La prudencia evita la desgracia

La prudencia evita la desgracia

Min. Ausencio Arroyo García

¡Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará! Proverbios 24:3

Las criaturas humanas hemos recibido un don de parte del Creador: la sabiduría. Por sabiduría se entiende la capacidad de discriminar lo correcto, justo o conveniente de las acciones. Tiene que ver con la percepción de la realidad, la inteligencia para comprender la relación de causa y consecuencia en las situaciones de la vida. También se asocia con la memoria, entendimiento de los procesos y la capacidad de lucidez en la toma de decisiones. Esta condición nos diferencia de los animales los cuales se mueven básicamente por instintos y reflejos de memoria primaria. Cuando los seres humanos, nos movemos por impulsos instintivos y dejamos de lado la razón y la voluntad, nos comportamos hasta peor que los animales, con consecuencias lamentables.

El camino de la prudencia

Una de las manifestaciones esperadas al andar con sabiduría es la prudencia. Esta virtud del carácter moral se relaciona con la postura de mantenerse alertas y prevenir problemas. Por regalo de Dios tenemos la posibilidad de observar con atención el entorno, detectar situaciones de riesgo o bien, escuchar las advertencias sobre peligros y hacer lo conducente en cada caso.

A partir de diciembre pasado, se anunció al mundo entero la aparición de un virus que ataca a las personas, afecta los pulmones y puede provocar la muerte por asfixia. Se sabe que muchos que lleguen a contraerlo, no tendrán síntomas, debido a que sus organismos reaccionan con eficiencia para defenderse, pero otros, serán víctimas mortales. Hay registros, que algunos comenzaron a mostrar síntomas por la mañana y al final del día habían fallecido.

El COVID-19 es un virus con enorme capacidad de replicarse y es más letal que otros virus similares; está causando graves trastornos entre la población, a la fecha del 14 de abril estamos bordeando los 2 millones de infectados, 125,476 muertes y cerca de medio millón de personas recuperadas. En México, está por llegar la fase más crítica. El panorama es de tensa calma. Hasta ahora, se carece de tratamientos para curarlo y la lucha médica se centra en impedir que el contagio sea masivo para que no se desborden los hospitales. Aunque, el tratamiento a los enfermos graves es limitado, en las horas críticas será vital el apoyo de respiradores artificiales que lleven oxígeno a los pulmones y eviten el colapso.

La primera fase para enfrentar la enfermedad es evitar. Al no contar con los elementos para combatir este invisible enemigo, se piensa que muchos serán o seremos infectados y nadie puede declararse inmune al peligro; por ello, la estrategia se concentra en impedir el contagio masivo. La medida es aislar a la población, impidiendo que la cercanía física propicie la extensión de la enfermedad. Entiendo que el propósito no consiste sólo en que yo evite ser contagiado sino en lograr que otros más lo sean. No se trata sólo del individuo particular sino de la colectividad. Los especialistas en epidemiología han concluido que la manera de enfrentar el virus es con serias prácticas de higiene y la toma de distancia social.

Los seres humanos y más los cristianos, estamos entrelazados, y por esto nos cuidamos unos a otros; la decisión de mantenernos a distancia brota de un amor sacrificial, de un sentido de responsabilidad con el prójimo, no de falta de fe. El carácter humilde de Cristo se expresó en la obediencia al Padre hasta las últimas consecuencias, esto lo revivimos en el acto del lavamiento de pies. El lavamiento de pies es un amor a imitar. Pero, el servicio al prójimo será el verdadero cumplimiento del ritual. Este amor al prójimo consiste de actos a realizar en su favor o de cosas a dejar de hacer para honrar la persona del prójimo.

Es obvio que amar, a veces consiste en acercarse y otras en alejarse. Lo que es bueno para mí, no siempre es bueno para mi prójimo. Amar es buscar el bien del hermano (Miqueas 6:6-8). Dios nos enseña a amarnos como cuerpo (Efesios 5:29) para hacer de él, un instrumento para la gloria de Dios. La prudencia nos enseña a prevenir el daño.

No tentarás al Señor tu Dios

¡La necedad del hombre le hace perder el camino, y luego el hombre le echa la culpa al Señor! Proverbios 19:3 DHH

Algunos creyentes piensan que no debemos hacer caso de las recomendaciones de las autoridades civiles porque el poder de Dios es más grande que el virus y que es el momento propicio para mostrar la fe que tenemos. Si confiamos en el cuidado de Dios, se dice, no hay por qué quedarse en casa o abstenerse de abrazar o saludar de mano.

El peor virus del que debemos cuidarnos es el de la necedad humana. Hemos sido advertidos, de muchas formas, sobre los riesgos de contraer la enfermedad, sus voces vienen de la ciencia secular confiable. Las evidencias de los efectos son por demás convincentes y abrumadores. No hay excusa para rehusarse a seguir los protocolos. Exponerse; sin necesidad, sería hacer las cosas por impulso insensato de arrogancia o desafío a las advertencias que nos vienen por los medios autorizados por Dios.

No hay razón para escoger exponerse a una enfermedad que puede ser mortal. Cuando Pablo se halló frente a la probabilidad de la muerte, mostró indefinición por no saber qué escoger: si morir en sacrificio de su fe o seguir viviendo para testimonio de Cristo. Él buscó mantenerse en vida para seguir proclamando el evangelio y salvar a más personas. Los creyentes perseguidos no se entregaron a muerte sólo porque sí; prefirieron sobrevivir hasta donde fuese posible para extender la fe en Cristo más allá de su región. No obstante, si alguien siente el llamado a servir al prójimo en medio de la pandemia, le animamos a realizarlo, tomando las precauciones debidas para no poner en riesgos a los demás.

Nuestros actos muchas veces llegan a ser atrevidos y hasta temerarios, tratamos de pasar por encima del principio causa-consecuencia; como si hubiese algo en el interior que nos hace creer que a nosotros no nos pasará lo lógico. Pareciera que creemos poseer un poder mágico de cambiar la realidad. A veces, intentamos desafiar la verdad concreta, no para honrar a Dios sino para sentirnos mejores que otros o para sentir emoción y adrenalina de romper los límites de lo correcto.

Son diferentes ámbitos de comportamiento en los que transgredimos las normas de lo sensato. Y, cuando nos ocurren las consecuencias sabidas nos llegamos a contrariar con el Señor. Un fumador a quien se le detecta enfisema pulmonar, le reclama a Dios por no haberlo librado del mal. Un conductor que tiene un accidente y se enoja porque no fue guardado, después de viajar a 200 kilómetros por hora.

Si sufrimos siendo inocentes, este sufrimiento nos une con el sufrimiento de Cristo, si sufrimos por consecuencia de nuestros errores o necedad no obtenemos ningún crecimiento espiritual sino sólo dolor y culpa (1 Pedro 2:20). No habrá de qué arrepentirnos si seguimos la voluntad divina por el contrario seremos bendecidos por su cuidado. Estamos sabidos, está en nuestras manos seguir la advertencia, confiando en las promesas de Dios. No tenemos porque exigir que Dios haga lo que nos toca hacer a nosotros. Vivamos en la sensatez de la prudencia. La prudencia evitará la desgracia, más si viene, que no sea porque nosotros mismos la buscamos. Recuerde que la sabiduría comienza en el temor del Señor.

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Comunicado 23/04/2020

COMUNICADO CEG 23/04/2020

A la Iglesia de Dios (7º día) en México.

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Pastoral para mujeres en tiempos de pandemia

Pastoral para mujeres en tiempos de pandemia

Jocheved Martínez Vargas.

