Derechos Humanos en las prisiones

Derechos Humanos en las prisiones

Por: Steph Galeana

“Suele decirse que nadie conoce realmente cómo es una nación hasta haber estado en una de sus cárceles. Una nación no debe juzgarse por como trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por como trata a los que tienen poco o nada.”

– Nelson Mandela

Seguro que en tiempos del COVID-19 es muy fácil recordar que tenemos el derecho a circular libremente por nuestro país, mismo que se pierde cuando una persona se encuentra en prisión. Este derecho ha sido restringido desde tiempos bíblicos cuando una persona es puesta en confinamiento para esperar un castigo, o bien, cuando ya está cumpliendo una sentencia.

Sin embargo, existen derechos que se mantienen, aunque nos encontremos privados de la libertad, puesto que contamos con los derechos humanos, que son aquellos que tenemos TODAS y TODOS por el simple hecho de ser personas humanas. Y es, en la medida que estos son respetados y se encuentren efectivamente garantizados de forma universal, que se puede elevar el nivel de vida en las personas.

Cuando Jeremías fue encarcelado fue puesto en una cisterna -práctica común de las prisiones antiguas- el espacio más oscuro de la prisión y de aislamiento total (Jeremías 38:6-10); la biblia relata que en ese espacio era muy probable la muerte de los prisioneros, es por ello que enviaron por él y fue puesto en el patio de la cárcel. Las condiciones inhumanas de las prisiones siguen siendo una problemática en la actualidad.

Por ello, en las “Reglas Mandela” se establece como primera que “todos los reclusos serán tratados con el respeto que merecen su dignidad y valor intrínsecos en cuanto seres humanos. Ningún recluso será sometido a tortura ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, contra los cuales se habrá de proteger a todos los reclusos, y no podrá invocarse ninguna circunstancia como justificación en contrario.” (ONU, 2015). Esto solo recalca el hecho de que nuestros derechos son inherentes, y no debemos dejarnos nublar por las circunstancias o decisiones por las cuales nos priven de la libertad.

En la mayoría de las ocasiones cuando oramos repetimos lo que nos han enseñado desde pequeños “acuérdate de los huérfanos, las viudas y los encarcelados”, pero pocas veces nos acordamos nosotros de ellos, pocas veces visitamos las cárceles con nuestros hermanos de congregación. Jesús dijo “estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí;” (Mateo 25:36) Este es sin duda un llamado que sigue siendo latente para nuestras vidas y que podemos cumplir. Ahora más que nunca sabemos cómo se siente estar -aunque sea por poco tiempo- sin poder salir a las calles, y si bien no es lo mismo, podemos sentir la ansiedad y estrés, pero se hace más llevadero cuando puedes hablar con alguien más y ocupar tu mente en otras actividades.

Sigamos el llamado de Jesús y acompañemos los unos a los otros, pronto volveremos a abrazarnos los que estamos en cuarentena, pero no nos olvidemos de quienes permanecen aislados, de quienes han sido torturados y de quienes a veces se nos olvida que siguen siendo personas.

Para conocer tus derechos visita: https://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/

Para leer un poema como referencia visita: https://poemario.org/hombre-preso-que-mira-hijo/

Bibliografía

BBC News Mundo. (2010, enero 4). Delfines = «personas no humanas». BBC News Mundo. Recuperado de https://www.bbc.com

Derechos Humanos:  Recopilación de instrumentos internacionales, Volumen 1 (Primera parte): Instrumentos de carácter universal [publicación de las Naciones Unidas, núm. de venta: S.02.XIV.4 (Vol. I, Part. 1), secc. J, núm. 34.

Gómez, R. G. (2019, junio 26). Personas no humanas. EL PAÍS. Recuperado de https://elpais.com

Herrera, R. (2014). Cárcel en los Tiempos Bíblicos. La Rioja: Hora 11 Ministries, Inc.

ONU: Asamblea General, Declaración Universal de Derechos Humanos, 10 Diciembre 1948, 217 A (III), disponible en esta dirección: https://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/ [Accesado el 17 Abril 2020]

ONU: Asamblea General, Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos (Reglas Nelson Mandela): Resolución aprobada por la Asamblea General, 8 Enero 2016, A/RES/70/175, disponible en esta dirección: https://www.unodc.org/documents/justice-and-prison-reform/Nelson_Mandela_Rules-S-ebook.pdf [Accesado el 17 Abril 2020]

PIZZA Y AMIGOS

PIZZA Y AMIGOS

Escrito por: Abdiel Gómez Salomón

En la congregación a la que asisto, los adolescentes tienen una agradable costumbre: en cada cumpleaños llevan pizza para compartir con todos. Esa costumbre se ha ido arraigando, y algo de lo que me he dado cuenta es que, cuando hay comida o botana de por medio, ellos se muestran más receptivos. Se trata de la confianza que se genera entre todos los que compartimos. Cuando se comparte la mesa, también se comparte una parte de la vida.

