PASTORAL EN EL MATRIMONIO

Vivimos tiempos desafiantes, la relación de pareja y el matrimonio están siendo cuestionados en su forma y fondo. Nosotros, como pastores de la grey, debemos mantener los ojos bien abiertos y los oídos atentos a nuestro entorno y a la Palabra de Dios.

Contrario a lo que algunos afirman, no todos los cambios que se han dado en nuestra época son negativos y opuestos a la voluntad de Dios. Lo que sucede es que, el desconcierto que provoca lo nuevo, a veces produce miedo y éste, nos lleva a replegarnos y refugiarnos en lo que consideramos seguro. Necesitamos estar conscientes de esa reacción natural, para que al detectarla, asumamos una postura crítica, mas no cerrada, ante los acontecimientos y definiciones recientes.

Respecto al matrimonio, los planteamientos contemporáneos, han aportado diversos matices de comprensión, que ayudan mucho a las parejas en su plenificación. Por ejemplo, hoy como nunca antes, se valora la buena convivencia, sana comunicación y realización, en el marco de la vida en pareja. Por otro lado, los matrimonios occidentales, en general, no son obligados ni condicionados, por personas externas a la pareja, sino consensuados ¡esto es bueno!

Sin embargo, tampoco debemos pasar por alto que el hedonismo y el individualismo, propios de nuestra época, también han condicionado a muchas parejas. Esto se hace evidente en la búsqueda del disfrute a toda costa, y en la condicionante producida por dicha búsqueda: se piensa que, el matrimonio, debe mantenerse mientras todo esté bien. Esto ha provocado, entre otras cosas: parejas con poca tolerancia al sufrimiento compartido, y muchos divorcios.

También, hay parejas en las que la soledad se hace presente. El individualismo, que afecta a ambos, los lleva a tener vidas paralelas, en donde, los integrantes, sólo son dos desconocidos que comparten la cama, y a veces, la mesa, con proyectos personales completamente distintos, y hasta opuestos.

Dadas las circunstancias actuales, como pastores, tenemos la encomienda de acompañar a matrimonios y darles pautas para su vivencia en pareja. Dichas pautas, deben ser, por un lado actuales, tomando en consideración los cambios que en la vida de pareja implica la vida moderna; pero también contextuales, considerando la realidad propia del matrimonio que se acompaña. Por ejemplo, en nuestras congregaciones, hay matrimonios que han asumido un modelo tradicional (patriarcal), otros que han asumido un modelo más equitativo (moderno). Considero que el modelo no es el problema en sí, lo que debemos brindarles como pastores, son herramientas y orientaciones que abonen en relaciones basadas en la Palabra: justas, restauradoras y, sobre todo, amorosas. Esto no implica, imponer un modelo de pareja ajeno. Nuestras pautas y orientaciones pastorales, sobre todo, deben ser guiadas por Dios, en su Espíritu, a través de su Palabra.

A continuación, les comparto algunas reflexiones bíblicas y herramientas prácticas; con la esperanza de que estas se añadan a su capacidad y experiencia pastoral, para el mejor acompañamiento y orientación de los matrimonios que el Señor ha encomendado a su cuidado.

Definición de matrimonio en nuestro credo

«El matrimonio es el propósito de Dios para la pareja, en el que un hombre y una mujer se comprometen a unir sus vidas mediante un pacto de amor y fidelidad. Inicia ante las autoridades civiles con testigos de la sociedad y es bendecido por el Creador, ante la Iglesia, para que dure toda la vida, en un marco de igualdad, tolerancia, respeto y apoyo mutuo, que honre a ambos»1

Acercamiento a la Palabra

Polvo y Soplo: el matrimonio está hecho de fragilidad humana y suficiencia de Dios.

Cuidemos los conceptos: el matrimonio, como definición, no está unificado en el canon bíblico. Sin embargo, hay un texto que resulta fundamental para comprender el matrimonio a la luz de la voluntad de Dios: Génesis 2:7-25. Haremos un breve acercamiento a algunos versos de dicho texto.