Introducción

A todas las personas nos pescó desprevenidas el virus. Tan insignificante físicamente y tan invisible al ojo humano, pero con un impacto y una fuerza que ha convulsionado al mundo entero. El coronavirus es la palabra más mencionada en estos últimos días y en los buscadores de internet, es la más consultada.

¿Cómo actuar ante esta crisis? Sin duda es una pregunta difícil de responder. El virus nos ha llevado a un grado de emergencia sanitaria, al que muchos han denominado estado de guerra. No nos prepararon y no nos preparamos. Esta pandemia no la teníamos contemplada en nuestra apretada agenda. La gigantesca ola se nos vino encima, y derrumbó a muchos, y aún está cumpliendo su mortífera tarea, desestabilizando sistemas y sociedades.

Hoy tenemos de todo; presidentes de países que pretenden ignorar la realidad, líderes internacionales que toman la información a la ligera, grupos políticos, sociales y religiosos que desvirtúan causas y consecuencias, círculos de poder que se aprovechan de la confusión, además de noticias falsas, videos con las mejores curas, saturación de recetas milagrosas, y en medio de toda esta vorágine de imágenes y palabras, nosotras las personas, simples mortales volteando de un lado hacia otro escuchando uno y mil argumentos. Y así estamos, a veces incrédulas, pensando que todo es una farsa montada por países en pugna, a veces indiferentes, intoxicadas ya por la excesiva información y a veces, llenas de miedo hasta de la propia sombra.

Observando estos acontecimientos, hemos preparado estas reflexiones para compartirlas con ustedes. Deseando nos ayuden en este tiempo, que orienten nuestros pensamientos y acciones para que podamos también tener la entereza de apoyar y alentar también a los miembros de nuestra familia.

La primera reflexión es en torno a la salud.

  1. CUIDA TU SALUD

Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo?”

Eclesiastés 2:25

Definitivamente a nadie podemos delegar el cuidado y la atención de nuestra propia vida. Es muy importante inculcar desde la infancia y adolescencia el autocuidado personal. Enseñar a nuestras niñas y jóvenes a ser responsables de su cuerpo y recordarnos también nosotras de esta prioridad. Solamente tenemos un cuerpo y nuestra responsabilidad es cuidarlo en todo momento.

La Organización Mundial de la Salud, declara:

“La salud de la mujer y la niña es especialmente preocupante porque en muchas sociedades se encuentran en una situación de desventaja por la discriminación, condicionada por factores socioculturales como la desigualdad en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, las normas sociales que reducen las oportunidades de desarrollo personal, la pobreza y malas prácticas alimentarias. Estos indicadores impiden que las mujeres y niñas se beneficien de servicios de salud de calidad y alcancen el máximo nivel posible de salud”

La salud es un regalo de Dios, pero es una responsabilidad nuestra mantenerla. Las recomendaciones en circunstancias normales las sabemos: Comer sano en las cantidades adecuadas, tomar suficiente líquido, descansar, activar el cuerpo, pero ahora, y debido a la pandemia global que nos afecta, debemos extremar todas las medidas de higiene para no contagiar o ser contagiadas.

No se aprecia tanto la salud, hasta que se pierde y hoy muchas personas corremos el grave riesgo de perderla. La mejor vacuna contra el coronavirus es lavarnos las manos, quedarnos en casa y mantener una sana distancia. Quien dijera que hoy que estamos en pleno Siglo XXI, con tantos descubrimientos y tan variadas tecnologías, nos estuvieran enseñando “Cómo lavar correctamente las manos” a través de las redes sociales.  La frase #Quédate en casa, tiene una profunda base científica. Los especialistas nos han dicho que, si nos mantenemos en casa, ayudamos a nuestra sociedad y tendríamos menos probabilidades de enfermar. Según los modelos matemáticos desarrollados, muchos vamos a sufrir el coronavirus, pero al quedarnos en casa, podemos retrasar el padecimiento, nos iríamos enfermando de forma más pausada y no se colapsaría nuestro sistema de salud. Si por causa de fuerza mayor, por tener que estar desarrollando actividades esenciales, debemos salir, procuremos tomar todas las precauciones necesarias. No hay que escatimar esfuerzos, la vida vale la pena. Recuerda, cuida tu salud ¡Quédate en casa!

  1. CUIDA LO QUE OYES Y VES

“Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven;

y vuestros oídos, porque oyen” Mateo 13:16

No todo lo que oyes es cierto, ni todo lo que ves en imágenes o videos es real. Algunas personas tienen la consigna de inquietar, confundir, o debilitar una sociedad, y muchas veces lo hacen a través de noticias falsas. Es cierto que una gran cantidad de personas actúan de buena fe, reciben un mensaje y pensando en hacer un bien, inmediatamente lo reenvían a muchas personas. Y esos a su vez lo vuelven a reenviar, y así, como crece un virus de forma exponencial, dañando cientos y miles de vidas, también las noticias falsas, sensacionalistas o morbosas, dañan cientos y miles de mentes. La gente se confunde, empieza a ser bombardeada por innumerables mensajes, al grado que cuando llega a sus manos una versión real, ya no la toman en cuenta.

Por eso, cuida lo que oyes y ves. Si te llega una noticia, no la difundas inmediatamente, lee con atención, revisa la fecha, muchas noticias son de años anteriores y las hacen actuales, revisa la fuente, ve quién está generando el comunicado, hay agencias de información confiables que tienen un reconocimiento internacional, asimismo, cada gobierno local y nacional están procurando programas de comunicación para mantener informada a la población.

También, ten mucho cuidado con las cadenas, esos mensajes que te dicen “mándalo a 10, o 20 personas y te va a suceder el milagro, o se te va a cumplir el deseo, o vamos a lograr esto o aquello…”  muchos encierran virus informáticos que vulneran tus datos personales. 

Recuerda, cuida lo que oyes y lo que ves. No difundas noticias falsas. Usa las redes oficiales para estar debidamente informada.

  1. CUIDA TU FAMILIA

“La mujer sabia edifica su casa…” Proverbios 14:1

Hoy, paradójicamente, un microorganismo nos reunió en casa. Los niños y jóvenes dejaron de ir a la escuela, a muchas mujeres y hombres, les pidieron hacer su trabajo desde el hogar, una buena cantidad de empresas y compañías debido a la contingencia, cerraron temporalmente y mandaron a sus trabajadores a sus domicilios. El asunto es que hoy, estamos todos en el hogar, y debemos tener buenas ideas para aprovechar el tiempo y fortalecer nuestra relación como familia.

Tenemos tiempo para vernos, escucharnos y apoyarnos. Estar en casa, nos da la oportunidad de platicar, trabajar juntos, conocernos un poco mejor, organizar mañanas de trabajo y tardes de juegos y actividades. También es la oportunidad que estábamos esperando para hacer nuestros cultos devocionales o nuestras oraciones familiares. Se acuerdan que antes decíamos “no podemos hacer el culto en el hogar, porque el papá sale muy temprano, los hijos con sus escuelas y tareas tienen diferentes horarios, la mamá no puede, por la gran carga de trabajo”. ¡Hoy, si queremos, podemos!

Pero el gran desafío es sacar a los abuelitos, a los adultos, a los jóvenes, a los niños y hasta los bebés de las redes sociales. Algunos, debido a la ausencia de otras tareas y actividades rutinarias, pueden estar todo el día, y hasta perderse el tiempo de la comida absorbidos por el internet. Hoy que podemos tener tiempo para nosotras y para los nuestros, aparte del virus que nos roba la tranquilidad, nuestro otro enemigo a vencer es la adicción al internet.

Hoy es tiempo de ver y cuidar a nuestra familia. Quizá no tengamos otra oportunidad. Veamos esta circunstancia con ojos de optimismo, seamos creativas. Seamos las primeras en promover sanos ambientes en el hogar. Quizá algún miembro de la familia tenga buenas iniciativas para mejorar este tiempo, apoyemos sus ideas y sumemos esfuerzos.

