Un matrimonio que proclama el evangelio

UN MATRIMONIO QUE PROCLAMA EL EVANGELIO

Las últimas palabras de Jesús antes de ascender a los cielos fueron proféticas:  Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8).

Cada discípulo de Jesús se constituye en un testigo, así que cada matrimonio cristiano debe testificar su fe como estilo de vida. Además, debe mostrar su amor y su unidad en el seno de su familia, para poder impactar con el evangelio a su red más cercana (familia, vecinos, amigos y compañeros de trabajo). Su testimonio tiene mucho que decir delante de todas las personas que les rodean. Dentro del buen testimonio de un matrimonio cristiano está el compromiso con el Señor Jesucristo y su misión.

Tenemos algunas preguntas para ustedes: Los matrimonios de nuestra iglesia, ¿están comprometidos con la misión? ¿Están testificando el amor de Dios? ¿Qué se requiere para que proclamen el Evangelio?

Tomaremos el inmejorable ejemplo que nos presenta el matrimonio de Priscila y Aquila, un excelente matrimonio cristiano. Su historia de fe nos mostrara las características que un matrimonio debe tener para proclamar el evangelio.

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe estar convertido a Cristo» (18:1-2).

Es muy probable que Aquila (cuyo nombre significa Águila) y Priscila (nombre que es diminutivo de Prisca y que quiere decir Anciana); ya eran cristianos desde que estaban en Roma. Lo podemos deducir porque no hay ni una sola referencia de que hayan sido evangelizados por Pablo y también está el hecho de que fueron expulsados de Roma por el emperador Claudio. Según Suetonio, historiador romano del primer siglo, afirma que los judíos fueron expulsados por un problema creado acerca de uno llamado El Cristo. Y el historiador cristiano Orosio afirma que tal expulsión se dio en el año 49 d. C. Así que podemos afirmar que Aquila y Priscila fueron echados de Roma debido a su predicación del evangelio. Pero lo que podemos resaltar es que esta pareja era un matrimonio fiel a Dios, y su pertenencia a Cristo era a  toda prueba. Como resultado de la expulsión del emperador, tuvieron que viajar al oriente para instalarse en la cosmopolita Corinto. La Palabra de Dios dice: Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra (Tito 3:1). Y eso hicieron ellos porque practicaban una vida cristiana.

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe estar comprometido con el trabajo misionero» (18:18).

Por la referencia de Hechos 18:1-2, el apóstol Pablo dejó Atenas y se fue a vivir a Corinto, Aquila y Priscila lo hospedaron. Cuando Pablo decide continuar su viaje misionero, sale de Corinto y va a Éfeso, este matrimonio le acompañó. Es evidente que ellos tenían un gran amor por la obra del Señor Jesucristo, no solo dispusieron su casa para establecer la iglesia (Romanos 16:3-5), sino también había disposición de ayudar para sembrar una iglesia en otro lugar. Tal parece que cuando Timoteo llegó a Éfeso y luego salió como evangelista itinerante por algunas ciudades de Asia Menor, este matrimonio le acompañó en la proclamación del evangelio. Esto se deduce de los saludos que Pablo les envía en su segunda carta a Timoteo: Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo (2 Timoteo 4:19).

Si nosotros como matrimonios decidimos comprometernos y dedicar tiempo, recursos y esfuerzo para abrir grupos familiares o apoyar a las misiones de nuestra iglesia, el crecimiento de la iglesia será otro. Dios obre en nuestros corazones y tomemos el ejemplo de este hermoso matrimonio neo-testamentario.

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe ser celoso y guardador de la sana doctrina (18:24-26).

La Escritura dice que estando ellos todavía en Éfeso, llegó a esa ciudad un judío llamado Apolos quien era un poderoso predicador en las Escrituras. Pero a pesar de ser tan elocuente, Apolos necesitaba una mejor instrucción en la doctrina cristiana. Él conocía sólo el bautismo de Juan, pero éste era para arrepentimiento de pecados; en cambio, el bautismo en Jesucristo, además del perdón de pecados, es para recibir el don del Espíritu Santo. Y Priscila y Aquila se encargaron de enseñarle e instruirle para que su ministerio fuera todavía más firme y poderoso. Cuán importante es que nosotros estemos bien cimentados en la Sana Doctrina, para poder vivirla, guiar e instruir a los demás.

En estos tiempos, algunos cristianos, especialmente nuestros jóvenes son arrastrados por diferentes corrientes de doctrinas, principios y prácticas, no sustentadas en la Palabra de Dios, es cuando matrimonios con madurez cristiana y celo por la sana doctrina debemos intervenir, siguiendo el ejemplo de Aquila y Priscila, para exhortar e instruir a quien ande errado en el camino de la fe. La Palabra de Dios nos invita: Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra (2 Tesalonicenses 2:15).

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe poner todos sus recursos para la obra de Dios».

Aquila y Priscila en donde quiera que radicaron abrieron las puertas de su casa para que se predicara la Palabra de Dios.

1. Cuando estaban en Roma: Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. Saludad también a la iglesia de su casa… (Romanos 16:3-5a).

2. Cuando vivían en Éfeso: Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor (1 Corintios 16:19).

En la actualidad, muchos matrimonios han abierto sus casas para establecer la obra de Dios, hoy muchas iglesias nacieron en las casas de los hermanos. ¡Atrévete a experimentar tan ricas bendiciones! ¡Abre tu hogar y ponlo al servicio del Señor! Y haz tuya esta palabra: … Yo y mi casa serviremos a Jehová (Josué 24:15).

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe ser un ejemplo para los demas».

Seis pasajes del Nuevo Testamento hablan de este matrimonio y todos ellos son referencias altamente positivas, ninguna negativa y todas basadas en el trabajo de la misión. Algo que llama nuestra atención es que la primera vez que se mencionan es en Hechos 18:2 y en los saludos paulinos a los corintios (1 Corintios 16:19). Aquila, que es el varón, es mencionado primero. Pero en todas las demás ocasiones (Hechos 18:8; 18:26; Romanos 16:3 y 2 Timoteo 4:19). Priscila es mencionada antes que Aquila ¿Por qué será? Posiblemente porque ella era la que tomaba la iniciativa en muchas de las cosas espirituales. ¡Y así es todavía en nuestros días! ¡Y qué bueno! ¡El Señor siga encaminando el corazón de nuestras hermanas para alentar a sus esposos y formar matrimonios y familias cristianas de excelente testimonio!

Los matrimonios comprometidos con la «Proclamación del Evangelio» son aquellos que:

1. Han experimentado un encuentro personal con Jesús, de tal manera que sus vidas revelan una verdadera conversión.

2. Están dispuestos a compartir lo que Dios les ha bendecido, dedicando tiempo, esfuerzo y recursos, para la predicación del Evangelio.

3. Son temerosos de Dios, guardadores de la sana doctrina y guía para otros creyentes.

4. Aman la obra de Dios y están dispuestos a colaborar con las misiones e incluso a prestar su casa para establecer Grupos Familiares, o para iniciar una misión.

5. Y por último, se mantienen como un matrimonio fiel a Dios, son iconos en su congregación y muchos les quieren imitar porque representan un ejemplo a seguir.

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EL MATRIMONIO Y LA MISIÓN DE LA IGLESIA

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Hace ya unos veinticinco años, cuando mi esposa y yo iniciamos nuestra amistad, fuimos invitados por su compañera de trabajo a su casa para una reunión de amigos que tenía planeada. Sin saber de qué se trataba, al llegar nos dimos cuenta que era una reunión de estudio bíblico a lo que llamó «Célula». Fue la primera vez que escuchamos este término para lo que nosotros llamamos Grupos Familiares. Cuando llegamos, algunos de sus vecinos ya habían estaban allí para orar y escuchar un mensaje. Dentro de las actividades propias de la reunión, quien dirigía la palabra tomó a Verónica y a mí, quizá pensando que éramos pareja y comenzó a orar para que Dios nos diera un propósito en sus planes. Fue la primera y última vez que vimos a este predicador. Hace unos meses, mi esposa me recordó sobre ese momento que habíamos experimentado y que en lo personal casi lo había olvidado, ella había atesorado este momento entre sus recuerdos como el primer día que alguien oró por nosotros. Su oración había tenido el propósito de ponernos en las manos de Dios para el camino que hasta hoy hemos recorrido. Después de tres años de noviazgo y veinte de matrimonio, puedo concluir, por la fuerza de la evidencia, que la mezcla de la misión de Dios y los aspectos particulares de nuestro matrimonio, han fortalecido nuestra unión.

No es fácil lograr un matrimonio estable y duradero si no se va más allá de los roles del hogar; los compromisos con los hijos; y tratar de mantener la llama del amor. Si no se tiene un propósito que sea trascendente y en el que todos estemos incluidos no sé cuántos de los matrimonios que continúan estarían en estas mismas condiciones. La vida de Iglesia no se ejerce en solitario, es más, ningún propósito debería seguirse solo si se quieren lograr las metas propuestas. El evangelio abarca a familias enteras, así está diseñado desde los términos bíblicos del Nuevo Testamento para la relación de Dios con los creyentes donde somos colocados como Padre–Dios–e hijos–nosotros–. Observamos además cómo entre los primeros conversos de la iglesia se dieron transformaciones integrales entre familiares y amigos cercanos que trabajaron juntos como Bernabé y Marcos (tío y sobrino), Priscila y Aquila (esposos), o que se convirtieron juntos a la invitación del evangelio como Cornelio y su familia, o el carcelero de Filipos y su casa (familia). Y si a todo esto le agregamos que el Antiguo Testamento trata predominantemente sobre la creación de un pueblo a partir de familias patriarcales y que éstas en lugar de dispersarse se entrelazaron con un propósito indivisible y sustentado por la fe, podremos dimensionar el valor que el matrimonio y la familia adquieren en la encomienda de Misión.

La fe se vive en familia y cuando alguno de los miembros falta, escuchamos el clamor de los padres porque sus hijos sean alcanzados por Cristo. Es por ello que debemos recuperar el sentido familiar de la misión e involucrarnos desde el matrimonio para alcanzar a otros esposos y otros hijos para el Señor. No podía ser diferente si tratamos de construir y articular esta comunidad de fe llamada Iglesia. Desde el mismo Jesús vemos cómo su familia tomó un papel principal en su infancia, realizando las tradiciones propias de su vida de fe, y en su ministerio no faltó su madre que le acompañó entre sus discípulos y que seguramente fue parte de la naciente Iglesia en pentecostés. Entre la población de nuestra Iglesia podemos observar un fenómeno sobre el crecimiento numérico, y es que, entre las familias que viven en etnias de ascendencia indígena, cuando se convierten los padres es casi seguro que se convierta toda la familia, incluyendo muchas veces a la familia extendida. El individualismo de la población urbanizada que es donde mayoritariamente tiene presencia la Iglesia en la república mexicana, ha hecho que esposos lleguen solos a la iglesia, ya sea sin sus hijos, o sin su cónyuge. Que bendición es observar a familias completas que llenan un espacio en el culto, donde todos sus integrantes participan y son un buen testimonio para quienes llegan por primera vez, promoviendo así un trabajo de integración para los nuevos que han sido alcanzados.