Bueno, pues Jesús hizo algo similar. Él buscó mostrar lo que es el reino de los cielos, eso que suena tan lejano y tan irreal, pero que el Maestro hizo palpable en la realidad. Sus parábolas, sus dichos, sus acciones y toda su vida iba encaminada a mostrar amor, a compartir y dar vida hacia los demás. Así que un día, durante la pascua judía, mientras el pueblo conmemoraba su salida de Egipto hacía tantos años, Jesús decidió compartir algo especial con sus discípulos.

Jesús buscó un lugar adecuado, privado. También se aseguro de que sus amigos estuvieran ahí, y de que la cena estuviera lista. Después, simplemente se sentó a la mesa con ellos y compartieron todos juntos, sin importar sus diferencias, o el hecho de que uno de ellos lo iba a traicionar… O bueno, los doce terminaron fallándole. Aún así, Jesús los hizo parte de su vida; compartió de su vida con ellos.

“Coman, este es mi cuerpo”. “Tomen, esta es mi sangre”. Cuando Jesús dijo estas palabras, hizo algo trascendente: les ofreció su vida, su amistad; su amor. Compartir la mesa con alguien en aquella época, era aceptarle, hacerlo como un igual. Jesús hizo todo eso por sus discípulos, lo merecieran o no.

Cuando tú te sientas a la mesa con tus amigos en la iglesia, con tu grupo de adolescentes, con tu iglesia o con tu familia, los haces tus iguales. No importa si lo que hay delante de ustedes es una pizza, pollo con mole, unos tamales o un pedazo de pan con jugo de uva; lo que importa es el amor que experimentes con las personas que te rodean.

Por eso, aunque no estés bautizado, aunque no comas del pan y el jugo, tú eres parte de la mesa de Jesús, Él te invitó y te hizo parte de su vida. Ahora te toca compartir esa misma vida con aquellos a quienes amas, lo merezcan o no.

La Cena del Señor es un acto especial para la Iglesia, pero lo que hace que sea especial no es en sí mismo lo que el cuerpo ingiere, sino el amor entre aquellos que la comparten. Esto es la comunión en la mesa del Señor. ¡Ven, la mesa te espera!

La crisis como oportunidad de crecimiento

La crisis como oportunidad de crecimiento

Escrito por Josué Ramírez de Jesús

La vida es dinámica y cambiante, en ocasiones vivimos épocas tranquilas y estables, en otras aparecen etapas menos apacibles en las cuales surgen nuevos desafíos e interrogantes sin respuesta. Esto es lo que podemos denominar como crisis.

…sino que a todos les llegan buenos y malos tiempos. (Eclesiastés 9:11b, NVI)

Algunos significados de crisis son: separar, decidir, juzgar entre posibilidades u opciones, o también decidir. Podemos afirmar que la crisis no tiene, en un primer momento, una connotación negativa, por el contrario, se presenta como una exigencia de elegir un nuevo camino, una nueva forma de vivir o de pensar en vistas a que otras opciones han quedado obsoletas.

Existen crisis del desarrollo humano, crisis sociales, crisis económicas, crisis políticas, crisis sanitaria, etc. En estos casos, la persona necesita un tiempo de transición para amoldarse eficazmente al cambio, pues cada uno posee una capacidad distinta para afrontar los retos cotidianos y hacer frente a los obstáculos.

Los discípulos de Jesús también experimentaron crisis. En Marcos 4:35-41 los discípulos experimentaron una tormenta sin previo aviso, algo escapó de su control y no tenían un plan de contingencia; se mostraron pasmados, con pensamientos fatalistas y temiendo por sus vidas.

Los discípulos ante la crisis fueron dominados por sus temores, pero nos dejaron estas grandes enseñanzas:

1. El miedo nubla nuestra visión de la bondad de Dios. ¡Maestro! -gritaron-, ¿no te importa que nos ahoguemos? (Marcos 4, 38b, NVI). Jesús no prometió que no tendríamos adversidades, pero sí que nos acompañaría en medio de esas adversidades (Mateo 18, 20b, Juan 16:33).

2. Es la fe y no el miedo quien debe tomar posesión de nuestro corazón. ¿Por qué tienen tanto miedo? -dijo a sus discípulos-. ¿Todavía no tienen fe? (Marcos 4:40, NVI)

3. El miedo maximiza el problema y minimiza a Jesús en nuestra mente. Ellos estaban espantados y se decían unos a otros: ¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen? (Marcos 4: 41, NVI).

De esta difícil experiencia, los discípulos emergieron transformados; con una nueva visión de la soberanía de Jesús y con una fe robustecida.

