Los maestros enseñan

Considerando que por naturaleza y por factores propios de su edad, el adolescente es dado al “placer de su corazón y de su vista” (Eclesiastés 11:9), el sabio escritor bíblico hace un gran consejo o exhortación: “Quita pues el enojo de tu corazón, aparta el mal de tu carne, porque la mocedad y la juventud son vanidad” Eclesiastés 11:10.

Ante tal realidad, los padres, maestros y pastores debemos enseñar los principios bíblicos y religiosos desde una temprana edad. Tenemos el ejemplo de Timoteo que, aunque su padre era griego, fue instruido aprendiendo las enseñanzas de su madre y abuela (Hechos 16:1-2, 2 Timoteo 1:2-5, 2 Timoteo 3:14-15)

“Los maestros enseñan”

De acuerdo con esta premisa, es necesario recordar que como maestros tenemos el compromiso de:

  1. Enseñar al adolescente el valor de las Sangradas Escrituras, su origen y su beneficio.
  2. Mostrar la importancia de estudiar la Biblia y escudriñarla, así, el muchacho podrá discernir entre el camino de bien y el que no lo es.

Daniel se negó a comprometer sus convicciones aún al encontrarse en medio de una cultura antagónica (Daniel 1:8-21). Los tres jóvenes arrojados al horno de fuego prefirieron morir quemados antes que negar su fe en Dios (Daniel 3:16-18). Aquí vemos la importancia de una educación y formación de convicciones reales acerca de lo que creen, desde su juventud y niñez.

“Nuestros adolescentes necesitan una creencia profunda y firme en Dios, y su Palabra; una creencia que les dé un fundamento sólido y los arraigue en la fe de tal manera que cuando lleguen las pruebas o tribulaciones o tormentas de la vida, puedan permanecer firmes” Josh McDowell

“Los maestros enseñan”

Para lograr esas enseñanzas profundas, los maestros debemos:

  1. Tener momentos de estudio en condiciones adecuadas, como lugares cómodos (aire, luz, etc.)
  2. Buscar herramientas físicas de enseñanza (pizarrones, libros, cosas visuales, etc.)

Debemos esforzarnos al máximo para lograr la confianza de los adolescentes. Para ello podemos organizar juegos, lunadas, meriendas, además de reuniones creativas, retiros, campestres, entre otros. También debemos generar diálogos, mesas trabajo, conferencias, entrevistas y muchas otras actividades que proporcionen confianza y hagan más fuerte el vínculo entre grupo y maestro.

La carta a los Hebreos, en el capítulo 11 se titula “La excelencia de la fe y ejemplos que muestran su eficacia y su poder”. En este capítulo y todo el libro se mencionan personas que demostraron su fe y su convicción al Dios Todopoderoso.

Hoy, los muchachos deben cultivar la fe que tienen a fin de ser estables en lo que creen, como dijo el apóstol Pablo “que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia los artificios del error” Efesios 4:14

Maestros, dediquémonos a enseñar con amor las cosas relevantes que brindarán a cada adolescente las herramientas para vivir firmes, con sus pies seguros en la roca que es Cristo Jesús.

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