El papel de los matrimonios en la misión de la Iglesia consiste en recuperar el espíritu de la familiaridad que nos distingue, porque no hay testimonio de conexión con Cristo más contundente para quienes nos visitan, que ver familias enteras transformadas por el poder de la Palabra. Familias que se instruyen y que crean una red de relaciones irrompibles por una fuerza más grande que la que da el parentesco sanguíneo. Hemos sido rescatados por gran precio, el precio de su amor, de su misericordia. Tenemos un vínculo no solo entre nosotros sino con todo aquel que ha transitado el camino de la fe, una fe que en muchas familias ha sido heredado desde los abuelos y que seguirá mientras le demos valor a la comunión de esta red de familias. Tomemos consciencia a tiempo y comencemos desde el matrimonio a trabajar juntos integrando al resto de la familia por la consolidación de una iglesia má fuerte que trascienda más allá nuestras convicciones individuales, compartamos la fe en familia, participemos juntos con alegría de nuestras reuniones haciendo notar al mundo inconverso que ¡Ha llegado la salvación a toda nuestra casa!

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NO TODO SE TRATA DE MÍ

NO TODO SE TRATA DE MÍ

Abraham Lincoln dijo: «Si quieres probar el carácter de un hombre dale poder». El orgullo, la soberbia y el protagonismo, presentan un importante reto al siervo de Dios, ya que la naturaleza pecaminosa de la carne y los antivalores de este mundo, pueden llegar a infiltrarse en la más poderosa armadura.

En su segunda carta, Pedro habla de una manera muy hermosa acerca de las alturas alcanzadas por los cristianos; de ser, al igual que Cristo, Piedras vivas (1 Pedro 2:4-5), de ser un linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido (2:9) y de ser pueblo de Dios (2:10), pero inmediatamente les ruega que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma (2:11) y comienza una serie de exhortaciones que aparentan ser un viraje extremo, ante el cual uno se pregunta ¿Pues entonces qué? ¿Son o no son, todo lo que se ha dicho de ellos? ¿Cómo es posible que un hijo de Dios escogido, sacerdote, santo, adquirido, todavía batalle, con cosas que se suponen superadas?

De la misma manera, los siervos de Dios, hemos sido tocados, de una forma muy especial por su gracia, tenemos el privilegio de ser hechos Pastores, Diáconos, Ministros, Obreros, Líderes, el honor de ser sus embajadores; pero sin duda, batallamos en nuestra alma, contra muchos deseos carnales. La comprensión de esta ambigüedad, nos debe de llevar a ser humildes, mansos, modestos, siempre teniendo cuidado de nosotros mismos, como dijo David ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos (Salmo 19:12).

En mis días de seminario escuchaba constantemente, de parte de los maestros, que el Pastor batalla con las tres «F», pero no piense en las famosas tres «efes» que todo hombre, se dice, debe tener: «feo, fuerte y formal» ¡No, decían! cuídense de las tres «efes»: faldas, fama y finanzas, que son las tres tentaciones más graves de todo Siervo de Dios. Hablaremos un poco de la segunda.

Dice la Palabra de Dios, que Nabucodonosor, era un rey muy poderoso, los libros de historia secular, nos hablan del gran constructor de Babilonia y forjador de un gran y vasto imperio. Él, sí tenía motivos humanos para sentirse poderoso, orgulloso, arrogante, pues todo giraba en torno a él, a sus decisiones, a sus políticas, a los caprichos y excesos de un déspota oriental.

Aunque Babilonia tenía muchos siglos de existir, antes que él, fue Nabucodonosor, quien reconstruyó la ciudad, y la volvió, en la ciudad más grande y hermosa de su tiempo. Cavaron una enorme fosa alrededor de la ciudad, la llenaron de agua, desviando parte del caudal del río Éufrates, la bordearon con una muralla enorme, con palacios y construcciones magníficas, su sistema hidráulico la convirtió en un oasis en medio del desierto, y con sus jardines colgantes, una maravilla del mundo antiguo; además logró grandes victorias militares, hasta volverse, el más poderoso imperio de su tiempo, pues fue capaz de vencer a los asirios y de someter y convertir en tributarios a todos los pueblos y naciones de alrededor, incluyendo al pueblo judío, a quién tiempo después le destruirían su Templo, las murallas, la ciudad de Jerusalén y se llevarían cautiva, a la mayor parte de su población a Babilonia.

Nabucodonosor, en el apogeo de su poder y en lo máximo de su gloria, tuvo varios sueños, en el capítulo 2, del libro de Daniel, nos habla del sueño de la gran estatua, que al habérsele olvidado, no había quien le pudiera descifrar nada, y que por este motivo, estuvo a poco de matar a todos los que se decían sabios en Babilonia; sin embargo fue Daniel, un joven hebreo, quien libró la situación, al declarar e interpretar el sueño, con mucha humildad y mesura, dándole el crédito al Dios: Entonces el arcano fue revelado a Daniel en visión de noche; por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo (Daniel 2:19ss). Y a mí ha sido revelado este misterio, no por sabiduría que en mí haya más que en todos los vivientes, sino para que yo notifique al rey la declaración (Daniel 2:30). Terminado este episodio, Nabucodonosor, «aparentemente» reconoce la supremacía del Dios verdadero El Rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente que el Dios vuestro es Dios de dioses, y el Señor de los reyes, y el descubridor de los misterios… (2:47ss).

Y es increíble, que después de esta experiencia, en el capítulo 3, él mismo se manda a hacer una estatua de oro, como la del sueño, de veintisiete metros de alto, por dos y medio de ancho para que todos la adoraran, pero los tres compañeros de Daniel: Sadrach, Mesach, y Abed-nego, no lo hicieron y fueron arrojados a un horno de fuego, calentado siete veces más de lo común (3:19ss). Dios guardó a sus hijos y después de experimentar ese poder, Nabucodonosor, tuvo un nuevo y fugaz «ataque de conversión»: Nabucodonosor habló y dijo: Bendito del Dios de ellos, de Sadrach, Mesach, y Abed-nego que envió su ángel, y libró sus siervos que esperaron en él (3:28-29).

Después de estas dos oportunidades, que Dios le dio al rey, de reconocerlo verdaderamente en su vida, en el capítulo 4 tiene un sueño más, que no le da un buen augurio; al momento de interpretar el sueño, Daniel, quedó impactado, por el significado que Dios le estaba mostrando y al ver que dudaba en declarárselo, Nabucodonosor le urge: Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, estuvo callando casi una hora, y sus pensamientos lo espantaban. El rey habló, y dijo: Beltsasar, el sueño ni su declaración no te espante. Respondió Beltsasar, y dijo Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su declaración para los que mal te quieren (4:19ss).

Resulta que, a través del sueño, Dios le estaba advirtiendo contra su pecado, su arrogancia, egoísmo, maltrato, injusticias, abusos, explotación, e iniquidades que cometía contra el pueblo: Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad (4:27).

A Nínive le dieron cuarenta días para arrepentirse (Jonás 3:4ss) y lo hicieron, y no llegó el castigo en esa generación. Pero a Nabucodonosor le dieron doce meses, un año, (4:29ss), no obstante, el sueño, la advertencia y todo lo que esto significó; él no cambió ni un ápice de su soberbia.

Dice la Palabra: Al cabo de doce meses, andándose paseando sobre el palacio del reino de Babilonia, habló el rey, y dijo: ¿no es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi grandeza? Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando cae una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: el reino es traspasado de ti; y de entre los hombres te echan, y con las bestias del campo será tu morada, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo se enseñorea en el reino de los hombres, y a quien él quisiera lo da (4:29-32ss).

Dios lo castigó quitándole la razón, haciéndole quedar como un animal durante siete años, después de los cuales dice la Palabra: Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi sentido me fue vuelto; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades… En el mismo tiempo, mi sentido me fue vuelto, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis grandes me buscaron; y fui restituido a mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y humillar puede a los que andan con soberbia (5:34-37).

Aprendió la lección ¿no es cierto?, comprendió que el asunto, no se trataba de él, que las cosas no las había logrado por él, que debía ser humilde, honesto, tratar con consideración a las personas, que tenía que dejar a un lado su soberbia.

El Apóstol Pablo, el Apóstol de los gentiles, lo comprendió muy bien pues dijo: Yo mismo tengo motivos para tal confianza. Si cualquier otro cree tener motivos para confiar en esfuerzos humanos, yo más: circuncidado al octavo día, del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa; en cuanto a la interpretación de la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable. Sin embargo; todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia… (Filipenses 3:4-9a, NVI).

La Palabra, nos insta a luchar contra la tentación del egoísmo, de centrar toda la atención en nosotros mismos; nuestra principal preocupación debe ser, rendir la gloria al Señor en todo lo que somos y hagamos, procurando el bienestar de nuestros hermanos, antes que el nuestro propio: En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios… Hagan como yo, que procuro agradar a todos en todo. No busco mis propios intereses, sino los de los demás, para que sean salvos (1 Corintios 10:31,33, NVI).

Aprendamos a disminuir las pretensiones personales, a valorar la importancia de llevar una vida sencilla, de escuchar la voz de Dios, en las llamadas de alerta, a desterrar la soberbia, la egolatría, el orgullo, el narcicismo, y a mantener una actitud confiada en los propósitos de Dios: Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado (Romanos 12:3, NVI).

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Esa fuerza maravillosa que da nueva vida

ESA FUERZA MARAVILLOSA QUE DA NUEVA VIDA

lo largo de la historia han habido quienes han estado dispuestos/as a hacer la voluntad de Dios; sin embargo, la enorme mayoría ha fallado en ese intento, pues hacer la voluntad de Dios no es algo que esté al alcance de una criatura finita, limitada y débil como lo somos nosotros los seres humanos; criaturas en cuya naturaleza está el pecado, un poder que provoca que no atinemos al blanco, que constantemente estemos buscando la manera de «traspasar la línea» y tengamos la tendencia a distorsionarlo todo. Algunos han creído, equivocadamente que, para andar en la voluntad de Dios es suficiente con conocer la ley de Dios y cumplirla; pero no es así, aunque la ley es una expresión de la voluntad de Dios, no nos capacita para realizarla, por ello se hace necesario que en nosotros opere esa fuerza maravillosa que da nueva vida llamada Espíritu Santo.

¿A qué le llamamos espíritu?