Por lo anterior, cuando decimos que “estamos en un tiempo de crisis” estamos sosteniendo que este momento histórico, es el tiempo de la decisión de una opción mejor para mí y para los demás. El significado de la palabra “crisis” ya nos está invitando a verla como una posibilidad de cambios.

La experiencia de esta pandemia mundial nos sorprende con fuerza cada día y nos sobrepasa. La crisis sanitaria está cambiando algunos de nuestros hábitos, redireccionando los enfoques de nuestra manera de vivir y formulando nuevos planteamientos de nuestro ser y hacer Iglesia. Sin duda que, para muchos, están siendo unos tiempos muy duros que no serán fáciles de olvidar ya que marcarán nuestra época.

Ante esta situación, los cristianos tenemos que leer siempre la vida y la historia con los ojos de la fe, y en medio de todo poner nuestra absoluta confianza en el Señor, fuente de salvación y de esperanza. Hoy podemos ser las manos, los pies y la boca de Jesús, para que nos acompañemos y apoyemos en medio de la dificultad.

Hoy nos encontramos en circunstancias donde se ha suspendido el culto público, pero la iglesia no ha cerrado, al contrario, estamos siendo invitados a purificar nuestra fe, a madurarla y a hacer realidad la grandeza de la Iglesia como cuerpo de Cristo, aquella que trasciende el tiempo y espacio. No podemos caer en la desesperanza o el desánimo: Dios sigue acompañándonos, no nos deja solos, Él camina con nosotros en medio de esta tempestad, Él nos invita a «no tener miedo».

Por eso, es importante que lo podamos escuchar hablando en medio de estas circunstancias; orando en familia, leyendo y meditando su Palabra, profundizando en los mensajes que fortalece nuestra fe. Dios nos acompaña y nos está hablando ¿Podremos escuchar su voz?

Recuerda, la idea que tengas de Dios y de las crisis determinarán tu forma de actuar. Lo que creamos sobre Dios cambiará la forma en la que vivimos; todas las ideas tienen consecuencias, y las ideas que tengamos sobre Él, afectarán profundamente la vida que tenemos, la familia, la iglesia y la sociedad que construimos. La crisis encierra riesgos, pero también muchas oportunidades.

Quien supera la crisis se supera así mismo, crece y madura en la fe; pero quien atribuye a la crisis sus fracasos y desdichas, respeta más a los problemas y su poder destructor que a Dios y su poder vivificador.

Si somos capaces de tener perspectiva cuando estamos inmersos en una crisis, veremos que tiene dos vertientes y que expresa, por una parte, una dificultad y, por otra, una oportunidad. Esta crisis es una oportunidad de crecimiento. De nosotros depende. ¡Dios con nosotros!

BIBLIOGRAFÍA:

Martin, D. (2011). ¿crisis? ¿qué crisis? Retrieved from https://ebookcentral.proquest.com

Soy hijo de un pastor

Soy un hijo de pastor

Por Galilea Sanchez

Antes de que empieces a leer, me gustaría que reflexiones las siguientes preguntas, independientemente de que seas hija/o de pastor o no: ¿Qué características consideras debe distinguir a un hijo de Dios? ¿Crees que el comportamiento de quien se dice ser hijo de Dios debe ser diferente a los que no lo son? Siendo sincero, adolescente, ¿qué tan cerca estás de cumplir las características que tú has mencionado?

Espero realmente hayas analizado detenidamente estas tres preguntas, ya que esto tiene que ver también, con ser un “hija/o de un pastor”.

Lo que tú sientes, piensas y vives al ser hijo de Dios es lo que, varios de ellos viven al ser parte de la “familia del pastor”. ¡Así es! Sólo que, lamentablemente en nuestra actualidad, el serlo se ha visto como una problemática, tanto para la iglesia como para el/la adolescente o familia pastoral.

Ser hijos de Dios es un tesoro enorme, un regalo tan grande que nos debería encantar y emocionar compartirle a las personas que no gozan de ese privilegio. Claro que este regalo nos debe hacer “diferentes” al mundo; no actuamos de la misma manera que actúan nuestros amigos, no tenemos el mismo vocabulario que ellos, no creemos como ellos creen, no festejamos todo lo que el mundo acostumbra, ellos no ven y gozan la vida como nosotros lo hacemos junto con Dios. Esto es lo que nos hace ser diferentes a los demás, nos hace ser únicos y permite distinguirnos.

¿Ha sido fácil ir contracorriente del mundo? ¡Claro que no! Esta vida llena de felicidad, de amor y entrega a Dios, es una lucha de cada día. Diariamente podemos ser criticados, juzgados o cuestionados. El entorno está al pendiente de nuestro camino para ver en qué momento fallamos, esperando para atacar y apagar esa luz que el Señor ha puesto en nosotros, una luz que brilla en la tempestad y en la oscuridad del mundo.

¿Crees que esto pueda suceder dentro de la iglesia? Tristemente, a veces sí.

