TRANSFIGURANDO EL MUNDO

El evento de la transfiguración de Jesús, es un tanto enigmático pero, sin duda, apunta a la revelación progresiva del Salvador, de su misión y de un carácter didáctico que tiene como propósito mostrarnos al Señor, moviéndose entre los hombres, entre peligros, a sabiendas de todo lo que va a acontecer y no obstante; asumiéndolo. El cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio… (Hebreos 12:2), como un ejemplo para nosotros. El evento se encuentra mencionado en tres de los evangelios; Mateo, Marcos y Lucas.

El primero nos dice que fue una visión, Jesús les mandó diciendo: No digáis a nadie la visión… (Mateo17:9). Pero aún hay algo más, antes de entrar a tratar el tema.

El pasaje se encuentra determinado, en el Evangelio de Marcos, por su propio contexto, es decir; entre la curación de dos ciegos: El de Betsaida que es sanado gradualmente, como si Jesús no le hubiera echado todas las ganas desde el principio, lo cual obviamente no es así, sino más bien Jesús, en la estrategia narrativa de Marcos; nos dice que en ocasiones no vamos a ver o comprender las cosas en su correcta dimensión, a la primera, sino que necesitamos en lo sucesivo del toque constante del Maestro. La otra sanidad es la de Bartimeo, que al ser sanado a la primera nos habla de que cuando pasamos del borde del camino, al «camino de Jesús» podemos comprender, a través del devenir de nuestra vida, la voluntad de Dios.

Este trecho comprende Marcos 8:22 al 10:52 y forma una unidad de pensamiento, porque es aquí donde Jesús muestra, por tres ocasiones, que va a ser entregado y que va a sufrir, y las tres ocasiones los discípulos no comprenden el significado, la magnitud, ni su papel, ante tan crucial evento. La primera vez que Jesús anuncia su muerte y sufrimiento (8:31-33), Pedro lo censura y lo reprende, es decir: no entendieron. La segunda vez que anuncia su muerte y sufrimiento (9:30-34), Jesús les llama la atención por discutir entre ellos quién de ellos sería su sucesor, no comprendieron tampoco. Y la tercera vez (10:32-45), Jesús recibe una solicitud inusual de dos hermanos que quieren anticiparse a los demás para tener los mejores puestos. Ante cada tentativa de Jesús por que comprendan la magnitud de lo que se avecinaba, por prepararlos para el futuro, ellos ven las cosas un tanto borrosas, como el ciego de Betsaida, y no puede ser de otro modo, porque vamos conociendo a Jesús de una manera progresiva. Ante cada intento fallido de los discípulos por entender, Jesús ofrece una enseñanza magistral, que nos ubica en el centro mismo de nuestro ministerio: La respuesta de Jesús ante el primer fracaso de Pedro es: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame… (8:34-38); la respuesta de Jesús ante la discusión de los apóstoles nos dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. Y tomó un niño y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí…» (9:35-37); la última respuesta de Jesús, ante los dos ventajistas hermanos es: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (10:42-45).

¿Cómo ves? No cabe duda que el discipulado requiere mucha paciencia, sacrificio, tolerancia y amor. Hasta aquí Jesús nos da tres joyas acerca del verdadero ministerio cristiano.

  1. Los cristianos debemos querer sacrificar nuestra vida por los demás, es decir entregar nuestro tiempo, talento, dones, profesión, oficio, habilidades a favor de nuestro prójimo. Es un llamado radical y sin duda, en algo tienes que invertir tu vida y tienes que decidir en qué realmente te vas a convertir, porque solo tienes una vida.
  2. Los cristianos debemos querer servir a los demás, antes de desear obtener puestos, reconocimiento o recompensas. Sin duda nuestro pedazo de humanidad caída, tiene la inclinación de hacer méritos para ganar puestos, pero no debe ser eso el fin último, sino el imitar a Jesús.
  3. Jesús eleva el sentido del servicio al decirnos que sirvamos a los niños, porque no hay servicio más sincero que aquel que se realiza a alguien que no puede darte nada a cambio, cuando nadie te está viendo o cuando no vas a tener ningún tipo de reconocimiento o recompensa.

Es en este contexto; el de una revelación gradual de las consecuencias del ministerio, es que Jesús toma a tres de sus discípulos y los lleva a un monte donde se transfigura. Ellos no van a comprender todo en ese momento, el mismo Jesús les da indicaciones de que no lo digan a nadie sino hasta después de la resurrección, y ellos no entienden siquiera de que les está hablando: Y descendiendo ellos del monte les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos (9:9-10) ¿Te das cuenta? Es demasiada información en tan poco tiempo; no importa, no se podía dar vuelta atrás, tenían que marchar hacia adelante, aunque no comprendieran todas las consecuencias del discipulado, todo lo que estaba por venir. Pero realmente así es la vida, vas conociendo las cosas poco a poco. Estaban a punto de cambiar el mundo y no lo sabían: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús (Hechos 17:6-7).

El Evangelio de Lucas nos dice parte del diálogo de alto nivel que tuvo Jesús en la visión, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén (Lucas 9:31). Ahí estaban los tres apóstoles, somnolientos, pero sin poder permitirse perder este sublime momento que estaban experimentando, nerviosos, temerosos; sin saber qué papel jugar, se les ocurre una gran idea. Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Porque no sabía de lo que hablaba, pues estaban espantados (Marcos 9:5-6).   Digamos que la mejor idea que se les ocurre es quedarse a vivir ahí, en esa montaña, con tremenda compañía, en un estado de éxtasis y de bienestar que no habían experimentado. Pero ¡no!, Jesús les había permitido echar un vistazo al Reino de Dios venido con poder (9:1), les había dado la oportunidad de compartir algo especial, pero la misión no estaba en la montaña, sino entre la multitud del verso 14, la misión no estaba arriba, sino abajo, en las bases, entre «los de abajo», entre los enfermos y necesitados. La misión les esperaba en los rostros de esa multitud necesitada, en la vida de ese hijo poseído de mal, que echa espumarajos y cruje los dientes y se va secando(9:18).

A través de esta experiencia su comprensión de la misión se nutrió y se enriqueció enormemente. Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (1 Juan 1:1).

El evento de la transfiguración es un reto actual. Dios, sin duda; nos provee de comodidades, educación, ciertas posibilidades tecnológicas, adelantos científicos de los que nos beneficiamos, pero la misión está con la gente, con los necesitados, con los marginados, con los indefensos, con los discapacitados, con los pobres, con los enfermos. Y no hay correo electrónico que sustituya un buen abrazo, y no hay charla en whatsapp, que sustituya a una persona que realmente está a tu lado, que te escucha, que llora contigo y que no tiene que utilizar emoticonespara aparentar una empatía que realmente no siente; Facebook, como comunidad virtual, no puede suplir a una comunidad de fe y de amor, no hay nada que sustituya a una persona que se acerca, que te ama, que así se entrega en pedazos, en pedazos de vida, en pedazos de vida eterna.

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