El concepto de matrimonio monógamo surge en el contexto del pueblo de Israel como contracultura, en oposición a la cultura circundante cananea, en cuyos pueblos la poligamia era lo normal. Este texto, surge en el siglo X a. C., con la intención de validar teológicamente y afirmar al matrimonio monógamo, así como defenderlo ante las influencias cananeas.

En Génesis 2:7, se nos dice que el ser humano fue hecho del polvo de la tierra y del aliento de vida infundido por Dios en la nariz. El ser polvo de la tierra deja en claro la debilidad, la insuficiencia, el fracaso implícito que somos. Sin embargo, el soplo de vida de Dios, nos hace fuerza, suficiencia y logro posible en todo momento. Lo del polvo de la tierra, recibe de Dios la posibilidad de superación. Pero el texto nos deja un detalle valioso, el soplo de vida lo infundió Dios en la nariz; es una imagen muy bella y tierna: el Creador-alfarero, no sólo se ensucia las manos para hacer al ser humano, también se acerca mucho a él. Es un acercamiento amoroso para infundir en él, su soplo. De eso estamos hechos todos los seres humanos, incluidos los que decidimos conformar una pareja.

Esta sencilla verdad, nos debe hacer conscientes, por un lado, de la fragilidad con la que están hechos los matrimonios: los cónyuges son polvo de la tierra, imperfectos y frágiles, por naturaleza. Por otro lado, nos hace conscientes, de la infinidad de posibilidades de bien, de desarrollo y crecimiento; porque tenemos la fuerza que viene de Dios.

En Génesis 2:18, Dios reconoce y afirma que no es bueno que el hombre esté solo. Esta hermosa frase deja en claro que fuimos hechos para el encuentro con el otro, el ser humano no puede ni debe vivir en el aislamiento. Ante esa soledad, Dios promete hacer ayuda idónea para el ser humano. Ningún animal creado por Dios, logra suplir esa necesidad del hombre (2:20). Y es que ayuda idónea, es ayuda que viene de arriba, que completa, que plenifica; nada que venga sólo de lo terreno puede hacer eso en el humano, sólo lo que es, además de polvo, soplo.

Resulta muy significativo que, Dios tomase del costado del hombre, para hacer a la ayuda idónea, una costilla que estaba resguardando el corazón. Alude a dos cosas significativas: lo primero es, la vulnerabilidad del hombre que se enfatiza al dejarlo sin esa costilla que protegía su corazón, ahora está vulnerable. Pero al mismo tiempo, de esa costilla será creada quien será su ayuda, su fuerza.

La expresión de Adán, ante la visión maravillosa de su compañera deja en claro esto (2:23): Hueso de mis huesos: ella es mi fortaleza. Carne de mi carne: también mi debilidad. La carne, representa el espacio limitado, pero abierto a Dios.

En el verso 25, se enmarca la importancia de la «desnudez» en la relación de la primer pareja. Dicha desnudez, no es, sobretodo, física, implica bajar la guardia, abrirse al otro, lo cual conlleva vulnerabilidad.

El matrimonio implica tres cosas: dejar, unirse y ser una sola carne

Ponemos aparte el comentario del verso 24, debido al marco básico que da para el matrimonio, seguimos aquí el aporte de Walter Trobisch en su libro «Yo me casé contigo»2

«Dejar». Implica por un lado poner a los padres en segundo término, cortar relaciones de dependencia con ellos, tanto en lo emocional, económico y en cuanto a las decisiones. Por otro lado, hacer completamente público el amor y el deseo de estar juntos.

«Unirse». Se refiere al amor, tiene que ver con los sentimientos, pero también con la voluntad de estar con otro. Es el anhelo de querer estar con alguien más cerca y permanentemente.

«Ser una sola carne». Implica la fusión de horizontes, de prioridades, de proyectos de vida, que se consuman en matrimonio, particularmente en la intimidad sexual.

