví estaba en los lomos de Abraham, y así recibieron la bendición, por lo que ahora los que pagamos nuestros Diezmos también los pagamos al Sumo Pontífice que es Cristo Jesús, el verdadero Melchisedec, al que Pablo dice: “Mirad cuán grande es éste”. Así el Ministerio de nuestros días tiene el mismo derecho de recibir las décimas del pueblo, como dice el Apóstol San Pablo: “Porque en la Ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes? ¿O dícelo enteramente por nosotros?  Pues por nosotros está escrito. . . ¿No sabéis que los que trabajan en el santuario, comen del santuario; y los que sirven al altar del altar participan?” (1 Corintios 9:6-14). Así también fue dicho en el Antiguo Testamento (Levítico 6:16, 26), y nuestro Señor Jesús así también ordenó: Que los que anuncian el Evangelio, vivan del Evangelio (Mateo 10:10; Lucas 10:7). Porque el obrero digno es de su salario. ¿Qué es un salario? ¿Pablo recibió algún salario? (2 Corintios 11:8; Números 18:21).

En el Nuevo Testamento no sólo está establecido el Diezmo, sino que todo lo que poseemos es de Dios y debemos ponerlo a los pies de los Ministros (Hechos 4:37, 32; 2:45-47). Todos ellos tenían temor de Dios y recibían satisfacción al reconocer que nada era de ellos y solamente eran administradores, así mismo reconoció Zaqueo este derecho y manifestó su liberalidad por cuanto era hijo de Abraham por la fe y obediencia (Lucas 19:8-9).

En una ocasión los Fariseos, tentando a Cristo le preguntaron: “¿Es lícito da tributo a César o no? ¿Daremos o no? Entonces él (Cristo) como en tendía la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. Y ellos se la trajeron y les dice: ¿Cuya es esta imagen y esta inscripción? Y ellos le dijeron: De César. Y respondiendo Jesús, les dijo: Dad lo que es de César a César; y lo que es de Dios, a Dios” (Marcos 12:13-17). Yo también os pregunto: ¿Cuál es el tributo que pertenece al César en este tiempo? ¿Y cuál es el tributo que le pertenece a Dios? ¡Pensad en esto!

¿Cuál es nuestra condición de vida cuando retenemos el Diezmo?

La Palabra de Dios nos da una ilustración maravillosa del resultado de la retención egoísta del Diezmo y Ofrendas ordenadas por Dios.

En las Sagradas Escrituras vemos que cuando los Judíos regresaron de la cautividad de Babilonia, emprendieron la reedificación del Templo, pero el pueblo había olvidado este mandamiento y dijeron: “No es llegado el tiempo de que la casa del Señor se edifique” (Haggeo 1:2). Dios veía que todas las razones no eran más que pretextos para retener egoístamente los Diezmos y Ofrendas, por lo que les dice: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, demorar en vuestras casas enmaderadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los Ejércitos: Pensad bien sobre vuestros caminos” (versos 4-5). Quiere decir, pensad bien sobre vuestros caminos, porque a la verdad os sobra tiempo y dinero para adornar y edificar vuestras casas y hacer progresar vuestros bienes, y para levantar la Casa de Dios que está por tierra, os falta todo, así sus razones no eran más que pretextos para excusar el gasto y trabajo que debían emplear para ello. “Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. Y llamé la sequedad sobre esta tierra, y sobre los montes, y sobre el trigo, y sobre el vino y sobre el aceite, y sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de mano” (Haggeo 1:10-11). Fue tiempo de angustia para el pueblo que sabiendo sus obligaciones retuvo los Diezmos y las ofrendas y todo trabajo para Dios, pues se dice: “Antes que fuesen estas cosas, venían al montón de veinte hanegas, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros del lagar, y había veinte. Os herí con viento solano, y con tizoncillo, y con granizo en toda obra de vuestras manos; más no os convertisteis a mí, dice Jehová”  (Haggeo 2:16-17). Pero cuando el pueblo reconoció su grande falta, Dios empezó a derramar en ellos bendición (Haggeo 2:18-23). Salomón también dice sobre esto: “Hay quienes reparten, y les es añadido más. Y hay quienes son escasos más de lo que es justo, más vienen a pobreza” (Proverbios 11:24). Y en el Nuevo Testamento el Apóstol San Pablo dice: “El que siembra escasamente, también segará escasamente;  y el que siembra en bendiciones, en bendiciones también segará” (2 Corintios 9:6-8). Y el Profeta Malaquías dice: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los Diezmos y las primicias. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Malaquías 3:8-9). Ese decir, vosotros me habéis robado y engañado, reteniendo lo que es mío, no pagando los Diezmos y las primicias que debéis, y que tengo dedicados para el culto y propagación de mi Palabra, y por esta causa os encontráis bajo maldición.

Pero cuando el hombre se vuelve a Dios cumpliendo con sus deberes y obediencia, la Escritura dice: “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). Pues el Señor dice: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los Ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10). “Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones y te alcanzarán, cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito será tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu bestia, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Bendito tu canastillo y tus obras. Bendito serás en tu entrar y bendito en tu salir” (Deuteronomio 28:1-28).

Amados hermanos míos: ¿Habéis comprendido la Palabra de Dios? Esta es para ayer y para hoy y para mañana. Cumplid vuestra justicia.

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