Luz en tiempos de dolor

Luz en tiempos de dolor

Hna. Inés García Juárez

Sabemos que la luz y la oscuridad son parte de la vida, sin embargo, cuando lleguemos a sentir el más espantoso dolor o experimentemos la más terrible oscuridad, recordemos cuán importante es la luz de Jesús para iluminar nuestro camino. Abandonemos la confianza en nuestras fuerzas y aprendamos a depender únicamente de su maravillosa luz, que nos descubre a través de su evangelio las promesas de renovación y salvación. ¡Oh, Jehová, Dios de los ejércitos, ¡restáuranos!, Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos (Salmo 80:19).

Una de las mayores dificultades con las que se ha enfrentado nuestra moderna y avanzada humanidad en pleno siglo XXI, es la pandemia COVID-19, que ha registrado un gigantesco cambio en la historia de todo el mundo, llenándonos de incertidumbre ante el futuro. Desafortunadamente la modernidad, la tecnología, las grandes conquistas del espacio y los grandes esfuerzos que día con día hace la ciencia, no han sido suficientes y de pronto perdimos el control, que creíamos tener, de la realidad que nos rodeaba, quedando vulnerables ante una situación que nos ha rebasado.

Muy pocas veces la humanidad entera se ha enfrentado a su propia fragilidad. La sensación de seguridad, que podían tener las empresas, las familias o los gobiernos, desapareció en un instante debido a esa inesperada nube de oscuridad que se cierne sobre todas las naciones y que ha colocado al hombre frente a su realidad. Lo que le ha llevado a tomar medidas de restricción en diferentes actividades laborales, educativas o religiosas; todo con el fin de disminuir el contagio del virus. Esto ha ocasionado un enorme caos emocional, primeramente, por el temor a enfermar y morir, en seguida, por la falta de empleo y el distanciamiento de amigos y familiares que funcionan como una red de apoyo emocional.

Todos, en mayor o menor grado, hemos sufrido algún tipo de pérdida; el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de la salud o de un bien material, inclusive pérdidas intelectuales a causa de la edad o la muerte de una mascota, lo cierto es que, el dolor y el sufrimiento son inevitables, ambos son humanos y nos llevan a vivir el duelo como un proceso de adaptación emocional, cognitiva y conductual que se percibe como la respuesta ante una pérdida, misma que nos desequilibra emocionalmente y nos inunda de dolor, por lo que es necesario desahogarnos.

Expresa tu sufrimiento

Algunos personajes en la Biblia se expresaron en medio de la crisis:

Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios (Salmo 69:3).

Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal; y cuando esperaba luz, vino la oscuridad (Job 30:26).

Nunca será fácil atravesar por momentos de oscuridad, pero cuando el dolor y el sufrimiento se apoderen de nosotras, justo en ese momento, será necesario y saludable detenernos en el camino, vivir los procesos normales de cualquier duelo, sentirnos abatidas y darnos tiempo para estar tristes, así como David y Job. Es necesario llorar hasta que se agoten las lágrimas, expresar todo lo que sentimos, para llevar a cabo una transformación emocional que finalmente nos conducirá a una profunda reflexión. Aumentará más nuestra fe y nos permitirá dejar atrás toda tribulación. Y olvidarás tu miseria, o te acordarás de ella como de aguas que pasaron. La vida te será más clara que el mediodía; aunque oscureciere, será como la mañana (Job 11:16-17).

Jesús es luz de vida

Ante esta difícil realidad, surge una solución que nos brinda la luz que necesitamos para transitar por un camino lleno de esperanza de vida, Jesucristo nos dice: Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas (Juan 12:46). La única respuesta que podemos encontrar en el valle de oscuridad y muerte es la presencia de Jesucristo como la luz de vida para el mundo y las naciones, ya que su misión tiene un alcance universal y eterno. Depositemos nuestras cargas en sus amorosas manos y no sigamos sumidas en el dolor. No nos confundamos bajo esa nube de oscuridad. El Señor Jesús nos dice: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12).

Jesús sana el dolor

Si nunca hemos experimentado la oscuridad, entonces, ¿cómo podríamos entender y percibir la luz? Tal vez hemos sentido que nuestra vida se destroza, que nada tiene sentido. Tal vez estemos paralizadas por la depresión y nos ahoguen tanto las tragedias, que sentimos que no podemos respirar. Quizás nos sintamos tan lesionadas que no aguantamos más, pero ante el panorama más tenebroso que estemos viviendo, levantemos la mirada para encontrar a Dios como una luz que tiene el poder para disminuir el dolor de la herida más profunda, que funciona como un bálsamo sanador para la enfermedad de nuestra alma, porque la luz de Jesús resplandece y pone aceite en nuestras llagas, nos levanta y nos cuida con amor, El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas (Salmos 147:3).

Levántate y resplandece

No podremos proyectar la luz de Cristo viviendo bajo las tinieblas del dolor, aunque nos sintamos caídas y derrotadas, que nuestro resplandor no dependa de las circunstancias que vivimos, ni de lo que suceda a nuestro alrededor. Nuestro gran desafío será levantarnos de cualquier tribulación para resplandecer con la luz de Jesús. Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; más sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria (Isaías 60:1-2).

Refleja la luz de Jesús

Permitamos que Jesús nos inunde con su luz y desvanezca toda tiniebla, que sobre nosotras sea vista su gloria, que nos use como instrumentos que esparcen por el mundo las buenas nuevas a través del evangelio, que en los surcos del dolor, logremos plantar semillas de esperanza, porque la luz hace que las tinieblas desaparezcan, ya que no tiene fuerza ni energía, tampoco tiene poder, ni puede invadir la luz de Cristo que habita en nosotras y como hijas de luz, debemos ser los espejos que la reflejan. Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz (Efesios 5:8, NVI).

Finalmente

El dolor es la oportunidad que se nos presenta para crecer, visualicemos a la oscuridad como una oportunidad para reflexionar, no permitamos que el caos que reina en la tierra empañe nuestra luz, al contrario, que la tristeza que vivimos nos permita apreciar más los momentos de felicidad, que la distancia y el temor a la muerte nos haga valorar y amar más a nuestros seres queridos. Tengamos la certeza de que la noche más oscura terminará y entonces amanecerá y saldrá el sol más brillante que nunca. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella (Juan 1:5).

No podemos negar que hay tinieblas en este mundo, pero lograr la estabilidad y la paz dependerá de nuestra capacidad para enfrentar y superar adversidades, de nuestra fidelidad y confianza en Jesucristo como la única fuente de luz y de vida, de nuestra fortaleza para enfrentar las tinieblas que se presenten a futuro. Aprendamos que las dificultades de la vida son el medio que Dios utiliza para crear sentimientos vitales para nuestro autoconocimiento y así fortalecer nuestro ser. Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz (Números 6:24-26).

Referencias:

Biblia de Estudio Plenitud, Grupo Nelson, 2008. Versión Reina Valera Revisión 1960.

https://www.biblegateway.com

https://www.misionvida.org/luz-que-alumbra-mis-tinieblas/

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Ministerios de alabanza que edifican

Ministerios de alabanza que edifican

Min. Hugo Toto Cajal

En los momentos más importantes de renovación y de despertar espiritual de la historia del pueblo de Israel la música jugó un papel sumamente importante (2 Crónicas 5:12-14; Nehemías 12:27-47). Las majestuosas escenas que nos describen estos relatos nos enseñan que los líderes ponían todo su esmero para organizar las celebraciones de gratitud a Dios. De la misma manera nos muestran el beneplácito del Señor aprobando con su presencia la sincera entrega de su pueblo en la adoración. 

La música es para Dios

El hombre descubre la música en la naturaleza creada por Dios, lo hace a través de su voz y en los sonidos que lo acompañan cada día; llevando su curiosidad e inteligencia a la invención de diversos instrumentos musicales, en un principio rudimentarios, de hueso, piedra, piel, palos, y más especializados y sofisticados con el tiempo (Génesis 4:21).

En la Palabra los instrumentos musicales y el canto fueron utilizados para la celebración de las victorias de Dios (Éxodo 15), así como un medio para enseñarlas y perpetuarlas en el corazón y la memoria de su pueblo (Deuteronomio 31:30; 32). 

Pero es en la monarquía, la época de oro de Israel, cuando la música aparece como un importante elemento del culto antiguo. Fue el rey David (músico, cantor, compositor y lutier1) el gran legislador de lo musical en la liturgia. Elevó el servicio de la música a rango institucional.

Un ministerio por orden de Dios

Estos fueron los cantores que David nombró para el templo del SEÑOR, desde que se colocó allí el arca […] luego continuaron su ministerio según las normas establecidas (1 Crónicas 6:31-32, NVI). Para el ministerio de la música, David y los comandantes del ejército apartaron a los hijos de Asaf, Hemán y Jedutún, los cuales profetizaban acompañándose de arpas, liras y címbalos, hombres idóneos para la obra de su ministerio (1 Crónicas 25:1, NVI).

