Alguien está siguiendo tus pisadas

Alguien está siguiendo tus pisadas

Hna. Jocheved Martínez Vargas

Ser guías es un privilegio y un desafío. Dios se acerca, a su manera, a los seres humanos para hacerlos partícipes del privilegio de colaborar en su Plan de Redención. A Él no le falta ni sabiduría, ni poder, ni recursos para llevarla cabo; sin embargo, en una extraordinaria muestra de generosidad, nos concede la oportunidad de liderar su bendito pueblo. No es por abolengo, ni autoridad personal, ni escolaridad superior; es sólo por su maravillosa gracia que nos llama y faculta para guiar, aconsejar, acompañar, dirigir…pastorear otras vidas.

El proyecto es de Dios, y Él llama a quien quiere. Algunos, movidos por la ternura divina, levantamos la vista y somos encontrados por su amor y misericordia infinita, se enciende una llama en el corazón. Ser objeto de su elección alienta nuestra vida y empezamos a caminar, ejerciendo ministerios con los dones que nos ha regalado y en cada descubrimiento y en cada acción avanzamos creciendo y madurando. Al menos ese es el ideal divino.

Lo sepamos o no, Dios observa nuestra vida, pero ellas y ellos también. La Comunidad con la que caminamos día a día, observa nuestro andar; se detiene para vernos en los momentos de alegría cuando las bendiciones rebasan las expectativas, también nos observa en el tiempo de la crisis y dolor, cuando parece que se agotan las ilusiones y esperanzas. Aun sin desearlo o esperarlo, pone atención a nuestras acciones, palabras y actitudes. En el fondo, todos necesitamos un modelo de carne y hueso, que hable su idioma, y tenga su misma sensibilidad y algunos creen encontrarlo en nosotros.

Hay quien nos ve, como un ejemplo a seguir, como una encarnación palpable del mensaje del evangelio, como un anhelo de su realización personal… por ello, debemos ser extremadamente cuidadosos en el liderazgo que ejercemos. El líder, en su naturaleza humana, es propenso a buscar la fama y el honor personales, le corre en las venas el ansia de poder; por lo cual, todos los días debe batallar con “los demonios del egoísmo y la soberbia”; y esos mismos “demonios”, nos atacan a nosotros que estamos al frente de un ministerio, es más, somos el blanco preferido. Los que hablamos de renuncia y amor a los demás, nos podemos dejar arrastrar por sentimientos contrarios, los que predicamos la paz abundante, también podemos sufrir su escasez. Lo más probable es que algunos están siguiendo nuestros pasos, tengamos en cuenta, que si nos equivocamos, ellos también corren riesgo de ser lastimados.

Es obligado que cada día revisemos nuestro interior, nos veamos en el espejo de la Palabra con calma, sin prisas ni engaños. Que su poder y eficacia nos despoje de esa falsa modestia, con la cual también dañamos de manera encubierta. Nos conviene, orar por nosotros, con vehemencia, con profunda necesidad, como si estuviéramos moribundos, al borde del colapso. Así, daríamos cada paso con la sobriedad y prudencia necesarias. Debemos revisar que nuestras motivaciones sean puras, y que nuestras formas de actuar sean humildes y justas.

Nos conviene, predicarnos primero a nosotros, pero fuerte, para que sean traspasados los muros del supuesto conocimiento y la conformidad, y sea descubierta nuestra fragilidad y dependencia. Predicarnos a nosotros, sin miedo. Sentarnos en el primer lugar, no como el sitio de honor, sino como el lugar del necesitado, del incompleto, del insuficiente. Sólo desde esa precariedad podremos ver nuestra realidad y obtener la fe necesaria para que Cristo se siga conformando en nosotros momento a momento, día a día.

En la función que Dios nos permite desarrollar ahora, recordemos tomar en cuenta estos aspectos:

1. Seamos guías espirituales íntegros.

Un líder con integridad, tiene credibilidad, y puede influenciar eficazmente a otras personas. Las palabras van a impactar en los corazones si están respaldadas por evidencias de la fe cristiana.

«Así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros» (1 Corintios 1:6).

2. Llevemos las personas a centrarse en Cristo.

No permitamos que la gente se detenga en nosotros, orientemos siempre la mirada de ellos hacia el Salvador. Las personas perciben si buscamos nuestra gloria o si de verdad, dejamos de lado las pretensiones vanas y damos la alabanza total al Señor de todo.

«Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz» (Juan 1:6-8).

3. Permitamos que la palabra

siga transformando nuestras vidas.

Sigamos leyendo a diario la Palabra eterna. La lectura de la Palabra traerá cambio y entusiasmo a nuestra vida cotidiana. La fe en Dios debe ser una experiencia personal con Él. Será perceptible si al compartir un mensaje o testimonio, hablamos de un desconocido o de alguien cercano.

«Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos» (Santiago 1:22).

4. Hagamos de la oración un hábito de dialogar con el Señor.

No importa nuestra experiencia o preparación, la oración nos conecta con Dios, fuerza primera y final de todo lo que existe. La oración nos hace sensibles de la presencia cercana del Señor y nos alienta a permanecer en obediencia y sumisión. En el encuentro de oración hallamos la verdadera paz que viene de Dios. Confiando en sus propósitos y reafirmando la fe en sus promesas.

«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6-7).

5. Mostremos la unción del Espíritu Santo a través de un carácter afable.

El reto de la afabilidad; un líder con un espíritu afable perdura hasta la eternidad. Un carácter transformado por la gracia del Señor experimenta el perdón y la reconciliación consigo mismo y con los demás.

«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley» (Gálatas 5:22-23).

Los verdaderos líderes impactan vidas. En la historia de nuestra iglesia, hemos contado con hombres y mujeres, que han guiado al pueblo conforme al corazón de Dios. Sus vidas nos siguen inspirando, sus testimonios siguen abriendo caminos de esperanza. Pidamos a Dios que nuestra vida también sea un instrumento de bendición, que también cuente para la eternidad.

«Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe» (Hebreos 13:7).

Hoy alguien te sigue, no lo defraudes…

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Mejora tu relación con Dios

Mejora tu relación con Dios

O.I. Sugey Zavala

A lo largo del tiempo escuchamos lo maravilloso que es tener una sana relación con Dios, los beneficios que trae para nuestras vidas cotidianas y para nuestra vida espiritual, incluso podemos ver a hermanos y hermanas que tienen un crecimiento impresionante en conocimiento de la Palabra y en los frutos que refleja el trabajo que hacen en el ministerio que desarrollan; muchas veces pensamos que ojalá pudiéramos tener las habilidades o dedicación que ellos tienen para también tener el mismo resultado o uno aún mejor, incluso podemos llegar a fantasear respecto a lo que se puede hacer mejor y cómo nosotros implementaríamos nuevas formas para tener mejores resultados. Sin embargo, nada es suficiente si no tenemos un tiempo diario para cultivar nuestra relación con Dios, esa que a nivel personal tienes tú con Él; no la que Él tiene contigo.

Tómate un tiempo para evaluar la forma en que sostienes esa relación, pregúntate ¿cómo defines tu relación con Dios? ¿Cómo la alimentas? ¿Cuál es el grado de confianza que existe? ¿Cómo la expresas? ¿Qué frutos tiene? ¿Cómo contagias a otros las ganas de tener una relación estrecha con Dios? ¿Qué evidencia ven otros de la relación que mantienes con Dios? Una vez que tengas las respuestas, te invito a que pienses de qué manera puedes hacer que mejore esa relación que mantienes con Dios.

Y es que, si somos brutalmente honestos no siempre estamos donde queremos y/o no con los resultados que queremos. Entonces, inevitablemente surge la pregunta: ¿Cómo puedo mejorar mi relación con Dios?

Cuando nos hacemos este tipo de preguntas, nos encantaría encontrar una receta que nos diera resultados inmediatos, sin embargo, aun las recetas de cocina requieren un tiempo de preparación, otro tiempo para que los ingredientes puedan soltar su sabor y estos a su vez puedan mezclarse para llegar al resultado deseado. Piensa en este tiempo de preparación, cuando te encuentres ante una situación en la que quieras resultados inmediatos y es que todo lo que nos edifica merece el tiempo necesario de preparación, el empeño para que aprendamos a hacerlo bien y posteriormente podamos disfrutarlo y compartir con alguien más. En fin, te compartiré algunas cosas que puedes implementar para establecer y mejorar tu relación con nuestro Creador.

1. Búscalo: preséntate tal cuál eres, Él ya te conoce y sabe quién eres, cuáles son tus peticiones y fortalezas, las debilidades y angustias que estás atravesando; sin embargo, Dios escucha la oración de sus hijos y actúa sobre los corazones que le buscan. Dobla tus rodillas, eleva una oración hacía Él cada día sin que esté cargada con una petición, sólo date la oportunidad de agradecer la vida que te da, la familia, los amigos, los hermanos, incluso las situaciones adversas que estás atravesando. Búscalo no sólo en momentos de indecisión, angustia o tremenda necesidad, alza tu voz a Dios cuando tengas las ganas de contarle a alguien la felicidad, emoción, impulso que te da el que algo esté saliendo bien en tu vida y reconoce que todo va dándose porque Él así lo permitió. También permite que esté a tu lado en los momentos de profunda soledad, tristeza o desaliento; háblale y busca su rosto en situaciones en las que sientas que la injusticia está llevándose tu voluntad de mantenerte de pie. Él siempre nos levanta, reconforta, sostiene y sustenta.

2. Establece canales de comunicación: permite que Él te dé respuesta a tus oraciones: peticiones, acciones de gracias, respuesta por algo que no tienes claro, etc. Escucha su Palabra, medita en ella y permite que alguien más te hable de Dios. Puedes escuchar predicaciones en YouTube, siempre bajo la lupa de 1 Tesalonicenses 5: 21-23: escuchemos, analicemos y retengamos lo bueno, dejando que Dios nos santifique a través de lo que estudiamos; escucha testimonios de quienes han vivido en carne propia una transformación luego que Dios los tocó; lee la biblia, cinco minutos diarios no son suficientes para leer la biblia, sin embargo, puede ser un buen inicio si no tienes el hábito de hacerlo y luego reflexiona la enseñanza que se encuentra en la porción bíblica que leíste; escucha música que esté llena del mensaje de salvación, música que edifique tu vida. Todo enseña, sólo basta que le des oportunidad a Dios de hablarte por medio de lo que estás viviendo.