Nuestra sociedad ha construido a lo largo de su historia una manera de comprender la realidad, somos el resultado de una mezcla de visiones que han confluido: prehispánica, católico medieval, moderna, etcétera. En nuestra manera de ver el mundo es común encontrar que la palabra espíritu es comprendida como la referencia a un ser inmaterial, por ejemplo, el diccionario de la Real Academia de la lengua Española1  lo define así: «espíritu. (Del lat. spirĭtus). m. Ser inmaterial y dotado de razón. || 2. Alma racional. || 3. Don sobrenatural y gracia particular que Dios suele dar a algunas criaturas. Espíritu de profecía. || 4. Principio generador, carácter íntimo, esencia o sustancia de algo». Se ha comprendido que el espíritu o lo espiritual es una sustancia; esta tendencia viene de varias fuentes, por ejemplo, entre las culturas prehispánicas se tenía la idea de que había espíritus presentes en la realidad y que éstos se manifestaban de maneras diferentes. A esta práctica, presente en diversas culturas del mundo se le conoce como animismo, en ella estos espíritus son como fantasmas que pueden poseer o ejercer acciones sobre objetos materiales. En el mundo griego, que ha influenciado de manera determinante al occidente, a la sustancia no material se le comprendía como éter (aitherios / αιθεριος) o etéreos, esta era la sustancia que respiraban los dioses y que después pasó a ser comprendida como la sustancia del mundo espiritual: el cuerpo en el mundo espiritual, se denomina cuerpo etéreo o vital, a aquel donde se concentra la más baja vibración y expresa el principio vital. Se trata del gemelo metafísico del cuerpo material al que le brinda energía y lo rodea, interactuando con él, pero no se puede ver ni tocar. Si el cuerpo etéreo se distorsiona, el cuerpo físico se enferma2.

Lo anterior es revelador para orientarnos y saber que cuando un creyente contemporáneo escucha o lee la palabra espíritu en la Biblia, tiene la tendencia a pensar en ello como si se tratase de un fantasma o un ser incorpóreo (etéreo) con rasgos personales. Esta comprensión es mucho más evidente en la traducción de la Biblia al inglés conocida como King James, en la que se traduce Espíritu Santo como Holy Ghost (fantasma santo) y no como Holy Spirit (santo espíritu) o Holy Breath (aliento santo) o Holy Wind (viento santo) que serían traducciones más plausibles.

Sin embargo; en el pensamiento hebreo, reflejado en el texto sagrado del primer testamento, no hay lugar para los espíritus como sustancias o seres que existen como sustancia etérea; el espíritu es una fuerza, es un poder que anima, que impulsa, que empuja, que se hace evidente en el aliento, en el movimiento de las cosas. Así, aquello que mueve a los seres sean humanos o a los animales es espíritu (por eso se habla de: espíritu de sabiduría (Éxodo 31:3), espíritu de celos (Números 5:30), espíritu de adivinación (1 Samuel 28:7), espíritu de mentira (1 Reyes 22:23), espíritu de mi inteligencia (Job 20:3), espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová (Isaías 11:2), entre otros. El espíritu es un impulso, una motivación, es aquello que alienta a las personas a actuar de determinada manera. Puede ser tanto en un sentido positivo como en uno negativo; así, si su motivación es la mentira será espíritu de mentira, si la motivación es la verdad será espíritu de verdad, etcétera.

Por supuesto que la palabra espíritu en el idioma hebreo tiene más acepciones y aplicaciones y dependerá del contexto apropiado saberlo. Lo que es básico entender es que la palabra hebrea para hablar de espíritu es ruah (חור), cuya traducción primaria es aliento; es decir, el aíre en movimiento que se expulsa al respirar, y es una palabra descriptiva para hablar del vigor, el valor, la fuerza o la energía.

Tomando como base lo anterior, recordaremos la expresión del apóstol Pablo: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia (Efesios 2:1-2). ¿Qué es este espíritu que opera ahora en los hijos de desobediencia? ¿Qué alienta al ser humano a hacer lo que hace?

Para comprender esta realidad pondré dos ejemplos, uno que es ilustrativo y otro que estamos viviendo en carne propia.

En el año 2000, los estudios Disney produjeron una película llamada Dinosaurio, la cual tiene como tema de fondo la caída de un meteorito que chocó contra la tierra y provocó un cataclismo. Los dinosaurios comenzaron a realizar un éxodo buscando una tierra en la cual pudieran sobrevivir. En una de las escenas se observa al líder del grupo, por cierto un tirano-saurio-rex, guiando a los dinosaurios hacía su salvación, pero le caracteriza que es, como lo dice su nombre, un tirano, exigente, intolerante e insensible hacia los débiles, por eso en su marcha va dejando a los enfermos, a los ancianos, a los cansados, a los que tienen menos fuerza. La escena ilustra muy bien la ley del más fuerte. Por otro lado, aparece el protagonista de la película, quien es un dinosaurio joven que se preocupa por los que el tirano va dejando atrás, se ofrece a acompañarlos, a ir a su ritmo, a ocuparse de los enfermos y a cuidar a los más viejos; este personaje desafía a la ley del más fuerte y apuesta por la solidaridad y la compasión como verdadero poder para sobrevivir. El encuentro entre estos dos personajes refleja la lucha entre dos maneras de ser y dos maneras de comprender la realidad; en resumen, refleja que aunque todos desean sobrevivir en el fondo de cada uno existen motivos diferentes para hacerlo.

La película mencionada, cuya narrativa aquí es ilustrativa, nos ayudará para entender que esa misma experiencia es vivida cada día, aquí y ahora. Hace unas semanas salió una caravana de migrantes de Centroamérica buscando llegar a los Estados Unidos, su movimiento ha suscitado una gran cantidad de comentarios. Algunos a favor de los migrantes y otros en contra. Quienes hablan en contra de los migrantes constantemente apelan a la ley, recuerdan que son personas ilegales, que no tienen permiso para entrar al país, que están infringiendo la ley y que, por tanto, son delincuentes, esta actitud se apoya en lo que es legítimo y, por ello, tiene sustento en el poder legislativo y judicial. Quienes defienden esta postura se presentan como fieles guardadores de la ley, justos e imparciales.

Lamentablemente, este apego férreo a la ley es generalmente una pantalla para esconder lo que hay de verdad en el fondo. Como explica la investigadora española Adela Cortina en su libro: Aporofobia, el rechazo al pobre, un desafío para la democracia3. En él, la escritora expone que la verdadera razón en contra de los migrantes no es la raza, no es xenofobia, porque los mismos países que cierran sus fronteras a estos migrantes la abren a otros que provienen de los mismos países, la diferencia entre a quienes dan la bienvenida y a quienes rechazan no está en la raza sino en el dinero. Esta podría ser una explicación de porqué hay tal rechazo a la caravana de migrantes en América y el rechazo a los migrantes en Europa. Por supuesto que nadie dirá abiertamente que existe el rechazo hacia el pobre, el camino más cómodo y más fácil para esconder tal rechazo es la propia ley, esa ley que fue escrita para proteger al ser humano y establecer justicia y equidad.

Esa aversión al pobre, ese rechazo por el débil, hace notar Adela Cortina, puede estar anclado en la lucha por la sobrevivencia; los pobres nos recuerdan a la debilidad, y los débiles están destinados a desaparecer, esa es la ley del más fuerte.

Esta actitud, esta motivación, esta fuerza que dinamiza a las naciones poderosas a rechazar a los pobres, y aún a los pobres a unirse a ese rechazo contra sus hermanos, es un espíritu que opera en los hijos de desobediencia.

¿Qué alienta a Dios a hacer lo que hace?

Por otro lado, el evangelio trae una nueva fuerza motora para la humanidad, un impulso que alienta a los seres humanos a ir más allá de la vivencia textual de la ley, una fuerza que mueve a la nueva humanidad a ir en la dirección del aliento mismo de Dios (Espíritu de Dios).

¿Qué haría el Señor con estos migrantes? Podemos leer en la Biblia la constante preocupación de Dios por los extranjeros: porque fuiste extranjero… le recuerda a Israel (Éxodo 23:9). Dios ama al extranjero, procura su bienestar, Él se ha ocupado permanentemente del débil, del pobre, del quebrantado, su misión en el mundo es ser buenas noticias para ellos –para nosotros– (Isaías 58:7, Lucas 4:18). Eso es su Espíritu. Es Santo porque no es el espíritu del mundo, no es la fuerza que impulsa a los que luchan por sobrevivir y hacerse los más fuertes; es la fuerza que impulsa a los seres humanos a ser hermanos unos con otros y a ocuparse del que quedó atrás, del débil y el enfermo.

En una ocasión se presentó un hombre ante Jesús preguntando por la vía para ganar la vida eterna, — todo eso lo he guardado desde mi juventud; respondió después de que Jesús le indicara que el camino a la vida eterna es guardar los mandamientos. Pero este hombre no estaba motivado por un espíritu santo sino por el espíritu del mundo. Porque cuando Jesús lo invita a obedecer la ley más allá de la letra —Anda ve y vende todo lo que tienes y luego repártelo a los pobres (Marcos 10:17-22); él responde con egoísmo, se retira cabizbajo porque amaba más a su riquezas que a su prójimo. Jesús le está invitando a amar a su prójimo, pues esto es el resumen de la ley y quien ama a su prójimo ha cumplido la ley (Romanos13:8), pero él no estaba dispuesto a ser movido por el amor.

Hay un espíritu nuevo que está manifestándose al mundo, un poder transformador que alienta a la nueva humanidad, una fuerza extraordinaria que está cambiando las motivaciones humanas. No se trata de un fantasma que visita las habitaciones de los creyentes para charlar con ellos, sino de una fuerza sobrenatural que viene de Dios y transforma el corazón humano desde el fondo mismo de las decisiones, el rincón más apartado desde el que suscitan los motivos y las verdaderas razones.

El Espíritu consigue en el ser humano lo que para la ley era imposible, porque la letra no puede dar vida, solo la fuerza de Dios, el aliento divino, el poder transformador que cambia desde la raíz al ser humano. Si somos guiados por ese aliento, si permitimos que esa fuerza maravillosa que da nueva vida nos posea y dinamice, estaremos en condiciones de vivir en la voluntad de Dios, mucho más allá de lo que la letra de la ley expresa y así seremos honra, gloria y alabanza a nuestro Señor, mientras somos parte de la creación de la nueva humanidad.

Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros (Romanos 8:11).

Referencias

1 Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

2 https://deconceptos.com/general/etereo

3 Aporofobia, el rechazo al pobre: Un desafío para la democracia, Adela Cortina Orts – Ediciones Paidós, 2017.

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En lo prospero y en lo adverso

EN LO PROSPERO Y EN LO ADVERSO

En lo prospero uy en lo adverso. El cristiano ante las dificultades.

«Cuando aprendemos verdaderamente que la vida es difícil, cuando lo entendemos y lo aceptamos, entonces la vida deja de ser difícil. Porque una vez aceptado, el hecho de que la vida sea difícil ya no tiene importancia», afirmó Scott Peck en su libro «La Nueva Psicología del amor».

A menudo, en el fondo del ser se encuentra el anhelo de que no existan problemas en la vida. La razón es que éstos, implican sufrimiento, provocan sentimientos desagradables, dolor. Si bien es cierto que, no todo en la existencia es adversidad, también es cierto que no todo es prosperidad. En el peregrinaje por la vida se encontrarán tanto momentos de felicidad y plenitud como momentos de desdicha e insatisfacción. Son esos momentos problemáticos, los que es necesario también asumir como parte de la vida.

En el ministerio pastoral, se encuentran estas dos realidades. Se viven momentos dolorosos y también momentos gratos. Un rasgo de madurez es el asumir estas dos caras de la vida como posibles, de tal manera, que, cuando sucedan, se enfrenten, ya sea para gozar y disfrutar (en el caso de lo grato), o para analizar y resolver (en el caso de lo problemático). Hacerlo traerá crecimiento, aprendizaje, fortalecimiento del carácter.