Debido al confinamiento, y que no estamos preparados para estar todo el día en casa, es muy probable que surjan malentendidos y se generen discusiones. Por favor, no levantemos la voz, cualquiera puede gritar e imponerse. Actuemos con amor, con sabiduría y prudencia en este tiempo de contingencia… y siempre.

La consigna oficial es #Quédate en casa, y aunque el hogar, por excelencia, debiera ser el lugar más seguro, para muchas personas, no lo es. En casa, estamos rodeados por la familia y es responsabilidad de todos, especialmente de los mayores, hacer de ese espacio un lugar para vivir y relacionarse de manera afectiva y efectiva.

El papel de la mujer en casa es primordial, para muchas, su casa es su espacio vital, su pequeño reino donde pueden decidir qué se va a comer, a quién le toca lavar los baños o tender la ropa, pero no todas pueden pasarla bien. Algunas viven menospreciadas por sus padres, otras por sus maridos, y otras por sus hijos. Otras más son maltratadas y violentadas. Entonces, para ellas, su casa no es el “hogar, dulce hogar” y el #Quédate en casa, anunciado por las autoridades, es más un suplicio que un deleite.

Si tú estás pasando por alguna situación donde esté en riesgo tu integridad física o tu salud emocional, habla con alguna persona de confianza, cuéntale a tu pastor, o pide orientación y ayuda a alguna institución de apoyo a las mujeres.

  1. CUIDA TU FE

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios” Hebreos 11:6

La fe es un elemento fundamental en la vida de cada mujer creyente. Es la certeza de que somos hijas de Dios, es saber y sentir que Él nos creó, nos dio su imagen y semejanza, nos dio su bendición, reconocer que, al morir Jesús en la cruz, perdonó nuestros pecados, regalándonos una nueva vida, y experimentar que en todo tiempo su Espíritu nos guía.

La fe es la experiencia humana que nos permite disfrutar la realidad divina. La fe son pensamientos, palabras, actitudes y acciones que nos conectan con Dios. La fe es nuestra respuesta por el don gratuito de la salvación que recibimos a través de Cristo Jesús.

No solo se trata de decir “Yo tengo fe”, más que hablarlo, hay que demostrarlo. Y esta demostración se hace evidente en acciones de amor y justicia, en acciones que muestren que tenemos confianza en los planes de Dios, sabiendo que todo está bajo su potestad. Nuestro presente y nuestro futuro está en sus manos.

Hoy es tiempo de mostrar nuestra fe, recordarnos que, en esta pandemia no estamos solas. Pueden ser muy abrumadoras las noticias y negativas las estadísticas, pero Dios es con nosotras, Dios es con su pueblo. Hay que repetirlo a nuestra familia, a los más ancianos, para que no se desalienten, a los niños para que puedan ver a Dios en los ambientes tranquilos de casa, en los rostros templados y pacientes de sus padres y madres, y a los jóvenes, para que también a través de esta crisis, puedan tener una experiencia con su maravilloso amor.

La fe es una actitud de paciencia y resistencia, y es una fuente de fortaleza para vencer la depresión. Hoy el COVID19 nos desafía a mostrar nuestra fe. Nos pide salir de la teoría a la práctica. Pidamos más fe a Dios, para movernos, junto con nuestra familia en dirección hacia Él.

Conclusión

La Palabra de Dios está escrita para tiempos como este, escuchemos atentamente el mensaje que el Señor tiene para nosotras, para nuestras familias y nuestra iglesia a través del coronavirus.

Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.

Jeremías 29:11 DHH

Caminemos confiadas. Dios con Nosotras.

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Encontrando la paz en medio de las tormentas

Encontrando la paz en medio de las tormentas

Min. Ausencio Arroyo García

Oye, Oh Dios, mi clamor; a mi oración atiende. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio…” Salmo 61:1-2

Se cuenta, que hace mucho tiempo, un destacado Rey, invitó a los artistas de su reino a expresar en una pintura la escena que describiera la paz perfecta. Varios de ellos realizaron sus obras, pero al final, el rey sólo se fijó en dos que llamaron fuertemente su atención. La primera era una imagen de un precioso lago cristalino con montañas nevadas de fondo, un pequeño riachuelo que corría lentamente colina abajo, mientras una variedad de flores crecían a las orillas de la corriente de agua; el cielo azul y el paisaje verde hacían sentir una quietud extraordinaria. Muchos pensaron que esta pintura recibiría el reconocimiento.

Sin embargo; el Rey eligió la otra pintura, en la misma, se apreciaba un entorno gris de una voraz tormenta, el fuerte viento levantaba olas embravecidas que reventaban sobre una gran roca, salpicando con furia latigazos húmedos en todas direcciones mientras en lo alto de la roca, en una pequeña saliente, se hallaba un nido con varios polluelos los cuales eran alimentados por una atribulada madre, el vuelo del ave la mostraba arrojada esquivando una y otra vez las lenguas voraces del agitado mar; en ella el sabio rey alcanzó a percibir la paz real de la existencia humana. La paz no es la ausencia de problemas sino la confianza del corazón en medio de las dificultades, esa paz verdadera sólo puede venir de Dios. La paz de Dios es una paz en medio de las tormentas.

La vida son problemas.

Desde que somos conscientes de la realidad, no damos cuenta del permanente estado de incertidumbre que enfrentamos. Las múltiples responsabilidades, los cambios internos y externos que nos suceden, las contrariedades a nuestros deseos o planes y las limitaciones propias o adquiridas que nos determinan, son constantes problemas, resistencias y contrariedades. Una mañana alguien se levanta con entusiasmo de iniciar su día de actividades y descubre que le han robado su auto o se quedó sin gas en la cocina, se olvidó pagar el recibo de teléfono y está sin servicio, ha habido un accidente automovilístico justo por donde debe pasar hacia su trabajo y llegará tarde y lo peor es que ya tiene varias advertencias de su jefe inmediato, sólo por poner un ejemplo.

En un instante, tu condición emocional puede cambiar, de pronto ocurre algo que rompe tu corazón y te sientes invadido por el desaliento y la incertidumbre: te dan un diagnóstico grave sobre tu salud o la de alguien querido; la persona que amas decidió romper la relación, tu hijo o tu hija tomó decisiones que ponen en peligro su integridad, eres acusado (a) de un delito que no cometiste pero alguien te encontró a modo para liberarse de sus responsabilidades y tu vida comenzará un largo camino cuesta abajo en todos los sentidos. A veces la vida nos golpea con furia.

La vida cambia por una palabra dicha o por un silencio, un gesto mal interpretado, un anhelo que no se cumple, un plan que no prospera, un intento fallido de cambiar los hábitos autodestructivos; tus ahorros se esfuman en un mal negocio o por el establecimiento de políticas económicas del Estado que trastocan tu plan de vida, eres víctima de chantajes o una estafa, se termina un ciclo de trabajo y quedas fuera de un presupuesto estable. Tu existencia da un giro brusco y quedas mal parado y de pronto pierdes la dirección. La vida es como hallarse en medio de una tormenta. Las tormentas a veces llegan de fuera y otras inician dentro de nosotros mismos. Enfrentas fuerzas que no están en tu control y aun aquellas que se supone que están bajo tu dominio en realidad no lo están; porque quieres y al mismo tiempo no quieres, sino que te dejas llevar por el impulso del deseo o de la costumbre.