3. Cuéntale a los demás de Él, estoy segura de que te sabes de memoria Lucas 6:45b (RVR) “…de la abundancia del corazón habla la boca”. No temas hablarle a los demás del amor que Dios ha mostrado y sigue mostrando en tu vida a cada instante; no tienes que preparar predicaciones super elaboradas para comenzar a hablar de Dios, de hecho es más sencillo de lo que piensas: cuéntale a tus amigos las cosas que haces con tu grupo de jóvenes, organízate con tu grupo local para ver una película con mensajes cristianos e inviten a amigos a compartir el momento y después platiquen de lo aprendido, agrega a tu play list y comparte cantos cristianos con tus amigos, organicen juegos o retas deportivas con amigos y jóvenes de la iglesia para que vean cómo compartir el tiempo en un ambiente limpio, es muy divertido.

4. Sé ejemplo presente de Su esencia. Jesús vino a servir con amor y humildad, tú también tienes la oportunidad de hacerlo en todos los lugares en los que te desenvuelves día a día y para hacerlo no necesitas más que voluntad de hacerlo. Dios te abre los ojos para que puedas ver la necesidad de otros y puedas llevarlo a cabo (Mateo 25:40). Sé mayordomo de la creación respetando espacios, cuidándolos y haciendo lo posible por conservarlos, ayuda a personas que no puedan cruzar rápido la calle, sé amable con quienes te encuentres en el camino, sede el asiento en el transporte, escucha a quienes quieren contarte algo, brinda palabras de aliento, sé sincero y empático con quienes te rodean, controla tu carácter, escucha el punto de vista de los otros y no quieras tener la razón siempre (porque no siempre la tienes), no discutas.

5. Permite que Él obre a través de ti. No tengas miedo de actuar y crecer en el ministerio de Dios; reconoce cuales son los dones y habilidades que Dios ha puesto en ti y ponlas en práctica, no dejes enterrado el talento que te fue dado, porque Dios te pedirá cuentas y frutos de tus dones (Mateo 25: 14-30), no permitas que por inactividad te sea retirado algo que fue preparado para que tú lo explotaras para provecho de la obra evangélica: si tienes el don de la música, de la palabra, del estudio, de la enseñanza, de la escritura, si las personas se te acercan en busca de consejos, palabras de aliento, etcétera; no te rindas, sigue estudiando y comprométete a dar lo mejor de ti a través de la necesidad del otro, pues ejemplo tenemos de que las cosas pueden hacerse desde nuestra condición humana (1 Corintios 12:7-11).

Identifica cuando lo que haces es por la fuerza y voluntad de Dios separando cuando es por fuerza y voluntad del egocentrismo que sólo nutre la banalidad, distingue el momento para que puedas ponerle doble esfuerzo y con ayuda de Dios domines la vanagloria y todo tu tiempo sea puesto a disposición de Dios.

El Señor no nos ha dado tareas imposibles de cumplir y es nuestro momento de ponernos en acción como muestra del agradecimiento que tenemos hacia Él por rescatarnos de la condición de indiferencia y comodidad en la que estábamos sumergidos.

Deseo con todo mi corazón que juntos como FJC nos levantemos y pongamos en marcha todos los talentos que tenemos para lograr que México se convierta en un país que restaure su relación con Dios a través de nuestro ejemplo.

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Una doctrina que sana

Una doctrina que sana

Min. Josué Ramírez de Jesús

El conocimiento de la doctrina ha tenido gran relevancia en la historia de nuestra iglesia. Tan importante ha sido, que los primeros evangelistas fueron hombres y mujeres que se daban a la tarea de proclamar y defender la doctrina de la iglesia de Dios. La base del convencimiento de las personas estaba en la diferenciación de la doctrina de la iglesia en relación a otras denominaciones. Dicha diferenciación siempre se sustentó en apego al texto bíblico.

La doctrina se convirtió de esta manera, en un poderoso estandarte que representaba orgullo y seguridad en los predicadores. Hermanos de formación académica limitada, encontraron en ella la sabiduría e inspiración para predicar ante cualquier tipo de hombre o mujer, por más intelectuales que fueran.

Una primera y gran etapa en la vida de la iglesia estuvo centrada en la proclamación de la doctrina. Sin embargo, nuestra historia también da evidencias de varias controversias teológicas que culminaron en divisiones dentro de nuestra iglesia. Estas controversias tuvieron su origen en las diferentes convicciones teológicas; hasta el día de hoy, encontramos múltiples ramas o tendencias en el pensamiento teológico en las iglesias y en los creyentes.

Gracias a Dios y a la capacidad que ha tenido la Iglesia a lo largo de estos años, de reflexionar sobre sí misma; la orientación y el perfeccionamiento de la doctrina, así como de sus prácticas y liturgia, el efecto separatista de diferentes posturas bíblico-teológicas en virtud de su irrelevancia para la salvación y la práctica cristiana ha menguando progresivamente.

Queda claro que la doctrina tiene un impacto tremendo en la vida del creyente y de la iglesia. Y es que la doctrina afecta tanto al intelecto como a la voluntad humana. La doctrina no es meramente una lista de lo que afirmamos desde la perspectiva de la fe. La doctrina es, en efecto, la esencia de lo que vivimos y el corazón de lo que afirmamos fundamentados en la fe. La doctrina sirve al propósito de unirnos en aquello que creemos para establecer nuestra unidad en la fe.

Con el antecedente descrito ¿Cuál será la evidencia de que tenemos una sana doctrina?

Es importante pensar en esta pregunta, porque en nombre de una “sana doctrina” podemos caer en el error de contender y discutir sin ningún provecho (Tito 3:8-9).

La clave en la respuesta a esta pregunta está en comprender la connotación que “la doctrina” tiene en la Biblia. La doctrina no se puede entender de manera teórica en la Biblia, no son posturas acerca de la fe que se articulan sistemáticamente, tampoco se refiere a la enseñanza relacionada con las diversas interpretaciones de la Biblia. La doctrina en la Biblia es más bien un poder de transformación y curación humana (Marcos 1:27).

En la línea de Jesús, la doctrina de la iglesia ha de expresarse como autoridad sanadora, al servicio de la transformación del hombre, y no como doctrina oficial, recogida en documentos teóricos. En ese sentido ha de entenderse la doctrina de Cristo, que es la doctrina de los apóstoles (2 Juan 1:9, Hechos 2:42).

En las Cartas Pastorales la doctrina tiene calificativos importantes como:

«conforme a la piedad» (1 Timoteo 6:3; Tito 1:1)

«buena» (1 Timoteo 4:6)

«sana» (Tito 2:8)

La piedad (eusebeian) incluye una conducta conforme a las palabras y el ejemplo de Cristo (1 Timoteo 3:16, 2 Timoteo 3:12) es un término recurrente en las cartas pastorales; aparece al menos diez veces en ellas. El término es muy conocido en la literatura griega y en los Setenta como una expresión de reverencia por lo divino y respeto por la autoridad humana.

En contraste con los efectos dañinos de las falsas doctrinas, la sana doctrina está restringida a la sana conducta de las personas como señal de ortodoxia ante las herejías.

Queda claro que el sustento de las cartas pastorales, cuando refiere a la sana doctrina, lo encontramos en los evangelios: Mateo 22:33, Lucas 4:31-32, Marcos 1: 27, Mateo 15:8-9, Juan 7:14-18.

Como podemos ver, los evangelios ponderan la doctrina, particularmente de Jesucristo; aunque hablan de una doctrina expuesta con autoridad, y hablan también de mandamientos de hombres que se convierten en doctrinas.

En el evangelio de Marcos hay algo significativo, el evangelista no transmite el contenido doctrinal de la enseñanza de Jesús, sino un rasgo distinto: la palabra convertida en curación (Marcos 1:21-28). Contrario a la doctrina de los escribas que se sustentaban en discusiones eruditas sobre los antiguos escritos y sus enseñanzas (1:22). Marcos corta con esa línea, por eso ha interpretado la enseñanza de Jesús como contacto personal de liberación:

(a) Pues como había sanado a muchos, todos los que tenían plagas se echaban sobre él para tocarlo.

(b) Y los espíritus inmundos, al verlo, se postraban delante de él, y gritaban: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Marcos 3:10-11

En estos versos vemos una clara correspondencia:

• Los enfermos realizan un doble movimiento: Acercarse y tocar.

• Los espíritus inmundos realizan un doble movimiento: Postrarse y confesar.

El evangelio de Jesús, su enseñanza y su doctrina se puede condensar en: sanar y liberar a las personas. Por un lado, demuestra una gran autoridad (le confiesan los demonios) y, por otro, tiene una inmensa cercanía, de manera que todos los enfermos vienen a tocarle, y al hacerlo quedan transformados.

La novedad de esa enseñanza no está en el plano de teorías, en nivel de contenidos conceptuales, sino en que ella puede interpretarse como una práctica que sana y libera. Es en la sinagoga donde los hombres se encontraban dominados por sus doctrinas y tradiciones ancestrales, incapaces de cambiar. Allí Jesús ha impactado con su fuerte novedad, al presentar el Reino de Dios ha dejado claro; no se trata solamente de decir, sino de hacer. Se trata de sanar y transformar la realidad de los demás.

Pasó el tiempo y surgió la Iglesia Cristiana, y la doctrina ocupo un lugar preponderante: Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones (Hechos. 2:42). Pero aquí, la palabra doctrina no es pasiva; es activa. La frase significa que persistían en escuchar a los apóstoles mientras enseñaban.

