Oh Dios, no me desampares

Por: Georgina Guzmán

En la Biblia hebrea figuran 150 salmos, entre ellos 52 de los que se desconoce su autor, puede suponerse que sean parte de la colección de David, pero también pueden pertenecer a Asaf, a Core, o a alguien más. Sin saber el nombre del autor del bello salmo 71, ni la fecha exacta de su creación, descubrimos en esta hermosa oración la plegaria más sincera y determinada que un hombre anciano fiel puede pedir a Dios. Con el título en nuestra Biblia que da nombre a este salmo «La oración de un anciano» el escrito narra con todo detalle la necesidad más sublime y real que pueda tener un creyente fiel ante lo inminente que es el paso del tiempo y la angustia de sentir la falta de vigor y fortaleza, pero también el saberse en peligro.

En ti, oh Jehová, he esperado; No sea yo confuso para siempre. Hazme escapar, y líbrame en tu justicia: Inclina tu oído y sálvame. Séme por peña de estancia, adonde recurra yo continuamente: Mandado has que yo sea salvo; Porque tú eres mi roca, y mi fortaleza. Dios mío, líbrame de la mano del impío, De la mano del perverso y violento. Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza: Seguridad mía desde mi juventud. Por ti he sido sustentado desde el vientre: De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacaste: De ti será siempre mi alabanza. Como prodigio he sido a muchos; Y tú mi refugio fuerte. Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día. No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares (Salmo 71:1-9)

Es muy interesante observar que el autor es un hombre que sabe de las escrituras, que tiene conocimiento de los salmos de los cuales hará referencia cual eco de los salmos 22 y 19 y que además goza de una plena comunión con el Padre Celestial. Su confianza depositada plenamente en Dios, se revela al nombrarlo, su roca, fortaleza, su seguridad, dejándonos ver que su esperanza, sin duda descansa en lo que Él ha prometido, de tal modo que siendo su refugio fuerte, clama rogando porque la alabanza siempre esté en su boca y su gloria con él todo el día.

El salmo señala en los primeros versículos… que la compañía divina ha sido la fuente de su fe desde su juventud (v. 4) y que desde el vientre de su madre el conocimiento de nuestro Dios ha estado en su noticia, por tanto, el argumento al cual aferrará su plegaria, en alguna manera tiene que ver con la confianza y seguridad que él tiene, ya que en todo tiempo Dios ha sido y es su «roca», «fortaleza» y «amparo».

Si bien pudiéramos pensar que su oración únicamente se refiere al vigor físico, cuanto más importante es suplicar a Dios por la fortaleza espiritual que en esta etapa de la vida presentará pruebas a superar.

Séme por peña de estancia, adonde recurra yo continuamente: Mandado has que yo sea salvo; Porque tú eres mi roca, y mi fortaleza

Una pregunta surge al leer este verso, ¿puede menguar la fe si dejamos de sostenernos de esa peña espiritual? Ya que en su oración ruega por esa comunión continua con su Creador.

La historia bíblica nos contesta con el relato de dos reyes (Asa y Salomón) que desmayaron en esa fidelidad a Dios, justamente cuando llegaron a ser ancianos. En el primer libro de los Reyes se narra claramente cómo el rey Salomón ya anciano perdió el rumbo, cayendo en el pecado de la idolatría. Además de la hija del faraón, el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas; es decir, mujeres de las naciones con las que el Señor había prohibido a los israelitas establecer relaciones matrimoniales porque seguramente harían que sus corazones se desviaran hacia sus dioses. Pero Salomón, enamorado, se unió con ellas. Tuvo setecientas esposas de rango real y trescientas concubinas, las cuales desviaron su corazón. Cuando Salomón ya era anciano, sus mujeres hicieron que su corazón se desviara hacia otros dioses, pues no se había entregado por completo al Señor su Dios, como lo había hecho David, su padre. Salomón rindió culto a Astarté, diosa de los sidonios, y a Milcom (Moloch), ídolo repugnante de los amonitas. Así pues, los hechos de Salomón fueron malos a los ojos del Señor, pues no le siguió fielmente como lo había hecho David, su padre  (1 Reyes 11:1-6, NVI).

Que importante se vuelve entonces esta plegaria escrita en el salmo 71: No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.

Tal vez en versos del rey David: No quites de mi tu Santo Espíritu (Salmo 51:11b).

La Bendita Palabra de Dios nos menciona en muchos versos que en el hombre de días está la sabiduría, ya que la misma experiencia de los años vividos permite el conocimiento para dar un también consejo prudente, sin embargo, también nos muestra que si nos «soltamos de la dirección divina» podemos sufrir graves consecuencias.

Job menciona: Entre los ancianos se halla la sabiduría; en los muchos años, el entendimiento (Job 12:12). Y me dije: Que hable la voz de la experiencia; que demuestren los ancianos su sabiduría (Job 32:7).

Y luego el propio Salomón en sus proverbios: No abandones nunca a la sabiduría, y ella te protegerá; ámala, y ella te cuidará (Proverbios 4:6).

Siendo él mismo quien da un consejo final en el Eclesiastés: Más vale joven pobre pero sabio que rey viejo pero necio, que ya no sabe recibir consejos (Eclesiastés 4:13).

Cuán importante e imprescindible es que la sabiduría que viene de Dios no nos abandone cuando estemos viejos, de tal manera que se puede entender plenamente la angustia del salmista clamando por la dirección y protección de Dios en esta edad. Dame vigor amado Padre para no desmayar, y derrama en mi la fe suficiente para no caer.

Los adultos mayores somos de alguna manera presa fácil para multiplicidad de contratiempos, la salud que se debilita, las fuerzas que nos faltan para realizar las actividades que antes podíamos hacer, pero también emocionalmente lo vulnerables que somos ante los retos que la vida presenta, hay personas que abusan de la fragilidad de una persona adulta, hombres violentos que no se detienen ante un adulto mayor, podemos entender entonces el final de esta plegaria: Y aun hasta la vejez y las canas; oh Dios, no me desampares, hasta que denuncie tu brazo a la posteridad, tus valentías a todos los que han de venir. Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso; porque has hecho grandes cosas: Oh Dios, ¿quién como tú? Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás á darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra (Salmo 71:18-20).

Muchas son las maravillas que Dios ha permitido que nuestros ojos vean, su misericordia abundante nos sigue sosteniendo, cómo no confiar en aquel que nos lo ha dado todo.

Todavía hay mucho por hacer, mucho que proclamar del Bendito amor de Dios y de las maravillas que Él ha hecho en nuestras vidas, mucho por trasmitir a nuestros hijos y a nuestros nietos, comencemos compartiendo el evangelio y las buenas nuevas de salvación a todos los que nos rodean, rogando como lo hiciera este encantador anciano, «Oh Dios, no me desampares».

Bibliografia

• https://www.bibliatodo.com/comentario-biblico/?v=RVG&co=mundo-hispano&l=salmos&cap=71

• https://salmosdavid.wordpress.com/autor/

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