En la Biblia, encontramos numerosos ejemplos de estas dos realidades. Uno de ellos es el testimonio del apóstol Pablo. Sus cartas reflejan las bondades y los dolores que implica el ministerio. Él vivió la alegría del amor fraternal de sus hermanos filipenses, así como el cuestionamiento respecto a su apostolado por parte de un sector de la congregación en Corinto. Experimentó el gozo de ver la obra del Señor expandirse, y vivió el dolor de las persecuciones.

La vida de Pablo es un ejemplo de cómo afrontar las adversidades y disfrutar las bendiciones de la vida. En Hechos 20:17-38 encontramos un discurso que ha sido denominado por muchos como su testamento de fe. Él presiente que su muerte está cercana. Por eso, ante los líderes de la iglesia de Éfeso, llamados ancianos, realiza un recuento de su vida ministerial. Este emotivo discurso en Mileto contempla tres actitudes fundamentales que lo han guiado a lo largo de su camino de servicio al Señor:

La humildad. A veces, el que anuncia corre el riesgo de remitir todo a sí mismo, de juzgar la respuesta de las personas sólo según su particular criterio, de no asumir su responsabilidad cuando las cosas no salen según sus planes. Pablo, por el contrario, reconoce que ha servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas.

Será la humildad la que permita asumir los propios errores cuando las cosas no van bien. La que posibilite la no personalización de los conflictos, de tal manera que se separe lo que son ideas y conductas de las personas en sí, asumiendo el propio criterio como una perspectiva de la realidad, pero no la verdad absoluta.

La entrega. La entrega del apóstol alcanzó los niveles más dramáticos en los momentos de persecución. No se limitaba a los momentos en que todo era a su favor. Era una actitud permanente, sobre todo, ante lo adverso, complicado y problemático que muchas veces fue el predicar a Jesucristo en su tiempo.

No es lo mismo ser entusiasta un día que hacer de la propia vida una ofrenda permanente para el Señor y su obra. El entusiasmo de un día puede provocar el aplauso y reconocimiento. La entrega de toda la vida tiene la eficacia del grano de trigo enterrado; en ocasiones será reconocida, pero otras no, sin embargo, dará fruto. Asumir el ejemplo de Pablo implica el total compromiso en la obra del Señor, en medio de cualquier entorno, sobre todo en los contrarios, comprendiendo que a veces habrá resultados favorables, pero por momentos no.

La fidelidad. La Misión está llena de riesgos, de cansancios, de búsqueda de compensaciones. El apóstol así lo asumió hasta el final. Es vital hacer propio el ejemplo del Pablo, pues para él, lo relevante y que daba sentido a su vida era cumplir el encargo del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es gracia de Dios.

A menudo, la fidelidad se confunde con el aguante. Como si se tratara de soportar una loza extremadamente pesada sobre las espaldas. Asumirla así produce agotamiento y frustración, detiene la creatividad y frescura. Pues más que aguante, la fidelidad implica resistencia, pasión, consistencia, congruencia, integridad, y amor en el servicio al Señor.

Así como el apóstol Pablo, tenemos otros testimonios de personas comprometidas hasta la muerte con la Misión. Uno de ellos es el del japonés Toyohiko Kagawa. «Él se formó en la Universidad Presbiteriana de Tokio y en el Seminario Teológico de Princeton (1914-1916), sufrió cárcel por defender los valores de Cristo con los más desfavorecidos, apoyando sus reivindicaciones laborales, viviendo pobremente entre los pobres (“Para trabajar entre los pobres tengo que ser pobre”: se le conoció como el “Santo de Shinkawa”, por haber trabajado en los barrios bajos de ese distrito), luchando por la paz en el fragor de su beligerante patria… Ecologista, antirracista, novelista de éxito (casi todas sus ganancias iban para los pobres), ensayista (escribió cerca de 150 libros), en vida se le nominó en dos ocasiones para el Premio Nobel de Literatura (1947 y 1948) y para el Nobel de la Paz (1954 y 1955)»1.

He aquí uno de sus poemas:

«Nunca diré

Que estoy ocupado:

Aquellos que ayudan

A los atribulados

Deben esperar siempre

Estar ocupados.

Cristo era tan asediado

Por las multitudes

Que no tenía tiempo para comer.

Él dijo: “Al que tiene,

Se le dará más.

Y al que no tiene,

Hasta lo poco que tiene

Se le quitará”.

Lo que quiere decir

Que si no usamos

Todos nuestros poderes

Los vamos a perder…

Entonces, también, el problema es

Que debemos hacer nuestro trabajo

De todo corazón;

No nos cansamos de hacer

Lo que nos gusta hacer.

Pero lo más importante,

Nuestro consuelo y fortaleza

Vienen solo cuando

Dios Mora en nuestras almas

Trabajando junto a nosotros»2

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El EVANGELIO Y LA JUSTICIA SOCIAL

El EVANGELIO Y LA JUSTICIA SOCIAL

Papá, tú oras por los enfermos, ¿pero, por qué no das medicamentos?» Mi padre me respondió: «Yo no soy médico». Aquel día nació mi vocación»(1) Así describe Denis Mukwege, el origen de su propia historia en favor de los menos favorecidos, quien como médico ginecólogo ha invertido más de veinte años en ayudar a mujeres que han sido víctimas de violación sexual desde su hospital en la República Democrática del Congo. Hace sólo unos cuantos días fue galardonado junto con la activista Iraquí, Nadia Murad, con el aclamado Premio Nobel de la Paz, por sus esfuerzos en combatir el abuso sexual, principalmente hacia las mujeres, como arma de guerra. Hijo de un pastor cristiano y criado en el seno de una familia cristiana pentecostal, el Dr. Mukwege profesa abiertamente su fe en Jesucristo, quien además de su labor como médico, participa como predicador laico en una iglesia protestante local de su comunidad. En alguna ocasión ha expresado que: «La iglesia de hoy y de mañana tiene ante sí numerosos desafíos, ya sea el climático o los relativos al terrorismo, las personas migrantes, refugiadas, heridas de guerra y víctimas de la violencia sexual y los poderes corruptos que, sobre todo en África, crean y destruyen constituciones a su antojo para preservar sus intereses en detrimento de la población. Si somos de Cristo, no tenemos más alternativa que ponernos del lado de las personas débiles, heridas y refugiadas, así como de las mujeres discriminadas […[ si somos de Cristo, debemos hablar, debemos denunciar el mal. Dios otorgó a la iglesia el don de la palabra para que sea la voz de las personas sin voz a fin de liberar a los cautivos y esperar siempre el advenimiento del Reino de Dios»(1)

Cuando escuchamos o leemos noticias y declaraciones como estas, es casi inevitable cuestionarnos acerca de cuál debería ser el papel de la Iglesia de Dios en la sociedad actual ante los abusos y las injusticias que se cometen diariamente prácticamente en todos los entornos culturales y geográficos. Hay quienes expresan que precisamente ejemplos como el de Denis Mukwege son los que deberíamos tomar en cuenta para desarrollar ministerios dentro de nuestras congregaciones y así realmente tener un impacto en la sociedad llevando de esta forma el amor de Dios hacia los menos favorecidos. He escuchado a otros tantos que afirman que la misión encomendada a la Iglesia por el Señor Jesucristo tiene que ver más bien con la proclamación del evangelio y el dar a conocer Su Palabra y no necesariamente en llevar a cabo una acción de beneficio social. Y aún en medio de ambas posturas pudieran estar aquellos que muestran un gran desinterés en reflexionar acerca del llamado que Jesucristo nos hace y de la misión que tenemos como ciudadanos del Reino de Dios en este tiempo actual. ¿Qué espera Dios de Sus Hijos ante temas como estos? ¿Cómo debemos actuar los cristianos ante la injusticia social? ¿Es acaso que la Iglesia debería ser un participante activo de las iniciativas que buscan un entorno más favorable para la humanidad, un ambiente más pacífico, equitativo y justo para todos? ¿A caso la sola predicación del Evangelio no es suficiente para cambiar la vida de las personas? ¿Debería ser la Iglesia la principal voz de aquellos que sufren en el mundo y nuestra labor la de una dignificación de los menos favorecidos?

Muchos han señalado que la Iglesia actual no está haciendo lo suficiente para mejorar nuestra sociedad y que el Cristianismo que no se traduce en acciones concretas de ayuda social termina siendo inútil. Por ejemplo, en América Latina han surgido movimientos como la denominada Teología de la Liberación, que busca orientar el pensamiento y el actuar cristiano hacia un énfasis primordial en la liberación de la opresión de los más pobres argumentando que éste es el énfasis primordial del ministerio de Jesucristo y, por tanto, de Su Iglesia. Sin embargo, aunque en apariencia este tipo de movimientos pareciera tener un sustento bíblico, quienes se inclinan hacia ellos corren el riesgo de dejar de lado la centralidad en el Evangelio y pretender que la obra salvadora de Jesucristo se trata solamente de aliviar los malestares de la humanidad, brindar igualdad de oportunidades a las personas y mejorar nuestro estado actual (económico, de salud, educativo, laboral, político, etcétera). Pero el problema es que cuando se antepone las necesidades de las otras personas como el objetivo principal de la obra de Jesucristo, se pierde de vista que el problema más grave de la humanidad es la separación de Dios por causa del pecado y no las carencias o problemas que se experimentan en la vida (las cuales terminan siendo consecuencia del pecado en el que estamos sumergidos todos). La Biblia expresa claramente que todos necesitamos ser redimidos del pecado (Eclesiastés 7:20; Isaías 53:6; Romanos 3:23, 5:12) y ser reestablecidos en nuestra relación con nuestro Creador para que entonces podamos tener vida verdadera, ya que fuera de esa relación estamos muertos en nuestra propia condición delictiva (Efesios 2:1). Esto es algo que solamente se puede lograr mediante el arrepentimiento y la fe en el Hijo de Dios como Salvador (Mateo 1:21; Marcos 1:15; Mateo 4:17; Romanos 3:22-26), y es primordialmente lo que las buenas noticias del evangelio vienen a anunciarnos: que en Cristo Jesús tenemos redención (Colosenses 1:13, 14; Tito 3:5, 6; Efesios 1:7). Es precisamente esa nueva vida en Jesucristo, que aún a pesar de que en esta vida alguien atraviese el peor de los valles de oscuridad, el Creador de los cielos y la tierra le asegura la esperanza de una vida futura en la que nunca más habrá dolor, ni llanto, ni lamento alguno y donde Dios mismo more en medio de la gente (Apocalipsis 21:3, 4). Es importante recordar todo esto, porque es atractivo pensar que Dios envío a Su Hijo (y ahora a Su Iglesia) en primer lugar para dar una mejor calidad de vida a las personas, pero el evangelio Bíblico nos habla de algo mucho más trascendente.