Uno de los grandes peligros de la iglesia es convertirse en una religión pasiva, que reflexiona más de lo que hace, o que mira hacia atrás en vez de hacia delante. Justamente la Misión de la iglesia es continuar la obra de Cristo en el mundo.

Al pasar de los años surgieron en la iglesia naciente, grupos y movimientos que distorsionaron la doctrina de Jesús, y cuestionaron incluso su autoridad y la de los apóstoles; prueba de ello es que Pablo y Juan deben exhortar a la comunidad: Efesios 4:14-15; 1 Timoteo 1:3; 1 Timoteo 4:16; 2 Juan 9.

Hoy tenemos el desafío de vivir la Doctrina de Jesús y hacer de ella una práctica transformadora; que libere a la gente que no sea una carga, que le proyecte vida-sanidad no apatía y letargo, que una a las personas no que la separe, que le provoque al crecimiento y la madurez, que le dé apertura y no cerrazón. Que nos mueva a vivir como Iglesia y no como una asociación religiosa.

Jesús nos ha enseñado en los evangelios que la doctrina hay que vivirla. Y un aspecto importante que no debemos olvidar de la doctrina es el aspecto sanador, el efecto positivo que provoca en la vida de las personas. Porque cuando el enfoque en la doctrina está por encima de las personas y la misericordia, cuando se centra solo en la letra y no en la acción, corremos el peligro de ser muy religiosos, pero no discípulos de Cristo. La Sana Doctrina es sanadora a quien la comparte y a quien la recibe. Cuidemos de no convertir a la doctrina en el centro de nuestra adoración, cuidemos de caer en una “doctrinolatría”.

Algunos piensan que la sana doctrina hay que defenderla, que hay que contender con quienes piensan diferente o hay que alarmar a los hermanos porque se está perdiendo. Pero debemos aceptar con humildad que cuando la Biblia habla de “Sana Doctrina” no se refiere a nuestro fundamento de fe; ni en su redacción actual ni en la que ha tenido a lo largo de los casi 100 años que tenemos como iglesia en México.

La sana doctrina se relaciona explícitamente con la enseñanza de Jesús y la enseñanza de Jesús tiene ciertas características y todas son positivas: sana, buena y conforme a la piedad. Esto determina toda nuestra creencia y toda nuestra práctica. La orientación que le debemos dar a nuestro fundamento de fe va en esa dirección, pues Jesús y el Evangelio son el corazón de toda nuestra reflexión teológica, pero también de toda enseñanza cristiana y siempre será la proclamación del evangelio la base del perfeccionamiento de la doctrina.

Referencias:

• Ramos, R. (1995). Historia de la Iglesia de Dios (7 día) en México.. México: La Verdad Presente.

• Pikaza, X. (2015). Gran diccionario de la Biblia. España: Verbo Divino

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Consolidemos la fe en pareja

Consolidemos la fe en pareja

Por: Hna. Lilia Bertha González y Diác. Francisco Javier Turrubiates

Una parte del fruto del Espíritu Santo es la fe, todos los que hemos aceptado a Cristo y guardamos sus mandamientos, tenemos la seguridad de que su Espíritu vive en nosotros conforme a la promesa del Señor (Juan 14:16), por lo que en nuestra relación de pareja será un factor fundamental que contribuya a la preservación de nuestro matrimonio a través del tiempo.

La palabra de Dios nos dice: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Por lo que si nuestro matrimonio está cimentado en una fe viva, nos puede dar la certeza de que a pesar de lo que tengamos que experimentar, siempre estaremos confiados en que Dios nos guiará en esta gran aventura que es el matrimonio.

La experiencia de fe de Abraham y Sara.

Abraham y Sara su mujer vivían en medio de un pueblo idólatra que no conocía al verdadero Dios, sin embargo cuando Dios se reveló a Abraham diciéndo: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré, Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición,…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3) Abraham salió con Sara dejando parientes, tierras y posesiones. No dudaron de las promesas de Dios, creyeron en su palabra, tuvieron la certeza de aquello prometido, aunque no lo podían visualizar y salieron a emprender un camino que al final sería de bendición. Sin embargo, para Abraham y Sara no todo fue fácil, encontraron obstáculos en donde su fe fue probada:

Hubo hambre en toda la tierra por lo que tuvieron que descender a Egipto por alimento, ahí la vida de Abraham y Sara peligraron, ella era hermosa y pudo haberla tomado Faraón y él podría haber sido asesinado; además cometieron el error de decir que eran hermanos. A pesar de ello, la respuesta de Dios llegó, hirió a Faraón y su casa con plagas, por lo cual ordenó que  “expulsaran a Abraham y a su esposa, junto con todos sus bienes” (Génesis 12:20, NVI), llegando a ser Abraham “riquísimo en ganado, en plata y en oro” (Génesis 13:2).

– La prueba de fe más fuerte que tuvieron, fue la posibilidad de perder a su único hijo en quien recaía la promesa, parecería que lo que Dios les prometió se diluiría con la petición del sacrificio de Isaac. Ellos ya no tendrían más descendencia puesto que Sara era estéril. Sin embargo la fe firme, fuerte y viva de Abraham le llevó a responder a su hijo: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto” (Génesis 22:8) y Dios de nuevo respondió: a sus espaldas un carnero trabado en el zarzal. Abraham sabía lo que Dios había prometido: “… en Isaac  te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aún de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir.” (Hebreos 11:18-19).

Las dos experiencias de este matrimonio nos enseñan que en los tiempos de necesidad, de carencias, de peligros, de enfermedades; y en momentos en donde incluso la vida del cónyuge está en peligro, a pesar de nuestros errores, Dios se manifiesta si tenemos una fe al nivel de sus promesas, como aquella que mencionó Jesús, del tamaño de un grano de mostaza, que en cada prueba va creciendo hasta ser como un árbol gigante que da sombra, frescura, tranquilidad a nuestra vida matrimonial en medio de las turbaciones y la certeza de un matrimonio de bendición.

La importancia de la fe en las crisis matrimoniales.

La pareja a lo largo de su vida matrimonial pasa por diversas etapas, cada una tiene sus bondades como también sus retos. Sin importar si tenemos un matrimonio joven, adulto, o en la tercera edad, seguramente en algún momento, circunstancias críticas pueden llegar a nuestras vidas.

En la actualidad podemos ser testigos de que para los jóvenes es muy fácil decir: «si no nos entendemos nos divorciamos». El matrimonio adulto podrían haber decidido estar bajo el mismo techo, sin embargo viven un triste divorcio espiritual; y en el matrimonio de la tercera edad, lo que puede prevalecer es la costumbre. Podemos decir que en estas situaciones lo que ha faltado es una fe viva, basada en la convicción de que Dios actuará en cada cónyuge para resolver nuestros conflictos y mejorar las condiciones de vida en la relación matrimonial.

La crisis de las enfermedades

En la vida matrimonial podemos pasar por diferentes crisis: la interferencia de la familia, las finanzas, matrimonios mixtos, el nido vacío, etc. Queremos referirnos a la crisis ocasionada por las enfermedades:

Qué impotencia y que tristeza se siente cuando el ser amado lleva sufriendo por mucho tiempo una cruel enfermedad. Cruel porque el dolor es insoportable; cruel porque sus fuerzas han mermado; cruel porque su cuerpo se consume cada día. Los médicos le han dicho “no hay nada más que hacer”.

Si la pareja está viviendo esta situación, es momento de echar mano de la fe, de la fe que sustenta, de la fe que da esperanza. Es el momento de juntos clamar y extender las manos suplicantes, reconociendo que nuestro Dios todopoderoso no permitirá que sufran más de lo que puedan soportar. Él es un Dios de grandes milagros. Los hombres dirán no hay más que hacer, pero Dios nos dice: Hay esperanza para ti.  Y aunque la respuesta fuera “no más” debemos comprender que en esta es también una respuesta. En su infinita bondad también responde: No más a tu sufrimiento, no más a tu dolor.  Tener fe también es aceptar que el Señor obrará conforme a su misericordia dándoles lo que es mejor.

La clave para mantener la fe en Dios, es siempre tener la seguridad de que Él quiere lo mejor para nosotros, es confiar que Él nos escucha cuando juntos lo buscamos en oración; sabiendo que el Señor nos guiará por el camino correcto; que nos ayudará a tomar buenas decisiones que nos protegerá y nos dará paciencia para saber esperar su respuesta, la cual llegará en el momento oportuno y conforme lo necesitemos. Confiar en el Señor trae paz en medio de la tormenta, “angustiados, pero no desesperados”. Si es esta su experiencia, tómense de las manos, lloren, consuélense el uno al otro, confiando siempre en que el Señor hará su obra en nosotros.

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Y recibireis poder

Y Recibireis Poder

Por: Min. Derick Yoyarib Jaramillo González

La presa Hoover, en los EEUU, es una de las obras de ingeniería más importantes del siglo XX. Con una longitud de 380 metros, una altura de 220 metros y una anchura de 200 metros en su base, es una de las presas más grandes del mundo. Construida en la década de 1930, actualmente suministra electricidad a los estados de Nevada, Arizona y el sur de California en la Unión Americana, es visitada por más de 1 millón de turistas al año. El verdadero poder de esta presa no se encuentra en sus grandes dimensiones ni en sus enormes caídas de agua, sino cuando un hogar es iluminado por la energía eléctrica en medio de la oscuridad. Al Todopoderoso Dios, no lo vemos dando grandes pasos en los cielos y haciendo alarde de su poder, ni tampoco lo vemos en la historia amedrentando o dominando voluntades, al contrario, todo su poder lo ha invertido en salvar e iluminar a la humanidad.

En Isaías 61:1-4, el profeta anuncia que ha sido ungido y enviado por el Señor con poder para portar la buena noticia a su pueblo. Los términos de esta buena noticia son: Consolación, reconstrucción y cambio total de la situación. Este texto fue el punto de partida de la misión de Jesús en Lucas 4:18-19, cada 50 años el pueblo de Israel celebraba el tan esperado año de gracia o año del jubileo, que incluía condonación de deudas, liberación de esclavos, reencuentro de familias y retorno de propiedades incautadas por acreedores, era una gran celebración en el pueblo. Jesucristo inauguró con el impulso del Espíritu de Dios el día de salvación, donde demostró el poder liberador del Padre.