Y en donde se ve más reflejada esta situación es en la vida de los hijos de los pastores. Ellos están expuestos a comentarios constantes sobre su comportamiento, su vestimenta, sus reacciones ante cualquier cosa o hasta su propio desarrollo en las etapas de la vida. Al parecer ellos/as no tienen esa “libertad” que tienen los demás chicos y en ocasiones es lo que desanima al joven o lo hacen sentirse ahogado ante la “mirada” de todos.

Bueno, déjame decirte que ellos forman parte importante de una familia que la Iglesia ve como ejemplo y como guía. El hecho de que ellos sean adolescentes o jóvenes los puede hacer llevar una carga pesada de responsabilidad, compromiso y cautela ante todo lo que hagan.

Como tú y como yo, los hijos de pastores viven sus crisis en esta etapa. Debemos entender que nadie, en lo absoluto, está exento a fallar o tropezar. Todos estamos expuestos a ello y no deberíamos ser sólo criticados ante una caída, por el contrario, deberíamos ser amados, abrazados y orientados por Dios a través de su amada iglesia.

¡Ser hijo de pastor es tan increíble como ser hijo de Dios!

Se conoce a la iglesia de una manera más cercana y se logra conectar con ella de una manera sensacional. Permite ir madurando el carácter por medio de las diversas situaciones que se pueden presentan. Incluso, los señalamientos personales ayudan a reflexionar más acerca de las cosas y tener una postura propia sobre muchos temas.

Te invito a que, si eres amigo de alguien que sea hijo/a de pastor (sea o no en tu localidad) procura no cometer el error de solamente señalarlos y cuestionarlos en su actuar, al contrario, apóyalos y bríndales tu ayuda, el amor, el consejo, el abrazo y la compañía que necesitan y que nuestro mismo Dios te da. Ora por ellos, para que puedan crecer en madurez espiritual buscando siempre la aprobación de Dios.

Hijo de pastor: crece en Dios, madura en Él y sírvele con todo tu corazón. Agradécele por permitirte ser un ejemplo y deja que él te siga usando como instrumento para bendecir a su pueblo. No importa lo que digan de ti, quédate con lo que te construya y desecha lo que no ayuda en tu vida espiritual. ¡Dios está contigo!

Yo soy hija de pastor y no me avergüenzo.

Soy hija de pastor y soy libre, porque también soy hija de Dios.

Soy hija de pastor y es una hermosa bendición.

Soy hija de pastor y agradezco cada día a Dios por este privilegio.

¡Soy hija de pastor! ¡Gloria a Dios!

Celebra con tu familia esta bendición. Celebra a Cristo por este regalo.

Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión Ante los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas”.

Los maestros enseñan

Los maestros enseñan

Considerando que por naturaleza y por factores propios de su edad, el adolescente es dado al “placer de su corazón y de su vista” (Eclesiastés 11:9), el sabio escritor bíblico hace un gran consejo o exhortación: “Quita pues el enojo de tu corazón, aparta el mal de tu carne, porque la mocedad y la juventud son vanidad” Eclesiastés 11:10.

Ante tal realidad, los padres, maestros y pastores debemos enseñar los principios bíblicos y religiosos desde una temprana edad. Tenemos el ejemplo de Timoteo que, aunque su padre era griego, fue instruido aprendiendo las enseñanzas de su madre y abuela (Hechos 16:1-2, 2 Timoteo 1:2-5, 2 Timoteo 3:14-15)

“Los maestros enseñan”

De acuerdo con esta premisa, es necesario recordar que como maestros tenemos el compromiso de:

  1. Enseñar al adolescente el valor de las Sangradas Escrituras, su origen y su beneficio.
  2. Mostrar la importancia de estudiar la Biblia y escudriñarla, así, el muchacho podrá discernir entre el camino de bien y el que no lo es.

Daniel se negó a comprometer sus convicciones aún al encontrarse en medio de una cultura antagónica (Daniel 1:8-21). Los tres jóvenes arrojados al horno de fuego prefirieron morir quemados antes que negar su fe en Dios (Daniel 3:16-18). Aquí vemos la importancia de una educación y formación de convicciones reales acerca de lo que creen, desde su juventud y niñez.

“Nuestros adolescentes necesitan una creencia profunda y firme en Dios, y su Palabra; una creencia que les dé un fundamento sólido y los arraigue en la fe de tal manera que cuando lleguen las pruebas o tribulaciones o tormentas de la vida, puedan permanecer firmes” Josh McDowell

“Los maestros enseñan”

Para lograr esas enseñanzas profundas, los maestros debemos:

  1. Tener momentos de estudio en condiciones adecuadas, como lugares cómodos (aire, luz, etc.)
  2. Buscar herramientas físicas de enseñanza (pizarrones, libros, cosas visuales, etc.)