Con seguridad la palabra ministerio, en estos pasajes, solo se usa como el verbo que refiere la labor que realizaban músicos y cantantes, sin indicar algún tipo de jerarquía eclesiástica.

Pero es muy sugerente que quienes eran designados para la liturgia del canto debían cumplir los mismos requisitos que los sacerdotes: pertenecer a la tribu de Levi y estar consagrados a servir en la casa de Dios exclusivamente, además de tener la misma pureza (Nehemías 12:8; 12:45-46; 2 Crónicas 29:34). La música y la ministración (el servicio) de ella, dentro de los rituales y celebraciones, era considerada algo sagrado.

Entendieron que la institución del ministerio musical por órdenes de David había sido en realidad una orden de Dios: Puso también levitas en la casa de Jehová con címbalos, salterios y arpas, conforme al mandamiento de David, de Gad vidente del rey, y del profeta Natán, porque aquel mandamiento procedía de Jehová por medio de sus profetas (2 Crónicas 29: 25).

Un ministerio del Espíritu de Dios 

En la actualidad definimos “ministerio” como el servicio que un creyente, o un grupo de creyentes, realiza de acuerdo con el llamado particular que Dios le ha hecho y de acuerdo con sus dones espirituales. Cuando alguien pone al servicio de los demás sus dones, se dice que está ejerciendo un ministerio.

Aunque muchas veces no se enliste a la música (ni al canto) como un don espiritual, por considerarse una habilidad que se aprende o un talento natural que se desarrolla, debemos recordar que todas las capacidades y habilidades humanas han sido dadas por el Creador. Y este poderoso arte, siendo el lenguaje universal que todos entienden y el que más mueve los corazones, no podría venir de nadie más que de Dios, porque todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre (Santiago 1:17, NTV).

Además, recordemos que a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho (1 Corintios 12:7), sin olvidar que, no obstante, existan diversos dones, diversas maneras de servir y diversas funciones, Dios mismo es quien obra a través de sus instrumentos (1 Corintios 12:6).

Ministros de la gracia de Dios 

Ahora bien, los verdaderos instrumentos que Dios utiliza para edificar a su iglesia no son los musicales (la voz es considerado uno más), sino las personas que los ejecutan. 

Un músico no es portador de la gracia de Dios por su habilidad artística, sino por su integridad de vida. En los íntegros es hermosa la alabanza, dice el Salmo 33:1.

Cuando un creyente consagrado tiene el llamado de Dios para dirigir la adoración de su pueblo, está en la posibilidad de convertirse en un dispensador eficaz de la divina gracia (1 Pedro 4:10). 

Por lo tanto, necesitamos personas que no solo están preparadas en las técnicas vocales o musicales, sino también que se hayan ejercitado en el discernimiento de la voluntad de Dios al conducir al pueblo hacia el encuentro con Él. Que no solo sean benefactores de la gracia divina, sino también herramientas en las manos de Dios para transmitirla a los demás. 

Esa es la clave para tener cultos inspiradores, esos cultos que a todos bendicen. Momentos inolvidables en los que Dios se goza en la alabanza de su pueblo, y este experimenta su cercanía, dando como resultado la transformación de su vida.

Ministerios en los que Dios se manifiesta 

Tengamos en cuenta que el culto, al estar compuesto por varios elementos, debe ser planeado por un equipo que incluya al director o directores de la alabanza, a los músicos, a personal de oración y de servicio, y desde luego, al predicador. Todos, en una sincera búsqueda de la dirección de Dios, trazando juntos la ruta para el desarrollo de una liturgia donde el Señor se manifieste. Qué sea Él el verdadero, el único protagonista. Respecto a la importancia de la liturgia en la iglesia cristiana les recomiendo el artículo Liturgia y Misionología de la serie La Iglesia que Dios utiliza en la Revista para Pastores y Líderes, trimestre enero-marzo 2022 (pág. 13).

Consideraciones generales 

El talento del canto, como cualquier otro talento, es dado por Dios y tiene el propósito de convertirse en una obra primorosa, es decir, algo que resulte bello, algo que sea hecho con habilidad y sea presentado con delicadeza. Los cantantes solistas sin duda tienen un lugar en la edificación de la iglesia y en la proclamación del mensaje de Dios a otras personas. 

Los ministerios de alabanza, los músicos y las voces de un ministerio de alabanza debemos de asumir que nuestra principal función es la de acompañar y guiar el canto de la congregación. De tal manera que sea la congregación la verdadera protagonista de la alabanza hacia a Dios, mientras que el ministerio de alabanza la acompaña.

Dos extremos riesgosos en la alabanza 

Uno puede ser la tendencia a manipular las emociones de los presentes por medio de la música y de los cantos. Si esa manipulación tuviese resultados, estos no se pueden atribuir a Dios. Tampoco es hacer alarde de virtuosismo en el canto o en la ejecución de los instrumentos, buscando solo el asombro y la admiración de los presentes. 

El otro extremo pueden ser las iglesias cuyos cultos caen en una mal entendida solemnidad, y la “adoración” se vuelve tan fría, superficial y controlada, que todo resulta monótono, predecible y vacío. Esto puede ser peor cuando no existe la cultura de la preparación musical, o donde están convencidos de que el aspecto musical no tiene ninguna importancia.

El sabio punto medio es desarrollar ministerios compuestos por adoradores sinceros, entregados con seriedad al Señor, que sepan y estén consientes de cómo sus dones, talentos y habilidades deben ser usados por Él para la bendición de su pueblo. 

Recomendaciones para conformar ministerios que bendicen:

• Buscar, despertar e invertir en vocaciones ministeriales en el terreno de la alabanza.

• Enseñar periódicamente y a todos los niveles sobre el verdadero sentido de la adoración. 

• Promover la consagración a Dios de nuestros dones y talentos, para que los ministerios y sus miembros sean portadores de la gracia de divina.

• Que los músicos, voces y directores, terminen satisfactoriamente el proceso de discipulado diseñado por nuestra iglesia, como requisito indispensable de una mínima formación bíblico espiritual.

• Hacer equipo con todos los participantes en la liturgia para trabajar en equilibrio, coordinación y comunión.

• Proveer los recursos materiales, técnicos y de capacitación para que los miembros de los ministerios puedan desarrollar su función adecuadamente.

Aunque Dios no tiene límites, ni está confinado a un solo lugar, Él se hace presente en la Iglesia, cuando esta le expresa su alabanza y adoración desde un corazón dispuesto: Tú empero eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel Salmo 22:3 (Mateo 18:20; Hebreos 13:15). Dios se manifiesta y es glorificado cuando una iglesia está unida y todos los ministerios y sus integrantes sirven en coordinación y armonía porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna (Salmo 133:3b). Hagamos todo lo necesario para hacer de esto una realidad en nuestra Iglesia Local.

Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén (1 Timoteo 1:17).

Referencia

1 Persona que construye o repara instrumentos musicales de cuerda. https://dle.rae.es/lutier

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¡Que nadie se pierda!

¡Que nadie se pierda!

Min. Neftalí Domínguez Vicencio

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Compasión y con pasión. Una iglesia que tenga compasión por las almas, es la clave para que su crecimiento e impacto en la sociedad. La compasión es más que empatía o pena, más que un sentimiento; es movimiento, acción, es sentir dolor por aquellos que van sin rumbo y dirección, sentir pesar por aquellos que viven muertos en sus delitos y pecados, e ir por ellos y rescatarlos del lodo cenagoso.

La compasión fue clave en el ministerio de Jesús; Él veía a las multitudes y tenía compasión de ellas porque la gente estaba angustiada y abatida como ovejas que no tienen pastor (Mateo 9:36). Es importante determinar que siempre que Jesús tiene compasión, hay acción; no puede haber compasión sin acción. Cuando Jesús tiene compasión atiende a los enfermos (Mateo 14:14). En otra ocasión que el Maestro tuvo compasión de las multitudes que le seguían, les dio de comer (Mateo 15:32,37). En otro momento, cuando tuvo compasión de la multitud, Jesús tomó tiempo para enseñarles muchas cosas. La compasión de Jesús lo lleva a actuar, a responder ante las necesidades de los demás, su compasión le hace alimentar al hambriento, sanar al enfermo, enseñar el camino a los que van sin destino. Jesús hizo todo esto con pasión y compasión, para que las multitudes pudieran entrar a la cena, al banquete, a la fiesta.

Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios (Lucas 14:15). Es muy probable que este hombre tuviera la idea popular de que solo los judíos serían los invitados al banquete celestial, posiblemente pensaba para sí: soy bienaventurado porque cenaré en el reino de Dios. Una actitud elitista que no piensa en los demás, y menos en los pobres, los cojos, los mancos y los ciegos; una postura contraria a la compasión de Jesús. Cuando la Iglesia asuma la postura de Jesús cumplirá su misión y alcanzará a multitudes para gloria de Dios. La iglesia precisa ser vitaminada con la compasión de Jesús y su pasión por las multitudes.

Entonces Jesús le dijo: un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos (Lucas 14:16). Este hombre hizo todos los preparativos: organizó la agenda, preparó el sonido, puso manteles blancos sobre la mesa, escogió el menú para satisfacer a todos los paladares, adornó el salón decorando con bellas y hermosas flores, contrató maestresalas para que atendieran a los invitados en las mesas. No podían faltar los deliciosos postres. Envió con anticipación las invitaciones a todos los convidados dándoles todos los detalles de fecha y hora de la reunión. Nadie rechazó la invitación porque es notorio que el hombre esperaba con los brazos abiertos a todos los invitados.

Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado (Lucas 14:17). La hora ha llegado, los instrumentos han sido afinados, las mesas están listas, la comida en su punto para ser servida, el sonido ecualizado, las puertas se han abierto. El siervo está pregonando: Venid, que ya todo está preparado. Como siervos del Señor nuestra misión sigue siendo proclamar y anunciar las buenas nuevas: liberar al cautivo, llevar luz al ciego, sanar el corazón que sufre, dar pan al hambriento y agua al sediento.

Este pregonero fue y anunció por todo el pueblo, y nadie acudió al llamado. Él cumplió su encomienda. Nosotros, cumplamos hoy lo que nos toca hacer, seamos una iglesia kerigmática (proclamadora), y aunque muchos pongan excusas, nuestra tarea es pregonar, proclamar, anunciar, predicar a Jesucristo vivo hasta los confines de la tierra. Y el Señor añadirá cada día a esta iglesia a los que han de ser salvos (Hechos 2:47). La misión que nos dejó el Maestro fue: discipulen las naciones.

Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir (Lucas 14:18-20). Los invitados no llegaron. Una interpretación de estos versículos es que los judíos no quisieron entrar a cenar con Jesús, pusieron mil y una excusas para no reconocer la autoridad del Hijo de Dios. Lo preocupante es que muchos cristianos también rehúsan entrar a la cena con el Señor poniendo excusas. Podemos clasificarlas de la siguiente manera:

Posesiones: El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. El mundo capitalista y consumista en el que vivimos nos pone esta trampa para no entrar a la cena. El ser humano vive afligido por acumular bienes materiales. El consumismo nos hace estar tras la novedad.

Trabajo: Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. El trabajo en su lugar correcto es una bendición, pero cuando vives para trabajar y no trabajas para vivir, entonces el trabajo puede ser una excusa más para no entrar y disfrutar cenar con el Rey. La mayoría de personas se la pasan más tiempo en el trabajo que disfrutando con su familia. Otros se la pasan más tiempo trabajando que sirviendo al Rey. 

Proyectos personales: Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. En el mundo individualista en el que vivimos, cada quien está enfocado en sus logros, sus sueños y metas, cada quien tiene su proyecto personal, su plan de vida. El humanismo nos da la idea de que el ser humano es el centro del universo, y la verdad es que Jesús es el Rey del universo. Abraham Kuyper, primer ministro en los Países Bajos, a principios del siglo XX, periodista y teólogo dijo: «No hay ni un solo centímetro cuadrado en el universo sobre el que el Rey Jesús no reclame su Señorío.»

Todas estas excusas se usan muchas veces para no entrar a la cena, y también se usan para no ir pregonando por las calles y pueblos: que todavía hay lugar en la casa del Rey. ¿Cómo vamos alcanzar a los perdidos cuando nosotros nos estamos negando para entrar a la mesa del Rey?

Este es tu momento; o entras a la fiesta o van a invitar a otro. No dejes que otro tome tu lugar. Lo único que tienes en este mundo es la vida y el que te la dio te está llamando. 

Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos (Lucas 14:21). En el versículo 17 vimos cómo el siervo sale a pregonar a los invitados: Venid que ya todo está preparado. Ahora, en el verso 21, el siervo es enviado a seguir pregonando con un sentido de urgencia: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad. La iglesia que quiere crecer debe responder al llamado urgente del Maestro y debe salir de los templos a las plazas y a las calles, porque es allí donde necesita ser sal, es allí donde se necesita la luz, es allí donde están los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 

Los pobres: son aquellos que no pueden pagar una gran cena, no podrían comprar el boleto de entrada a tan suculento banquete.

Los mancos: representan a los enfermos, a los necesitados y muchas veces desamparados, los que han gastado todo en su recuperación y siguen enfermos.

Los cojos: son aquellos que no pueden dar un paso más, a quienes la vida los ha lastimado tanto que ya no quieren seguir, aquellos que su corazón y su mente se ha paralizado y están a punto de claudicar, aquellos que no encuentran una razón para vivir.

Los ciegos: aquellos que viendo no ven, están cegados por el pecado, no encuentran una salida; su ceguera, como con los caminantes de Emaús, no les permite ver a Jesús.

Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar (Lucas 14:22). Es impresionante como el siervo hace lo que su Señor le manda, no se cansa de obedecerle, él sigue pregonando, sigue invitando, obedece a su Kyrios (gr. Κύριος = Señor). Si todos los miembros de la Iglesia fuéramos como este siervo, sin duda la Iglesia crecería a pasos agigantados. Dios nos permita obedecer, trabajar, pregonar y predicar, de tal modo que cuando el Señor nos llame a cuentas le podamos responder: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. En la casa de Dios hay lugar para todos, todavía hay lugar. Tenemos que seguir proclamando porque sigue habiendo lugar para muchos y el Señor quiere casa llena. Sigamos invitando, compartiendo, anunciando que el tiempo ha llegado, que el Padre sigue esperando con los brazos abiertos, que la salvación ha venido.

Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa (Lucas 14:23). Una vez más el Señor sigue enviando al siervo. Ya había ido por las calles y por las plazas de la ciudad, ahora lo envía por los caminos y los vallados; es decir, lo envía a todos lados, a todo lugar, a todo el pueblo. El corazón del Señor late: que nadie se pierda… que nadie se pierda… que nadie se pierda el banquete.

Sigamos cumpliendo la Misión. No nos cansemos de ir por las calles, las plazas, los caminos, los vallados. Vayamos a todo lugar, que nadie se pierda. Vayamos a lo más recóndito de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, de nuestras colonias. Vayamos con el que sufre, con el que llora, con el que está de luto, con los matrimonios que están a punto de colapsar, con los huérfanos, con las viudas, con los que han perdido toda esperanza, con los que no quieren seguir más en esta vida, con los cansados; en suma, vayamos por todos los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 

Y fuérzalos a entrar: fuérzalos no debe entenderse como tener que obligarlos, o traerlos a la fuerza, más bien el sentido es persuádelos, invítalos, anímalos, tráelos una y otra vez, insísteles, no te canses de hablarles, no te canses de orar por ellos, no te rindas, háblales, recuérdales, sigue pregonando. 

Cumple la Misión, no pongas excusas vanas y triviales, que vuestro corazón lata fuerte como late el corazón de Jesús. ¡Que nadie se pierda! ¡Que la casa esté llena! Sigamos como iglesia extendiendo el reino de Dios hasta los confines de la tierra.

Referencias

La Santa Biblia (2000). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas (Versión Reina-Valera 1960).

Biblia de Estudio MacArthur

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¡No olvidemos a los niños!

Una doctrina que sana

Hna. Elemy Eunice Espinoza Ramírez

Visibilizar a la niñez y abrir espacios de diálogo para conocer sus inquietudes y necesidades es una acción reciente que ha cobrado mayor fuerza en el ámbito social, religioso, económico, educativo, ecológico y político a partir de la pandemia de coronavirus por COVID-19, y es que de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) esta crisis sanitaria y socioeconómica representa después de la Segunda Guerra Mundial uno de los mayores desafíos que ha enfrentado la humanidad. 

Esta situación ha dado pie para que diferentes organizaciones asignen espacios en sus agendas y comiencen a dialogar sobre la niñez y su relación con: la salud mental, la educación, los derechos humanos, la migración, la violencia, la ecología, la espiritualidad, la tecnología, entre otros temas que se derivan de la crisis global que nos aqueja.

Por tanto, pareciera ser que antes de la crisis sanitaria la niñez no figuraba como prioridad en la agenda de la mayoría de países, como es el caso de México. De ahí que vale la pena realizar un recorrido sobre el concepto de infancia a lo largo de la historia para asumir como iglesia una actitud proactiva en favor de ellas y ellos, tal como lo hizo Jesús. 

