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Vida Cristiana
El propósito de Dios es que gocemos de vida abundante. Esta vida abundante consiste entre otras cosas en disfrutar de equilibrio interior, tanto psíquico como emocional. Sinembargo, el equilibrio emocional puede romperse a causa de los conflictos que surgen en la convivencia con los demás.
Sin duda, todos llevamos recuerdos de las experiencias en que fuimos traicionados, ofendidos, maltratados, ignorados o deshonrados. Cada una de estos tiene su grado de ira o de deseo de venganza. Esa ira acumulada perturba la paz y se convierte en fuente de amargura y de resentimiento.
El Señor Jesús nos ofrece un medio muy eficaz para restaurar el orden interior: practicar el perdón. Pero, la mayoría de las veces, descartamos esta posibilidad como una conveniencia personal. Tal vez, gran parte de la dificultad para practicar el perdón nos viene de la ignorancia que tenemos sobre el tema: A veces pensamos que perdonar es olvidar, pero no necesariamente es así; podría ser que no olvidemos las ofensas inmediatamente, pero sí podemos tomar la decisión de no guardar rencor; a veces, imaginamos que al perdonar nos mostramos débiles y faltos de carácter, pero, en realidad, practicar el perdón es un acto sublime del poder del amor. O, quizá pensamos que necesitamos guardar la ira para evitar ser lastimados de nuevo, sin embargo, nos olvidamos que al no perdonar mantenemos abierta la herida de la ofensa recibida.
- ¿QUE ES PERDONAR?
Según el diccionario, perdonar es dejar de sentir resentimiento hacia (un ofensor); renunciar al resentimiento o derecho de desquite por (un insulto); o conceder remisión de (una deuda).
El teólogo escocés H. R. MacIntosh dice que el perdón: “es un proceso activo de la mente y del temperamento de alguien lastimado, a través del cual anula un daño moral para hermanarse con el que lo ha lastimado y restablecer la libertad y la alegría de la amistad. (Citado por Lewis B. SMEDES en: “Perdonar y Olvidar”. Diana México 2000. p. 40
Perdonar es liberarse. Es una decisión de superar las diferencias creando un clima de confianza.
La palabra de Jesús “perdona a tu hermano”, tiene vigencia para nuestros días, Jesús sabía por qué debemos de perdonar.
- OBSTACULOS PARA LA PRÁCTICA DEL PERDÓN
La negativa a perdonar brota del orgullo humano. Pensamos que somos intocables, que nadie debería de atreverse a menospreciarnos.
Se han estado alimentando fantasías de venganza. Hemos estado tramando la manera de desquitarnos, permanecemos como fiera agazapada, sólo esperamos el momento justo de atacar, cuando nuestra posible víctima esté más vulnerable, si perdonamos bajaremos la guardia y el momento quizá se escape.
Se fomentan sentimientos de autocompasión. Lamentablemente, disfrutamos sentirnos víctimas. Nos hace sentirnos mejores que los demás. Aún creemos en la redención por medio de nuestro sufrimiento. Sin duda que atraemos miradas de lástima, y eso nos gusta.
El ofendido logra a veces ganarse la simpatía de los demás. La gente se pone de nuestro lado.
El miedo puede ser un obstáculo del perdón. No sabemos lo que pueda ocurrir después del perdón y tememos enfrentar situaciones nuevas, aunque generalmente serán mejores.
- ¿CÓMO PODEMOS PRACTICAR EL PERDON?
- La práctica del perdón exige vigor y entereza de carácter. Es un proceso voluntario en que quien perdona elige no vengarse, sino responder con amor a quien le ha causado algún daño. Hay una dinámica que se puede seguir en la acción de perdonar:
Reconocimiento de las situaciones que requieren perdón. Perdonar requiere ante todo un reconocimiento honesto del sufrimiento que se padece o del dolor causado por la acción del otro. Hay muchas ofensas que pueden borrarse con la tolerancia y la magnanimidad. - Intención y decisión de perdonar. Perdonar requiere valor y llevar a cabo múltiples actos de voluntad encaminados a hacerlo realidad.
- El perdón como actividad rememorativa. Para perdonar hay que recordar, liberado los sentimientos negativos. Sin negar que se haya dado un comportamiento malicioso, quien perdona libera al ofensor de su mal comportamiento y lo ve en su valor real como persona humana que, al igual que uno mismo, vive en un mundo imperfecto, cargado de tensiones y conflictos de todo tipo.
- El perdón como aceptación y reconciliación. El perdón completo comienza con una nueva relación con el ofensor.
- ¿Por qué PERDONAR?