Sin embargo, aún reconociendo que El Reino de los Cielos no es lo que normalmente la gente espera y que no se trata exclusivamente de mejorar nuestra realidad presente, no podemos pasar por alto las múltiples ocasiones en que Jesús mismo habló de la importancia de amar al prójimo como a nosotros mismos y el haber demostrando con hechos sus palabras al acercarse a los marginados para escucharlos, consolarlos, sanarlos, dignificarlos y por supuesto, perdonarlos. Tampoco podemos ignorar que la justicia es uno de los atributos de Dios y que como reflejo de ello espera que la humanidad ejerza esa misma justicia entre unos y otros. Si hacemos una lectura honesta del texto bíblico, encontraremos que desde Génesis (4:10) hasta Apocalipsis (18:5, 13, 15, 24), el Señor demanda de su creación actuar con dignidad, respetar la vida, cuidar de los más vulnerables, practicar el derecho y abogar por aquellos que no pueden defenderse por ellos mismos. Así mismo, condena severamente a aquellos que no actúan conforme a esta expectativa. Dios siempre ha condenado la maldad y el daño que ésta genera entre las personas y hacia la creación entera. Por esto es que muchas de las leyes que Dios estableció para su pueblo tenían la intención de proteger a los más vulnerables entre el pueblo (Deuteronomio 24:14-15, 17, 22, 27:19) y los Profetas no sólo condenaron el mal proceder de Israel, sino también de aquellas naciones que atropellaban los derechos humanos y pasaban por alto la dignidad sagrada que Dios dio a la vida humana al haberla creado a Su Imagen y Semejanza (Jeremías 22:3; Ezequiel 16:49, 22:6, 7; Amós 1:3-15). La sabiduría de Proverbios nos hace ver que Dios desea que la misericordia y la ayuda por los más desfavorecidos sean características de la humanidad que reconoce a Su Creador, incluso que seamos capaces de alzar la voz por aquellos que no pueden hacerlo (Proverbios 14:31, 31:8). El inicio del ministerio de Jesús estuvo marcado por ese momento crucial en el que al dar lectura del libro de Isaías, dio a conocer que el Espíritu Santo estaba presente en Él para hacer realidad las maravillas del Reino de Dios en favor de más necesitados (Lucas 4:18, 19) e incluso profirió serias palabras de advertencia acerca de nuestra actitud hacia los sufrientes y los pobres (Mateo 25:31-46). Así mismo los Apóstoles tuvieron como parte fundamental de su predicación el advertir a la Iglesia los peligros de olvidarse de testificar la nueva vida en Cristo a través de sus obras de amor con los que menos tienen (Santiago 2:15-17; 1 Juan 2:29, 3:11-18).

Entonces, a la luz de toda esta exposición que Dios nos hace en Su Palabra, ¿qué podríamos concluir acerca de lo que Él espera de Sus Hijos, Su Iglesia? ¿Cómo podríamos vivir centrados en El Evangelio de Jesucristo y transmitirlo fielmente a los demás, con todas sus implicaciones, sin dejar de lado la responsabilidad que tenemos de velar por nuestros semejantes? ¿Será acaso que una nueva vida en Cristo, transformada por el Espíritu, es capaz de entregarse por amor a los demás de la misma forma que Jesús lo hizo por cada uno de nosotros? Un buen punto de partida sería las mismas palabras de la predicación de nuestro Señor Jesucristo: Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo (Mateo 5:16, NVI).

Referencias Bibliográficas

(1) Hofkamp, Daniel (2018) Mukwege, El Nobel que sirve a Dios ayudando a víctimas de violación. URL:http://protestantedigital.com/sociedad/45664/Mukwege_el_Nobel_que_sirve_a_Dios_ayudando_a_victimas_de_violacion Consultado el 20 de Octubre de 2018.

(2) Aldecoa, Xavier (2018). Denis Mukwege Premio Nobel de la Paz 2018, es hijo de un pastor pentecostal. URL:http://www.gacetacristiana.com.ar/denis-mukwege-premio-nobel-de-la-paz-2018-es-hijo-de-un-pastor-pentecostal/ Consultado el 21 de Octubre de 2018.

(3) Santa Biblia, Nueva Versión Internacional (2015). Biblica, Inc.

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El amor de pareja en la tercera edad.

EL AMOR DE PAREJA EN LA TERCERA EDAD.

Cuanta ternura y alegría provoca el observar a una pareja de adultos mayores caminar por la calle tomados de la mano, el amor que se profesan es realmente inspirador; algunos pensamientos en las redes sociales también tienen el mismo efecto: vi una imagen que me hizo meditar mucho en lo ideal y precioso del amor maduro, en la postal se observaba a un anciano peinando a una mujer mayor, con ternura le trenzaba su cabello teniendo en su rostro una hermosa sonrisa y la leyenda que decía al pie de la foto: «Ella quedó ciega, pero él tenía ojos para mirar todavía su belleza, así que con ternura, diario la peinaba».

Así como la postal que acabo de describirles, hay también canciones populares, que, en este mismo sentido, reflejan cómo a pesar de todo, al final lo mejor es estar al lado del amor de tu vida, el escritor Rafael Ferro en su canción «Cómo han pasado los años» comparte estos versos:

Cómo han pasado los años

Cómo cambiaron las cosas

Y aquí estamos lado a lado

Como dos enamorados

Como la primera vez.

Cómo han pasado los años

Qué mundo tan diferente

Y aquí estamos frente a frente

Como dos adolescentes

Que se miran sin hablar.

Los versos de este autor, nos dejan ver una realidad que vive nuestra sociedad, y es que al ser humano le resulta hermoso estar bendecido con el amor, y tener esta bendición en la edad madura, es realmente un regalo de Dios. Nuestro Padre lo menciona diciendo: No es bueno que el hombre este solo. Sin embargo, también es una realidad que al paso de los años cambian muchas cosas: la rutina, el cambio de carácter, las emociones a flor de piel, el considerar «cursi» o ridículo expresar sentimientos a esta edad, hacen que el amor de pareja se deteriore y poco a poco se vaya marchitando.

El amor maduro, es resultado de años de convivencia, de haber pasado por miles de sucesos, algunos difíciles y otros llenos de gozo, y a pesar de todo seguir procurando el bienestar del ser amado. La Biblia nos menciona: Sea bendito tu manantial; y alégrate con la mujer de tu mocedad. Como cierva amada y graciosa corza, sus pechos te satisfagan en todo tiempo; t en su amor recréate siempre (Proverbios 5:18-19, RVA1909). Y en su amor recréate siempre, es aquí en donde se rompen los límites de tiempo, Dios nos dice que es posible, ser amados aun en nuestra vejez.

El escritor Pablo Hoff en su libro «El Pastor como consejero» menciona que hay factores que conducen a la armonía matrimonial y que, por supuesto, provocan ese amor que traspasa los tiempos, entre ellos el respeto mutuo y la comunicación.

El respeto

Cada uno empero de vosotros de por sí, ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer reverencie a su marido (Efesios 5:33, RVA1909). El respeto es uno de los factores más importantes para la armonía matrimonial. Es tan esencial como el amor, se mantiene el respeto matrimonial tratándose el uno al otro con cortesía, consideración y cariño, que agradable es pedir las cosas por favor y dar las gracias con una voz sincera y amable, la comprensión en los momentos difíciles, cuando hay desánimo o tristeza. Incluso el silencio cuando miramos que desea meditar y estar a solas, forman parte de ese respeto.

Un conferencista anuncio su tema así «¿Cómo puede el marido conseguir que su esposa lo trate como si fuera un rey?» En su discurso, contesto la pregunta diciendo «Tratándola a ella como si fuera una reina».

«Una cosa que quita la confianza y el respeto mutuo entre los cónyuges es criticarse el uno al otro ante otras personas, es una experiencia humillante que produce resentimiento y amargura», dice Tim LaHaye(1)

Nunca, nunca ventile usted las faltas, debilidades o deficiencias de su consorte ante otras personas, no lo critique jamás ante sus amigos o parientes. Si no le gusta el comportamiento de su cónyuge con respecto a algún asunto, debe compartir su actitud solo con dos personas, Dios y su consorte no hay nada que haga que una persona se sienta más menospreciada, que saber que su cónyuge ha sido desleal criticándola ante personas de fuera del hogar.

El resultado de un amor maduro y sincero, es el respeto mutuo. Tiene sus bases en la sabiduría y prudencia cuidando la forma de dirigirse el uno al otro, el cuidado al hablarle, cuando están delante de personas ajenas a la familia, pero también en lo íntimo. No importando la confianza que se tengan por el paso de los años.

El respeto se gana,

no se impone

Una de las formas más hermosas de ganar el respeto de nuestro ser amado, es responder a lo que se espera de mí, el cuidado de los roles que me corresponden dentro del matrimonio produce agradecimiento y acrecienta el amor, porque el saber los sacrificios que hace nuestra pareja en favor del matrimonio y familia, producen admiración, gratitud, pero sobre todo, respeto.

Una mesa limpia y una cena muy cuidadosamente preparada por parte de ella, por ejemplo; o el cumplimiento responsable de la provisión para el hogar, por parte de él. Aunque en esta época muchas parejas tienen que compartir la responsabilidad de la provisión para el hogar y en consecuencia ambos trabajan. Que hermoso es cuando en el hogar, de la misma manera, ambos comparten los quehaceres y la atención de los hijos. Una palabra y un gesto de gratitud es una manera de mostrar el respeto por el esfuerzo que el compañero(a) realiza.

La comunicación

en el matrimonio

de la tercera edad

Un par de ancianos resolvían sus conflictos, dejándose de hablar, a veces uno de ellos pasado el enojo, condescendía con el otro e iniciaba la conversación, y así pasaban su molestia, pero uno de esos días el enojo de la abuela había sido muy grande, así que prolongando por más tiempo su silencio, logró desesperar al abuelo, quien tratando de romper esa situación, le preguntaba una y otra cosa, pero ella no contestaba nada, dándose la vuelta y dejándolo solo. Un día, el abuelo, en un intento desesperado por romper ese silencio, empezó abrir cajones, comenzó por las alacenas, sacando y esculcándolo todo, iba de cajón en cajón, roperos, cocina, todo sacaba, y la abuela solo lo miraba, viendo el desorden tremendo que él hacía, desaforado buscaba, sin encontrar lo que buscaba, hasta que la abuela viendo todo el caos que hacía, intrigada pregunto… ¿Bueno, pues que buscas?, a lo que él contesto: ¡Ya lo encontré! ¡Era tu voz!

Una buena comunicación es poder decir de una forma correcta, prudente y sabia, lo que deseo, la comprensión en las diferencias que tenemos como son físicas, emocionales, mentales, deben ser tomadas en cuenta. Una conversación significativa es aquella en donde con seriedad y cuidado trato con mi pareja mis metas, mis ideales, ilusiones y anhelos, o mis desacuerdos esperando comprensión, pero también entendiendo que de igual manera mi cónyuge tiene las mismas necesidades y que juntos podemos llegar a acuerdos y metas de pareja. Hay mucho de qué hablar al respecto, solo tocaremos algunas bases:

Actitudes que debemos

evitar en la comunicación:

1. Enojarse, defenderse vigorosamente y señalarle sus fallas, no sirve de nada y solo crea resentimiento.

2. Desoír la queja y seguir como de costumbre, le dice a tu pareja que no le escuchas.

3. Sentirse ofendido y limitarse a permanecer callado, es una actitud muy cruel «Los palos y las piedras rompen los huesos, pero el silencio rompe el corazón». El silencio prolongado manifiesta ira vengativa y falta de respeto a la otra persona, es un paso para aislarse de la pareja pues quita el amor que queda en el corazón.