¿Siempre existieron las niñas y los niños?

En una investigación que realizó Jacqueline Benavides-Delgado en 2015 describe tres momentos trascendentales en la historia referentes al concepto de infancia. A continuación, se mencionan:

a) La antigua Grecia: La definición de infancia deriva de dos vertientes, los espartanos y los atenienses. Para los espartanos la rigidez y la crueldad eran la base para formar el carácter del niño. Así que a partir de los 7 años se le separaba de su familia y el Estado asumía su cuidado el cual se basaba en una educación militar, el resto de su formación como la lectura y la música giraba en torno a la batalla, incluso las niñas recibían una educación similar.

Para los atenienses los niños disfrutaban de más tiempo en familia ya que hasta los 18 años el padre se encargaba de buscar la mejor educación basada en la música, las artes, la filosofía y las humanidades. Debido a que en Atenas las familias no eran muy numerosas el padre decidía si se quedaba con el bebé, así que el aborto y la exposición eran prácticas comunes.

b) Edad Media: En esta época el sacrificio de los niños como ofrendas para los dioses era una práctica muy común, así que con el surgimiento del cristianismo las prácticas de infanticidio disminuyeron. Otro aspecto que introdujo el cristianismo fue la importancia que tiene la familia como principal proveedora para atender las necesidades educativas y de cuidado de los infantes, de ahí que se comenzó a fortalecer la idea de que los hijos son un regalo de Dios, por tanto, los padres se convirtieron en sus cuidadores, sin derecho (los niños) a disponer de su vida.

Esta época fue difícil para la infancia debido a las guerras, la pobreza, las pestes o las enfermedades, ya que niñas y niños tenían que dejar sus hogares para trabajar con los señores feudales, los nobles o en los monasterios, así que los niños no tenían otra opción más que entrar al mundo de los adultos.

c) Renacimiento y Modernidad: Los diferentes descubrimientos científicos permitieron la constitución de una nueva clase social, la burguesía. Esto favoreció un mejor estatus para la infancia ya que la maternidad y paternidad cobraron mayor relevancia debido a que la familia comenzó a ser la institución principal para la sociedad.

A partir del siglo XVIII se introducen las primeras pautas referentes a la protección infantil, siendo la figura materna la principal cuidadora y promotora de la educación. Aunque cabe mencionar que se miraba a la infancia como una inversión a largo plazo, los niños serían los próximos herederos de las riquezas y las niñas las futuras madres que preservarían el linaje.

Un punto importante es que diferentes pensadores comenzaron a mirar a la niñez como personas independientes de los adultos y con necesidades físicas, mentales y psicosexuales específicas.

¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos!

Han transcurrido más de 2,000 años desde que Jesús miró a la niñez con amor, ternura y cuidado, y ¿qué ha sucedido desde entonces?, ¿por qué la niñez continúa siendo explotada, violentada, maltratada e invisibilizada? 

Una de las declaraciones que tiene la Iglesia de Dios (7° día) en México es sobre el Maltrato a menores, y en el apartado “La Biblia y los derechos de los niños” se menciona lo siguiente: El niño tiene derecho a ser cuidado (1 Timoteo 5:8).

Este derecho es un llamado para aquellos adultos que se apacientan a sí mismos, y con sus acciones lastiman y vulneran a la niñez, dejándola a merced de las fieras salvajes. Y es que en ocasiones los adultos se centran tanto en sus dificultades que olvidan que las niñas y los niños también enfrentan problemáticas complicadas, que requieren de cristianos que garanticen la participación y protección de la niñez en las comunidades de fe desde un enfoque tierno, incluyente, acogedor y con la disposición de realizar los cambios necesarios para asegurar que el pequeño rebaño no pase frío, hambre y sed.

Al mismo tiempo, es un llamado para valorar con detenimiento aquellos modelos de enseñanza y acompañamiento pastoral, basados en el temor que, en algún momento de la historia del ser iglesia, se preservaron por considerar que el Evangelio requería ser compartido con dureza, dejando de lado acciones fundamentales, como el amor, el afecto, el cariño, el respeto, el cuidado y la ternura.

Ustedes son mis ovejas, las ovejas de mi prado

En los tres momentos de la historia donde se refiere el concepto de infancia se puede advertir que hoy día continúan replicándose algunos principios que lastiman a las niñas y a los niños. Por ejemplo, los niños espartanos eran expuestos al crudo invierno sin protección ni cuidado; y aunque hoy día no se expone a los niños así, hay familias que educan con rigor y desde temprana edad someten a sus hijos a situaciones que detonan estrés, temor, culpa, inseguridad, miedo, tristeza, etcétera.

Incluso, hay comunidades de fe que con la pandemia dieron un paso atrás y regresaron al reforzamiento de acciones adultocéntricas, e ideas sobre la niñez como en la Edad Media donde se creía que los niños eran adultos. Así que, ahora que paulatinamente retoman sus actividades presenciales, han optado por despojar a la niñez de la belleza de crecer en “verdes pastos” y la posibilidad de tener un encuentro con Jesús desde el juego, el descubrimiento, el asombro y la pregunta.

Ante tales casos y otros más que vulneran a la niñez, el Señor omnipotente dice: ¿No les basta con comerse los mejores pastos, sino que tienen también que pisotear lo que queda? ¿No les basta con beber agua limpia, sino que tienen que enturbiar el resto con sus patas? Por eso mis ovejas tienen ahora que comerse el pasto que ustedes han pisoteado, y beberse el agua que ustedes han enturbiado (Ezequiel 34:18, NVI). Así que es de vital importancia recordar que a partir de la niñez y con la niñez, como adultos podemos hablar con Dios y seguir los pasos de Jesús como discípulos bondadosos y amorosos porque la niñez es la más bella metáfora de representación del Reino de Dios.

Concretamente, una comunidad de fe que tiene siempre presente a la niñez realiza lo siguiente y mucho más: 

1. Se moviliza, compromete y relaciona con las niñas y los niños de su entorno inmediato, tanto en la iglesia como fuera de ella.

2. Acompaña y monitorea desde el amor a las niñas y los niños que van conociendo desde muy temprana edad (embarazo) las maravillas de la buena noticia de salvación.

3. Camina junto a la niña y el niño porque le interesa estar con esa persona.

4. Escucha, ve y hace lo posible para fortalecer espacios seguros y libres de violencia.

5. Se renueva constantemente para cobijar y orientar a la niñez que vive experiencias adversas. 

6. Sigue los pasos de Jesús porque promueve el cuidado y participación de la niñez con el fin de fortalecer relaciones basadas en la ternura y el respeto.

En conclusión, recordar a la niñez es una acción que requiere valentía porque moviliza a las comunidades de fe y familias a la renovación de aquellas prácticas e ideas que obstaculizan el fluir de las nuevas generaciones. Así que, ten presente que, aunque no coincidas con algunas ideas, puedes quedarte tranquilo y tranquila porque esas niñas y niños se quedarán para continuar compartiendo el mensaje del evangelio que es el amor, y si eliges abrir tu corazón descubrirás nuevas formas de vivir y ser cuerpo de Cristo en compañía de la niñez.

Bibliografía:

Benavides-Delgado, J. (2015). ¿Siempre existieron los niños? Una mirada retrospectiva al concepto de infancia y niñez a lo largo de la historia (Documento de docencia No. 2). Bogotá: Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia: http://dx.doi.org/10.16925/greylit.1371

Iglesia de Dios (7° día). Declaración de actualidad sobre el Maltrato a menores. Recuperado de https://www.iglesia7d.org.mx/declaraciones-de-actualidad/

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). COVID-19: la pandemia. La humanidad necesita liderazgo y solidaridad para vencer al coronavirus. Disponible en https://www1.undp.org/content/undp/es/home/coronavirus.html 

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Enséñanos a orar

Enséñanos a orar

Hna. Jocheved Martínez Vargas

¿Sabes orar? ¿Te gusta orar? Quizá recuerdes las oraciones que repetían tus padres antes de dormirte o al tomar los alimentos. Puede que guardes en tu mente las recomendaciones de la abuelita que decía: “Cierra bien los ojos, junta las manos, repite conmigo…” Y tú, apenas entrecerrabas los ojos, no querías hacerlo completamente, pensabas que te podías perder de algo importante y lo que hacías, era repetir sus frases, muchas de ellas sin entender el significado.