- Porque perdonar es la forma de recuperar la capacidad de amar. Si guardamos el resentimiento nos volvemos desconfiados de todos; tememos ser heridos, por lo tanto evitamos amar libremente. Podemos llegar a la incapacidad de expresar afecto aún a las personas que más nos importan. Para sentirnos seguros mantenemos las relaciones personales a distancia prudente y terminamos solos y aislados.
- Porque perdonar es mantenerse sano. El rencor contenido puede ser la razón de su mal dormir, sus sueños inquietantes y su desvelo. Puede ser la causa de muchos síntomas sicosomáticos como: úlceras, cefaleas, gastritis y otros.
- Porque el perdonar recuperamos el control de nosotros mismos. Cuando nos aferramos a un resentimiento cedemos el control del bienestar emocional a la persona que nos hirió. Al guardar rencor, usted puede estar sacrificando su salud y felicidad con la vana esperanza de que su perseguidor se dé cuenta de cuan “agraviado” se siente usted.
- Porque al perdonar recuperamos la alegría de vivir. Cuando la amargura domina nuestra vida desaparece el goce de las cosas bellas que nos rodean. Ya no prestamos atención a la naturaleza, la gente, la familia, etc. Desparece la sonrisa. Al poner en orden el pasado nos aceptamos como somos.
- El perdón hace de la vida algo más justo. Es una alternativa viable porque es la única ruta creativa hacia una menor injustifica. El perdón tiene el poder creativo para apartarnos de un momento pasado de dolor, para liberarnos de nuestra eterna reacción en cadena y crear una nueva situación en la que tanto el verdugo como la víctima pueden empezar de nuevo.
- El perdón ofrece la oportunidad de reconciliación; es la oportunidad de una vida juntos, en lugar de una muerte compartida.
- El perdón es un milagro de la voluntad que culmina cuando dos personas distanciadas se reúnen en una relación tan nueva y justa como el tiempo y las circunstancias lo permitan. La característica de ser cristiano está no en no tener conflictos, sino en qué hacemos con los conflictos. Si dos hermanos se han distanciado, el amor los puede unir de nuevo.
- La única manera de curar el dolor que no puede ser curado por sí mismo es perdonar a la persona que nos ha lastimado. El perdón detiene las repeticiones del dolor. El perdón cura nuestra memoria al cambiar las imágenes de nuestros recuerdos. Abandonamos las imágenes perturbadoras y elegimos las reconfortantes.
- Cuando liberamos el verdugo del agravio, extirpamos un tumor maligno de nuestro interior. Liberamos a un prisionero y descubrimos en su rostro el nuestro.
- El perdón es una apuesta por algo mejor.
- El perdón es más poderoso. Se necesita una alta cuota de realismo. Para poder perdonar debemos tener las agallas para mirar de frente al horror, a la injusticia, a la maldad de la que fuimos objeto. No podemos distorsionar, no podemos ocultar, no podemos ignorar la realidad del mal. Vemos al mal frente a frente y lo llamamos por su nombre. Para perdonar hay que pasar por la confrontación. No podemos perdonar pro completo a alguien a quien no –de una manera u otra manera- hemos enfrentado para decirle: “tú me lastimaste y te odio por eso”. Perdonar es ejercitar la libertad. Sólo una persona libre puede elegir empezar de nuevo con alguien que la ha herido. El perdón es el poder último del amor. El amor no es un sentimiento suave y débil que permite que la gente pueda salir impune, sin importar lo que nos haga. El amor no nosconvierte en seres sumisos a merced de la gente que nos lastima injustamente. El amor perdona pero solamente porque es poderoso.
- Porque al perdonar estamos imitando a Jesús. En el evangelio de Mateo 18 es Pedro quien hace la pregunta de hasta cuantas veces debe perdonar al hermano en sus ofensas, ya sabemos la respuesta de Jesús al respecto. No mucho tiempo después Pedro tendría la oportunidad de experimentar el bello perdón ante su debilidad, cuando Jesús les avisa a los discípulos que espera verlos en Galilea, específicamente menciona a Pedro para asegurar que no le guarda resentimiento.
- Porque perdonar es levantar las manos limpias a Dios (sin ira ni contienda). Si queremos ser escuchados por Dios en nuestros ruegos practiquemos el perdón en quienes nos han ofendido.
“Los ojos mágicos: una pequeña fábula”.
En la aldea de Faken, en lo más recóndito de Friesland, vivía un panadero alto y delgado llamado Fouke era tan probo que parecía salpicar rectitud desde sus labios delgados a cualquiera que se le acercaba, por lo que la gente de Faken prefería mantenerse alejada de él.
La esposa de Fouke, Hilda, era pequeña y redonda, sus brazos eran redondos, su vientre era redondo, sus caderas eran redondas. Hilda no mantenía a raya a la gente con sus lecciones de honestidad; su suave redondez parecía invitarlos a acercarse a ella para compartir la calidez de su corazón abierto.