Debemos esforzarnos al máximo para lograr la confianza de los adolescentes. Para ello podemos organizar juegos, lunadas, meriendas, además de reuniones creativas, retiros, campestres, entre otros. También debemos generar diálogos, mesas trabajo, conferencias, entrevistas y muchas otras actividades que proporcionen confianza y hagan más fuerte el vínculo entre grupo y maestro.

La carta a los Hebreos, en el capítulo 11 se titula “La excelencia de la fe y ejemplos que muestran su eficacia y su poder”. En este capítulo y todo el libro se mencionan personas que demostraron su fe y su convicción al Dios Todopoderoso.

Hoy, los muchachos deben cultivar la fe que tienen a fin de ser estables en lo que creen, como dijo el apóstol Pablo “que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia los artificios del error” Efesios 4:14

Maestros, dediquémonos a enseñar con amor las cosas relevantes que brindarán a cada adolescente las herramientas para vivir firmes, con sus pies seguros en la roca que es Cristo Jesús.

Buenos administradores

Buenos administradores

¿Qué es administrar? Existen varias definiciones al respecto, por ejemplo “tener el control o el mando de algo específico”; otra definición más acorde a aquellos que estudian administración o contabilidad es “planear, organizar, dirigir y controlar todos los recursos pertenecientes a una organización con la finalidad de alcanzar los objetivos”.

En la Biblia existen algunos textos que nos invitan a esforzarnos por ser buenos administradores y a cuidar aquello que Dios nos da, utilizando las cosas que tenemos para su obra y su servicio, por ejemplo 2 Samuel 8:15 relata: “Y reinó David sobre todo Israel; y David administraba justicia y equidad a todo su pueblo”.

Pero, a ti y  a mí ¿Qué nos ha dado Dios? Quizá pudieras pensar que no tienes “nada”, o “solo soy un adolescente que lo que tengo no es mío sino de mis padres o es gracias a algún familiar o amigo”. Sin embargo no todo lo que poseemos es sólo material. Existen otras cosas que Dios nos ofrece como: talentos, dones, aptitudes, destrezas, aprendizajes; esos son regalos que el Señor nos da como sus hijos y es ahí cuando tenemos que ser como David, administrar con justicia y equidad aquello que tenemos, procurando servirle a Él.

Ahora bien, ya que conocemos un poco de lo que Dios nos ofrece, es importante reconocer que te encuentras en la edad adecuada para adquirir conocimientos que en el futuro te pueden servirá para realizar ciertas actividades: desde algo tan simple como barrer, trapear, lavar el baño, cambiar un foco, lavar trastes, lavar el carro,  cocinar, conocer tu ciudad, saber abrir la llave del gas –que aunque no lo creas hay personas adultas que no lo saben hacer–; hasta otros conocimientos más complejos que aprendes en la escuela como las ciencias, matemáticas, química, física, español, inglés, algún taller. Cada uno de ellos, con la dirección de Dios, te puede dar otra perspectiva para entender mejor Su Palabra.

¿Para qué me servirán estas cosas?

En lo personal, me ha ayudado cuando he servido en la iglesia, porque déjame decirte que no solo se trata de estar en el ministerio de alabanza o en el departamento de adolescentes, sino de estar cuando hay que visitar a algún hermano, ir a hacer el aseo de la iglesia, brindar ayuda cuando hay actividades, ir a la tienda, hacer cuentas de alguna venta, ayudar a algún hermano con alguna tarea que ya no puede realizar por la edad o porque no lo sabe, explicar a los hermanos alguna materia que a nosotros se nos facilita, además de muchas actividades que podemos realizar y que seguramente ya tienes en mente. Es con estas “pequeñas” pero significativas tareas que ponemos en práctica lo Dios nos dice.

Es importante entender que aquello que tenemos, es decir; “los dones que Dios nos da”, no son para sentirnos superiores a los demás, y tampoco es para guardarlos y no utilizarlos, son para estar al servicio de la iglesia, al servicio de aquel que nos los ha dado, para compartir ese conocimiento y/o enseñar esa tarea que solo yo sé realizar a alguien más, es asumir el “discipulado” para luego autoevaluarme y, como se mencionó en una de las definiciones de “administrar”, saber controlar lo mejor posible mis conocimientos para poder aplicarlos en el lugar y en el momento correcto.

Recuerda que somos un cuerpo en Cristo, que cada uno tiene una función y que tú eres parte de él siendo capaz de ayudar a mejorar tu iglesia, tu familia, tu entorno, pero, sobre todo, mejorar la persona que eres, de ser mejor hijo, mejor hermano, mejor amigo, mejor ciudadano, mejor siervo e hijo de Dios.

Sé un buen administrador de tus dones, utilízalos de una manera sabia y acorde a lo que somos, hijos de Dios, y sigue preparándote, en conocimiento y en destrezas, porque siempre hay necesitados de Dios y tú eres un medio para acercarlos a Él a través de las habilidades que adquieras.