Dios en el matrimonio

La vida en pareja, es un don de Dios, nace en Su corazón, como un regalo de su amor. Sin embargo, es un don que requiere nuestra colaboración; el matrimonio se construye entre dos. Es un proyecto que Dios diseña e inicia, y el ser humano, desarrolla con la guía del Espíritu.

Sin embargo, una de las cosas que debemos evitar es priorizar a la pareja en lugar de a Dios. Es Él quien nos proveyó en su amor al cónyuge y nunca debiera éste, sustituir a Dios; al hacerlo nuestra relación con Dios se debilita y nuestra relación con la pareja se pone en riesgo, pues incurrimos en idolatría.

Por otro lado, también es peligroso priorizar a alguien o algo más (otra persona, el trabajo, objetos, etcétera), por encima de nuestra pareja. Eso también es peligroso, y es incurrir en una idolatría que nos distancia del ser amado.

En cuanto a la sexualidad en la vida de pareja, esta debiera ser siempre una entrega totalizadora, buscando que el otro sienta, sobre todo, el amor que se le tiene. A través del acto sexual se debe amar con todas las células.

Desafíos actuales del matrimonio

Hoy, ocurren muchos más divorcios que antes ¿es buena o mala señal? No se puede categorizar sencillamente como buena o mala, se debe a múltiples factores, entre ellos, el demográfico. En la actualidad, hay mucho más parejas que se casan, respecto a antes. Sin embargo, el hecho de que haya más divorcios indica, entre otras cosas, que las expectativas en cuanto al matrimonio han cambiado.

Bien lo explican Jean Stapleton y Richard Bright: «El matrimonio no es una institución que está muriendo. Es una institución en cambio. Hoy día más gente se casa en algún momento de su vida como nunca antes. Hoy se divorcian más personas que nunca, también, no porque divorciarse sea más fácil sino porque esperan mucho más del matrimonio: la intimidad sólo prospera cuando el compromiso es incondicional y de largo plazo… y la intimidad solo es posible cuando dos personas se consideran iguales»3

Expectativa del matrimonio:

Antes:

Hijos

Familia

Intimidad

No estar solo

Tener quien me cuide

Tener un proveedor

Una cocinera

Ahora:

Buena comunicación

Comprensión

Respeto

Justicia

Cariño

Apoyo

Compañerismo

Hoy, se busca un matrimonio que potencie a ambos. La expectativa de antes aún sigue vigente; pero en muchos matrimonios, sobre todo en los citadinos y de clase media a alta, se espera más que eso. Sin embargo, aunque la expectativa es alta, en la mayoría de los casos, las parejas no cuentan con los recursos suficientes para ver cumplidos sus anhelos.

Por lo anterior, una de las tareas fundamentales del pastor es brindar pautas y herramientas que nutran las relaciones de las parejas, para que éstas puedan ver cristalizados sus anhelos.

Intimidad matrimonial: ¿genitalidad o sexualidad?4

Una primer cuestión que hay que aclarar es qué entendemos por vida sexual y sexualidad. Dios nos creó. A Él se le ocurrió que hubiese hombres y mujeres, y que ambos fueran hechos a su imagen. Es decir, la sexualidad y la posibilidad de relaciones sexuales, están impresas en la vida humana desde sus comienzos; no se trata solamente del hecho de tener órganos genitales o aparatos reproductores diferentes.

La vida sexual abarca todo aquello que se vive como hombre o como mujer. En este sentido, toda nuestra vida es sexual porque es sexuada. Todo lo que hacemos, lo realizamos como hombres o mujeres, según el caso. Por tanto, la vida sexual, incluye el conocimiento de la propia persona: cómo se es, lo que se cree, lo que se siente, lo que se percibe, lo que se hace. Cuando la persona se pregunta quién es, se descubre como persona, pero no como una persona neutra, sino como hombre o como mujer.