¿Para qué necesitamos el poder de Dios?, Isaías 61:4, dice: “Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.” La Iglesia de Dios es una constructora espiritual para una sociedad que se encuentra en ruinas, para un mundo sin Dios, por lo que debe adoptarse esta misión, pero bien motivados y conscientes de los recursos y poder inagotable que está reservado para toda persona que desee colaborar en la construcción del Reino de Dios hoy.

Se requiere del poder de Dios para:

• Caminar conforme a la mente de Dios (Filipenses 2:13)

• Caminar conforme al camino de Dios (Ezequiel 36:27)

• Testificar conforme a la Palabra de Dios (Hechos 1:8; 4:33)

Jesucristo con autoridad fue guiado a pronunciar palabras relacionadas con el Espíritu Santo. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la Tierra.” (Hechos 1:8).

El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

En Génesis 1:2 el pueblo de Israel había descubierto la acción del Espíritu de Dios en las experiencias de los profetas, “un poderoso viento se cernía sobre las aguas”, para destacar lo fuerte y concreto de la expresión o “el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas”, para poner de relieve la acción de Dios. Era el aliento de Dios en Génesis 2:7. De un modo semejante se dice en Génesis 8:1: “E hizo pasar un viento (o espíritu) sobre la Tierra y comenzaron a menguar las aguas (del Diluvio)”.

Así se dice en el cántico de Moisés (Éxodo 15:8.10) “Al soplo de tu ira amontonaste las aguas” (“al resoplido de tus narices…”) de forma que Israel pudo pasar por el mar Rojo. Y nuevamente: “enviaste tu soplo y los cubrió el mar.” (15:10) de forma que los enemigos quedaron anegados.

El salmo 147:18 describe lo que ocurre cada primavera, cuando el deshielo hace correr las aguas: “Hace soplar viento (el Espíritu) y manan las aguas.” En el viento cálido de la primavera, el israelita veía la actuación de Dios y de su Espíritu que derrite el hielo y la nieve. Retomando esta idea bíblica del Nuevo Testamento, el Espíritu de Dios es y da: vida, aliento, acción, es salvación para toda persona y es calor para todo corazón frío.

El Espíritu Santo en el Nuevo Testamento

También las personas en el Nuevo Testamento habían experimentado la acción del Espíritu mucho antes de haber reflexionado sobre ello y de haber intentado expresar en palabras cómo habría que describir esa acción. El hecho de que no comprendieran muy bien la acción del Espíritu, no limitaba a Dios el actuar en la Iglesia. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, el Espíritu Santo se manifestó en acciones milagrosas y la extensión y proclamación del Evangelio de Jesucristo. Es un fuego que arde en el corazón de los nuevos creyentes que son impulsados a predicar al Cristo resucitado sin temor alguno.

¿Qué debemos buscar como Iglesia de Dios en este tiempo? Buscar ser liberados de la carga como el profeta Jeremías, que dijo: “si no hablo este mensaje… en mi corazón… se convierte en un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” (Jeremías 20:9). Como lo menciona también el apóstol Pablo quien exclamó: “¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16)

Estas verdades del Espíritu Santo de Dios deben alentarnos y alertar a los que nos esforzamos para que avance la fe en la que hemos creído:

1) Nos alienta saber que la simple y fiel proclamación del evangelio asegurará avance en el mundo.

2) Nos alerta para que sucumbamos a la mentira de que podemos hacer avanzar el evangelio a través de nuestra brillantez, elocuencia o estrategias inteligentes. Estas cosas no tienen poder para llevar a cabo la “imposible” conversión de los hombres.

3) Debemos apoyarnos con un sentido de urgencia en los medios bíblicos para el avance del evangelio: la proclamación clara y valiente de la cual no debemos sentirnos avergonzados.

4) Vivimos en una época de incredulidad y escepticismo. La cultura ridiculiza la fe en Cristo como si fuera un mito sin esperanza, nos ve como personas intolerantes e ignorantes. Este ataque a menudo nos pone a la defensiva, y tratamos de responder y demostrar nuestra posición y relevancia por medio de la apologética (defensa de la fe). Pero no nos olvidemos: no podemos convencer a un hombre a creer, así como no podemos levantar a un muerto. Estas cosas son obra del Espíritu de Dios. Los hombres vienen a la Fe solamente a través de la obra sobrenatural de Dios a través de su Santo Espíritu.

“Debemos rehusar apoyarnos sobre el bastón quebrado de la sabiduría humana y aferrarnos a la verdad de que “sólo el evangelio es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree.”

Hechos 1:8 (BLPH) dice: “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes y los capacitará para que den testimonio de mí en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta el último rincón de la Tierra.”

Ciertamente nadie pudo haber anticipado los cambios monumentales vistos en el primer siglo simplemente por la predicación de la Palabra. Esto es especialmente cierto cuando consideramos las limitaciones de esa época, junto con la persecución y opresión contra la Iglesia primitiva. Habría sido difícil imaginar cómo iba a llevarse a cabo la evangelización. Pero al ver lo que sucedió en la Iglesia en los primeros años, nos anima y recuerda que la tarea es factible, algo que deberíamos hacer es creer simplemente porque Dios lo dijo.

¿Por qué no podemos hacer la misión de Dios sin el poder del Espíritu Santo?

1. El ser humano se esconde de Dios, no le interesa Dios.

2. El hombre sin ayuda del Espíritu Santo considera locura el Evangelio.

3. Por la ceguera espiritual a causa del pecado, misma que impide la visión correcta del Evangelio. El Espíritu Santo es necesario para iluminar el corazón humano.

4. No hay salvación sin la obra del Espíritu Santo.

¿En dónde se llevaría a cabo el testimonio del evangelio con la acción del Espíritu Santo?

La Biblia Reina Valera traduce: “…en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la Tierra”. La traducción de la Biblia de Jerusalén es más acorde con el texto griego: “…en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la Tierra.” VRV menciona cuatro áreas geográficas; la Biblia de Jerusalén tres, agrupando Judea y Samaria como una sola. Y podemos hacer un planteamiento diferente al bosquejo geográfico tradicional.

α Jerusalén, lugar lleno de peligros

Los apóstoles hubiesen preferido comenzar su testimonio en Galilea, su tierra natal. Jesús los llamó a hacerlo en Jerusalén donde Él había sido asesinado unas cuantas semanas antes. Él mismo Jesús dijo: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados!” (Mateo 23:37). Allí fueron enviados los apóstoles en primer lugar; allí donde los profetas eran asesinados, en medio de una sociedad peligrosa.

α Toda Judea y Samaria: regiones contradictorias y enemistadas.

Los pueblos vecinos tienden a odiarse por rivalidades y diferencias territoriales, pero pocos han llegado al extremo de judíos y samaritanos. En la historia de la humanidad, es difícil encontrar a pueblos que se aborrezcan tanto. Evangelizar a los vecinos es un gran desafío ¡Eso si es difícil! Sin embargo, el Señor nos ha llamado a eso: a predicar el evangelio de la paz allí donde hay conflicto. Cabe aclarar que Jesús utiliza el calificativo “todo”. No bastaba con dar testimonio en una parte de Judea o Samaria sino en todo el territorio.

α Los confines de la tierra: territorios desconocidos.

Este llamamiento se parece al de Abraham quien “siendo llamado obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8). Los apóstoles debían ir a lugares recónditos y desconocidos impulsados por el deseo de cumplir la voluntad de su Señor.

Aplicaciones:

1. Busquemos la justa dimensión del Espíritu Santo como Iglesia

Necesitamos ser investidos del poder del Espíritu Santo. Recordemos las palabras del profeta Zacarías: “Entonces respondió y me habló diciendo: Ésta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Zacarías 4:6). Hay una urgencia en tomar en serio esta palabra, ¡sin el poder del Espíritu Santo no tendremos éxito en la misión! La obra de la evangelización estaría muerta y sin progreso.

2. Cuidemos el ministerio dejándonos guiar por el Espíritu Santo

El apóstol Pablo era tan consciente de cuán grande es este privilegio que dijo a los ancianos de la Iglesia en Éfeso: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la Iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre.” (Hechos 20:28)

a) Los pastores y líderes son llamados por el Espíritu Santo.

b) Debemos ser cuidadosos de nuestras propias vidas.

c) La Iglesia que está al cuidado de los pastores ha sido comprada con la sangre de Cristo.

Guiar a las personas es una gran responsabilidad, guiar a los que pertenecen a Dios es una responsabilidad aún mayor, pero guiar a quienes han sido comprados por la sangre de Cristo es el mayor privilegio y la tarea más grande por la que un pastor y líder dará cuentas, por lo que requiere ser lleno del Espíritu Santo (Hebreos 13:17)

3. Hablemos de Jesucristo con la autoridad del Espíritu Santo

Predicar a Jesús no falla, no fallará jamás, no pensemos que la gente moderna, secular, el intelectual, el ateo, está necesitando que le hablemos de cosas sofisticadas, todos necesitamos de Jesús, levantemos a Jesús, hablemos del evangelio y todo va a salir bien siempre guiados por el Espíritu de Dios. (1 Corintios 1:18–23)

4. Preparémonos para la segunda venida de Cristo

En la Biblia hay miles de promesas, cada una de ellas es capaz de revolucionar la vida del ser humano, si nos apoderásemos con fe de esas promesas nuestras vidas serán plenas. La promesa de la venida de Cristo es una promesa incondicional, esto quiere decir que Jesucristo vendrá, queramos o no, lo creamos o no, Cristo vendrá, estemos preparados o no, Él vendrá cuando en la agenda divina llegue la hora. Hoy vemos dolor, traición, soledad, hambruna, gente violenta, injusticia, etc. Por lo que el mensaje es: no se turbe vuestro corazón, vivamos en la esperanza de la Palabra: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” (Apocalipsis 22:17).