Los hijos de Dios estamos expuestos a los conflictos y adversidades de la vida. El libro de los Hechos capítulo 27 contiene la narración de una situación crítica que enfrentó Pablo: mientras era llevado hacia Roma junto con un grupo de prisioneros a bordo de una embarcación de carga, se hallaban cruzando el mar Mediterráneo en una época de fuertes vientos. El centurión, encargado de los presos desoye la recomendación del apóstol de esperar a que pase el temporal y decide emprender el recorrido, hallándose en alta mar los vientos huracanados golpearán contra la nave y provocarán el miedo de marineros y pasajeros por igual. Debieron deshacerse de lo innecesario y aun de lo importante para la navegación intentando sobrevivir a la amenazante tormenta. El escritor, compañero de viaje, dice que habían perdido las esperanzas de salvarse: “Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos” 27:20.

Qué frágiles nos sentimos frente a los problemas serios, nos exigen muchas respuestas nuevas y que no serán suficientes y tal vez muchas equivocadas, somos como pequeñas barcas a punto de ser engullidas por el embravecido mar de confusión y dolor. No hay palabras que alcancen ni recursos humanos suficientes para aliviar del todo el corazón herido. ¿A dónde irá nuestra vida? Nos preguntamos, ¿Cuándo terminará el caos? ¿Qué es lo mejor o lo correcto que puedo hacer? ¿Mañana será mejor? ¿Cómo puedo seguir después de lo que ha pasado?

Dios es soberano.

Más allá de lo que perciben nuestros sentidos, hay una realidad que está conducida por el Dios majestuoso, Señor del universo. El Dios creador de todo el mundo es también el Dios sustentador del mismo. En los capítulos 38-39 de Job, el Señor expone su poder sobre la creación entera, Él puso límite a los elementos más grandes y los más pequeños; en su sabiduría decidió cómo funcionarían, pero también sigue en control. Su proceder ante Job, quien ha estado manifestando su descontento por el mal que le ha venido y del cual piensa que no tiene sentido. Dios, por medio de preguntas retóricas lleva a Job a reconocer su lugar frente al portento de quien gobierna el mar, el ciclo del día y la noche, así como la luz, la nieve, la lluvia, las estrellas y los animales; en resumen: hay alguien sentado en el trono, como lo señala la visión de Juan en Apocalipsis 4; el cosmos no está abandonado a su suerte, no lo mueve el azar, hay quien dirige a su manera y en sus tiempos todas las cosas.

Es maravilloso saber que el mundo no está a la deriva, que cada cosa tiene su función y su tiempo y que Dios mantiene sus planes o intenciones, que puedo desconocer pero que nada está fuera de su voluntad. Las imágenes apocalípticas de los eventos catastróficos, no son actos aislados o que las criaturas hacen por sí mismas, más bien responden a la intervención divina. El Señor del universo y de la historia manda sobre los elementos y reprende a la humanidad por su insensatez. Al mismo tiempo, durante estos acontecimientos caóticos, Él guarda a los suyos y por ello para los creyentes son signos de redención.

El Señor es soberano sobre todo, cierta ocasión Jesús se hallaba en una barca en medio del mar y fueron azotados por una tormenta, los discípulos lucharon a su manera con el temporal; mientras, Jesús dormía. Al levantarse: “…reprendió al viento, y dijo al mar: calla enmudece…y se hizo grande bonanza…  y se decían al uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen? Marcos 4:37-41. Dios tiene el mundo en sus manos.

Confiar a pesar de todo

Desde hace cuatro meses, casi todos los países estamos sufriendo el embate del COVID-19, y amenaza con hacernos naufragar; día tras día somos informados del incremento de víctimas por la epidemia. Los gobiernos y las instituciones de salud exhiben su insuficiencia ante los casos que se incrementan minuto a minuto. Pero, el problema se ha agravado con los miedos que despierta este enemigo invisible. Los especialistas en conducta humana hablan de las problemáticas que acarrea el estar expuestos a la enfermedad mortal en caso de quedar infectados por este virus. Se despierta el miedo al sufrimiento y al final de la existencia. Ante esta realidad, procuramos hacer nuestra parte, más sabemos, que somos susceptibles del contagio. Sin embargo; nuestra confianza para vivir cada día con entereza y armonía está puesta en Aquel que tiene el mundo en sus manos y en quien hemos depositado toda nuestra vida.

El dolor de las pérdidas y los miedos por lo que puede venir nos roban la tranquilidad y nos invade una sensación de angustia. La angustia puede deberse a que jugamos a ser dioses, en el sentido que pretendemos tener el control; sin embargo, nuestra condición frágil y vulnerable nos incapacita  y nos ubica en los verdaderos límites.

La paz que se sustenta en el poder económico o de la fuerza, se termina en el momento del contagio, nadie sabe cómo reaccionará su organismo, mientras que la paz que se sustenta en el poder de Dios se mantiene a pesar de las circunstancias. La paz que provine de Dios implica la confianza que en las manos de Dios todo está bien, lo que no significa que sea agradable, fácil o inteligible.

Por encima de las contrariedades, los quebrantos y los infortunios de la vida hay quien sabe de ti y puede darle sentido a las circunstancias. Durante la tormenta enfrentada por Pablo, sus compañeros de viaje se hallaban temerosos y habían dejado de comer, en medio de las circunstancias, Dios le hizo una promesa al apóstol y él compartió con confianza estas palabras: “…tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha dicho” Hechos 27:25

Tener fe en Dios es confiar en sus designios y en su benevolencia. Tener fe es aprender a soltarnos en las manos de Dios, quien es nuestra roca de refugio y nos resguardará en medio de las tormentas. La fe no es un refugio de cobardes ni la consolación barata que nos enajene de la vida real sino una fe valiente que enfrenta las adversidades, sabiendo que Dios tiene planes más allá de las frustraciones humanas y que Él puede transformar la amenaza en una experiencia de bendición.

Encontramos la paz, aún en medio de las tormentas, al esperar en la provisión de Dios, quien tendrá una salida a nuestras aflicciones, nos dará las fuerzas para resistir la adversidad y la gracia de seguir caminando. El salmista dice: “¡Cuan preciosa, Oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz” Salmo 36:7-9.

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Influencias

“INFLUENCIAS”

Iván Alexander Zamudio Ortiz, 12 años, Veracruz, Ver.

La influencia es el poder que tiene una persona para controlar o modificar la forma de pensar o actuar de alguien; todos tenemos un amigo que tiene influencia sobre otros o incluso sobre nosotros, y esta puede ser en ocasiones para bien o para mal. Los amigos pueden ejercer presión sobre nosotros para hacer algo que sabemos que es incorrecto. Esta influencia que ejercen los amigos que puede llegar a ser muy perjudicial para nuestra vida cristiana.

Siempre debemos recordar lo que nos dice Pablo en Romanos 12:2: “No vivan como vive todo el mundo, al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.”

Cuando intentas ser alguien que no eres en realidad, al final del día no solo sufres tú, sino también tus padres, ya que pueden ver esos cambios, y sufren incluso sin decirnos, lloran en silencio con la preocupación de no saber qué hacer, de no saber qué está pasando en nosotros; pues como adolescentes nos cerramos y sólo nos expresamos en nuestro grupo de amigos, en muchas ocasiones.

Hace tiempo me sentía perdido y no sabía qué hacer, empecé a cambiar mi actitud, pues notaba que mis amigos eran “muy felices” con cierta manera de ser, hablando malas palabras y haciendo cosas que no eran correctas, así que decidí “encajar” y comportarme como ellos. Al paso de los días noté que en lugar de sentirme mejor era todo lo contrario, porque al llegar a casa mis padres me decían lo orgullosos que estaban de mí y que era el “hijo perfecto” para ellos. Eso me entristeció y decidí buscar a Dios para que guiara mi vida y me permitiera hacer lo correcto día a día. Entre esas tantas cosas que hice, decidí hablar con mis padres y ser yo mismo, la persona que Dios ama y conoce; pero también, tomé la decisión de influenciar en mis amigos para que ellos puedan ser mejores cada día e impulsarlos en las cosas buenas y que más les agradan.

