MASCULINIDAD Y PATERNIDAD

Por las tardes, ¿Qué es lo que más te gustaría hacer? Teatro, futbol, baile, judo, música… ¡Estar contigo!

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres (Malaquías 4:6, RV60).

En los últimos años, los padres buscan suplir su paternidad con actividades extraescolares. Los hijos están un tercio de su tiempo en la escuela, que es en mucho su segundo hogar, dónde se forma académicamente y en valores que son transmitidos por sus compañeros, maestros y el sistema educativo en conjunto. El otro tercio de su tiempo lo ocupan en actividades extraescolares, es decir; en talleres, deportes, etcétera. Por eso cuando el padre le pregunta a su hijo: ¿Qué es lo que más te gustaría hacer? Ellos responde con un ¡estar contigo papá!

¡Estar contigo! debe de significar mucho para los hijos, por eso necesitamos replantear nuestra masculinidad y paternidad. Hoy miramos una sociedad con valores relativos, carente de estabilidad, de sentimientos. La nuestra es una sociedad tóxica, esto a razón de la tarea preponderante de la familia mal ejecutada. Cómo varones de Dios, debemos esforzarnos por desarrollar una actitud saludable al momento de imitar el carácter y forma de actuar de Jesús.

Nuestros hijos llamados «Generación Y» o «Millennials» (nacidos entre 1982 y 1994), o «Generación Z» o «Centennials» (nacidos a partir de 1995 y hasta el presente) se ven influenciados por el contexto que los rodea, por los recursos y formas de comunicación, estamos viviendo la era digital.

Además de la influencia cibernética, también su formación influyente es su hogar, lugar donde debe de recibir el afecto de sus padres, así como la enseñanza de valores cristianos que logren moldear su conducta y regular sus emociones. Pero lamentablemente, de acuerdo a los diferentes estudios sobre conducta, hoy miramos hijos inseguros, con problemas de identidad, problemas emocionales y actitudes tóxicas que rompen con los moldes de la ética cristiana. Por ello, es importante que como padres volvamos la mirada a Jesús y sea Él quien nos dé la pauta para desarrollar una paternidad responsable. Así mismo, debemos observar nuestro rol como proveedores de amor, de cercanía, de diálogo. Que nuestros hijos miren en nosotros no sólo nuestra presencia física, sino también que podamos estar cerca emocionalmente.

Si bien es cierto que nuestro rol de proveedor nos obliga a ausentarnos y no estar en los momentos más significativos de nuestros hijos, esto no nos exime de poder ejercer nuestro rol de padres y valorar nuestra paternidad cuando estemos en casa. La idea es que podamos ser, hoy día, padres responsables que permitan el crecimiento espiritual, moral y físico de nuestros hijos. Si tenemos hijos espiritual y emocionalmente sanos, tendremos una sociedad sana y una iglesia que proclame con eficacia el Reino de Dios.

¿Qué influye en la formación de los hijos?

Hay influencia negativa y positiva en la formación de los hijos. Desde el Génesis miramos una influencia de rebeldía, (Génesis 3:16), el hombre tomó decisiones equivocadas en contra de la familia como la envidia, la avaricia, la mentira y la violencia, Dios había dado un señorío bueno en línea de gracia, pero el hombre tomó el camino equivocado y con ello sus consecuencias. Pero también vemos su influencia positiva en cada historia, si bien lo señala Lucas 2:40: Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él…

El presente y sus efectos

La paternidad contemporánea se ve reflejada en la conducta antisocial de los individuos, en el reflejo de sus emociones tóxicas, en el vandalismo, en niños y jóvenes inmersos en las drogas de todo tipo, en niños violentos. Por otra parte, vemos niños y jóvenes sin identidad, con falta de aceptación, su imagen deteriorada, lo que genera personas inseguras e inestables para vivir en sociedad.

En nuestras iglesias tampoco estamos exentos de llevar a cabo una paternidad educadora de fe, todo lo contrario, muchos de nuestros hijos no tienen identidad como miembros de la iglesia de Dios, se alejan y toman conductas de sus padres, amistades y vecinos. ¿Será que tenemos que revalorar nuestra influencia paterna?

Los hijos necesitan de nosotros los varones, somos en gran medida el bastión que les permita crecer en gracia y llenos de la sabiduría de Dios, tomemos nuestro rol paterno y que los hijos tengan esa necesidad de estar con nosotros, que vean un perfil cristiano el cual quieran imitar. Exhorto que seamos agentes de influencia, tomemos en cuenta las siguientes recomendaciones:

Paternidad Saludable1

La familia está diseñada para (y llamada a) ser un núcleo en donde se permite y se estimula el crecimiento integral de todos sus miembros. Este crecimiento integral implica la satisfacción de las necesidades de procreación y sexuales (Génesis 1:27–28), afectivas (Efesios 6:1–4), intelectuales (Lucas 2:52), materiales (Lucas 2:6–7), espirituales (Lucas 2:52), relacionales (Lucas 2:21–38; 2:52), etcétera. Es decir, vemos a la familia cumpliendo las funciones básicas de reproducción, nutrición, educación y socialización.

Con el ánimo de proveer este crecimiento integral, a la luz de la Biblia y reconociendo sus múltiples expresiones históricas y culturales, la familia está capacitada para desarrollarse sobre la base de los siguientes principios:

Relación de amor. Marido y mujer, padres e hijos, han de relacionarse mutuamente sobre la base del amor (Efesios 5:21ss). El amor establece el marco de referencia que no solamente modela el patrón de relación entre los diferentes miembros del sistema familiar, sino que a su vez, permite el crecimiento de ellos.

Provisión afectiva. La provisión afectiva no viene expresada en la abundancia de regalos, sino en la calidad de las relaciones. Esto significa hacerse presentes unos a otros, disponibles, solidarios y dispuestos a satisfacer necesidades.

Ubicación y límites. La Biblia establece que cada miembro dentro de la familia tiene una función qué desempeñar y que existen reglas que regulan sus relaciones. A su vez, provee los recursos que corrigen el quebrantamiento de dichas normas. De los hijos se espera obediencia mediada por los mandamientos de Dios (Efesios 6:1–12).

Participación activa. De ambos padres se espera una participación activa que tenga en cuenta la «disciplina» y la «amonestación del Señor» (Efesios 6:4). Es decir, creemos que una clave para el liderazgo de los padres es mirar el modelo de la paternidad del Dios de amor, entendido como consideración, comunicación, disciplina, respeto, conocimiento y perdón.

«La salud de una familia depende de la salud de quienes la fundaron, de quienes decidieron formarla»2. Nuestros padres nos enseñan a relacionarnos con el mundo, nos enseñan a sentirnos merecedores y dignos de ser amados, o bien, pueden enseñarnos a sentirnos fracasados y merecedores de rechazo y dolor. Es por eso que la relación de un padre con un hijo puede marcarlo negativa y permanentemente para su edad adulta. Tomemos con responsabilidad nuestra paternidad y que nuestra guía sea el modelo de nuestro Señor Jesús.

Bibliografía

1 Maldonado, J. E. (Ed.). (1995). Fundamentos bíblico-teológicos del matrimonio y la familia (pp. 42–43). Grand Rapids, Mi. Libros Desafío.

2 José Luis Canales, «Padres Tóxicos, legado disfuncional de una infancia», (pag.21) edit. Paidós

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