“Habiendo preparación, no hay preocupación” Sensei Kazuo Imai.

Lic. en Contabilidad y Finanzas Israel Cruz Pool

Detrás de la pantalla

Detrás de la pantalla

¿Sabías que el 2011 fue declarado “año del boom para las redes sociales”? Hoy, después de 9 años las redes sociales más populares buscan seguir captando usuarios, centran mucho del tiempo e invierten en influencers (personas entusiastas que reúnen entre 1,000 y 10,000 seguidores con grandes niveles de interacción, normalmente se especializan en un tema determinado como moda, deporte, videojuegos, etc., por lo que resultan perfectos para realizar una campaña micro-segmentada). Su objetivo es captar el mayor número de seguidores. Por otro lado, también existen personas dedicadas a engañarte para sacar provecho personal extorsionándote de alguna manera sin logres darte cuenta que estás siendo objeto de ellos, sí, tú que estás a diario en las redes sociales.

Es común que cada día visites muchas páginas en internet y constantemente entres a tus redes sociales, en donde encuentras comentarios, mensajes, videos, fotos, retos, etc., ya habitual ver críticas malsanas, destructivas e irracionales. Un gran número de adolescentes están asimilando estas conductas como normales y muchas veces las reproducen, sin embargo, pueden llegar a ser negativas o incluso agresivas; no siempre son conscientes del efecto que pueden generar sólo imitando lo que se ve,  sin importar las consecuencias que estos actos puedan traer a futuro.

El hecho de compartir una foto o publicación y ver la respuesta ante ella (cuántos “Me gusta” o comentarios ha recibido) puede generar diferentes sentimientos, tales como; satisfacción, orgullo, vergüenza, tristeza, frustración, entre otros, pues aún estamos en una etapa en la que se busca identidad y aceptación de las demás personas. Es por ello, que muchas veces puede ser la causa de depresión o hasta suicidio. Es un hecho verídico en las personas, que las reacciones de los demás sobre sus publicaciones en Internet influyen en sus emociones y sentimientos, de forma positiva o negativa. Asi que, ten presente que todo lo que compartimos en nuestras redes sociales, quedará por siempre en internet y marcará de muchas maneras nuestra vida. Ten mucho cuidado a la hora de agregar a una persona a tu Instagram, Facebook o Snapchat, pues muchas veces pueden poner un “rostro atractivo” e incluso llegar a conquistarnos, pero en el fondo pueden manipularnos para hacer cosas que nunca imaginamos hacer. Ten cuidado porque no sabes quién esté detrás de tu pantalla, puede ser una persona que ponga en riesgo tu reputación o hasta tu propia vida.

Actualmente vivimos en un mundo bombardeado de anuncios que están detrás de cada dispositivo conectado a Internet y los tenemos al alcance de nuestra vista; en pantallas Smart, laptop, tabletas electrónicas o celulares. Esta publicidad sin duda es un gran negocio para las empresas que se dedican y viven de esto, por ejemplo YouTube, DailyMotion, Vimeo, Flickr entre otros. ¿Cuántas veces mientras ves un video o estás navegando en Internet/redes sociales aparece un anuncio que te engancha a ir a otros sitios? Debemos comprender que no todo lo que se encuentra en Internet y se viraliza por medio de los diferentes dispositivos es de provecho y beneficio a nuestra vida; si bien la tecnología nos da muchísimas ventajas y rapidez para hacer cosas, debemos hacer cada cosa con responsabilidad.

La Biblia dice en Hechos 6:3 “Por tanto, hermanos, escoged de entre vosotros siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de Sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea”. Te invito a que tomes esta tarea con sabiduría y hagas un uso responsable para cada uno de los dispositivos que tienes en casa o de manera personal. Ocupa tiempo efectivo, cuando miras un video procura que sea para aprender, de provecho a tu vida espiritual, escuela, Iglesia y labores en las que puedas colaborar de manera positiva. Esto te servirá mucho para el buen crecimiento en la universidad de la vida y sobre todo para agradar a Dios.

Te invito a ser consciente sobre la importancia de cuidar la comunicación y de aprender a publicar correctamente en la red.

  • Cada publicación en Internet tiene una persona detrás, con sentimientos que debes respetar.
  • Pon atención al vocabulario y la expresión de los mensajes y comentarios que publicas: ponte en su lugar y plantéate si te gustaría recibir ese comentario.
  • Aplica el mismo cuidado en las reacciones y respuestas frente a las publicaciones de los demás: se tolerante y comprensivo si un mensaje no está claro o puede ser confuso.
  • Ten paciencia y respeta el tiempo de los demás, no presiones para recibir respuestas inmediatas.
  • Piensa en las consecuencias o posibles interpretaciones del mensaje antes de pulsar el botón de publicar.