¿Alguna vez has sido Influenciado por alguien? ¿Cómo afectó esto en tu vida cristiana? ¿Qué haces para influenciar en tus amigos?

Aunque lo quisiéramos, no todas las personas son una buena influencia, y pueden llegar a cambiar nuestra forma de pensar y actuar, por eso debemos de darnos cuenta quiénes son las mejores para nuestra vida, tomar lo bueno y dejar lo malo. Estas amistades pueden ser incluso peligrosas para nuestra salud, si nos invitan a beber, nos incitan al uso de drogas o nos distraen de cosas realmente importantes.

Recuerda siempre ser una influencia para los demás y seguir CREE100NDO en Dios.

Tres retratos de Dios

Tres retratos de Dios

Min. Ausencio Arroyo G.

“Si el Señor no me hubiera ayudado, yo estaría ya en el silencio de la muerte.

Cuando alguna vez dije: «Mis pies resbalan», tu amor, Señor, vino en mi ayuda.

En medio de las preocupaciones que se agolpan en mi mente, tú me das consuelo y alegría”.

(Salmo 94:17-19, DHH)

Hablar de Dios es hablar de lo infinito y absoluto, de lo invisible y totalmente diferente. Dios es aquel que existe por sí mismo, es aquello que está más allá de los límites de nuestro lenguaje y por tanto, es imposible definir con términos concretos. Sin embargo; el inaccesible se hace accesible. Dios se revela a todos en el mundo visible, en los actos de la historia de su pueblo y en las manifestaciones cotidianas de gracia. Si somos sensibles, podremos ver que todo nos habla de Dios. Los elementos y fenómenos de la creación nos declaran sus atributos y su manera de ser.

Para hablar de la naturaleza y el carácter de Dios, los escritores bíblicos recurren al uso de metáforas como imágenes mentales de lenguaje que funcionan como un puente que nos permite acercarnos a quien es trascendente y Santo. La Biblia está llena de metáforas que describen las experiencias de quienes caminaron con Dios. Veamos aquí tres de éstas a las cuales llamamos retratos que funcionan como vehículos de entendimiento para acercarnos a la realidad espiritual. Así que veamos quién es Dios:

  1. Sustentador de la vida. Si el Señor no me hubiera ayudado, yo estaría ya en el silencio de la muerte.

La vida es posible por las leyes a las cuales está sujeta la creación. El mundo funciona como una máquina maravillosa: un día sigue al otro, la lluvia llega a su tiempo, vuelve la primavera después del invierno, las montañas permanecen en su sitio, las aves trinan cada mañana, y tantos y tantos prodigios, grandes y pequeños ocurren simultánea y consecutivamente a lo largo de los siglos. Además, entre la humanidad hay más bien que mal, hay más gente dispuesta a amar, a dar, a honrar a otros, a cuidar y proveer porque hay algo de Dios en cada persona humana.

Son muchos y muy variados los factores que intervienen para que se geste y consolide una vida. Los seres humanos somos tan frágiles e indefensos y estamos expuestos a innumerables elementos que pueden truncar una existencia: enfermedades, accidentes, descuidos o maldad humana, ignorancia, entre otros. Se requieren de infinitas manifestaciones divinas para consolidar una vida. La existencia es más que un milagro, es una cantidad enorme de milagros, algunos de ellos nos llegan a ser visibles, pero de la mayor parte no nos damos cuenta, porque Dios hace funcionar la creación de tal manera que permanece oculto en los principios de su obra.

Vivimos en un universo que tiene equilibrio en sus elementos químicos y que mantiene las leyes físicas. Hay una distribución que viene del diseño divino, no es casualidad y menos intervención humana, por ejemplo: nacen, más o menos la misma cantidad de hombres y mujeres, hay la cantidad de oxígeno necesaria para la vitalidad de nuestros cuerpos, las temperaturas de la tierra son las apropiadas. Entre muchos aspectos.

Pero, también, en las experiencias personales hallamos la intervención de la mano de Dios para salvarnos. Al revisar nuestras historias, nos damos cuenta de cuántas veces se pudieron haber truncado nuestros años, ya que siempre estamos expuestos a la finitud por diferentes circunstancias. Sin embargo; no nos damos cuenta de esto hasta que nos encontramos con situaciones límite. No percibimos lo complejo del buen funcionamiento del mundo que habitamos hasta que algo sale de su curso y se torna amenazante. La tierra firme proporciona estabilidad y bienestar, pero si ocurre un movimiento de las capas tectónicas, dependiendo de las dimensiones, puede producir daño en las edificaciones y provocar la muerte o al menos generar terror y confusión. Los microorganismos son necesarios para la vida, tienen funciones de transformar o degradar ciertas materias, convertirlas en un bien a nuestros cuerpos, pero si mutan o se alteran pueden traer graves daños.

La vida son milagros diarios que a diario olvidamos. El salmista nos revela cómo es el Señor, él reconoce que la vida es posible gracias a la intervención divina. Si el Señor se retrajera del universo, si se abstuviera de actuar, si dejara el mundo a la deriva, el mundo entero naufragaría y perecería sin remedio. El salmista nos declara su experiencia personal: ha sido preservado y su vida ha florecido por la disposición benevolente del autor de la vida. Cada día de existencia que alcanzamos, cada etapa que cumplimos aplaza lo inevitable. La vida es posible por la misericordia y el poder de Dios.

  1. Cuidador eficaz. Cuando alguna vez dije: «Mis pies resbalan», tu amor, Señor, vino en mi ayuda.

Lo que creemos de Dios determina la actitud ante las adversidades. Nuestras creencias son los mejores recursos con que contamos para enfrentar la vida, ellas son el fundamento de nuestras acciones. En esta frase el salmista pinta un hermoso cuadro de reposo espiritual. A la hora de la necesidad, a la hora del dolor, mi fuerza y mi coraje vienen de Aquel que está junto a mí. Cuando mi mundo se derrumba y mi corazón se rompe, sé que no estoy solo, que Dios es mi cuidador. La NVI dice: “No bien decía: «Mis pies resbalan», cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda”.

Nuestra historia como creyentes tiene momentos donde Dios parece distante y ajeno a nuestros sufrimientos. El cruce por los valles oscuros no son fáciles ni agradables. Cuando la fe es quebrantada en las pérdidas y sentimos desfallecer, en esas horas de lucha interna, buscamos refugio en Aquel que es fiel y que nos guardará hasta el final. Un himno clásico lo señala así:

Dónde está Dios, pregunté, cuando todo me iba mal,

Dónde está Dios preguntó mi ser; si existe, dónde está,

Yo lo busqué sin descansar por los templos de la ciudad,

Sólo en el templo de una oración al fin hallé la paz.

Jamás pedí riquezas, yo no puedo pedir más

Estrellas, cielos, luna, mar. Señor soy rico ya

Busca al Señor no lo dudes más, donde quiera que vayas irá,

Una oración bastará, verás. Allí lo encontrarás…

(Al alcance de una oración)

Podemos caminar confiados sabiendo que nuestro pastor va adelante de nosotros. Sus promesas son verdaderas, Él ha dicho: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” Juan 10:27-28. El cuidado de Dios a través de Jesús nos llena de seguridad y su cercanía nos permite disfrutar la paz interior. Jamás estamos solos. Esta vivencia no se crea en el instante, proviene de una relación cultivada a lo largo de los días. La belleza de esta imagen proporciona certidumbre y confianza. Dios está cercano e inmediato a sus criaturas, su disposición es cuidar a quien le invoca. Antes de pedirlo, antes de saberlo, el Padre ya cuidaba te ti y de mí.