Conclusión:

Algo que podemos reconocer e imitar de nuestros hermanos que fueron enviados por el Señor y recibieron el poder del Espíritu Santo fue:

• Su temor

• Su compartir

• Su adoración

• Sus resultados

El libro de Hechos es un libro asombroso que narra la extraordinaria historia de una Iglesia sencilla, capacitada por un Dios soberano, dotada por una Palabra poderosa, Él habla y las cosas suceden; sus promesas son tan tangibles como la realidad, poder fue prometido y poder fue dado. La gran comisión fue anunciada y se expandió como fuego; un perseguidor de la Iglesia fue elegido como la figura misionera principal y se convirtió en un apóstol en cadenas con una causa que avanza mientras él está en prisión. ¡Ciertamente la Palabra de Dios, que es inspirada por el Espíritu Santo, cuando es realmente aceptada, puede transformar la vida de las personas!

Bibliografía:

• Pérez Millos Samuel. Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento. Editorial Clíe.

• Roloff Jürgen. Comentario de Hechos de los apóstoles. Ediciones Cristiandad.

• Simons Robert. Comentario de exploremos Hechos. Editorial Unilit.

• Núñez Miguel. El poder de la Palabra para transformar una nación. Editorial: Poiema Publicaciones, 2016.

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Con el corazón ardiendo

Con el corazón ardiendo

Por: Min. Ricardo  Méndez

El Imperio Romano creó un medio ambiente globalizado, multiétnico y multicultural debido a la migración forzada, conquista y comercio. Grupos de personas eran desarraigadas geográfica y culturalmente, resultando con ello un gran entremezclado de estilos de vida, valores y espiritualidades.

Cuando Pablo llegó a Atenas la ciudad estaba llena de idolatría y además se encontró con dos posturas filosóficas: los epicúreos y los estoicos, algunos eran maestros y otros eran alumnos, estos acostumbraban discutir toda clase de temas en las plazas.

“Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.” (Hechos 17:18, RV60)

Los epicúreos: eran los seguidores de Epicúreo (341-270 a.C.), quien sostenía que el objetivo de esta vida es la felicidad mediante el placer, era materialista pero no negaba la existencia de dioses similares a los hombres. En cambio, los estoicos eran seguidores de Zenón (332-260 a.C.) estos eran panteístas, de moral elevada, tenían un dios impersonal e inmanente.

Estos filósofos representaban la filosofía griega de esa época, y prevalecía la opinión a favor de lo impersonal. Ambos rechazaban la noción de una creación, rechazaban la resurrección de los muertos y la vida eterna1.

El pasaje de Hechos 17:16-34, base de nuestra reflexión, se encuentra en el marco del segundo viaje misionero de Pablo. El capítulo 17 inicia con la llegada de Pablo, Silas y Timoteo a Tesalónica, donde Pablo declaró y expuso por medio de las Escrituras que Jesús es el Cristo. Los judíos que no creían, tomaron hombres malos y alborotaron la ciudad. Después del gran alboroto en Tesalónica los hermanos enviaron de noche a Pablo y Silas hasta Berea, pero los judíos de Tesalónica también alborotaron en Berea y Pablo fue enviado a Atenas.

“Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.” (Hechos 17:16, RV60)

Pablo esperaba en Atenas a Timoteo y Silas, quienes llegarían de Berea, pero algo estaba pasando con él, dice la Palabra: “su espíritu se enardecía” παρωξύνετο (parozuneto) que significa exasperar, irritar, dolor en el alma. Pablo fue conmovido en su espíritu por la idolatría de los atenienses; esto quiere decir que el espíritu de Pablo no pudo conservarse sereno, tranquilo. Un siervo de Dios, que ama a Cristo y es fiel a su llamado, siente dolor en el alma por las personas perdidas, no puede permanecer quieto, indiferente, inconsciente e insensible. Dios necesita hombres y mujeres con un espíritu ardiente por las almas.

El fuego se enciende sólo si sabemos ver bien. “… Su espíritu se enardecía viendo la ciudad…”. Pablo tiene el corazón ardiendo, pero no pierde de vista el objetivo geográfico: él está en Atenas y tiene conocimiento del lugar que pisa, de su historia, de su lenguaje, e incluso de sus modismos. Pablo tiene el corazón ardiendo, pero no pierde de vista el objetivo demográfico: tiene conocimiento de las personas que viven en ese lugar, en que se ocupan, cuales son las cosas que les apasionan. Pablo tiene el corazón ardiendo, pero no pierde de vista el objetivo cultural: cuál es el nivel académico de las personas a las cuales les va a compartir el evangelio. Se interesó en tener un conocimiento básico de su historia, cultura, sus músicos, sus poetas, sus dramaturgos, y filósofos. Pablo tiene el corazón ardiendo, pero no pierde de vista el objetivo religioso: en qué creen, en qué tienen su fe las personas a las cuales va a predicarles. ¿Conocemos bien el lugar donde vivimos? ¿Conocemos su cultura, su folclor? ¿Sabemos ver bien cómo vive la gente? ¿Sabemos discernir la idolatría que practican? Recuerde, idolatría es poner cualquier persona o cosa en el lugar de Dios. El ídolo de las personas puede ser: su profesión, su automóvil, sus posesiones, su familia, su trabajo o su vanagloria.

“Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.” (Hechos 17:17, RV60)

El apóstol Pablo no se conformó con solo sentir que su espíritu se enardecía, él fue a buscar a la gente. Hay por lo menos tres lugares que menciona este pasaje:

1. La sinagoga de los judíos, “Así que discutía” διελέγετο (dielegeto) que significa: razonar, decir completo, y disertar. Lo hacía con judíos y con simpatizantes del judaísmo (llamados piadosos)

2. La plaza del mercado donde la gente acudía a comprar alimentos.

3. En el Areópago de los magistrados y filósofos.

Pablo no limita su predicación a un solo lugar como la sinagoga; ni tampoco se limita a un día para predicar, sólo en día sábado, sino en la plaza cada día con los que concurrían.

La audiencia de Pablo incluía diferentes tipos de personas: los adoradores de ídolos (v. 16), los judíos y piadosos (gentiles temerosos de Dios) (v. 17) y los filósofos epicúreos y estoicos (v. 18)

En su estrategia para la predicación del evangelio, el apóstol Pablo aplicó las cinco leyes de la persuasión2 que Jesús usó con la Samaritana en (Juan 4)

Primera ley (Atención), Pablo llamó la “atención” de sus oyentes, con unos discutía, y con otros disputaba.

Segunda ley (Interés), Pablo logró el “interés” de sus oyentes, tanto que preguntaron: “¿Qué querrá decir este palabrero?” “Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podemos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.” (Hechos 17:19-21, RV60)

Fue mucho el interés que Pablo despertó en ellos, que es tomado y llevado al Areópago, donde se reunía el consejo de los magistrados de Atenas. “Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos.” (Hechos 17:22, RV60)

Mediante la observación, Pablo predicó el evangelio, considerando las formas en que podía ayudar a cada uno a comprender el mensaje del evangelio y cómo podría ser relevante en sus vidas.

A los atenienses involucrados en la adoración de ídolos, comenzó hablándoles sobre su altar al “dios no conocido.” “porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.” (Hechos 17:23, RV60)

Tercera ley (Deseo), Pablo les provocó el “deseo” de conocer lo que ellos no conocían. Les dijo que conocía algo que ellos aún no habían descubierto: él conocía al Único y Verdadero Dios, el Creador de los cielos y la Tierra. Él no les dijo que no estaban adorando correctamente a Dios. Pablo uso el mensaje del evangelio en un contexto cultural, sin comprometer la verdad del evangelio.

Entonces procedió a presentar a aquellos hombres al Dios No Conocido, con sus siete características (Hechos 17:24-29, RV60):

1. Dios Creador (v. 24 a) “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay”.

2. Dios Señor (v. 24 b) “Siendo Señor del cielo y de la Tierra.”

3. Dios Sustentador (v. 25) “Ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento.”

4. Dios Ordenador (v. 26) “Y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación.”

5. Dios Salvador (v. 27) “Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.”

6. Dios Progenitor (v. 28) “Porque en él vivimos, y nos movemos y somos.”

7. Dios Superior (v. 29) “Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.”

Cuarta ley (Decisión), Pablo presentó cual es la voluntad de Dios, haciendo convicción de pecado, para que pudieran tomar una “decisión”. “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hechos 17:30-31, RV60)

Pablo presentó en este testimonio a Jesucristo como: el varón designado por Dios. El juez de los vivos y los muertos y el Cristo resucitado. Pablo termina como empezó. En el versículo 18, Pablo les hablaba del evangelio de Jesús y de la resurrección.

Quinta ley (Acción), Pablo al presentar todo el mensaje provocó tres clases de resultados o “acciones”, los cuales son los más comunes cuando se predica el evangelio. “Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. Y así Pablo salió de en medio de ellos. Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Damaris, y otros con ellos.” (Hechos 17:32-34, RV60)

1. Unos se burlarán, es decir nos tildarán de locos, de fanáticos, de ilusos e incluso de ignorantes.

2. Otros pospondrán su decisión. Nos dirán: “Por lo pronto no”; “voy a pensarlo”; “tengo muchos pecados”; o “tengo muchas dudas.”

3. Pero otros creerán. Por ellos vale la pena testificar de Cristo.

Pablo sabía del rechazo a lo sobrenatural que había en esas escuelas filosóficas, igual no tuvo el empacho y predicó todo el mensaje de Dios. Nuestra predicación del evangelio no debe ocultar aquellos temas que resultan chocantes para el mundo, debemos predicar todo el mensaje de Dios, las personas de nuestro alrededor tienen el derecho de escuchar el evangelio, recuerde que la fe salvífica no proviene de abajo, no la construye el hombre, viene de arriba, es un don de Dios: “Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” (Efesios 2:8). Dios es el que pone la fe en el corazón de las personas.