Como podrás ver, las normas sociales son las mismas, y para interactuar en Internet  también se requiere cuidado, responsabilidad, respeto, asertividad y empatía; ya que son la clave para convivir en línea.

Recuerda, nunca te dejes llevar únicamente por lo que miran tus ojos de primera instancia, lo esencial es invisible a los ojos, lo que no se ve es lo importante; por lo que no se ve, sucede lo que vemos.

Por el amor que no se ve, naciste tú, y ahora tus padres, hermanos, amigos y toda la gente que te rodea te pueden ver.

Al ver, publicar y responder considera que eres hijo/a de Dios”.

El adolescente como mentor de niños

El adolescente como mentor de niños

¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? Mateo 18:1 (NVI)

Recuerda por un momento cuando tenías 11 o 7 años, cómo te gustaba vestirte, cuáles eran tus intereses más importantes, qué preocupaciones o problemas ocupaban tus pensamientos, cuáles eran tus anhelos, sueños o proyectos. Obsérvate por un minuto en el espejo, ¿es así como te imaginaste que llegarías a ser?, si en este momento tuvieras al niño o a la niña que fuiste tiempo atrás, ¿qué le dirías?, ¿qué recomendación le compartirías para que logre sus objetivos y sueños?

Piensa en las niñas y los niños que acuden a tu iglesia, ¿cuáles son sus intereses?, ¿cómo se comportan?, ¿qué dicen los adultos de ellos?, ¿qué piensas tú de ellos?, si no tienes la respuesta a todas las preguntas, no te preocupes, tengo una misión para ti, ¿la aceptas?

Presta atención a cada niña y niño de tu iglesia, desde el bebé que cargan en brazos hasta el niño(a) que pronto se pasará a tu grupo, ahora,   elige a una niña o niño con el que sientas afinidad o te recuerde a ti cuando tenías su edad, acércate a él o ella, comienza a platicar, y pon en práctica lo siguiente:

1. Cuando realice un logro o cumpla una meta, reconócelo(a) con palabras que expresen alegría.

2. Cuando no tengas clara la respuesta ante alguna decisión que debas tomar u observes que él o ella están en la misma situación, acércate y platiquen con respeto y amor, te garantizo que ambos complementarán su proceso de toma de decisiones.

3. Busca espacios para conocer lo que está aprendiendo, escucha sus deseos y planes, acompáñalo(a) para que enfoque su camino en las enseñanzas de Jesús.

4. Fomenta en él o ella el ser responsable, humilde e integro(a), recuerda que la mejor manera de acompañar, es con el ejemplo, así que cultiva todos los días estos principios.

Esta misión es un trabajo continuo que puedes llevar a cabo con todas las niñas y niños de tu iglesia, recuerda que “de ellos es el Reino”, y que tú tuviste su edad, así que abre tu corazón, acércate a ellos, y comienza a acompañarlos, te darás cuenta que son un bálsamo para el alma.

Recuerda que el llamado es a ser adolescentes que sean ejemplo e impacten a una generación, tanto de niños como de jóvenes y adultos también. ¡Inténtalo!

Con amor, Elemy

Caminando juntos

CAMINANDO JUNTOS

La adolescencia se describe como un “periodo de crecimiento hacia la madurez”. En el ámbito espiritual, es importante que como instructores o maestros comprendamos que el adolescente no es más un niño pero todavía no un adulto y saber que en esta etapa de la vida, necesita responderse a cuatro preguntas cruciales que determinarán su formación: 1) Sobre su identidad (¿Quién soy yo?); 2) Sobre sus relaciones (¿Cómo me relaciono con los demás?); 3) Sobre su futuro (¿Cuál es mi lugar?); y 4) Sobre su ideología (¿En qué creo yo?). 1El ministerio de adolescentes debe tener como sentido alcanzar al mundo a través de chicos que lleguen a ser creyentes maduros y líderes en su generación.

Así entonces, podemos entender por qué la educación cristiana y el acompañamiento pastoral a cada uno de los muchachos es vital para su desarrollo integral. Si bien la instrucción es una tarea que se lleva a cabo principalmente en el hogar, hay casos en los que el sábado es el único momento de la semana para que el adolescente escuche sobre los valores del reino. Usted y yo tenemos 52 oportunidades valiosísimas en el año para poner en ellos esa semilla que les ayude a encaminarse hacia la madurez plena. ¡No desaproveche ni una! No se trata de entretenimiento, se trata de formación. Que cada reunión, que cada reflexión, que cada actividad o tema sea impactante para sus vidas. Tomemos cada oportunidad para mostrarles su verdadera identidad en Cristo, para mostrarles el verdadero amor que une todas las relaciones humanas, para ayudarles a trazar un plan de vida basado en los propósitos de Dios, para acercarlos a Jesús, para retarlos a la acción.