  1. Alegre consolador. “En medio de las preocupaciones que se agolpan en mi mente, tú me das consuelo y alegría”

Somos peregrinos del polvo, somos frágiles papalotes agitados por el viento, tan solo sostenidos por un hilo invisible. A lo largo de la vida serán muchos los quebrantos: por los sueños rotos, por las oraciones que no llegan, por las traiciones de los amigos, porque extrañamente te sientes solo o sola, porque las voces ajenas te dicen que no vales, porque debes tomar decisiones que van a lastimar a quienes te importan, porque tu amor tarda demasiado, por esas heridas profundas que no sanan, por tus rutinas vacías, porque no puedes vencer tus luchas internas, porque fallaste una promesa. Son muchas las veces que caminamos cerca del abismo y la desesperación. En el proceso de crecer, vamos aprendido que la vida está llena de preocupaciones.

Todos enfrentamos condiciones de sufrimiento: por la pobreza, por enfermedades crónicas, por abandonos, por la muerte de seres amados, por abusos diferentes, por frustraciones de los planes, por una familia tóxica. Pero, también son muchos los factores externos, como la amenaza del COVID 19. Esta epidemia que se extiende sobre la humanidad es una sombra oscura que absorbe el amor y la esperanza y así, en un abrir y cerrar de ojos hemos perdido la quietud del alma. En el momento del confinamiento se despertaron los miedos agazapados dentro. Sin duda, son muchas las angustias y aflicciones, como padres, madres e hijos. Nos duele lo que dejamos de hacer y de ganar, nos duelen los que enferman, los que mueren, los que quedan con el vacío. Nos duele la muerte visible de tantos, nos duele la muerte posible de cada uno.

Frente a la realidad de la muerte el alma se perturba. La gente que teme a la muerte y se aferra a la vida de forma desesperada es porque sospecha que esta vida es todo lo que existe. En medio de la angustia y los miedos, la presencia del Padre conforta nuestro corazón. Su Palabra es aliento y fortaleza en las tribulaciones. Se dice del Salmo 23 que “ha secado muchas lágrimas y ha dado el molde en el que muchos corazones han encontrado la paz” (citado por Harold Kushner. ¿Quién necesita a Dios? Ed. EMECE. P. 172). Cuando las cosas marchan bien, Dios es indefinible; pero en los tiempos de crisis Dios se vuelve real y comprometido para nuestra conciencia. En el fondo, afirmamos que de no ser por Él no habríamos salido adelante.

La fe en Dios, como sentido pleno de la vida, nos permite transformar las desgracias en oportunidades de bendición. Gracias a la disposición de fe encontramos motivos de alegría espiritual en medio de las tormentas. Dios es la presencia que necesitamos en esta hora de incertidumbre y aflicción, Él nos hace sentir la consolación en nuestra vulnerabilidad.

Estos retratos nos cuentan cómo es Dios, su manera de ser es vida, confianza y gozo, en esta visión enfrentamos las condiciones de adversidad. Ante la realidad amenazante recuerda que Dios es quien hace posible que vivas, Él está cerca y nos brinda consolación en las preocupaciones. ¿Es este el Dios en el que cree?

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La fe y nuestras emociones ante la contingencia

La fe y nuestras emociones ante la contingencia

Min. Ausencio Arroyo García

Ante el periodo de reclusión doméstica, los especialistas han señalado que, la condición de encierro que empezamos a padecer a causa de la contingencia podría provocar diversas emociones negativas, que si se prolongaran o se expresaran inadecuadamente suscitará conflictos internos o de relaciones. Por emoción nos referimos a la: Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática (RAE).

Frente a los niveles de ansiedad a los que estamos expuestos, la Palabra y el Espíritu de Dios nos dan la dirección y sana contención para salir bendecidos de la difícil prueba que enfrentamos. Las Escrituras nos orientan a cuidar el corazón (Proverbios 4:23); en el trasfondo hebreo, el corazón es el asentamiento de las decisiones; como creyentes, se espera que mantengamos la pureza y el equilibrio interno a fin de que nuestro carácter y conductas sean acordes a la fe que profesamos. El camino de las emociones es diverso y múltiple, no en todos tendrá la misma manifestación; es fundamental mantenernos vigilantes cuidando el corazón y las emociones.

EMOCIONES QUE PODRÍA EXPERIMENTAR DURANTE LA CONTINGENCIA:

Miedo: podemos temer perder el bienestar material, físico y familiar. El miedo es de alto riesgo porque si está fuera de control provoca conductas disfuncionales. El miedo se acrecienta cuando enfocamos la mirada en los peligros y no en el Señor del pánico (Mateo 14:30) y la superación de este se halla en el dominio del amor de Dios en el corazón del cristiano.

Enojo: la sensación de estar padeciendo algo injusto y las restricciones de espacio, posibilidades de acción y pérdida del control de la vida, despierta la animadversión contra las circunstancias, las autoridades o incluso, las personas cercanas que, en su percepción; se apropian de su tiempo, sus energías y sus recursos. El enojo fuera de control puede conducir a conductas violentas. Si dejamos que se manifieste tal cual, la ira podría explotar y lastimar a personas que amamos o a extraños y dejar daños físicos, materiales, emocionales o espirituales. El Señor nos confronta sobre el manejo de la ira, si bien no prohíbe la posibilidad de sentir enojo, sí exige que la mantengamos dentro de los límites para no cometer pecado (Efesios 4:26; Santiago 1:20), el desarrollo del carácter cristiano conduce al dominio propio (2 Timoteo 1:7). Es mejor hablar las frustraciones y el enojo que experimentemos que actuar la ira. Hable con un consejero pastoral y ore pidiendo a Dios tener dominio propio.

Tristeza: las diferentes pérdidas producen la idea catastrófica de que ocurrirá algo peor, que nada merece el esfuerzo y quizá lleve al deseo de no hacer nada. Generalmente se asocia con la sensación de soledad. A veces surge de peligros reales, otras son sólo imaginaciones. Para sobreponernos a esto, la Biblia nos enseña que los hijos de Dios no estamos solos: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”, Salmo 34:7. Somos invitados a celebrar en la presencia del Señor y a compartir las bendiciones con el prójimo: “El gozo del Señor es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10). Podemos encontrar formas de vincularnos con los hermanos para enfrentar juntos el pesimismo.

Aburrimiento: el encierro en un espacio restringido y en el ciclo diario repetitivo reduce la poca animosidad con que se cuenta al comienzo de la contingencia. La tentación consiste en hacer del ocio mera pasividad, como quedarse demasiado tiempo en cama o llenar las horas con entretenimiento de las pantallas. La holgazanería hace perder los regalos del Señor: (Proverbios 6:6-11; 19:15; 21:25; 20:4). No hay que desaprovechar la ocasión, la inteligencia es descubrir la oportunidad (26:13-16). El esfuerzo atrae la bendición de Dios (14:23). El trabajo lleva a la prosperidad y la indolencia a la penuria. En todo momento se debe tener presente la afirmación de 10:22. Como seres que somos a imagen y semejanza de Dios, estamos dotados de capacidades creativas para dar forma al caos y hacer existir lo que aun no existe.

Ansiedad: Es la sensación de intranquilidad y zozobra. Lo denominamos por estar nerviosos, ya sea por tener un presentimiento de algo desafortunado o por la estrechez que se percibe (Salmo 4:1), en medio de los problemas la mente se cierra y no alcanza a mirar soluciones. La ansiedad conduce al mal humor, decaimiento, aislamiento o parálisis emocional, lleva al desgaste físico, emocional e incluso espiritual.