Al igual que el apóstol Pablo tenemos desafíos contemporáneos. Vivimos en un mundo de rápidos cambios y nos encontramos en un tiempo de transición permanente. Estos son desafíos causados por la postmodernidad, la globalización, la ultramodernidad, la secularización, y otros. Como testigos de Jesús tenemos que estar preparados para poder hacer llegar el Evangelio de Jesucristo a un mundo secular con una ideología y cosmovisión más amplia.

Por un lado, en nuestro país hay 5,343 escuelas de nivel superior, las cuales atienden a una población escolar de más de 3.6 millones de alumnos3. ¿Cuántos de nuestros hijos fueron a la universidad, perdieron su fe y ya no están en la Iglesia? ¿Cuántos de nuestros estudiantes de secundaria y preparatoria, están preparados en sus mentes con la doctrina bíblica para el embate secular que enfrentarán? Es posible que como Iglesia estemos perdiendo a nuestros adolescentes y a nuestros jóvenes en un mundo tan secularizado.

Por otro lado, nuestro país tiene un porcentaje muy alto de idolatría, el 83.9% adora y venera imágenes y un 5% no practica ninguna religión4. La tarea de la evangelización es todo un reto. Es tiempo de levantarnos y ponernos de pie para compartir el evangelio de salvación, así como Pablo estuvo presto por introducir el Evangelio en medio de un contexto en el que la idolatría estaba en el corazón de los atenienses, y aunque los griegos no aceptaron y aunque para ellos el Evangelio fuera una locura.

Pablo no fue intimidado por ninguna circunstancia de adversidad, confiaba como nosotros debemos hacer, en lo que Dios dice: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” (Isaías 55:11, RV60)

Bibliografía:

1 Fuente: https://filosofia.laguia2000.com/general/principales-doctrinas-estoicas-y-epicureas. Consultada el 22 de agosto de 2019.

2 Adaptación de las “Cinco Leyes de la Persuasión”, págs. 28 y 29. James Kennedy, “Evangelismo Explosivo”, Cuarta Edición.

3 Fuente: http://www.unionjalisco.mx/articulo/2017/03/07/educacion/cuantas-universidades-hay-en-mexico. Consultada el 22 de agosto de 2019.

4 Fuente: https://www.jornada.com.mx/2012/03/13/sociedad/039n2soc. Consultada el 22 de agosto de 2019.

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Andaremos en tu camino

Andaremos en tu camino

Por: Min. Avelardo Alarcón

Se dice que la única constante en la vida es el cambio. Afirmación que tiene gran peso de verdad porque es así; todo cambia y siempre está cambiando y aunque parece que, como dijo el predicador: no hay nada nuevo debajo del sol, lo cierto es que eso que no es nuevo siempre es diferente. Como el flujo de un río que se renueva y cambia permanentemente al mismo tiempo que es el mismo río; la vida, así como la historia se mantienen en permanente cambio. Con la Iglesia, ocurre algo similar: es siempre la misma y es única; sin embargo, existe en medio de tiempos cambiantes que le exigen hacer un trabajo de adecuación con tal de vivir de manera santa y seguir presentando su mensaje en medio de los tiempos que le toca vivir. Es así como a cada generación le corresponde, en su turno, tomar la decisión de andar en el camino de Dios, al mismo tiempo le corresponde tener la claridad de lo que representa esto en su tiempo. El camino del Señor es uno, no hay otro; pero andar en él, incluye el desafío de interpretar, de traducir y de aplicar el evangelio eterno a la época, a la cultura y a las circunstancias pasajeras y cambiantes, de otra manera cada generación corre el riesgo de extraviarse.

El pueblo de Israel es ejemplo de ese extravío. Lamentablemente, el pueblo elegido difícilmente puede ser un modelo a seguir e imitar, pues en él se evidencia aquello que debemos evitar si queremos andar en el camino de Dios. Por supuesto esta valoración la hacemos con temor y temblor, cuidando de no caer en una actitud de soberbia, como si la Iglesia fuera un mejor pueblo1. Israel tuvo bastas oportunidades de experimentar en su historia las bendiciones de las promesas hechas por Dios; sin embargo, falló en sus decisiones pues no supo distinguir los tiempos y los desafíos a los que se enfrentaron. Un ejemplo claro es lo que ocurrió con el discurso de despedida que realizó Josué en el capítulo 24 de su libro.

Para comprender la trascendencia de lo ocurrido en esta narración bíblica necesitamos recordar que el pueblo está por iniciar un cambio de paradigma en su manera de vivir. Pasarán de la vida nómada y errante a la vida sedentaria y estable. Pasarán de la dependencia absoluta en el Dios que los acompañó en las jornadas, al disfrute del fruto de su esfuerzo mediante el trabajo de la tierra, la crianza del ganado y el comercio. La época de los grandes prodigios de Dios y las grandes hazañas del pueblo darán paso a una nueva experiencia en las que los milagros se verán en lo cotidiano y las hazañas dejarán de ser heroicas y se volverán rutinarias. La generación que está por establecerse en la tierra ya no verá al maná llover del cielo, no verá codornices venir con el viento, no verán salir agua de una piedra ni les acompañará una columna de fuego por las noches, ya no esperarán a que la nube se mueva para ir tras de ella; ahora las nubes viajarán por sus cielos y de ellas esperarán la lluvia, su techo no será el cielo sino el de una casa adornada, construida con ladrillos y piedra. Las jornadas y las caminatas han pasado a la historia; ahora la vida consiste en trabajar, fructificar y descansar por las tardes en el patio o la sala de su casa. ¿Cómo será la experiencia con Dios ahora?, ¿Qué significa andar en el camino de Dios ante la nueva experiencia? ¿Qué nuevos desafíos para la fe le traerá este cambio? ¿Cómo será su relación con Dios ahora? ¿A qué le llamarán milagro? ¿Cómo sabrán que Dios les acompaña? ¿Cuál será su misión como pueblo establecido en la buena tierra?

Ante esta realidad inminente, Josué, como buen pastor de Israel, les ofrece tres claves para andar en el camino de Dios, mismas que Israel decidió ignorar después, pero que si las hubieran considerado les habría ido bien y su camino en Dios hubiera prosperado.

Servir exclusivamente a Dios:

“Decidan a quién sirven, a Jehová o los ídolos.” (Josué 24:15)

El primer desafío de Josué consistió en renunciar a los ídolos para consagrarse de manera exclusiva en el servicio y la adoración a Dios. A primera vista, este desafío no tendría razón de ser para un pueblo que durante cuarenta años no conoció a otro Dios más que a Jehová, con quien caminó y aprendió a vivir en su voluntad mediante contundentes lecciones en el desierto. Además, los Israelitas no tenían ya, en ese momento, la práctica de hacerse o fabricarse ídolos, no portaban imágenes ni esculturas de otras deidades, mucho menos se hacían imágenes del verdadero Dios. Sin embargo, Josué tenía una visión diferente acerca de lo que es la idolatría, que no era superficial. Pues cuando se mira a la idolatría sólo “por encimita” se está en un mayor peligro, porque se vive creyendo que una media verdad es la verdad completa. El problema de Israel no eran los ídolos hechos de materiales sino los que se llevan en el corazón, los invisibles, los intangibles, los que no tienen forma o están hechos de materia, los ídolos que se pueden ocultar profundamente, los ídolos más peligrosos.

Israel acababa de poseer una tierra en la que habitaban pueblos que sí tenían ídolos visibles, y en la convivencia con ellos, Israel se vería seducido al encontrar en ellos aquello que reflejaba materialmente lo que llevaban en el corazón.

La tragedia de Israel consistió en que no lograron notar la diferencia y se confiaron en creer que ellos no tenían ídolos, pero con el paso del tiempo su idolatría salió a la luz y no tardaron en manifestarla.

La Iglesia ha corrido el mismo riesgo a lo largo de su historia y en la actualidad. La Biblia está llena de advertencias contra la idolatría, y el Nuevo Testamento hace hincapié muy especial en ello. Los ídolos están presentes en el mundo y se hacen poderosos; tanto que muchos creyentes viven seducidos ante ellos. Un ídolo es aquello que el ser humano crea, al que le da poder y después se inclina ante él para ofrecerle su servicio, su adoración, su entrega y su confianza. Ese poder, creado por el ser humano, se convierte en su amo, le exige sacrificios, los somete a su voluntad, lo deshumaniza y le lleva a realizar actos inconvenientes. Por eso el materialismo, el dinero, el mercado, la violencia, la belleza o el estatus social, pueden ser ídolos. Hoy día se idolatra a personalidades, el placer, la comodidad, la salud, la familia, el deporte, la prosperidad, entre otros. Así, aún aquello que puede tener apariencia de bien o de piedad puede convertirse en un ídolo.

Identifiquemos a nuestros propios ídolos y a aquellos que pretenden seducirnos para someternos a los caprichos de su voluntad. Renunciemos a ellos y decidamos servir al Señor, el dueño de la vida, sólo así podremos andar en su camino.

Proveer para Dios una nueva generación de gente piadosa:

Mi casa y yo (Josué 24:15)

El segundo desafío que presentó Josué al pueblo fue el de concentrarse en servir a los otros y no en sí mismo. Mi casa y yo es una expresión en la que se antepone la casa a uno mismo. Josué no se dio el permiso de concebir las bendiciones de Dios como un disfrute individual, no veía la posesión de la tierra como un acto de heroísmo propio. Toda su vida se mantuvo fiel, fue constante en su esfuerzo, sostuvo su mirada en la promesa, tuvo una visión respecto al futuro y nada de eso lo hizo pensando en sí mismo sino en los suyos. Josué es el líder que es ejemplo de servicio desinteresado, es el hombre que entiende que los proyectos de Dios no son para una persona sino para una comunidad. Por ello, él nunca concibió una tierra prometida en la que no estuvieran los suyos. Su casa, en ese contexto no es solo su familia, son todos aquellos que llevan su mismo estandarte, es una comunidad mucho más incluyente.