4. Evitar la confrontación, guardar resentimientos no son la solución, nuestro rostro refleja cuando no hemos perdonado y eso lastima mucho a nuestro cónyuge.

Pasos para una buena

comunicación

• Busquen el perdón de Dios y su dirección.

• Pidan la dirección de Dios para no herir.

• Elijan el momento apropiado, dejen pasar el enojo y a solas procuren el bien.

• Hablen con amor, con verdad, con palabras suaves y de cariño.

• Busquen la forma asertiva de decir las cosas.

• Mostrar gratitud el uno con el otro cuando sus quejas sean escuchadas.

La comunicación y el respeto son la base de una relación madura, el amor se fortalece aun cada día más cuando es nuestro Padre Dios quien cuida nuestros labios y nuestro ser de no lastimar a quien más amamos. Dios nos permita mirar que al cuidar de nuestro cónyuge no solo logramos su bien sino también es una forma de darle gracias por permitirnos estar al lado del amor de nuestra vida.

Bibliografia

(1) Tim LaHaye, How to be happy though mamed, 1968, pp 37,38

Pablo Hoff, Editorial vida, «El pastor como consejero», pp 71

Santa Biblia. Reina Valera Antigua (RVA).

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LA SANTIFICACIÓN POR MEDIO DEL ESPÍRITU SANTO

LA SANTIFICACIÓN POR MEDIO DEL ESPÍRITU SANTO

Mas nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación por el Espíritu y la fe de la verdad (2 Tesalonicenses 2:13).

Ya se ha dicho que santificación, en el término original, se refiere a algo que ha sido separado o consagrado a Dios. Y cabe entonces la pregunta, ¿separado de qué? Y la respuesta necesaria, separado del pecado para servir a Dios.
En el llamado de Dios a la santidad, la Biblia pone como referente ineludible la santidad de Dios, de hecho, Santo es uno de los nombres con que se describe a Dios (2 Reyes 19:22; Salmo 89:18; Isaías 5:19, 24; 10:20; 12:6; 29:19; 30:12; 30:15; 37:23; 41:14, 16, 20; 43:3, 14; 45:11). A Jesús también se le menciona como «El Santo de Dios» (Marcos 1:24; Lucas 4:34).
La santidad es parte del carácter de Dios. En la visión del profeta Isaías, este escucha las voces de los serafines que decían el uno al otro: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria (Isaías 6:3). Es la misma adoración de los cuatro seres vivientes en la revelación de Juan: …y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir (Apocalipsis 4:8, RV60). De acuerdo a este atributo que tiene Dios, Él nos llama a que seamos santos en todas las áreas de nuestra vida. Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos; porque yo soy santo (1 Pedro 1:15-16, RV60).
En la cita anterior, el apóstol Pedro escribe que Dios nos llama a reflejar su carácter santo, pero ante este llamado, nos damos cuenta de que, como seres humanos, tenemos un grave problema: Nosotros, por nosotros mismos, no somos santos y, como no podemos encontrar la santidad en nosotros mismos, nos preguntamos ¿Quién realizará la santidad en nosotros y cómo lo hará? La respuesta está en Dios pues ha enviado a su Santo Espíritu para que nuestras vidas sean transformadas por su poder.

El Espíritu Santo como santificador de nuestras vidas

Nosotros, en cambio siempre debemos dar gracias a Dios por ustedes; hermanos amados por el Señor, porque desde el principio Dios los escogió para ser salvos, mediante la obra santificadora del Espíritu y la fe que tienen en la verdad (2 Tesalonicenses 2:13, NVI). Como podemos ver en este texto, el que realiza la obra santificadora es el Espíritu Santo.
El Espíritu inicia su obra sellando las vidas de aquellos que, oyendo la palabra de verdad, creen en el evangelio de salvación.
En el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Efesios 1:13).
El Espíritu Santo no solo nos sella como propiedad de Dios, sino que nos hace nacer de nuevo
De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios –dijo Jesús. ¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo? –Preguntó Nicodemo. –¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer? –Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios –respondió Jesús– (Juan 3:3-5, NVI).
El nuevo nacimiento es la obra santificadora del Espíritu Santo. Esta obra es inmediata, ya que limpia nuestras vidas con la Sangre de Jesucristo. Esta es una obra de regeneración instantánea que solo Dios puede hacer, porque nadie puede limpiarse a sí mismo de sus pecados. Por ello, el apóstol Pablo refiere que, antes de haber conocido a Cristo, estábamos muertos en delitos y pecados. Y de ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados (Efesios 2:1). Sin la regeneración o nuevo nacimiento, el hombre depravado por naturaleza, es un cadáver espiritual. Ante esta realidad, el muerto no requiere que se le cure poniéndole parches, untándole una pomada o administrándole un medicamento, porque no se trata de un enfermo, sino de un muerto. ¡Sí, un muerto espiritual! Por ello, requiere una nueva naturaleza, y para ello se necesita que «nazca de nuevo».

Nacer de nuevo tiene que ver con los siguientes puntos: 1. Ser compungido (apenado y afligido) en el corazón. 2. Oír la Buena Nueva: «Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados». 3. Debe operar en él un sincero arrepentimiento de los pecados cometidos. 4. Hacer pública su fe a través del Bautismo en el nombre de Jesucristo. 5. Como resultado recibirá el perdón de sus pecados. 6. Y el don del Espíritu Santo. Esto está referido, en el primer sermón del apóstol Pedro, dirigido a aquellos judíos que asistían a celebrar la fiesta de Pentecostés, cuando dijo: Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2:36-38).

La Santidad es Posicional

Al ser perdonados por la acción redentora de Jesucristo y recibir el Espíritu Santo, la vida del creyente es santificada de manera instantánea. A esta santidad instantánea se le llama Santidad Posicional, ya que somos justificados por la gracia mediante la fe en Jesucristo, y esta santificación es la posición que Dios da al creyente, por haberle separado de la esclavitud del pecado, para servir a Jesucristo. Es por ello que el apóstol Pablo, cuando escribe en sus epístolas, se dirige a los miembros de una iglesia local, llamándoles Santos. Desde luego que no lo hacía porque habían alcanzado la perfección, sino porque habían sido lavados en la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios. Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Timoteo el hermano, a la iglesia de Dios que está en Corinto, juntamente con todos los santos que están por toda la Acaya (2 Corintios 1:1). Como podemos ver en este texto, todo creyente es considerado parte del grupo de los «Santos», no porque ya hayan alcanzado la perfección, insistimos, sino porque han sido separados del pecado para servir a Dios.

La Santidad también es Progresiva o Gradual

Aunque el creyente haya sido regenerado, esto no implica la ausencia de la naturaleza pecaminosa en su vida, esta sigue allí. Entonces surgen estas preguntas: ¿Cómo vencer a esta naturaleza? ¿Cómo se puede superar la ira, la envidia, los deseos pecaminosos y demás obras de la carne detalladas en Gálatas 5:19-21?

La respuesta es que: debemos andar en el Espíritu y no debemos satisfacer los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa, (Gálatas 2:16). Andar en el Espíritu Santo, es dejar que Dios siga obrando en nuestras vidas a través del Fruto de su Espíritu, esto lo menciona el apóstol Pablo en Gálatas 5:22 y 23: Mas el fruto es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley.
El Fruto del Espíritu de Dios nos hace amarle y amar a los demás (Amor), estar siempre alegres (Gozo), vivir en paz con Dios y con todos (Paz), nos hace tolerantes y pacientes (Tolerancia), amables (Benignidad), tratar bien a los demás (Bondad), tener siempre confianza en Dios (Fe), ser humildes y sencillos (Mansedumbre) y saber controlar nuestros deseos (Templanza). En lo natural, las frutas salen de los árboles, porque está en su naturaleza, de la misma manera, estas virtudes fructifican en la vida del creyente por la acción del Espíritu Santo en él. A esta etapa de la vida cristiana se le conoce como Santificación Progresiva o Gradual, ya que todo creyente está en el proceso de crecimiento espiritual, donde necesita a Dios todo el tiempo.

Cada creyente debe tener el deseo de cuidar su vida espiritual, ya que la Palabra de Dios le amonesta a abstenerse de las cosas que lo llevan al pecado. En lugar de dar pie a cometer un pecado, es mejor buscar ser lleno del Espíritu Santo. Efesios 5:15-18 (NVI), dice: Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.

Aunque la santificación es obra del Espíritu Santo, no debemos pensar de la siguiente forma: «Como es el Espíritu Santo el que obra en mi vida, entonces yo no debo hacer nada». Quien piensa así está equivocado, pues la santificación progresiva es el resultado del trabajo primario del Espíritu de Dios y complementario del creyente, que colabora activamente; esto se evidencia con los siguientes pasajes bíblicos:
Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios (2 Corintios 7:1).

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:1-2).
Conclusión: El Espíritu Santo hace nacer al creyente a la vida nueva que viene de Dios y le sustenta en ella. Esta vida nueva es un milagro de Dios que demanda del creyente su disposición a la influencia del Espíritu Santo, para andar en Él; que se traduce en una vida activa, responsable y anhelante de la llenura de Su Santo Espíritu.

Bibliografía:
• Fundamento Doctrinal. Iglesia de Dios (7º día), febrero 2017.
• John C. Ryle, «Santidad». Editorial Peregrino, 2010.
• Leo J. Trese, «El Espíritu Santo y su tarea». Editorial Rialp, 2011.
• John R. W. Stott, «Sed llenos del Espíritu Santo». Editorial Caribe, 1967.
• Gerard Blocha y Philippe Gruson, «El Espíritu Santo en la Biblia».
• SBU (2000) La Santa Biblia Antiguo y Nuevo Testamento. (Versión Reina-Valera 1909). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas.
• La Santa Biblia (2000). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas (Versión Reina-Valera 1960).
• SBU (1999) La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. Sociedades Bíblicas Unidas.

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EL PAPEL DEL PROFETA EN LA IGLESIA

EL PAPEL DEL PROFETA EN LA IGLESIA

¿Cuál es nuestra historia ahora? Desmembrada en el interior de un centro botanero en Taxco, Guerrero, fue encontrada la nutrióloga Magdalena Aguilar Romero después de nueve días de su desaparición el pasado 22 de enero del 2018. Nos sorprendió la nota, pero, ¿acaso es el único y espeluznante feminicidio? No, como este caso hay muchos; así como las/os desaparecidos.

El uso de adolescentes que son forzados para ser comandos armados o parte de células delictivas. Los constantes asesinatos de ciudadanos y de quienes forman parte del crimen organizado. Las víctimas por tráfico de niños y mujeres es tan real en México que supera los 500,000 casos.
En un mundo cuyo gobierno se basa en diversas ideologías de poder que, en lugar de potenciar al ser humano, lo han llevado a experiencias de vida infrahumanas con sus políticas tiranas.