Hilda respetaba a su virtuoso esposo, y lo amaba también en la medida en la que él se lo permitía; pero su corazón anhelaba de él algo más que su valiosa rectitud.
Y ahí, en el lecho de su necesidad, yacía la semilla de su tristeza.
Una mañana, habiendo trabajado desde el amanecer, amasando su pasta para los hornos, Fouke llegó a casa y encontró a un extraño en su recámara, recostado sobre la cadera redonda de Hilda.
El adulterio de Hilda pronto se convirtió en la conversación de la taberna y en el escándalo de la congregación de Faken. Todo el mundo supuso que Fouke echaría a Hilda de su casa, ya que era tan recto. Pero sorprendió a todos al mantener a Hilda como su esposa, diciendo que la perdonaba como la Biblia decía que debía hacerlo.
Sin embargo, en lo más profundo de su corazón, Fouke no podía perdonar a Hilda por haber manchado su nombre. Siempre que pensaba en ella, sus sentimientos eran de rabia y dureza; la despreciaba como si fuera una prostituta. La odiaba por haberlo traicionado, después de haber sido él un esposo tan bueno y tan fiel.
Fouke sólo fingió perdonar a Hilda para poder castigarla con el peso de su recta misericordia.
Pero la falsedad de Fouke no tiene un lugar en el cielo. Así es que cada vez que Fouke sentía su odio secreto hacia Hlda, un ángel llegaba hasta él y dejaba caer una pequeña piedra, apenas del tamaño de un botón, en el corazón de Fouke. Cada vez que una piedra caía, Fouke sentía un dolor tan agudo como el que sintió cuando encontró a Hilda alimentando su hambriento corazón en la despensa de un extraño.
Por lo tanto, la odió aún más, su odio le trajo dolor y su dolor lo hizo odiar.
Las piedrecillas se multiplicaron, y el corazón de Fouke creció por el peso; tan pesado se hizo que la parte superior de su cuerpo se dobló y, para poder ver hacia delante, fue necesario forzar el cuello. Abrumado por el dolor, Fouke empezó a desear estar muerto.
El ángel que dejó caer las piedras en su corazón llegó hasta Fouke una noche y le comunicó que su dolor sería curado.
Había un remedio, sólo uno, para la herida de un corazón lastimado. Fouke necesitaría el milagro de los ojos mágicos. Necesitaría ojos para ver hacia atrás, cuando se inició su dolor, para ver a Hilda no como la esposa que lo traicionó, sino como una mujer débil que lo necesitaba. Sólo una nueva manera de ver las cosas a través de los ojos mágicos podría sanar el dolor que fluía de las heridas del pasado.
Fouke protestó. “Nada puede cambiar el pasado”, dijo: “Hilda es culpable, un hecho que ni siquiera un ángel puede cambiar”.
“Sí, pobre hombre adolorido, tienes razón”, dijo el ángel. “Tú no puedes cambiar el pasado, sólo puedes curar el dolor que te llega de él. Y sólo puedes sanarlo a través de la visión de los ojos mágicos”.
“¿Y cómo puedo conseguir los ojos mágicos”, se efurruñó Fouke.
“Sólo pídelo con anhelo y te serán otorgados. Y cada vez que veas a Hilda a través de tus nuevos ojos, una piedra será removida de tu corazón lastimado”.
Fouke no pudo hacer su petición inmediatamente, pues había aprendido a amar su odio. Pero el dolor de su corazón finalmente lo condujo a desear y pedir los ojos mágicos que el ángel había prometido. Así es que pidió. Y el ángel otorgó.
Pronto, Hilda comenzó a cambiar ante los ojos de Fouke maravillosa y misteriosamente. Él empezó a verla como una mujer necesitada que lo amaba, en lugar de la mujer vil que lo había traicionado.
El ángel cumplió su promesa: empezó a remover las piedrecillas del corazón de Fouke, una por una, por lo que se tardó bastante en remover todas. Fouke gradualmente sintió que su corazón se aligeraba, empezó a caminar erguido nuevamente y, de alguna manera, su nariz y su barbilla dejaron de ser tan delgadas y agudas. Invitó a Hilda a entrar en su corazón nuevamente –lo que ella hizo- y juntos empezaron un viaje hacia una nueva etapa de humilde felicidad. (Tomado de Lewis Smedes. “Perdonar y Olvidar”. Ed. Diana, México, 2000 p. XIX-XX1).
CONCLUSION
La fuente íntima del perdón debe buscarse en Dios mismo. Si hay algo que necesites perdonar, puedes comenzar desde hoy.
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