¿Cómo fueron tus primeras experiencias de oración? Quizá las intensas plegarias del pastor en el culto, a la hora de pedir por los enfermos o las extensas súplicas de algún miembro de tu familia te marcaron. Si creciste en un hogar cristiano, seguro intentaron enseñarte. Ya sea en la casa o en el templo, te pusieron a orar, y es que la oración es una práctica común. Tan común que muchas veces, solo nos quedamos con la costumbre y nos perdimos del verdadero significado de esta experiencia espiritual. Si llegaste a la Iglesia como adolescente o joven, muy probablemente te pidieron que hicieras oración y tú pensabas, pero ¿Cómo empezar? ¿Quién me enseña?

Con el paso del tiempo seguramente te habrás ejercitado más sobre esto. Queriendo o no, te has apropiado esta disciplina, porque, aunque no identificas claramente todos sus beneficios, ni has llegado a conocer profundamente todas sus implicaciones, la oración te ha servido en los momentos críticos que has vivido.

Aquí es importante puntualizar aspectos básicos de la oración que a veces se pasan por alto:

¿Qué es la oración? Es hablar con Dios. Hacer un tiempo para acercarte a un amigo muy especial que te ama y desea lo mejor para tu vida.

¿A quién orar? A Dios. Él es el creador de todo lo que existe. El que sostiene toda la realidad.

¿Para qué orar? Para expresar gratitud, mostrar alegría y contentamiento con las cosas que suceden. También, para pedir cosas necesarias o eventos que anhelamos.

Orar es una actividad esencial en la vida del creyente. Es como hacer una llamada telefónica, eso sí, dirigida al cielo, al espacio de las estrellas, a un lugar tan alto, pero tan cercano, donde habita Dios. Son palabras al Señor poderoso de la creación, al dueño de la vida, al que siempre es y que siempre está.

Esta práctica primordial, se genera en el corazón de Dios y en su deseo de estar cerca de nosotros. El mayor ejemplo de un buen orante es Jesús, su Hijo, quien, durante su ministerio terrenal, hizo de la oración su mejor experiencia de fe.

—¡Señor, enséñanos a orar!, le pidieron sus amigos, quienes constantemente se daban cuenta de los tiempos que Jesús dedicaba a la oración. Si Él, un ser poderoso y lleno de amor, necesitaba comunicarse con su Padre, cuánto más nosotros con nuestra naturaleza frágil e imperfecta.

Vivimos en una aldea global altamente comunicada. En un momento podemos saber lo que pasa del otro lado del mundo, y comunicarnos en cuestión de segundos con personas alejadas a miles de kilómetros. En aspectos tecnológicos, contamos con las mejores herramientas. En cambio, la oración es una cuestión de fe, no requiere de recursos materiales. Y parece que necesitamos aprender más cada día sobre esta tarea espiritual para sobrevivir en un mundo lleno de incertidumbre, oscuridad y pecado.

Orar como Jesús, es el desafío que tenemos en este tiempo.

1. Ora al iniciar tu día. Al abrir los ojos, un hábito provechoso es pedir la bendición del Señor para tus actividades. Separa cinco minutos solamente. Ese tiempo se convertirá en un valioso soporte para la multitud de tareas que te esperan.

Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba (Marcos 1:35).

2. Ora en toda decisión importante. Al elegir tu carrera, al solicitar un empleo, al pedir por una pareja a la que puedas amar sinceramente…

En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles (Lucas 6:12-13).

3. Ora desde el corazón. A veces aprendemos a orar usando enunciados ya establecidos. Las oraciones del corazón expresan las emociones, los temores y miedos. Es la forma más convincente de presentarnos ante el Padre, y es la llave para ser escuchados

Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle (Lucas 22:41-43).

4. Ora ahora. Haz de la oración una permanente plática con Dios. La oración de Jesús era algo natural, un diálogo constante en todo tiempo y lugar. En ocasiones, creemos que solo se puede orar en el templo, frente a los alimentos, al salir y llegar de viaje o en posiciones autorizadas como de rodillas, cerrando los ojos, usando las mismas frases para iniciar o terminar, etcétera. Por ejemplo, ahora que lees este artículo, el Señor está a tu lado y si deseas orar puedes hacerlo. Él te oye, Él oye siempre.

Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba (Marcos 5:16)

Jesús les contó una historia a sus discípulos, para enseñarles que debían orar siempre y sin desanimarse (Lucas 18:1)

La oración no es importante por quien la dice, sino por quien la escucha. Te confieso que mis oraciones son breves y simples. Cuando escucho a otras personas orar, me emociono mucho; saben hacerlo de una manera elegante, con un vocabulario refinado e ideas bien hilvanadas. Haz de cuenta que esa oración es como un potente coche de carreras con un motor de combustión interna, de cuatro tiempos turboalimentado, y mi oración, es un sencillo auto con problemas en la marcha y en la dirección. Pero me consuela recordar que no es importante quién hace la oración, sino quién la escucha, y ese es el Dios lleno de poder y amor que está atento a cada necesidad.

«Señor, enséñanos a orar», es la mejor petición. Es el anhelo del corazón que desea encontrar la luz en este mundo oscuro y vacilante. Es el grito desesperado que brota en el tiempo del peligro. Es el suave murmullo que brinda esperanza y paz aquí y ahora. Es acercarnos al Padre, percibir su amor y sentir que cuando no podemos seguir, nos levanta, y amorosamente nos lleva en sus brazos.

¡Oremos hoy!

Bibliografía:

La Santa Biblia (2000). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas (Versión Reina-Valera 1960).

Traducción en lenguaje actual (TLA) Copyright © Sociedades Bíblicas Unidas, 2000. Usado con permiso.

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Todo lo que soy y todo lo que tengo

Todo lo que soy y todo lo que tengo

Min. Ausencio Arroyo García

Nuestros antepasados adoraron a Dios en este monte, pero ustedes los judíos dicen que debe ser adorado en Jerusalén.Jesús le dijo: —Créeme, mujer, que llegará el momento en que ustedes no adorarán al Padre en este monte ni tampoco en Jerusalén. Ustedes adoran algo que no entienden. Nosotros sabemos lo que adoramos porque la salvación viene de los judíos. Pero llegará el momento, y en efecto ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre está buscando gente que lo adore así. Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad (Juan 4:20-24).

El Dios que revelan las Escrituras es un Dios santo, su esencia sublime representa la belleza perfecta e inefable, además es infinita y por ello resulta inabarcable e indescriptible de manera absoluta; sin embargo, nos acercamos a ella por las expresiones que la misma revelación emplea. Frente a lo sublime y majestuoso de la grandeza divina, el espíritu humano se estremece y se conmueve al percibir su finitud y abundante imperfección. De la conciencia de pequeñez brotan: la humillación del yo personal, un sentimiento de total dependencia y despierta la disposición de rendimiento a lo inefable y maravilloso. Así lo observamos en la actitud del patriarca Abraham, cuando pretende interceder por Sodoma y Gomorra se apresura a decir: […] perdona que sea yo tan atrevido al hablarte así, pues tú eres Dios y yo no soy más que un simple hombre -literalmente, solo soy polvo y ceniza- (Génesis 18:27, DHH).

El estremecimiento del espíritu humano ante lo sublime produce la actitud de adoración reverente. La adoración consiste en las expresiones de asombro, admiración, reverencia y gratitud. La adoración a Dios significa el reconocimiento de la santidad de Dios, no solo referida al ámbito moral de una voluntad que hace lo bueno, que lo posee, sino sobre todo a la condición de lo inaccesible y majestuoso por el poder y la gloria que le reviste. Las respuestas humanas pueden estar equivocadas en su objeto de reverencia o en su forma de realizar el acto. La verdadera adoración es más que ciertas prácticas religiosas, es ante todo una vida volcada hacia el inefable y eterno Dios.

Lo externo no basta

En el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, ella refiere los centros de adoración de cada pueblo; según su tradición, los samaritanos creen que deben adorar en el Monte Gerizim, este monte fue declarado sagrado desde las jornadas del desierto: Y cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra a la cual vas para tomarla, pondrás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal (Deuteronomio 11:29, comp. 27:12). Ella misma menciona que los judíos realizaban sus fiestas en Jerusalén. El judaísmo recibió indicaciones de asistir a las fiestas anuales que se celebraban en la ciudad elegida: Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado (Deuteronomio 16:16-17). Un espacio físico es una necesidad de la experiencia religiosa formal. Delimitar un lugar ayuda a tener un acercamiento con lo sublime.