RECURSOS DE LA FE CRISTIANA PARA CONTRARRESTAR LOS EFECTOS DE LAS EMOCIONES NEGATIVAS:

  1. Tenga gratitud (Salmo 103:1-3). El agradecimiento proviene de reconocer las bendiciones gratuitas que viene de Dios. Consiste en sabernos favorecidos de manera desinteresada. Cómo podemos fortalecer el espíritu de agradecimiento: mire todo lo que le rodea, no se concentre en lo que ha perdido o lo que le falta, atienda todo lo bello y bueno que sucede junto a usted, aunque sean cosas pequeñas (el vuelo de un colibrí, un brote de higo, el reencuentro de un amigo, lluvia mansa en el jardín, una comida deliciosa en casa), son significativas. Recuente el mal que no padece, de cuántas adversidades posibles ha sido librado, cómo ha recuperado la salud o resuelto problemas. Afirme la bondad que recibe, recuerde las personas que han estado cerca y le han brindado cuidado y afecto sincero, los favores de diferente índole que ha recibido.

Agradezca sus posesiones significativas, las habilidades y cualidades que posee. Revalore a las personas que forman parte de su vida, recuerde las experiencias que le han hecho feliz. Considere que los problemas, bajo el aliento del Espíritu pueden suscitar grandes oportunidades de fortaleza espiritual. De una manera práctica, haga una lista diaria de siete elementos que formen parte de su vida o que haya tenido en algún momento, por las que sienta gratitud, las puede escribir. Identifique, cada día, una fotografía personal o familiar que le despierte sentimientos positivos.

  1. Tenga mayor consciencia de su ser íntimo (Proverbios 4:23). Todos somos capaces de hacer el bien y el mal, todos tenemos áreas pecaminosas en las que se hace más visible nuestra naturaleza humana caída. Cuando no manejamos sana y justamente esta realidad, se hace visible por nuestras conductas y carácter; podemos caer en dos expresiones equivocadas: la culpa excesiva que nos lleva a considerarnos siempre indignos, no merecedores de gozo ni bienestar; o bien desviamos nuestra atención hacia otros, que presentan debilidades similares a las nuestras que pretendemos ocultar.

Desarrolle la aceptación de aspectos no amables de usted mismo y de otros, porque usted ha sido aceptado incondicionalmente por el amor de Dios que se ha revelado en Jesús. Permita que esta actitud de fe madura, fortalezca su sentido de ser perdonado y su aceptación del don amoroso de la gracia de Dios, más que dejarse dominar por sentimientos improductivos de culpa. Trate su cuerpo como habitación de Dios. Evalúe las creencias y los valores aprendidos de su infancia y reafirme y retenga sólo aquello que sea verdadero para su mente y corazón adultos. Aprenda a aquilatar sus dudas honestas, viéndolas como etapas de crecimiento de su fe aún cuando esto perturbe su necesidad nostálgica por una seguridad espiritual. Armonice sus valores éticos que guían su vida con su entendimiento del amor, la justicia y la plenitud para toda la gente en cualquier lugar, tienda puentes, no barreras, entre usted y otros con quienes tiene diferente entendimiento de Dios y de lo que es una vida correcta. Hoy, más que nunca practique auto-cuidado espiritual cada día, invierta tiempo en actividades como: meditación, oración, estudio serio, o escribir un diario en los aspectos religiosos que afectan su vida.

  1. Exprese amor ágape hacia los demás: incondicional y consistente (Juan 13:34). Haga posible que su fe incremente su esperanza y su paz interna, así como su entusiasmo por la vida y su deseo para servir a otros. Haga saber a los suyos el afecto, diga sus sentimientos por escrito o en forma verbal. La manera cristiana de tratar a los demás es con la misericordia, ésta consiste en hacer algo por los demás, a la manera de Dios (Isaías 54:10). Este amor se expresa en otorgar perdón a los que han caído, ser generoso con los débiles. Ser compasivos con quienes nos defraudan. Otorgar perdón nos llena de beneficios espirituales: nos mantiene sanos, preserva la alegría de vivir, recuperamos el control de nosotros mismos, hacemos de la vida algo más justo, detenemos el dolor de la herida, soltamos la amargura, aceptamos el perdón de Dios.

Si amo a mi prójimo voy a ser paciente con personas atípicas, quienes llegan a sernos desagradables. Antes de juzgar, entienda que cada uno tiene sus motivos y muchas veces los desconocemos. Expresar amor cristiano se hace evidente en el apoyo que se brinda a quienes están sufriendo (Proverbios 3:27). De la misma manera, nos compromete a hacer bien a los adversarios. La prueba más desafiante es hacer el bien a quienes nos hicieron o hacen daño, lo cual no quiere decir que estamos obligados a quedarnos en el lugar del daño, significa que no estamos buscando el desquite ni los alegraremos si sufre quien nos lastime. La manera de eliminar a un enemigo es convertirlo en amigo. Deje que Dios empareje las cosas (Romanos 12:17-21).

  1. Alinee su corazón al propósito de Dios para su vida (Filipenses 3:12). La desilusión ocurre cuando no se cumplen las expectativas que tenemos sobre Dios y nuestros anhelos. Nos sentimos decepcionados cuando lo que esperamos o soñamos no se realiza. Imaginamos la vida de una forma y le expresamos a Dios esos deseos con fervor y confianza; sin embargo, muchas veces, parece no responder a las oraciones. Nuestra búsqueda convencional de Dios, si lo observamos, consiste en hacer nosotros los planes y luego pedir al Señor que los bendiga, como que si supiéramos qué es lo que nos conviene en la perspectiva completa de las cosas y lo que requerimos es nada más un poder que lo haga posible. Este esquema condiciona a Dios a actuar según nuestro deseo y entendimiento. Pero, hay algo invertido en este modelo. Dios sabe lo que es mejor para nosotros y fue Él quien permitió que viniéramos a la vida con un propósito (Jeremías 1:5; 29:11). En lugar de orar diciendo: Dios bendice mis planes, deberíamos orar: buen Dios, quiero hacer los planes que has bendecido para mí. Quiero entender lo que pides que haga, quiero hacer tu voluntad. Vivir la vocación es la experiencia única que satisface y gratifica en lo más profundo del ser. La persona que no cumple el llamado divino, por muy feliz que parezca siempre será como un extranjero y errante en la vida.
  1. Deje en Dios todos sus motivos de ansiedad (1 Pedro 5:7). La epidemia, entre otros efectos, golpea el orgullo humano que cree tener todo bajo su control y nos recuerda que aunque tenemos libertad de actuar, nosotros no tenemos el dominio de la creación y ni de las consecuencias de nuestras decisiones. Pero, los creyentes, vivimos confiados en Aquél que tiene el mundo en sus manos y nos conduce en los valles oscuros. Entre otras cosas, tener un verdadero descanso nos proporcionará las energías para enfrentar el clima adverso, día a día. Un Salmo muy conocido dice: “en paz me acuesto y me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado” (4:8) NVI. Esta expresión describe la actitud de alguien que al ir a la cama puede soltar todas las preocupaciones, dejarlas en la voluntad del Padre eterno quien de verdad tiene el poder de guardarnos. El reposo se consigue al soltarnos en sus planes y cuidados.

Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios, declara Pablo (Colosenses 3:3). Todo lo que somos, nuestra esencia e identidad, no pueden desaparecer ni con las amenazas de la vida ni de la muerte, Dios es eterno y estamos en su corazón y memoria para siempre. Mientras no nos soltemos de su mano, nada nos podrá separar de Él.