Claro que esto es un gran reto para cada maestro, la labor requiere preparación durante la semana: pregúntese hoy ¿Qué quiere decirle Dios a los muchachos este próximo sábado? ¿Cuál es la palabra que le ayudará en sus dudas durante la semana? Las respuestas implican tener los oídos y ojos bien abiertos. Para esto, fortalezca su intimidad diaria con Dios, ore, lea las Escrituras, prepare a detalle la clase a impartir. Cada vez que usted lo haga estará ayudando más y mejor a la formación plena del grupo. No se desamine si su oportunidad es “solamente” con uno o dos adolescentes. Si a su grupo solo lo conforman uno, dos o tres chicos, ¡delo todo por ellos! Se trata de una vida que puede alcanzar a cientos o miles, con la guía del Señor.

Pero, ese desarrollo debe verse. De los propósitos esenciales como instructores  es impulsar a los chicos a la acción. “No solo oidores sino hacedores”2 ¿Cómo? Motivemos al grupo a que en su escuela, con su familia o amigos sean agentes de cambio. No busquemos adolescentes receptores nada más. La enseñanza no puede quedar meramente en lo intelectual. Que lo que digamos sirva para ser aplicado cotidianamente en su entorno. ¡Impulsémoslos a caminar!

Relaciónese y respete a cada adolescente como persona, él tiene la imagen de Dios, es valioso. Dele un espacio y atención para reconocer sus capacidades ayudándole a potenciarlas1. En este camino no podemos dejarlos solos, por el contrario, acompañemos y dirijamos sus pasos, siempre puestos los ojos en el Maestro de maestros. ¡Caminemos juntos!

“Ocúpate en estas cosas; permanece el ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ellos, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” 1 Timoteo 4:15-16 RVR1960

BIBLIOGRAFÍA

1.Arroyo, 2019. La Pastoral a los adolescentes. Capacitación a maestros y líderes, Creesiendo hasta llegar.

2.La Biblia. Revisión Reina-Valera 1960. Epístola de Santiago 1:22. Sociedades Bíblicas Unidas

¡Después lo hago!

¡Después lo hago!

Escrito por Damaris Martínez Sedas
Adolescentes

El día tiene 24 horas, y generalmente lo dividimos en ocho horas de sueño, más ocho horas para ir a la escuela o trabajo, más otras ocho horas para actividades varias como pasatiempos, deportes, familia, iglesia, etc. Sin embargo, hoy en día personas de todas las edades posponen o aplazan tareas, deberes y responsabilidades por otras actividades que les resultan más gratificantes pero que no son importantes, a esto se le llama procrastinar; en otras palabras, cuando se tiene una actividad pendiente de concluir puede generarse una sensación de ansiedad, por lo cual se evade esa tarea realizando otra actividad sin importancia. Por ejemplo, cuando tienes que estudiar para un examen y aplazas ese deber platicando con tus amigos en redes sociales.

“Hay un tiempo señalado para todo,
un tiempo para cada actividad bajo el cielo…
Un tiempo para llorar y un tiempo para reír;
un tiempo para entristecerse y un tiempo para bailar…”
Eclesiastés 3:1,4. (NTV)

Debido a que existen muchos distractores que te impiden avanzar y cumplir tus objetivos, analiza todos los días lo que haces con tu vida. Revisa constantemente tus hechos y evalúa lo que te está redituando más crecimiento espiritual y personal. De las 24 horas del día, ¿Cuánto le dedicas a Dios, a tu familia, a tu crecimiento académico, a tus amigos y a tus pasatiempos?

“Bienaventurada es nuestra juventud cuando no deja recuerdos que nos avergüencen en la vejez.”*

Una persona que nunca necesitó que le recordaran que su tiempo era para dedicárselo al Señor fue el Hijo de Dios, Jesús. Después de asistir a la fiesta de la Pascua con sus padres terrenales, Jesús tomó la decisión de quedarse un poco más y pasar un tiempo en la casa de su Padre celestial. Incluso a la temprana edad de doce años, él entendió cuál era la mejor forma de usar su tiempo. **

Así que, aquí te dejo algunas estrategias para administrar mejor tu tiempo y dejar de procrastinar:
1. Pon metas y objetivos
2. Piensa en lo que podrías ganar
3. Establece una rutina
4. Haz primero las tareas más molestas
5. Prémiate por el logro obtenido

Cuida tu tiempo, es el tesoro más valioso que posees. Procura que al final de cada día puedas decir:
“¡Qué provechoso fue!”, y no digas: “¿En qué se me fueron las horas de este día?” Aprovecha éste hermoso y preciado obsequio de Dios.

Bibliografía:
*Askenazi E. (2007). Bat Mélej. Reflexiones, consejos y relatos para la superación de la mujer judía. 1a Ed. México, D.F.
**Frazee R. D. (2015). Creer para jóvenes. 1a Ed. Miami, Florida.