En muchas tradiciones religiosas se establece un punto geográfico como el origen del universo o donde algún dios suele manifestarse a los seres humanos. En diferentes culturas, el acceso a esos lugares queda prohibido a personas “comunes” bajo amenazas de castigo por sacrilegio, o bien, su visita se restringe a ciertas fechas del año. El supuesto es que al hallarse en ese sitio se cargarán de la energía divina y tendrán su favor para enfrentar la vida cotidiana. Sin embargo, la Biblia enseña que el espacio en sí no produce el encuentro verdadero con Dios. La presencia de un creyente en el lugar de culto puede ser frecuente y en los horarios indicados, pero pueden darse por los motivos o con la disposición espiritual inapropiada. En Isaías 1:14 (compare con Amós 5:21-24) Dios reprocha al pueblo su injusticia y como consecuencia repudia la realización de sus ceremonias religiosas. Una persona puede llegar ante el altar y presentar su holocausto, pero podría realizarlo sin fe real y solo hacer del acto una expresión externa. Podría ser una práctica solo por cumplir la tradición, para ser visto de los otros, para buscar favores personales o para satisfacer su ego haciéndose creer que es bueno.

Es una grave tentación pretender manipular a Dios, querer que responda al antojo y servilismo del corazón humano. Desde las diversas religiones se piensa que Él reside en un espacio terrenal determinado o que se manifiesta en ciertas fechas del año, que se le persuade por medio de frases poderosas, o se le convence por medio de prácticas reguladas o que se le puede forzar con argumentos. Nada más lejos de la realidad, Dios no se deja encerrar en ninguna prisión humana, su naturaleza le hace estar más allá de toda ambición posesiva, Él es el inabarcable, inexhaurible y soberano (Isaías 66:1). Dios es tres veces santo, imposible siquiera de ver directamente, es lo definitivamente distinto de nosotros, finitos e imperfectos. Su majestad inunda los cielos y la tierra (Isaías 6:1-4). Toda la tierra está llena de su gloria.

Por tanto, las manifestaciones religiosas superfluas no son suficientes para honrar lo que Dios es. Ningún ritual en sí mismo, ninguna palabra, ningún lugar, ni tiempo o postulado pueden ser lazos que domestiquen al Señor de la Eternidad y del Universo entero. El Señor no se conforma con el ofrecimiento de un holocausto, la presencia en un culto público, el sacrificio de renuncia o la prosternación del cuerpo. Dios ve la disposición, la reverencia, el compromiso de obediencia a su mandamiento. Dios conoce la verdad de lo que decimos, las intenciones que nos mueven en todo lo que hacemos y los sentimientos que alberga nuestro corazón o qué amamos cuando decimos que lo amamos. No bastan las formas externas de adoración, ni se puede delimitar por los tiempos, los espacios o las palabras. Todo esto son aspectos relativos. Jesús declara que El Padre busca verdaderos adoradores.

En Espíritu y en verdad

Jesús establece la naturaleza del Padre, Él es espíritu, por tanto, no está restringido ni al espacio ni al tiempo, en consecuencia, puede ser adorado en cualquier lugar o tiempo. La única condición para una verdadera adoración se asocia con la verdad. Estos postulados provienen de la enseñanza profética, la cual planteaba que la idolatría podría ser cuando se adoraba a un dios falso, ya fuese un elemento de la creación o un ídolo creado por el ser humano. Pero, también podría ser idolatría cuando se adorase de manera distorsionada al único Dios. Las formas canónicas o las fórmulas establecidas para la liturgia no son vehículos de adoración aceptables cuando se tiene en la mente y el corazón a un dios falso. La mención de la verdad podría aludir a las distorsiones doctrinales sobre la naturaleza de Cristo en el primer siglo; como las ideas de tendencia gnóstica que no reconocía la naturaleza humana, o la negación de su divinidad, que enseñaban grupos de cristianos judaizantes, como los ebionitas. Las formas de exaltación pueden ser ortodoxas pero el objeto de fe impreciso. 

La Palabra ha revelado lo que es Dios y lo que es Jesucristo, y la alabanza que se exprese se ha de realizar conforme lo que son. Cómo podría ser la adoración correcta si menospreciamos lo que el Hijo es, si le quito su gloria y hago de Él alguien que de esencia solo divina y creo que su cuerpo habría sido una apariencia, en consecuencia, no hubo encarnación real ni muerte divina en la cruz, todo habría sido una representación que creó ilusiones. Si así fuese, ¿cómo podríamos tener seguridad de salvación?, ¿cómo sabemos que el Señor entiende lo que somos la humanidad?, ¿cómo confiaremos en que existe la resurrección de los cuerpos y que la esperanza es válida? El escritor de la primera carta de Juan defiende la doctrina de la encarnación del Hijo: […] Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no…no es de Dios […] (1 Juan 4:2-3). No puede ser otra cosa.

De la misma manera, si le quitamos al Hijo el honor de su origen celestial y pensamos de Él como una criatura, le despojamos de la gloria que le proviene del Padre y estableceríamos que habría sido adoptado, no engendrado. El Apocalipsis describe la visión del canto de ángeles, seres vivientes y de ancianos, se han unido para la alabanza del culto celestial, sus voces cantan: […] Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (Apocalipsis 5:13). Sería un grave atrevimiento si intentamos quitarle lo que le viene del Padre.

Todo lo que soy y todo lo que tengo

La adoración consiste en las expresiones de asombro, admiración, reverencia y gratitud a Dios. Según Jesús, la verdadera adoración solo puede darse en el espíritu. Por asombro nos referimos al temor reverente con que nos acercamos al Padre eterno, lo central está en el corazón humilde y la disposición de sumisión. Dios provoca en el creyente el sentimiento llamado de lo numinoso, el cual implica un aspecto fascinante porque atrae y a la vez, una sensación de lo terrible porque puede destruir si se le acerca demasiado. Muchos adoradores actuales hemos dejado de lado esta actitud, haciendo del concepto de Dios un simple mito de entretenimiento al servicio de una humanidad egoísta. 

Los elementos accesorios en la alabanza como la música, las ropas, las posturas corporales o los lugares no son definitivos para que Dios reciba las expresiones de adoración. Es la piedad reverente revestida de verdad la que el Señor recibe. Si bien, los medios externos pueden favorecer la santificación de estos actos no la pueden dar por sí mismos. La humillación proviene del interior, de un corazón contrito y anhelante de perdón, y esto solo se puede dar en aquel que reconoce su pecado y su lejanía del carácter santo de Dios y se postra arrepentido en busca de la gracia sublime.

El espacio del templo es un ambiente que favorece interiorizarnos para reconocer lo que somos y tenemos ante los ojos de Dios; mas no puede darnos lo que solo el Señor nos puede otorgar: nueva vida. La fe como confianza, esperanza y amor provienen del Espíritu que Dios nos da en la nueva vida. En razón de esto cada creyente somos un templo santo donde se honra y sirve al Dios soberano. De la intimidad espiritual emana la identidad de que somos hijos e hijas de Dios y somos convertidos en santuarios vivientes.

La verdadera adoración no es de un tiempo y un espacio sino de todo el tiempo y en todo espacio. Cuando decimos que sí al Señor, somos llamados a expresar la alabanza en la vida cotidiana del mundo, los verdaderos adoradores exaltan a Dios en todo lo que hacen, sus vidas son una profunda expresión de adoración: en la calle, en el trabajo, en el mercado, los centros de entretenimiento, en casa, en el templo y en cualquier lugar. No solo estamos frente a Dios cuando entonamos un canto con la congregación u oramos en privado, nos hallamos ante Él siempre, estamos ante su presencia sublime en todo tiempo, aunque a veces no somos conscientes de ello.

Adoramos a Dios cuando mostramos respeto por la vida del prójimo, guardamos su honor, sustentamos su cuerpo, le miramos con humildad, acariciamos con pureza, escuchamos su necesidad, atendemos su llanto y soledad. Adoramos a Dios cuando levantamos al caído, restauramos al que fracasó, alentamos al triste y al afligido. Adoramos a Dios cuando hablamos con verdad, cumplimos promesas, guardamos la fidelidad conyugal o tratamos con compasión a los niños. Adoramos a Dios cuando nos unimos a la voz de aquel o aquella que reclama justicia. Adoramos a Dios cuando decidimos vivir en honradez o cuidamos la creación de Dios, adoramos a Dios cuando damos trato decoroso a toda vida. Adoramos a Dios cuando sus mandamientos son primero, más que nuestras preferencias egoístas.

La adoración verdadera debe mantener varios criterios claves: debe estar centrada en Dios, recordemos que la audiencia que cuenta es Él. Fallamos cuando solo nos preocupa nuestro gusto musical o de estilos y no pensamos si Dios la recibe. Además, cada persona que participa en el culto lleva su disposición, afirmativa o negativa, para ser bendecido durante el mismo. También se nos muestra que, la experiencia más plena es la experiencia de la comunión. Nos unimos con otros creyentes porque es grato a los ojos de Dios (Salmo 133); nos complementamos y alentamos en el pueblo. Por otra parte, debe ser en el Espíritu, esto significa que Él mismo se adora a través de nosotros. Lo sublime es inaccesible para nosotros, pero en su voluntad seremos instrumentos de alta fidelidad.