La vida sexual abarca también la manera en que se relacionan los hombres con las mujeres, las mujeres con los hombres, las mujeres con las mujeres y los hombres con los hombres. En el sentido más estricto de la palabra, existe una amplia variedad de relaciones sexuales: tenemos padres, madres, hermanos y hermanas, jefes y jefas, empleados y empleadas, conocidos y conocidas, colegas, camaradas, amigos y amigas, enemigos y enemigas, amigos y amigas íntimos, novios y novias, prometidos y prometidas, esposos y esposas, etcétera. Todas nuestras relaciones, están marcadas por la cultura y la sociedad en que vivimos.

La sexualidad, es una construcción social donde se asignan los lugares y los roles, y se crean los moldes y estereotipos sexuales. Algunas de esas cuestiones son un obstáculo para ejercer la sexualidad adecuada y tener relaciones sexuales sanas, ya que expresan una deformación social. Este es, por ejemplo, el caso del machismo, donde se otorga la responsabilidad del desarrollo de los hijos sólo a la mujer, en la concepción del cuerpo como pecaminoso, el del mito del amor romántico espontáneo, etcétera. Los medios de comunicación masivos, también contribuyen a reforzar diversos modelos y, sobre todo, implementar ciertos mitos: como el del varón experimentado, fuerte, distante y atractivo; frente a mujeres vulnerables, vírgenes, jóvenes, con un cuerpo escultural.

La cultura y la sociedad levantan diferencias entre los sexos, que conducen a relaciones constructivas o destructivas, entre el hombre y la mujer. La familia, como producto de su sociedad y su cultura, reproduce el modelo y la calidad de estas relaciones. La familia, es la primera célula que influye en la socialización de las actitudes sexuales. No es lo que se dice, sino la actitud hacia lo sexual y la manera en que se tratan los hombres y mujeres —aquello que los niños aprenden en el regazo de sus padres y en el seno familiar—, lo que determina sus conductas futuras. La capacidad de hablar abiertamente, y la disposición a cambiar, son los valores más positivos que se pueden generar en los niños: esto es verdad y de particular importancia en el terreno de lo sexual. Por el contrario, el temor, el ocultamiento y los secretos vergonzosos, son sentimientos y costumbres, que estorbarán a la vida sexual general, y que contaminarán la relación de pareja. El respeto por los que son de sexo diferente, la aceptación de cada persona como ser único e irrepetible, cuya contribución al mundo es esencial e insustituible, son un rico tesoro que los padres pueden dar en herencia a sus hijos.

Las relaciones entre hombres y mujeres pueden volverse constructivas o destructivas. La Biblia llama «pecado» a la capacidad de destrucción inherente al ser humano, su cultura y su sociedad, y esta capacidad aparece unida al rechazo a Dios. Las relaciones destructivas entre hombres y mujeres son pecaminosas. Cuando un hombre usa a una mujer para su propio provecho, sin importarle las consecuencias para la persona que es ella, está pecando. Cuando una mujer hace lo mismo, o permite que la usen, peca.

La Biblia llama «amor» a la capacidad de construcción potencial del ser humano, y esta capacidad aparece unida a su esencia de imagen de Dios y a su respuesta positiva a Él. Cuando procuramos construirnos a nosotros mismos y construir a los demás, estamos ejerciendo nuestra sexualidad, dando gloria a Dios y cumpliendo los dos grandes mandamientos que resumen toda la ley: Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y ama a tu prójimo como a ti mismo (Lucas 10:27).

La expresión íntima, emocional y física de la sexualidad en un matrimonio es parte de su vida sexual más amplia. Los casados, no dejan de relacionarse con otros hombres y mujeres por el hecho de haberse casado. Su sexualidad de pareja no sólo la expresan en el lecho conyugal, sino también en las múltiples actividades que realizan juntos, dentro y fuera del hogar. La expresión emocional y física de su intimidad sexual incluye piropos, masajes, abrazos, mimos, caricias, juegos amorosos y también el trato diario y continuado. El aspecto genital de la sexualidad es solamente un matiz en el amplio arco iris de la vida sexual de una pareja. Sin embargo, es un matiz importante del que no se habla, se habla poco o se habla demasiado, ya sea de una forma despreciativa, que provoca culpa, o exaltándolo exageradamente. En ocasiones, el aspecto reproductivo de la sexualidad es sobrevalorado; se le privilegia de tal modo que opaca, obstaculiza e incluso, oculta otros aspectos de la vida sexual igualmente importantes.

