10 Noviembre 2011
DAD A DIOS LO QUE ES DE DIOS
Jesús reconoció la necesidad de obedecer las leyes de los hombres cuando dijo: “Dad al César, lo que le pertenece al César”. Y también reconoció que lo que Dios pide hay que darlo con más obediencia: “Y a Dios lo que es de Dios”.No hay ninguna propiedad del hombre que pudiera ofrecer a Dios, porque todas las cosa le pertenecen a Él. “Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti: porque mío es el mundo y su plenitud” (Salmo 50:12). “Mía es la plata, y mío el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Haggeo 2:8). Creo que no hay ningún hombre que no reconozca esto. “Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces” (Santiago 1:17).
El hombre, en primer lugar, recibe el hálito de vida gratuitamente de parte de Dios, es decir, Dios no le cobra por el aire que respira; también disfruta de fuerzas para trabajar con facilidad en cumplimiento al mandato de Dios (Génesis 3:19), le da salud, le da trabajo y la inteligencia para desempeñarlo, entonces el hombre debe reconocer y “dar a Dios lo que es de Dios”, y no como el que implora una limosna. Dios ha dicho de la siguiente manera: “Y todas las décimas de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová son: es cosa consagrada a Jehová” (Levítico 27:30).
El sistema de los “diezmos” fue un requisito de Dios desde el sacerdocio de Melchisedec, cerca de 400 años antes que la ley se diera en el Monte Sinaí; más ahora nosotros estamos bajo el sacerdocio de Cristo, el cual es sacerdote de Dios según el orden de Melchisedec, Cristo es ahora el Gran Sacerdote para siempre (Hebreos 6:20). Y Cristo dice claramente en Mateo 23:23, que no debemos dejar el sistema de pagar los diezmos a Dios. El apóstol Pablo por el año 59 a.C. estaba haciendo estas mismas recomendaciones a la Iglesia (1 Corintios 9:13-14). En la dispensación antigua, los Levitas eran sostenidos por los diezmos del pueblo, porque esta tribu estaba consagrada a los servicios de Dios (Números 18:19-21), y Pablo en la dispensación evangélica compara a los Levitas con los Ministros que sirven al Santuario o sea a la Iglesia, que es necesario que sean tenidos en estimación para que no dejen de ministrar (Deuteronomio 12:19; 14:27).
EL DIEZMO ES UNA MANIFESTACIÓN DE LA FE en el creyente y también muestra su agradecimiento para con Dios por la misericordia que tuvo para salvarlo, y al depositar sus diezmos tiene el deseo y el afán de que otras muchas almas como él escuchen el Evangelio y sean salvas.
Cuando no existe la fe en creyente no cree en las ordenanzas de Dios (Hebreos 11:6) y se hace irresponsable de sus obligaciones: si gana mucho en su trabajo, diezma un peso o dos, y esto no es fe ni obediencia; y en muchas ocasiones aun ganando abundantemente, no toma en cuenta que esto es por la bendición de Dios, y nunca diezma, sino que detiene lo que no le pertenece, y lo gasta mal, abusando de los bienes de Dios. De ahí que Dios exclama y dice: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. . . Los diezmos y las primicias” (Malaquías 3:8). Y cuando el hombre es un robador de Dios entonces lo castiga con “maldición” (verso 9). Y la maldición de Dios se manifiesta de muchas maneras: enfermedades continuas en el hogar, disgustos continuos en el hogar o en el trabajo, escasez, que aun ganando mucho diariamente, siempre están en escasez, pidiendo aquí o allá, o como se dice, siempre andan apretándose las manos, etc.
EL SEÑOR NOS DESAFÍA A QUE LE OBEDEZCAMOS para conocer su bondad para alimentarnos. Él nos hace esta promesa: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; Y PROBADME AHORA EN ESTO, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10). Muchas familias pobres han conocido el Evangelio y han tratado de probar si de veras hay bendición en diezmar de lo que se han convencido y siguen siendo fieles en cuanto a este mandamiento. Esas familias ganan muy poco dinero para su sostén, pero viven felices, siempre llenos de salud, comiendo humildemente pero con bendición, nunca andan mendigando a pesar de que ganan muy poco, son felices porque gozan de las bendiciones de Dios, porque son “dadores alegres”. Porque siendo obedientes Dios no los desampara. El rey David dijo en cierta ocasión: “Mozo fui, y he envejecido, Y NO HE VISTO JUSTO DESAMPARADO, ni su simiente que mendigue pan” (Salmo 37:25).
“Dad a Dios lo que es de Dios” es un mensaje para la Iglesia de nuestros días, para la Iglesia que a veces dice: “Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa”, y el Señor le responde: “y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo. . . unge tus ojos con colirio para que veas” (Apocalipsis 3:17-18).
EL DIEZMO ES UNA MANIFESTACIÓN DE LA FE en el creyente y también muestra su agradecimiento para con Dios por la misericordia que tuvo para salvarlo, y al depositar sus diezmos tiene el deseo y el afán de que otras muchas almas como él escuchen el Evangelio y sean salvas.
Cuando no existe la fe en creyente no cree en las ordenanzas de Dios (Hebreos 11:6) y se hace irresponsable de sus obligaciones: si gana mucho en su trabajo, diezma un peso o dos, y esto no es fe ni obediencia; y en muchas ocasiones aun ganando abundantemente, no toma en cuenta que esto es por la bendición de Dios, y nunca diezma, sino que detiene lo que no le pertenece, y lo gasta mal, abusando de los bienes de Dios. De ahí que Dios exclama y dice: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. . . Los diezmos y las primicias” (Malaquías 3:8). Y cuando el hombre es un robador de Dios entonces lo castiga con “maldición” (verso 9). Y la maldición de Dios se manifiesta de muchas maneras: enfermedades continuas en el hogar, disgustos continuos en el hogar o en el trabajo, escasez, que aun ganando mucho diariamente, siempre están en escasez, pidiendo aquí o allá, o como se dice, siempre andan apretándose las manos, etc.
EL SEÑOR NOS DESAFÍA A QUE LE OBEDEZCAMOS para conocer su bondad para alimentarnos. Él nos hace esta promesa: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; Y PROBADME AHORA EN ESTO, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10). Muchas familias pobres han conocido el Evangelio y han tratado de probar si de veras hay bendición en diezmar de lo que se han convencido y siguen siendo fieles en cuanto a este mandamiento. Esas familias ganan muy poco dinero para su sostén, pero viven felices, siempre llenos de salud, comiendo humildemente pero con bendición, nunca andan mendigando a pesar de que ganan muy poco, son felices porque gozan de las bendiciones de Dios, porque son “dadores alegres”. Porque siendo obedientes Dios no los desampara. El rey David dijo en cierta ocasión: “Mozo fui, y he envejecido, Y NO HE VISTO JUSTO DESAMPARADO, ni su simiente que mendigue pan” (Salmo 37:25).
“Dad a Dios lo que es de Dios” es un mensaje para la Iglesia de nuestros días, para la Iglesia que a veces dice: “Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa”, y el Señor le responde: “y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo. . . unge tus ojos con colirio para que veas” (Apocalipsis 3:17-18).

