Adoramos a Dios cuando cumplimos nuestro llamado. Todos adoramos a Dios si lo que hacemos lo hacemos para agradar a sus ojos (Colosenses 3:22). Todos y todas, ya sea que nos desempeñemos como obreros, ingenieros, médicas, amas de casa, maestras, campesinos; somos sus siervos; ningún espacio de vida está fuera de la soberanía de Dios. Adoramos a Dios cuando reconocemos que todo es suyo, que lo que tenemos lo hemos recibido por gracia y usamos los dones, recursos, conocimiento, habilidades o bienes para honrarle. Somos de Él y para Él. Él nos ha creado para su gloria. Por esto adoramos a Dios con todo lo que somos y todo lo que tenemos. ¡Tales adoradores busca Dios que le adoren!

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Comunicado a la Iglesia de Dios (7o Día) en México (14 de enero de 2022)

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La mejor herencia

La mejor herencia

Min. Josué Ramírez de Jesús

Uno de los momentos más trascendentales en el ciclo de vida familiar es la muerte de los padres. El padre y la madre son la autoridad en la familia, su presencia e intervención son clave en el desarrollo de los niños, son la figura de apoyo y seguridad, quienes afirman la identidad de los hijos y permiten que adquieran mayor autonomía e independencia.  

Desde la antigüedad ha existido la preocupación de transmitir a los hijos un patrimonio que asegure su capacidad productiva y reproductiva. En el Antiguo Testamento observamos la importancia de designar de entre los hijos a un heredero que perpetúe el linaje paterno, reciba la totalidad de la herencia, la subordinación del resto de los hermanos y asista a los padres durante su vejez. 

El tema de la herencia ha sido un hilo conductor en la historia bíblica. Desde Abraham hasta Jesús, y a nosotros como coherederos.

Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará (Génesis 15:4). […] Dios le prometió todo al Hijo como herencia y, mediante el Hijo, creó el universo (Hebreos 1:2b). Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo (Romanos 8: 17a).

Si pensáramos que cuando la Biblia habla de la herencia se refiere única y exclusivamente a la tierra y los bienes materiales estaremos considerando que son el bien supremo al que debemos aspirar para proveer a la generación posterior. Sin embargo, en las Escrituras existen tres raíces hebreas que sirven para dar cuerpo al concepto de herencia en el Antiguo Testamento: yaras, nahal y halaq.

Yaras: Se refiere a tomar, entrar y suceder en la posesión. Implica la transferencia de una propiedad que antes tenía otro dueño. Se emplea, por ejemplo, en la conquista de Canaán por Israel. 

Nahal: Se refiere a poseer a título de patrimonio un bien de carácter durable y permanente. El sujeto beneficiario es un pueblo, tribu o clan, no un individuo aislado. Se emplea, por ejemplo, al hablar de los recursos de que dispone un pueblo. 

Halaq: Se refiere a repartir y dividir una adquisición que se ha hecho en común. Se emplea, por ejemplo, en el reparto de un botín de guerra o el reparto de la Tierra Prometida.  

En la cosmovisión de los pueblos vecinos a Israel el tema de la herencia estaba ligado a la tierra, y en el vínculo entre el dios y el territorio habitado por un grupo humano. Tomar la posesión de la tierra significaba participar de la herencia que su dios le daba al pueblo independientemente de quien fuera. Este pensamiento descansa en la creencia de que cada dios posee un dominio determinado.

La concepción religiosa de Israel es diferente a la de los pueblos vecinos. Dios no aparece vinculado con la tierra que promete, de hecho, acompaña al pueblo en su peregrinaje. Su vinculación con el pueblo es por pura gracia, voluntaria y libremente. 

Hay un único texto anterior a los profetas que designa la tierra como herencia (Éxodo 15:17). La expresión “monte de tu heredad” designa más directamente al Santuario, símbolo de la presencia por la que Israel es pueblo de Dios. 

En la teología del Pentateuco y los Profetas se confirma que la herencia (Nahal) de Dios es un pueblo, no un territorio. 

En la narración bíblica encontramos a profetas hablándole a un pueblo que tenía tierra y prosperidad, pero era injusto. Oseas le habla a un pueblo en gran prosperidad material (12:8-9). El pueblo posee la tierra, pero no le provee alegría ni contentamiento por eso la impiedad e idolatría crecieron al mismo tiempo. Por eso Dios va a retirar sus dones como castigo a las faltas de Israel, porque la verdadera tierra que nos manda a cultivar es la justicia, el amor y la búsqueda de Él. 

A medida que la Revelación y los acontecimientos hagan descubrir a Israel que no puede saciarse con ningún bien material, la idea de la herencia se espiritualizara paralelamente a la idea de felicidad. La herencia es un bien que puede llenar el corazón humano. Solo aquellos para quién el amor de Dios es el bien supremo pueden beneficiarse. 

La situación de los Levitas nos muestra claramente que la herencia no está solamente ligada a la tierra. No recibirán herencia como sus compatriotas, ya que su herencia es el Señor, como él lo ha dicho (Deuteronomio 18:2, DHH). En un principio se entiende aplicado solamente a un grupo, pero progresivamente acaba por aplicarse al pueblo entero. 

Esta comprensión alcanza su pleno sentido en el momento en que la tierra de Canaán, es quitada del pueblo de Dios, El Señor es mi herencia, por lo tanto, ¡esperaré en él! (Lamentaciones 3:24).

El exilio de Babilonia supuso, en cierto modo, el final de una época, ya que le hace experimentar al pueblo de Dios la posibilidad de vivir una vida religiosa y profunda, sin lo que pensaba indispensable: la posesión de la tierra. Eclesiastés también muestra que el corazón del hombre no puede llenarse con bienes materiales por abundantes que fuesen (2:11). 

El progreso de la Revelación sobre el tema de la herencia prometida nos lleva a afirmar que esta no es otra que la misma intimidad con Dios. Quien tiene a Dios en el corazón y vive en intimidad con Él, anticipa en cierto modo, la herencia que recibirá en el mundo venidero. 

Esta concepción espiritual de la herencia constituye el terreno donde germinara la Revelación de Jesucristo. La herencia que Jesús anunciaba iba a sobrepasar infinitamente las esperanzas más profundas. Cristo será heredero único de las promesas de Dios, pero todos los creyentes coherederos con Él. 

¿Qué padre o abuelo no quiere ver a sus hijos en una relación plena e íntima con Dios? Para que esto sea una realidad, debemos afirmarnos en el entendimiento de que una generación no puede limitarse a heredar a la posteridad bienes materiales, sino un patrimonio de fe, afectivo, moral y religioso adecuado. 

La fe no se hereda de manera genética, no se contagia como alguna enfermedad, ni tampoco se trasfiere como una mera información de vagos conocimientos. La fe no es un sistema de ideas, sino una vida que se ha de compartir y comunicar. Es una experiencia personal, un don de Dios que se recibe en libertad y define lo que uno es y será. 

En sentido estricto la fe no se hereda, es una opción personal. Pero si requiere mediadores: la familia y la Iglesia. 

Las familias pueden esperar a que sus hijos personalmente den el paso a la fe, sin proveerles experiencias plenas y sanas. Ni las iglesias pueden esperar a que los creyentes maduren por sí mismos sin ofrecer modelos de comunidades vivas. Mucho menos instalados en sus actividades, orando y esperando a que llueva del cielo el relevo generacional. 

La mejor herencia que se puede dar a las siguientes generaciones consiste en favorecer el acontecimiento del encuentro con Dios. Siendo conscientes de que: «no se nace cristiano, nos hacemos cristianos». Y los cauces para colaborar al surgimiento y crecimiento de la fe en las nuevas generaciones son básicamente la familia cristiana y la Iglesia. De esto tenemos testimonio desde los primeros siglos de la era cristiana.  

Para transmitir la fe necesitamos comunidades vivas de referencia que harán nacer testigos, que llevados por procesos serios de discipulado los conduzcan a tomar decisiones existenciales. Por eso resulta urgente reforzar la identidad cristiana, nuestra tarea educativa consiste, principalmente, en ayudar a los jóvenes a encontrar al Dios verdadero para que, llevados por la gracia, se enamoren de Él. La vida familiar y eclesial son los ámbitos privilegiados para la vivencia y comunicación de la fe. 

Bibliografía:

Dreyfus, F. (1957). El tema de la Herencia en el Antiguo Testamento. Revista de Ciencias Filosóficas y Teológicas, 42, 3-49.

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Niñez en tiempos de pandemia

Niñez en tiempos de pandemia

Lic. Elemy Espinoza Ramírez

A lo largo del tiempo, el ser humano ha enfrentado momentos cruciales que han marcado el rumbo de su historia. Seguramente has leído que entre el año 1346 y 1353 la peste negra mató a un poco más de la mitad de la población europea, o que durante los primeros meses de la Primera Guerra Mundial la gripe española tuvo su aparición y luego se extendió en todo el mundo. 