La vida sexual de un matrimonio abarca, entonces, una amplia gama de aspectos. Incluye el conocimiento de uno mismo, el tipo de relación existente en la pareja: la comunicación, el compañerismo, la amistad, los roles que se acuerda asumir en la intimidad sexual.

Al referirnos a la intimidad conyugal sexual, estaremos intentando abordar tres aspectos:

  1. La intimidad emocional. La relación hombre-mujer en el matrimonio incluye el respeto, la tolerancia, la generosidad, la solicitud del uno para con el otro, los sentimientos de agrado y desagrado, de seguridad y de inseguridad, de satisfacción e insatisfacción, el trabajo conjunto, el enfrentar problemas juntos, el diálogo, la admiración, la ternura, la calidez, la autenticidad, la fidelidad. Todos éstos son los ingredientes que conforman el amor.

                  Además, si dos se acuestan juntos, uno a otro se calientan; pero uno solo, ¿cómo va a entrar en calor? Uno solo puede ser vencido, pero dos podrán resistir. Y además, la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente (Eclesiastés 4:11-12).

                  El placer sensual. La intimidad física en la relación matrimonial incluye los besos, las caricias, los cariños o mimos, los abrazos, el tacto corporal, la explotación y el goce del cónyuge con todos los sentidos.

                  ¡Dame un beso de tus labios! Son más dulces que el vino tus caricias, deliciosos al olfato tus perfumes, tu nombre es perfume derramado. ¡Por eso te aman las mujeres! (Cantares 1:2-3).

                  Calma tu sed en el agua que brota de tu propio pozo… ¡Bendita sea tu propia fuente! ¡Goza con la compañera de tu juventud, delicada y amorosa cervatilla! ¡Que nunca te falten sus caricias! ¡Que siempre te envuelva su amor! (Proverbios 5:15, 18-19).

  1. El acto sexual. Es la unión física, cuerpo a cuerpo, entre el hombre y la mujer. Específicamente, la unión genital cuyo nombre científico es coito, que consiste en la penetración del pene en la vagina y puede ejecutarse en diferentes posiciones.

                  ¡Llévame pronto contigo! ¡Llévame, oh rey, a tus habitaciones! Que ponga él su izquierda bajo mi cabeza y que con su derecha me abrace!(Cantares 1:4; 8:3).

Estos aspectos interactúan entre sí y no pueden separarse totalmente unos de otros. Representan el carácter integral y la variedad que conforman a todo ser humano. Se manifiestan e interactúan en forma diferente, según la apreciación subjetiva que tenga cada persona acerca de la calidad e intensidad de la relación, según el carácter y la personalidad de cada cónyuge, y según la época y circunstancias que se vivan en lo personal, y como familia. La vida sexual íntima es generalmente un espejo de la vida en común.

Bibliografía

1                 Punto de fe 19 del Fundamento Doctrinal.

2                 Trobisch, Walter, «Yo me casé contigo», Salamanca: Editorial Sígueme: 1996.

3                 Frase citada en Clinebell, Howard, «Asesoramiento y Cuidado Pastoral», Grand Rapids, Libros Desafío: 1999 (p. 233).

4                 Este apartado ha sido tomado y adaptado de: «Intimidad sexual: una aventura con dos protagonistas» escrito por Jesús Camargo López y Carmen Pérez de Camargo, capítulo 6 del libro «Hacer el amor en todo lo que se hace», Padilla, C. René y Pérez de Camargo, Carmen, Buenos Aires: Kairós, 2002 (pp. 96-100).

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