Lamentablemente Israel no le dio importancia a este desafío. En el capítulo 2 de Jueces, nos encontramos ante la segunda tragedia israelita: murió Josué y toda aquella generación, y después de esto se levantó una nueva generación que no conoció a Jehová ni la obra que había hecho (2:9-10). ¿Cómo es posible esto? ¿Cómo es que una generación de personas fieles no logró trasmitirle la fe a la siguiente generación? ¿En qué fallaron? Estas preguntas merecen dedicarnos a darles respuesta de manera amplia, por lo que no será posible tratarlas aquí; sin embargo, algo nos queda claro: aquella generación falló en proveerle a Dios una nueva generación de gente piadosa y con ello vino la ruina sobre el pueblo.

Andar en el camino del Señor nunca debe ser para nosotros un asunto individualista ni debemos concebirlo como algo egocéntrico. La Iglesia de hoy, cada uno de sus miembros, no deberíamos darnos el permiso de concebir la eternidad sin los nuestros, no deberíamos permitirnos pensar en la realización de los proyectos de Dios sin que en ellos estén incluidos nuestros hermanos y nuestra familia. Lamentablemente, parece que el signo de nuestro tiempo, que impera respecto a la salvación es la frase: “sálvese quien pueda y no un “hasta que todos lleguemos.”

La Iglesia actual no puede ignorar este principio y necesita concentrar sus energías en trabajar para ganar a la siguiente generación para el Señor y para el servicio, abriendo espacios para el surgimiento de líderes jóvenes, discipulado a los adolescentes, encaminando a los niños en la vida cristiana; invirtiendo dinero, esfuerzo y recursos en proveer para Dios una generación nueva de personas piadosas que le amen con todo su corazón.

El desafío más importante que nos deja este principio es de hacer una labor hermenéutica seria. Esta tarea debe entenderse como la tarea de traducir la sana doctrina a un lenguaje comprensible para las nuevas generaciones, la de decodificar los principios eternos para que sean aplicables a las nuevas realidades, la de explicar a las nuevas generaciones cómo es caminar con Jesucristo en las nuevas experiencias, pero de acuerdo a la senda antigua.

Lamentablemente en muchos ámbitos de la Iglesia se observa que los esfuerzos están más orientados a conservar a quienes ya están y en dar satisfacciones a los miembros de mayor edad y de mayor tiempo en la Iglesia. Quienes tenemos más camino andado deberíamos manifestar nuestra madurez dejando de exigir que la Iglesia nos dé satisfacción y en lugar de ello disponernos para ser instrumentos que el Señor utilice para ganar a las nuevas generaciones, trasmitiéndoles de manera fiel pero actualizada la manera de andar en el camino de Dios.

Vivir bajo la gracia y en el camino permanente de la cruz:

Ustedes no pueden (Josué 24:18-27)

El tercer desafío de Josué es un adelanto de la explicación de la salvación por gracia mediante la fe. Josué presentó sus desafíos ante el pueblo, y ellos con buena intención respondieron con gran optimismo: nosotros también serviremos a Jehová. Ante lo cual Josué les increpó: ustedes no pueden servir a Jehová, porque él es Dios santo. Aun con ello, el pueblo se mantuvo firme en su decisión. No obstante, la manifestación de buena voluntad del pueblo, con el correr del tiempo se puso en evidencia que aquel compromiso frente a Dios no pudo ser sustentado, demostrando que Josué tenía razón. Y es que andar en el camino del Señor requiere más que un buen deseo, ánimo, optimismo y autoconfianza; precisa pasar por el camino de la cruz, ese camino que inicia con la autonegación2; resultado de haberse rendido, darse por vencido y considerarse derrotado ante Dios. El Señor resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes3. Allí es donde ocurrió la tercera tragedia a aquel pueblo. Aquella generación ante Josué no era consciente de lo que implica para un ser humano colocarse a la altura de la voluntad de Dios4, cosa imposible; sin embargo, su autosuficiencia los llevó a hacer un compromiso basados en su propia fuerza y se hicieron testigos contra sí de aquella insolencia5.

Ustedes no pueden, es una frase que debería llevar a las personas a abrir los ojos a la gracia de Dios. El apóstol Pablo escribió que la ley fue nuestro ayo para llevarnos a Cristo6, su función es confrontarnos con nuestra realidad del pecado para que sabiéndonos perdidos y derrotados corramos a ampararnos bajo la gracia inefable del amor de Cristo7; así, humillados bajo su mano, seremos exaltados no en nuestra fuerza sino en el poder de Dios8. Andar en el camino de Dios es un desafío al que sólo se puede responder desde la propia impotencia, diciendo: no puedo… ¡deseo, anhelo, quiero, pero no puedo! Y entonces dar lugar al milagro de la gracia porque allí donde no podemos, el Señor hace prodigios; allí donde somos débiles el Señor es fuerte y perfecciona su poder en nosotros.

Por lo que, ante estos desafíos, nosotros, desde la fe en Cristo necesitamos responder: Señor, andaremos en tu camino dejando atrás a nuestros ídolos, no lo haremos solos sino en la comunión con nuestros hermanos, en la solidaridad con los necesitados, en la unidad de la Iglesia y en compañía de nuestra familia. Y todo esto lo haremos, no porque podamos, sino porque confiamos en tu gracia, por lo que nos rendimos ante ti Señor confesando que somos incapaces por nosotros mismos, pues eres un Dios santo y nosotros pecadores. Andaremos en tu camino, tomando la cruz y muriendo a nosotros mismos para que seas Tú en nosotros, y por tu gracia, perfeccionándose como poder en nuestra debilidad, experimentemos la fuerza de tu Espíritu y la bendición de andar en tu camino.

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo… pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” (1 Corintios 15:10)

Biografía

1 Romanos 11:20

2 Marcos 8:34

3 Santiago 4:6

4 Romanos 7:14-18

5 Josué 24:22

6 Gálatas 3:24

7 Romanos 3:19-20

8 1 Pedro 5:6

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Oh Dios, no me desampares

Oh Dios, no me desampares

Por: Georgina Guzmán

En la Biblia hebrea figuran 150 salmos, entre ellos 52 de los que se desconoce su autor, puede suponerse que sean parte de la colección de David, pero también pueden pertenecer a Asaf, a Core, o a alguien más. Sin saber el nombre del autor del bello salmo 71, ni la fecha exacta de su creación, descubrimos en esta hermosa oración la plegaria más sincera y determinada que un hombre anciano fiel puede pedir a Dios. Con el título en nuestra Biblia que da nombre a este salmo «La oración de un anciano» el escrito narra con todo detalle la necesidad más sublime y real que pueda tener un creyente fiel ante lo inminente que es el paso del tiempo y la angustia de sentir la falta de vigor y fortaleza, pero también el saberse en peligro.

En ti, oh Jehová, he esperado; No sea yo confuso para siempre. Hazme escapar, y líbrame en tu justicia: Inclina tu oído y sálvame. Séme por peña de estancia, adonde recurra yo continuamente: Mandado has que yo sea salvo; Porque tú eres mi roca, y mi fortaleza. Dios mío, líbrame de la mano del impío, De la mano del perverso y violento. Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza: Seguridad mía desde mi juventud. Por ti he sido sustentado desde el vientre: De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacaste: De ti será siempre mi alabanza. Como prodigio he sido a muchos; Y tú mi refugio fuerte. Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día. No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares (Salmo 71:1-9)

Es muy interesante observar que el autor es un hombre que sabe de las escrituras, que tiene conocimiento de los salmos de los cuales hará referencia cual eco de los salmos 22 y 19 y que además goza de una plena comunión con el Padre Celestial. Su confianza depositada plenamente en Dios, se revela al nombrarlo, su roca, fortaleza, su seguridad, dejándonos ver que su esperanza, sin duda descansa en lo que Él ha prometido, de tal modo que siendo su refugio fuerte, clama rogando porque la alabanza siempre esté en su boca y su gloria con él todo el día.

El salmo señala en los primeros versículos… que la compañía divina ha sido la fuente de su fe desde su juventud (v. 4) y que desde el vientre de su madre el conocimiento de nuestro Dios ha estado en su noticia, por tanto, el argumento al cual aferrará su plegaria, en alguna manera tiene que ver con la confianza y seguridad que él tiene, ya que en todo tiempo Dios ha sido y es su «roca», «fortaleza» y «amparo».

Si bien pudiéramos pensar que su oración únicamente se refiere al vigor físico, cuanto más importante es suplicar a Dios por la fortaleza espiritual que en esta etapa de la vida presentará pruebas a superar.

Séme por peña de estancia, adonde recurra yo continuamente: Mandado has que yo sea salvo; Porque tú eres mi roca, y mi fortaleza

Una pregunta surge al leer este verso, ¿puede menguar la fe si dejamos de sostenernos de esa peña espiritual? Ya que en su oración ruega por esa comunión continua con su Creador.

La historia bíblica nos contesta con el relato de dos reyes (Asa y Salomón) que desmayaron en esa fidelidad a Dios, justamente cuando llegaron a ser ancianos. En el primer libro de los Reyes se narra claramente cómo el rey Salomón ya anciano perdió el rumbo, cayendo en el pecado de la idolatría. Además de la hija del faraón, el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas; es decir, mujeres de las naciones con las que el Señor había prohibido a los israelitas establecer relaciones matrimoniales porque seguramente harían que sus corazones se desviaran hacia sus dioses. Pero Salomón, enamorado, se unió con ellas. Tuvo setecientas esposas de rango real y trescientas concubinas, las cuales desviaron su corazón. Cuando Salomón ya era anciano, sus mujeres hicieron que su corazón se desviara hacia otros dioses, pues no se había entregado por completo al Señor su Dios, como lo había hecho David, su padre. Salomón rindió culto a Astarté, diosa de los sidonios, y a Milcom (Moloch), ídolo repugnante de los amonitas. Así pues, los hechos de Salomón fueron malos a los ojos del Señor, pues no le siguió fielmente como lo había hecho David, su padre  (1 Reyes 11:1-6, NVI).

Que importante se vuelve entonces esta plegaria escrita en el salmo 71: No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.