Otro momento crucial, que está marcando el rumbo de la humanidad, es la pandemia que hoy aqueja al mundo. Y no obstante que mucho se ha reflexionado sobre el impacto económico, social, político, educativo, cultural, tecnológico, ecológico, religioso y de salud; resulta importante detenernos un momento y meditar sobre los desafíos que enfrentan las niñas y los niños, y el papel del adulto líder o educador en este tipo de crisis. 

Cuando un adulto enfrenta alguna crisis, usualmente centra su atención en el peligro o el temor; en cambio, es común observar que cuando los niños enfrentan algún momento crucial, de manera innata, optan por aprovechar la oportunidad y aprender de la adversidad. Como, por ejemplo, la foto de un niño que, en un campamento de refugiados por la guerra, aparece jugando con otros niños en su misma condición. Dicho de otra manera, los niños son capaces de adaptarse a las circunstancias porque continuamente les rodean nuevas experiencias de aprendizaje y crecimiento. 

De ahí la importancia que tiene que, como adulto líder o educador, te detengas un momento y medites respecto a la perspectiva que tienes de las “crisis”; es decir, ¿consideras que son solamente un peligro o que son una oportunidad de crecimiento? Este primer paso te permitirá tomar conciencia sobre cómo ejerces el acompañamiento pastoral. 

Ahora que has meditado sobre tu posición respecto a las crisis, es momento de reflexionar sobre algunos puntos que te permitirán cultivar, desde la ternura y el amor, habilidades de adaptación ante situaciones adversas; con el propósito de fortalecer las tres pautas para una pastoral desde el corazón, que se describirán más adelante. 

Adultos tiernos y amorosos.

¿Has escuchado el término “crianza con ternura”? Es una propuesta que retoma el Dr. Harold Segura y la Dra. Anna Grellert; se enfoca en formar redes de relaciones tiernas y amorosas que den soporte emocional y espiritual a los niños y adolescentes. Bajo este marco, que tiene como fundamento teológico el mensaje y vida de Jesús, quien es el modelo por excelencia de la ternura, los doctores mencionan que «la ternura de Jesús implica afecto cercano, consideración, respeto, protección, valoración, aceptación, cariño y defensa activa»1. 

Por lo tanto, será oportuno que pongas en acción lo siguiente para cultivar habilidades que te permitan, como adulto líder o educador, aprender de la adversidad. 

1. Fortalece una comunicación asertiva2 y de intercambio de experiencias que enriquezcan tus vivencias y decisiones. 

2. Ejercita la toma de decisiones. Escribe en una libreta aquellos eventos o situaciones de crisis, y plasma todo aquello que te genere duda, incertidumbre, tristeza, enojo, etcétera. 

3. Aprende a cuidar de ti. Aliméntate equilibradamente, ejercítate, busca espacios de esparcimiento; sobre todo, consolida redes de apoyo que te brinden seguridad en momentos complicados. 

4. Mantén una actividad diaria que afiance tu estabilidad emocional. Recuerda desarrollar nuevas habilidades y destrezas. 

5. Replantea tu percepción de las crisis. En la medida de lo posible, comienza a establecer aquellas oportunidades que traen consigo los desafíos de la cotidianidad. 

Pastorear, es una acción que implica la toma de conciencia de ti mismo, y un trabajo continuo en aquello que se te dificulta; por ejemplo, comunicar asertivamente tus ideas, identificar y abrazar tus emociones y sentimientos, establecer límites, etcétera. Recuerda que, en la medida que vayas fortaleciendo tus capacidades como líder o educador, promoverás en los niños una vida plena basada en la justicia y el amor; tal como Jesús lo mostró: Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios… (Marcos 10:13-16).

Tres pautas para una pastoral desde el corazón.

El 11 de junio de 2020, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) rescató en el artículo “La crisis económica del COVID-19 empujará a millones de niños al trabajo infantil”3, que, de no tomarse medidas de protección social, millones de niños quedarán expuestos a la explotación, trata de personas, y el trabajo forzado; derivado de factores como el cierre de las escuelas, la muerte de padres y madres, así como la disminución de empleos a nivel global. 

Este panorama debe mover nos hacia la consolidación de estrategias de intervención que brinden protección y cuidado a la niñez; así como, a sumar esfuerzos para garantizar, en las familias, vínculos tiernos, cálidos, justos y libres de violencia. Es por ello, que a continuación se describen las pautas que, como líder o educador, podrás implementar en favor de la niñez. 

Pauta 1. Escucha y genera seguridad. De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis (Mateo 25:40). El afecto que se expresa desde las caricias, es el mejor vínculo para proveerle tranquilidad al niño, es el complemento perfecto de la escucha activa (Lucas 8:8); ya que, cuando un adulto expresa con respeto su cercanía los niños, estos se sienten seguros para compartir sus problemas y conflictos. 

Indudablemente, el contacto físico hoy día se ha reconfigurado. Por el momento, abrazar está en pausa. Así que, una alternativa para suplir este acto, que calma el cuerpo y dispone al diálogo sincero, es crear brazos viajeros. Para ello ocuparás: una frazada o cobija de recién nacido (doblada en triangulo), y palmas de la mano marcadas en fieltro, y velcro. En cada esquina pegarás las palmas, de manera que cuando rodees con la frazada al niño, las palmas se junten. Coloca velcro en el centro de las palmas para que se peguen y despeguen.

Pauta 2. Acompaña y anima. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo (1 Juan 4:4, JBS). Destina un espacio sereno que provea libertad para que el niño exprese de manera confiada sus problemas sabiendo que el adulto que lo acompaña está dialogando con él con total tranquilidad. 

Por el momento, los templos están cerrados, pero eso no significa que tu acompañamiento cesó. Así que aprovecha las diferentes plataformas virtuales para animar y alegrar a los niños. Muéstrales a los padres o tutores cómo pueden crear en su hogar un rinconcito de oración. El niño puede recurrir a este espacio cuantas veces quiera para calmar sus sentimientos, sanar sus heridas y fortalecer su espiritualidad.

Pauta 3. Siente y actúa. Jehová es mi pastor; nada me faltará… (Salmo 23) En la imagen del Pastor que describe este salmo, encontrarás otras pautas de intervención desde una mirada misericordiosa, bondadosa y humilde. Hoy, más que nunca, la niñez requiere adultos resilientes4, justos, desprendidos, vinculados con sus emociones y, sobre todo, que sean discípulos de Jesús. 

La crianza con ternura es una alternativa pertinente para tu liderazgo, cualquiera que sea tu posición. Así que, continúa fortaleciendo tus aprendizajes. Recuerda que la Biblia es viva y dulce al paladar. Movilízate para mirar y sentir el dolor de los niños que continuamente son violentados en diferentes espacios, como su hogar, por ejemplo; ese entorno donde debe prevalecer el amor, la ternura y la protección. 

En definitiva, la niñez en tiempos de pandemia es un tema que amerita mayor diálogo en el liderazgo; de modo que, las diferentes sociedades que conforman la Iglesia de Dios (7° día), fortalezcan sus pautas pastorales con el fin de construir, reconstruir, alentar esperanza y promover la solidaridad, en favor de las niñas y los niños. 

¿Ya elegiste la acción que pondrás en práctica para fortalecer tu pastoral desde la ternura? 

Referencias y bibliografía

1 “Marco conceptual-operativo de Crianza con Ternura-el ejercicio del amor desde la cuna que marca la humanidad”. https://www.wvi.org/sites/default/files/Marco%20Conceptual%20de%20Crianza%20con%20Ternura%20-%2027%20de%20agosto.pdf

2 Ser asertivos significa expresar pensamientos y sentimientos de forma honesta, directa y correcta. Implica respetar los pensamientos y creencias de otras personas, a la vez que se defienden los propios. https://www.game-learn.com/que-es-la-asertividad/

3 https://news.un.org/es/story/2020/06/1475912

4 La resiliencia o entereza es la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos. https://es.wikipedia.org/wiki/Resiliencia_(psicolog%C3%ADa)

Derechos humanos (11 de junio 2020). La crisis económica del COVID-19 empujará a millones de niños al trabajo infantil. Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2020/06/1475912 

Grellert, A.C. (s/f). Marco conceptual de Crianza con Ternura, el ejercicio del amor desde la cuna que marca la humanidad. World Vision. Disponible en https://www.wvi.org/sites/default/files/Marco%20Conceptual%20de%20Crianza%20con%20Ternura%20-%2027%20de%20agosto.pdf 

Grellert, A.C. (2016). Crianza con Ternura. México, Distrito Federal: Casa Unida de Publicaciones.

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