Un mundo donde todo se ha materializado y donde el poseer se mira como el único fin para ser pleno; donde se reduce a los seres humanos a simples objetos; donde los índices de enfermedades y pobreza se han elevado sin posibilidad alguna de ser atendidas. En un mundo así, es evidente la urgencia de ser liberados de tanto dolor. En una realidad así que está en constante lamento por el pecado y la injusticia, se anhela escuchar algo nuevo.
La iglesia debería sacar las voces que recuerden al Señor Jesús diciendo a los discípulos de Juan: … Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas (Lucas 7:22b, NVI).
¿Quién hablará hoy cuando todos callan? ¿Cómo puede el creyente de hoy ser un heraldo de la esperanza divina?
Cabe entonces la pregunta: ¿cómo se presentan desde esta perspectiva en el N.T. los creyentes?
En principio, el Nuevo Testamento presenta a Juan y a Jesús como los últimos profetas a manera de oficio o itinerantes. Ellos ejercieron su ministerio ante una situación social similar a la descrita anteriormente. El texto los describe como personas impulsadas y potenciadas por el Espíritu Santo como rasgo distintivo.

Por otro lado, el Nuevo Testamento señala a los creyentes que recibieron el «Don de profecía» que edificaban y exhortaban a la iglesia. También, presenta a personas que vivieron como radicales (con raíces profundas) que entendieron su relación con Dios a través de un compromiso con su realidad. Ellos pronunciaban su palabra y corrieron el riesgo por el juicio que declaraban contra quienes, gozando de poder, oprimían y querían ocultar sus pecados por actos sociales o religiosos opresivos. En este sentido, nuestros primeros hermanos en la fe, fueron profetas, porque como dice Harold Segura: «Dios les había quemado el corazón con el fuego de su Palabra, y no les quedaba otra alternativa que hablar».
Entonces, es pertinente preguntarnos: ¿Cuál es específicamente la función del profeta en la actualidad en la iglesia?

La función del Profeta

Tomando en cuenta nuestros referentes neotestamentarios, por un lado, denunciaban toda manifestación de injusticia y todo pecado en el pueblo y dentro de la iglesia. Por el otro, anunciaban salvación y esperanza en la figura principal Jesucristo, frente a las realidades de pecado, riquezas mal habidas e injusticia y frente al dolor de los más empobrecidos (niños, mujeres, enfermos, ancianos).
Cuando se habla el tema de la profecía es menester aclarar que, profetizar no es vaticinar eventos futuros ni, exclusivamente, la manifestación abierta de información secreta. Sino antes aún, actualizar en el presente la palabra de Dios que comienza transformando las realidades en el aquí y en el ahora, aunque con una mirada hacia el futuro de la completa y plena redención que obrará nuestro Señor Jesucristo.
El Apóstol Pablo menciona alguna de las funciones de la profecía en la iglesia en su Carta a los Corintios Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación (1 Corintios 14:3).

Edificaban a la Iglesia

No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno (1 Tesalonicenses 5:19-21). Pablo siente el deber de orientar a los creyente en estas dos realidades, las cuales procuraban el crecimiento y la madurez en la iglesia. Así lo hicieron Judas y Silas: Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras (Hechos 15:32). Invertían sus fuerzas fortaleciendo a las comunidades.

Vivían cercanos a Dios y comprometidos con su prójimo

El profeta vivía cercano a Dios, pero también estaba, plenamente, con su pueblo. Veía a Dios y a su vez estaba viendo, analítica y críticamente, las realidades históricas. Tenía como referencia la enseñanza de Jesús: El amor a Dios y el amor al prójimo debe estar en relación de semejanza. Era un radical porque veía lo que otros no podían ver, miraba su mundo con los ojos de Dios y su corazón ardía con celo por la voluntad de Dios, de manera que la realidad lo incomodaba tanto que callar era imposible para su caso. Así lo comprendió Juan el teólogo: Entonces uno de los ancianos me preguntó: «¿Quiénes son estos que están vestidos de blanco, y de dónde han venido?» «Tú lo sabes, señor», le contesté. Y él me dijo: «Éstos son los que han pasado por la gran tribulación, los que han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero (Apocalipsis 7:13-14, DHH).

Denunciaban los pecados, abusos de gobernantes y dirigentes religiosos. Jesús no dudo en realizar una crítica radical a los poderes establecidos y la provocación de una esperanza inusitada. Denunció proféticamente en contra de los pecados personales y estructurales en clave sociopolítica.
Dos casos de confrontación entre Jesús y las autoridades que abusaban en el templo según Marcos, cuando dice: Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación (Marcos 12:38-44). Al mismo tiempo, enfocó a los dirigentes que promovían el abuso del tributo. Jesús no respondió directamente diciendo: «no es lícito». Más bien, su respuesta implicaba que si Dios es el exclusivo Amo y Señor y, si el pueblo de Israel vive bajo el exclusivo dominio de Dios, entonces todo pertenece a Dios, y las implicaciones para el César serían obvias.

La misma función profética la desarrolló Juan cuando «denunció los pecados de las siete iglesias, atacó el culto al emperador (Apocalipsis 13:2,4) y condenó ardientemente los crímenes del imperio romano». A la vez anunció el juicio contra los opresores. El triunfo del bien sobre todo mal, y sobre todo, anuncia una nueva creación, una nueva comunidad y un nuevo paraíso (Apocalipsis 20-22).

Consolaban al pueblo en momentos de dolor

Los apóstoles también fueron seducidos por el Espíritu de Dios y tomaron muy en serio su papel de portavoces de la palabra de Dios.
Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios (Hechos 4:29-31).

¿Cuáles son las implicaciones para la vida eclesial en la actualidad?

Conscientes de la realidad actual donde las desigualdades sociales se incrementan debido al poder con pretensiones multiformes del capitalismo financiero y hegemónico de nuestra era postmoderna. Al mismo tiempo, los excluidos y empobrecidos claman por una nueva forma de vida. Es muy preocupante el silencio y la falta de compromiso evangélico por parte de los cristianos en el presente; en la vida cómoda, sin compromiso alguno por parte de la iglesia, hacia afuera, es decir, en la sociedad.

Hoy se hace necesario la presencia de una iglesia con voz profética. Si consideramos que la tarea fundamental del profeta es hacer realidad un nuevo comienzo humano mediante la expresión de la libertad de Dios y la política de justicia y compasión, entonces somos desafiados a:
Primero. Comprender y aceptar que, con el derramamiento del Espíritu en la iglesia del primer siglo, el anuncio de la palabra ya no es solo de unos cuantos sino de toda la iglesia. Así, queda marcada como una comunidad profética, donde todo creyente tiene ese llamado y el deber de cumplirlo en todo tiempo. Anunciemos que Dios en Jesucristo tiene la fuerza para seguir adelante.

Segundo. Seguir mirando arriba sin quitar los pies de la tierra, es decir, asimilar que nuestro papel profético no es espectáculo o desciframiento de misterios, no es solo ver hacia el futuro negando el presente. Por más que nos aferremos a silenciar los múltiples textos en la Biblia que registran la confrontación a las estructuras de poder político y religioso, el Evangelio y su anuncio sigue siendo «el recuerdo peligroso de la libertad que cuestiona todas nuestras opresiones, nuestros miedos, nuestros desalientos, nuestras cobardías y también nuestras seguridades». La iglesia tiene que mirar a los desvalidos y oprimidos tal como miró Jesús al pueblo que estaba sin pastor o a la encorvada ignorada por los mismos líderes de la sinagoga o a la samaritana repudiada.

Tercero. Todo cristiano está obligado a enjuiciar la maldad a través de esa palabra divina que es Cristo. Esa palabra le hace valorar como algo positivo la desaparición de la esclavitud, el tráfico de órganos, la trata de blancas, la explotación laboral. También la hace juzgar como inadmisibles las terribles diferencias estructuradas entre ricos y pobres; le impulsa a rechazar una economía de la exclusión y la inequidad. Por ejemplo, a los empobrecidos que, por nuevas reformas, son desplazados de sus áreas de comercio por una riqueza privada sobre la pobreza pública. Además de denunciar cuando la iglesia o los dirigentes muestren abusos de poder y pisoteen los derechos de las personas.

Cuarto. Seguir abonando a favor del crecimiento y madurez de la fe, en una época en la que la iglesia resulta poco atractiva o sin crédito, ante la triste decadencia de nuestra sociedad. La palabra del profeta debe examinar y responder llamándonos a volver a Jesús y a encontrar la plenitud solo en Él. Así, una forma de profetizar hoy, es hablar la verdad de Dios frente a la mentira que el mundo ofrece.

Quinto. Son muchos los desafíos de la labor profética en la iglesia actual, teniendo en mente que no todo está perdido. Por ello, el creyente debe seguir anunciando esperanza. Como dice la Carta del Apóstol Pedro: y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros (1 Pedro 3:15b).

Anunciar que un nuevo reino está presente, y que es el mismo Jesús infundiendo valor y fe todos los días. Anunciar que el bien triunfa sobre el mal. Anunciar que una nueva creación es posible. Anunciar la llegada de una nueva comunidad y un nuevo paraíso como lo anunció Juan: He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad (Apocalipsis 22:12-14).

El presente sigue demandando nuestro papel profético y la iglesia está llamada a ejercerlo aquí y ahora, y hasta el último momento de nuestra existencia.
Recuerde que callar nunca fue una opción para los primeros cristianos. Ellos expresaron su fe, su esperanza y el juicio para todo sistema opresivo y en pecado. «Yo quisiera vivir sin tener que ser profeta…perder la huella de la noche, no sostener más la perla del abismo…Pero es imposible, Dios mío» Canto de la locura (1962), versos de Matos Paoli, encarcelado en una sombría mazmorra por su entrega sacrificada a la patria y su devoción a la más genuina conciencia religiosa, nos sean de inspiración para seguir siendo la voz de Dios en nuestro tiempo.

Fuentes de consulta

José Luis Sicre, Profetismo en Israel. Editorial Verbo Divino-2003
Luis Rivera-Pagán, La voz profética: Justicia, paz y reconciliación. Tomado de: http://www.lupaprotestante.com/blog/la-voz-profetica-justicia-paz-y-reconciliacion/.
Walter Brueggemann, La imaginación profética (España: Editorial Sal Terrae 986), 117.