El escritor de la carta a los Hebreos afirma: “Hay dos cosas imposibles: que Dios mienta y que no cumpla lo que promete. Esas dos cosas nos dan confianza a los que nos refugiamos en él. Nos fortalecen para continuar en la esperanza que Dios nos da. Tenemos esa esperanza tan fuerte y segura como un ancla que sostiene el alma”, (6:18-19a BPD). El ancla del alma es la esperanza. Frente a las tormentas de la vida, nuestro ser se aferra a lo seguro en las profundidades de la existencia. El mal y el sufrimiento son temporales, pero las promesas de Dios son eternas, podemos sentir la fortaleza de su gracia y poder. La esperanza consiste en la confianza que la adversidad pasará y que saldremos victoriosos porque Dios es fiel e invencible.

RECOMENDACIONES FINALES

Mientras la prueba permanece, haremos bien en seguir algunas recomendaciones de especialistas.

  1. Mantenga la perspectiva completa: la mayoría de las personas pueden contraer el virus y superarlo sin manifestar ningún síntoma serio. Es importante tomar las medidas de higiene que se indican.
  2. Conozca los hechos. Adopte un enfoque analítico sobre la epidemia en los reportes diarios de las instancias de salud.
  3. Comente en familia. Comunique a su familia sobre la enfermedad, conforme a sus edades. Dé oportunidad, sin juzgar, para que expresen sus emociones y recuerde las palabras del Señor: “En el mundo tendrás aflicción, más confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
  4. Evite sobreinformación. Elija un horario de ver o escuchar las noticias al respecto, se recomienda al medio día; procure no seguir con obsesión el número de víctimas por la epidemia.
  5. Mantenga contacto social. La distancia física no implica separación de los lazos de afecto. Por diferentes medios usted puede compartir sus sentimientos.
  6. Mantenga un arreglo de su cuerpo y vestido. Aunque no vaya a salir de casa, vístase como un día de actividad. Le ayudará a organizar los momentos del día.
  7. Respete sus horarios de sueño. Ayude a su organismo a armonía de sus elementos químicos de buen estado de ánimo (como la serotonina y otros).
  8. Haga ejercicio regular en casa. Vea orientaciones al respecto.
  9. Aprenda algo nuevo. Existen muchas alternativas para invertir energía mental.
  10. Acceda a la luz del día en los horarios recomendables, y ámbitos de la naturaleza, cuando sea posible.
  11. Aliméntese sanamente y manténgase hidratado.
  12. Brinde a los niños un espacio seguro para sus juegos y divertimentos que promuevan emociones positivas.

1(American Psychological Association (APA, 2020). Five Ways to View Coverage of the Coronavirus. https://www.apa.org/helpcenter/pandemics; https://pavlov.psyciencia.com/2020/03/74f289d2- recomendaciones_psicologicas_uba.pdf ):

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Comunicado 31/03/2020

A la Iglesia de Dios en Mexico sobre Covid 19 (31 marzo 2020)

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CRISIS DE CREENCIAS

CRISIS DE CREENCIAS. LA LABOR PASTORAL.

Los líderes cristianos antes del amanecer oraban pero fueron interrumpidos estrepitosamente por ruidos y gritos. Las autoridades habían hecho repetidos intentos por convencer a los creyentes para que renunciaran a su lealtad a Jesucristo, habían fracasado. Sin embargo esta vez no había lugar para discusiones. En cuestión de segundos los cristianos se vieron rodeados por un grupo de soldados romanos que inmediatamente los encadenaron y los llevaron a un lugar desconocido. Después, fueron sacados al Coliseo lleno de una bulliciosa multitud ansiosa de ver la espeluznante ejecución. Este grupo fue llevado ante el gobernador quien les ordenó que renunciaran públicamente a su fe en Jesús, el hijo de Dios. “Juren que el César es el Señor y los pondré en libertad” –exigió el gobernante– “de lo contrario, tendrán que enfrentarse a los leones”. Uno de los seguidores de Jesús dio un paso adelante y enérgicamente respondió: “He consagrado mi vida a Jesucristo, el hijo del Dios viviente, y es su voluntad que muera hoy, aquí, que así sea. No puedo renunciar a Cristo” –“Yo tampoco” –dijo uno de sus compañeros. –“Yo serviré a Cristo” –mencionó otro de ellos. El gobernador levantó la mano y respondió: “Ustedes lo han decidido”. Tras ello, los soldados abrieron las puertas, el gentío se levantó enardecidos mientras los leones fijaban su hambrienta atención en los jóvenes1.

Puedes usar tu imaginación y escenificar lo que ocurría en el tiempo de los césares romanos para intentar erradicar el cristianismo; pero la fe, la convicción y el amor por quien hizo posible nuestra salvación en la cruz del calvario debe ser nuestra “lealtad” aún ante el peligro de muerte.

Pastor, líder, mamá, papá, maestro: Necesitamos ayudar a los adolescentes a enfrentar con firmeza los retos que la cultura de hoy les presenta. En palabras del escritor Josh MacDowell les invito: “Si bien, necesitamos tenerle miedo a lo que nuestros jóvenes están tentados a hacer, necesitamos estar más preocupados por la enseñanza que reciben sobre aquello en lo que deben creer.”

Para esta generación adolescente, por gracia del Señor, tenemos algunas herramientas que darles. Por ejemplo, contamos con el “Fundamento doctrinal” de nuestra Iglesia; los 28 puntos de fe divididos en sus tres secciones (Salvación y gracia, Vida cristiana y Escudriñamiento). Les puedo sugerir el estudio de la primera sección y en forma de diálogo, en tiempo presente, pregunte a sus muchachos: ¿Quién creen que es Dios? ¿Cómo creen que es Dios? ¿Cómo conocen a Jesús?

En la investigación “Third Millennium Teens” (Los adolescentes del Tercer Milenio) la mayoría de los encuestados se identificó pertenecer a un movimiento cristiano. La encuesta llegó a las siguientes conclusiones:

  • El 80% cree que Dios creo el mundo.
  • El 84% cree que Dios se involucra personalmente en la vida de la gente.
  • El 87% cree que Jesús fue una persona real.
  • El 78% cree que nació de una virgen.

Sin embargo, no obstante estos conceptos:

  • El 63% también cree que los musulmanes, budistas, cristianos judíos y todas las demás gentes oran al mismo dios, aunque llamen a su dios por otro nombre.
  • El 48% cree que no importa con qué región te asocias, porque todas tienen los mismos principios.
  • El 51% dice que Jesús murió pero que NO resucitó.

Querido líder: trate al grupo de adolescentes como sus propios hijos, no exija que aprenda solamente los conceptos por la fuerza, sino estimúlelos y oriéntelos con paciencia. En forma personal tengo recuerdos inolvidables sobre el trabajo con este grupo, incluso llegamos a recorren lugares de la república apoyándolos en sus ministerios. Les invito en aprovechar las virtudes de los muchachos. Formen con amor y acompañamiento constante un carácter cristiano responsable para que proclamen el hermoso poema ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que publica la paz, del que trae nuevas de bien, del que publica salud, del que dice a Sion: Tu Dios reina! (Isaías 52:7)

Pastor, no olvides a tu grupo de adolescentes. Acompáñalo con cariño y tu ejemplo. Formemos en esta generación creencias firmes y sólidas que ante la adversidad se mantengan de pie, basados en Cristo Jesús.

Con amor cristiano.

Min. Francisco Toto

BIBIOGRAFÍA

McDowell, J., & Hostetler, B. (2003) Convicciones más que creencias. EUA: Mundo Hispano.

Comunicado 18/03/2020

COMUNICADO CEG 18/03/2020

A la Iglesia de Dios (7º día) en México.

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