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PASTORAL DE LAS ADICCIONES

PASTORAL DE LAS ADICCIONES

La adicción es una enfermedad o más bien un síndrome constituido por un conjunto de signos y síntomas característicos. La adicción es una enfermedad bio-psico-social con síntomas bien identificables para la cual se han definido criterios diagnósticos médicamente aceptados.
Se dice que hay adicción cuando alguna sustancia, persona, objeto o proceso ha tomado nuestras vidas y sobre el cual no tenemos control.
Las adicciones son distorsiones de las necesidades básicas humanas, como: Sentirse amado, importante, valioso, seguro, con sentido de pertenencia y significado.
Algunos de los síntomas más típicos de la adicción son:
• Daño o deterioro progresivo de la calidad de vida de la persona debido a las consecuencias negativas de la práctica de la conducta adictiva.
• Pérdida de control caracterizada por una práctica compulsiva de la conducta adictiva, lo cual lleva al deterioro de la calidad de vida.
• Negación o autoengaño que se presenta como una dificultad para percibir la relación entre la conducta adictiva y el deterioro personal.
• Deterioro de las relaciones familiares como consecuencia de la práctica continuada de la conducta adictiva.
El origen de la adicción es multifactorial involucrándose factores biológicos, genéticos, psicológicos y sociales. La naturaleza exacta de la adicción continúa siendo motivo de análisis científico y cada día se hacen descubrimientos que nos ayudan a entender esta enfermedad que afecta la calidad de vida de millones de familias a nivel mundial. Los estudios demuestran que existen cambios neuroquímicos involucrados en las personas con desórdenes adictivos y además es posible que exista predisposición biogenética a desarrollar esta enfermedad.
Algunos de los elementos adictivos son:
• Estimulantes: cocaína, anfetaminas.
• Depresores o sedantes: alcohol, barbitúricos (butisol, amytal, y otros).
• Narcóticos: opio, morfina, heroína.
• Alucinógenos: LSD, marihuana, peyote, hongos.
• Solventes: thinner, pegamento, gasolina, aerosol, quita esmalte.

Otros ámbitos en los que se pueden incurrir en prácticas adictivas:
• Sexo
• Comer demasiado
• Pasar mucho tiempo en los videojuegos
• Escuchar música
• Jugar y apostar
• Bailar
• Ver televisión
• Realizar colecciones de manera obsesiva
• Relaciones interpersonales
• La computadora, Internet, redes sociales
• Trabajo
• Estudios
• Teléfono

Cómo detectar si una persona es adicta
La existencia de una experiencia que es buscada con tal ansiedad que la lleva a perder su control psíquico y emocional.

Características de la adicción
• Negación
• Pérdida de control
• Confusión
• Temor
• Depresión
• Sentido de inferioridad
• Centrado en sí mismo
• Falta de dominio propio
• Baja autoestima
• Amargura

La raíz: el desamor, y la propia insatisfacción e infelicidad de la persona.

Principales causas de las adicciones
• Problemas familiares
• Influencias sociales
• Curiosidad
• Problemas emocionales

Observaciones generales:
• La adición es un síntoma de un problema.
• Las adicciones son un anestésico a la fatiga de vivir, un intento de huir de la realidad – hacer diferencia entre fantasía y realidad.

• Es muy común que se junten varias adicciones en una misma persona.
• Los jóvenes adictos se identifican con el término: VACÍO.
• Un adicto no se responsabiliza de sus errores.

La familia es afectada por los desórdenes adictivos de sus miembros en la dinámica de las relaciones, la comunicación y la conducta, todos estos cambian y se hacen disfuncionales como resultado del proceso adictivo. Estos cambios pasan a formar parte de la dinámica de la adicción, produciendo una facilitación de la conducta adictiva.
A estos cambios se les denomina codependencia, la cual se define como la práctica de patrones disfuncionales de relación de manera compulsiva a pesar del daño resultante. La codependencia es un desorden aprendido en respuesta al proceso adictivo, pero puede transmitirse de manera transgeneracional si no es tratado adecuadamente.
El desarrollo de la adicción se facilita por factores sociales. Algunos autores señalan que nuestra cultura contiene creencias y reglas sociales que son disfuncionales y que se constituyen en el núcleo psicosocial de la adicción. Por ejemplo, se fomenta abiertamente el consumo de alcohol; el consumismo y el culto por la imagen en nuestra sociedad, influyen directamente en la predisposición a la adicción.

La recuperación

La recuperación es el proceso mediante el cual la persona adicta interrumpe el deterioro progresivo, típico de este desorden y comienza un restablecimiento constante de las áreas de vida afectadas.

Las metas necesarias en la recuperación son:
1. La abstinencia.
2. El desarrollo de estilos sanos de vida.
3. El crecimiento espiritual

Para lograr estas metas es necesario que la persona en recuperación realice cambios en su forma de pensar y de actuar, así como cambios en sus estilos y patrones de vida. La recuperación va más allá del tratamiento pues la persona en recuperación necesita mantener los cambios logrados de manera permanente, a lo largo de toda su vida.
El resultado de una recuperación satisfactoria es una persona con una calidad de vida en franca mejoría, con estilos de vida más sanos y con un nuevo sentido de su misión vital, así como una mejoría en su forma de relacionarse con los demás.
El DSM-IV (manual de enfermedades mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría) y la Convención Internacional para la Codificación de enfermedades (ICD-10) nos ofrecen algunos criterios.

La adicción es una enfermedad o un desorden que responde positivamente al tratamiento adecuado. Al igual que otros desórdenes de naturaleza crónica, existe una tendencia a la recaída, pero la recuperación es posible. La negación que acompaña y forma parte de esta enfermedad hace que la intervención eficaz sea imprescindible para lograr la interrupción del proceso patológico.

El tratamiento consiste en una serie de intervenciones estructuradas dirigidas a lograr apoyar la recuperación de la persona hacia una mejor calidad de vida.
Existen varios niveles de tratamiento que están disponibles en la comunidad, a saber:
1. Tratamiento ambulatorio: el paciente participa de manera simultánea mientras continúa con su trabajo y su vida cotidiana sin aislamiento.
2. Tratamiento hospitalario: el paciente es aislado dentro de un ambiente hospitalario, para el manejo de la desintoxicación o para facilitar el despegue de la recuperación, evitándose las situaciones de susceptibilidad de manera temporal.
3. Tratamiento residencial: que consiste en la participación más o menos prolongada en un ambiente de comunidad terapéutica donde el paciente convive con otras personas en recuperación.
Es importante la evaluación individualizada de cada caso, que permita decidir cuál es la alternativa de tratamiento que mejor se acomode a las necesidades de la persona en tratamiento. La evaluación, el diseño de planes y el tratamiento propiamente dicho debe ser supervisado por personal de salud entrenado, tal como en cualquier otro problema de salud.

Rehabilitación y restauración

• Rehabilitación: el abandono del consumo.
• Restauración: la transformación de las conductas personales que provocaron la esclavitud a la adicción. Pasos en la restauración
• Identificar las causas de la adicción y la raíz del problema.
• Precisar el tipo, frecuencia y grado del daño en la adicción.
• Concientizar sobre el deseo de cambiar.
• Incluirle en un proceso terapéutico.
• Restaurar áreas dañadas.
• Crear una red de apoyo.
La codependencia
• Excesiva y a menudo inapropiada preocupación por las dificultades de alguien más.
• El codependiente suele olvidarse de sí mismo para centrarse en los problemas del otro.
• El co-dependiente olvida sus propias necesidades, y cuando la otra persona no responde como el codependiente espera, éste se frustra, se deprime e intenta controlarlo aún más.
• El codependiente busca generar, en el otro, la necesidad de su presencia, y al sentirse necesitado cree que de este modo nunca lo van a abandonar. Los codependendientes son las personas (amigos, padres, parientes, cónyuges, hijos u otros) que conviven con un adicto con la finalidad de rescatarle de la soledad, el aislamiento y el dolor. El término codependencia se empezó a utilizar a mediados de la década del 70 asociado a los familiares de alcohólicos, definiendo al codependiente como el compañero (a) de un dependiente.
Perfil del codependente
• Falta de identidad propia
• Baja autoestima
• Represión
• Obsesión
• Control
• Negación
• Comunicación pobre
• Límites débiles
• Poca confianza
• Ira
• Comportamientos compulsivos

Síntomas

• Necesidad de ser aceptados más de lo saludable.
• Sensación de pérdida de identidad, a veces la persona no sabe quién es o qué quiere.
• Congelación de sentimientos por miedo a herir a los demás.
• Reacciones desmedidas que desconciertan y confunden.
• Incapacidad de disfrutar por estar demasiado comprometidos con los demás.
• Preocupación exagerada por los demás hasta hacerse daño.
• Incapacidad de permitir que los demás vivan las consecuencias de sus actos.

La recuperación

• Aceptar que se tiene un problema
• Desapegarse del objeto satisfactor.
• Pensar y actuar con congruencia
• Mantener el control de sí mismo
• Valorar su pasado
• Vivir su propia vida. Hacerse cargo de sí mismo
• Enamorarse de usted mismo
• Viva el proceso de duelo
• Controle su pensamiento
• Póngase metas
• Aprenda a comunicarse

Enfoque pastoral

Doce pasos y sus comparaciones bíblicas:
1. Admitimos que no teníamos el poder sobre nuestras adicciones y comportamientos compulsivos, que nuestras vidas llegaron a ser inmanejables.
Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo (Romanos 7:18, NVI).

2. Llegamos a creer que un poder más grande que nosotros podía restaurarnos a la cordura.
Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad (Filipenses 2:13, NVI).

3. Tomamos la decisión de entregar nuestra voluntad y nuestras vidas al cuidado de Dios.
Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (Romanos 12:1, NVI).

4. Hicimos una búsqueda y un audaz inventario moral de nosotros.
Hagamos un examen de conciencia y volvamos al camino del Señor (Lamentaciones 3:40, NVI).

5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros pecados.
Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros para que sean sanados (Santiago 5:16, NVI).

6. Estuvimos completamente listos para que Dios removiera todos nuestros defectos de carácter.
Humíllense delante del Señor, y él los exaltará (Santiago 4:10, NVI).

7. Humildemente le pedimos que quitara todas nuestras deficiencias.
Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad (1 Juan 1:9, NVI).

8. Hicimos una lista de todas las personas que habíamos dañado y estuvimos dispuestos a enmendar todo el mal que les habíamos causado.
Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes (Lucas 6:31, NVI).

9. Hicimos arreglos directos con las personas cuando fue posible, excepto cuando eso podría dañarles a ellas o a otras.
Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda (Mateo 5:23-24, NVI).

10. Seguimos haciendo un inventario personal y cuando nos equivocamos rápidamente lo admitimos.
Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer (1 Corintios 10:12, NVI).
11. A través de la oración y la meditación buscamos mejorar nuestra relación con Dios, orando sólo para conocer de Su voluntad para nosotros y poder para llevarla a cabo.
Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza (Colosenses 3:16a, NVI).
12. Habiendo tenido una experiencia personal como el resultado de estos pasos, intentamos llevar este mensaje a otros y practicar esos principios en todas nuestras áreas.
Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado (Gálatas 6:1, NVI).

Oración de Serenidad

Dios, concédeme la serenidad
Para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
El valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar,
Y la sabiduría para conocer la diferencia.
Viviendo un día a la vez;
Disfrutando un momento a la vez;
Aceptando la dificultad como el camino hacia la paz;
Tomando, como Jesús lo hizo,
Este mundo pecador tal cual es,
No como sería;
Confiando que Tú harás que todo salga bien
Si me entrego a Tu voluntad;
Para que sea razonablemente feliz en esta vida
Y sumamente feliz contigo por siempre en la eternidad.
Amén.

(Reinhold Niebuhr)
Para aprender más:
• Baker, John. «Celebremos la recuperación». Editorial Vida.
• Clinebell, Howard. «Understanding and counseling persons with alcohol, drug and behavioral addictions» Abingdom Press.
• Montagano, Darío Hernán. «Se puede dejar». Editorial Sagepe.
• Warren, Rick. «Celebremos la recuperación. Aplicación del mensaje».

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