Tal vez en versos del rey David: No quites de mi tu Santo Espíritu (Salmo 51:11b).

La Bendita Palabra de Dios nos menciona en muchos versos que en el hombre de días está la sabiduría, ya que la misma experiencia de los años vividos permite el conocimiento para dar un también consejo prudente, sin embargo, también nos muestra que si nos «soltamos de la dirección divina» podemos sufrir graves consecuencias.

Job menciona: Entre los ancianos se halla la sabiduría; en los muchos años, el entendimiento (Job 12:12). Y me dije: Que hable la voz de la experiencia; que demuestren los ancianos su sabiduría (Job 32:7).

Y luego el propio Salomón en sus proverbios: No abandones nunca a la sabiduría, y ella te protegerá; ámala, y ella te cuidará (Proverbios 4:6).

Siendo él mismo quien da un consejo final en el Eclesiastés: Más vale joven pobre pero sabio que rey viejo pero necio, que ya no sabe recibir consejos (Eclesiastés 4:13).

Cuán importante e imprescindible es que la sabiduría que viene de Dios no nos abandone cuando estemos viejos, de tal manera que se puede entender plenamente la angustia del salmista clamando por la dirección y protección de Dios en esta edad. Dame vigor amado Padre para no desmayar, y derrama en mi la fe suficiente para no caer.

Los adultos mayores somos de alguna manera presa fácil para multiplicidad de contratiempos, la salud que se debilita, las fuerzas que nos faltan para realizar las actividades que antes podíamos hacer, pero también emocionalmente lo vulnerables que somos ante los retos que la vida presenta, hay personas que abusan de la fragilidad de una persona adulta, hombres violentos que no se detienen ante un adulto mayor, podemos entender entonces el final de esta plegaria: Y aun hasta la vejez y las canas; oh Dios, no me desampares, hasta que denuncie tu brazo a la posteridad, tus valentías a todos los que han de venir. Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso; porque has hecho grandes cosas: Oh Dios, ¿quién como tú? Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás á darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra (Salmo 71:18-20).

Muchas son las maravillas que Dios ha permitido que nuestros ojos vean, su misericordia abundante nos sigue sosteniendo, cómo no confiar en aquel que nos lo ha dado todo.

Todavía hay mucho por hacer, mucho que proclamar del Bendito amor de Dios y de las maravillas que Él ha hecho en nuestras vidas, mucho por trasmitir a nuestros hijos y a nuestros nietos, comencemos compartiendo el evangelio y las buenas nuevas de salvación a todos los que nos rodean, rogando como lo hiciera este encantador anciano, «Oh Dios, no me desampares».

Bibliografia

• https://www.bibliatodo.com/comentario-biblico/?v=RVG&co=mundo-hispano&l=salmos&cap=71

• https://salmosdavid.wordpress.com/autor/

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REGRESANDO A CASA

REGRESANDO A CASA

«Nada puede compararse con la paz y bendición de un hogar, donde la vida se comparte, se ama y se es amado, donde la voz del padre da dirección, y se disfruta la bendición de estar juntos. Nos asomaremos a un hogar que era feliz, pero que, por el egoísmo y el pecado, se vio invadido por el dolor y el quebranto, pero fue restaurado por el persistente amor del Padre»

En el evangelio de Lucas, en su capítulo quince, nos narra tres parábolas: «La oveja perdida», «La moneda perdida», y la famosa historia de «El hijo pródigo». Las tres narraciones tienen que ver con algo perdido y que al encontrarlo es causa de gran gozo y hasta motivo de celebración.

De estas tres parábolas quizá la más conocida es la del Hijo Pródigo, la cual también podríamos llamar «El Padre amoroso», porque de eso se trata, de un padre compasivo, que tiene misericordia, que pasa por alto las faltas y recibe con un abrazo al hijo.

Lucas 15:11-32, nos cuentan la historia de un hombre rico que tenía dos hijos varones, el más joven fue a su padre, y le pide la parte de la herencia que le corresponde, este hijo menor, al vivir con su padre no necesitaba esa herencia; la casa era cómoda, los bienes abundaban, nada le faltaba, y sobre todo, el padre lo amaba. Pero todo eso no fue suficiente, el joven quería irse lejos, experimentar nuevas cosas fuera del alcance de su padre, quien cedió ante la exigencia del hijo, sabiendo que la herencia no le pertenecía hasta que el padre muriera.

El verso 13, nos dice que se fue a una provincia apartada, lejos del hogar y de la presencia de su padre, buscando su libertad; se rodeó de amigos que, como él, querían vivir la vida sin freno alguno, y quienes luego lo abandonaron cuando los bienes se agotaron. De pronto, se vio sólo y con hambre; tuvo que contratarse para cuidar puercos, un trabajo humillante, sobre todo para un judío, forzado entre animales impuros que tenían mejor suerte que él. Hasta ese punto tuvo que descender el joven, para reaccionar y darse cuenta de su error.

El padre de la historia, es un hombre tierno y amoroso, que aceptó la decisión del hijo de marcharse lejos del hogar. No intenta detenerlo, le entrega lo que pide y lo deja partir, pero esperando cada día que el chico regresara, y esperándolo con corazón dispuesto y brazos abiertos, presto a recibirlo otra vez en el seno de la familia, con perdón y sin reproches.

El hijo mayor a quien le correspondía el doble de la herencia, es un muchacho trabajador y obediente, que permaneció al lado del padre, pero al final, con su actitud, pareciera que no era feliz, que no disfrutaba vivir al lado de su progenitor, ya que al regreso de su hermano menor, no compartió la alegría del padre, ni estuvo de acuerdo con el recibimiento que se le dio.

Dos hijos completamente diferentes, uno rebelde que no valoró la bendición tan grande que tenía en su casa, y el otro, obediente al padre, pero resentido y amargado. Pero el padre, no solo recibe al pecador, y al ingrato, también da palabras de invitación al hijo mayor, ambos son sus hijos y anhela que los dos, disfruten de la herencia y especialmente que disfruten su amor.

Esta parábola nos enseña varias cosas

En primer lugar, nos habla del amor de Dios que es como ese padre bueno que, aunque a veces no está de acuerdo con nuestras decisiones, nos da la libertad de elegir, aun sabiendo que esas decisiones traen tristeza. Nos habla también de un padre perdonador, misericordioso, siempre dispuesto al perdón. Cuando nos arrepentimos y humillamos, Él siempre está dispuesto a recibirnos en casa, sin reproche.

En segundo lugar, nos habla del hijo pródigo, no seamos como él, que teniéndolo todo, no lo valoró. Hoy nosotras sin ser las mejores, sin tener algún mérito, puso sus ojos en nosotras, nos recibió con los brazos abiertos, nos ha perdonado y tenemos el privilegio de ser llamadas sus hijas y también coherederas en Jesucristo, tenemos su Santo Espíritu y con derecho a todas las promesas que hay en su Palabra. ¿Qué más necesitamos? ¿Qué más podríamos pedir?

Y por último, tengamos mucho cuidado de no comportarnos como el hijo mayor, quien no compartió el gozo del padre ante el regreso de su hijo perdido. No juzguemos, no nos sintamos mejores que los que por algún tiempo se han apartado del camino del Señor y vuelven. Recordemos que todo lo que tenemos es sólo por su gracia y misericordia, nada nos hemos ganado. Gocémonos cuando alguien que habiendo conocido al Señor se apartó de Él y ha decidido regresar al camino, recibámoslo con gozo, démosle la bienvenida a casa, hagamos fiesta porque «muerto era, y ha revivido, se había perdido y es hallado».

Por otra parte, quiero animarte a ti, que tienes algún pródigo en tu hogar a quien, a pesar de haberle enseñado el camino santo, un día decidió apartarse, vivir su vida fuera de la voluntad de Dios y despilfarrar su herencia espiritual, trayendo mucho dolor a tu vida. No olvides que nuestro Señor, es un Dios de oportunidades, y que sus misericordias son nuevas cada mañana. No te canses de clamar día y noche delante del Señor, para que vuelva en sí y se dé cuenta de lo que ha perdido. Y que tú, al igual que el Padre de esta historia, lo recibas con gran gozo, celebrando su retorno.

También podría ser que seas tú, la que por alguna circunstancia te has alejado del Señor. Has dejado de tener la comunión íntima que tenías antes con Él. Yo te invito que escuches su voz, te está invitando que vuelvas.

El dueño de casa, el Padre amante, nos hace saber su amor sin límites, recordándonos que cualquiera que sea nuestra situación, siempre hay un lugar en su corazón que nadie más puede ocupar. Dejemos nuestros deseos ofensivos, nuestro egoísmo, porque eso endurece el corazón, y nos incapacita para amar al Padre y a nuestros hermanos.

Al regresar a casa, la fiesta sin fin inicia, pero es necesario que dejemos todo lo que estorba para disfrutar el encuentro.

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La oración que Dios oye

LA ORACIÓN QUE DIOS OYE

Ante las dificultades y necesidades que enfrentamos en nuestro diario vivir, tenemos una manera muy especial de comunicarnos con nuestro Padre Celestial y es por medio de la oración.

La oración es la comunicación del ser humano con Dios, es un vínculo tan íntimo donde nosotras como creyentes expresamos al Creador nuestros pensamientos, sentimientos, temores, esperanzas y gratitudes.

Dios es un Dios que desea comunicarse con cada uno de sus hijos, está atento, Él desea que tengamos esa confianza de acercarnos y pedir lo que necesitamos: Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye (1 Juan 5:14).

Como padres conocemos a la perfección cuando nuestros hijos están alegres, tristes o preocupados, pero nos gustaría que ellos tengan la suficiente confianza para acercarse a nosotras y poder ayudarles. Hace tiempo uno de mis hijos tenía una preocupación, aunque no me la había comentado, ya sabía cuál era su necesidad, le dije a mi esposo que le ayudara y me respondió: «deja que él lo pida».

Dios no está ausente en nuestras vidas, no está exento de cada aspecto de nuestra vida, Él se manifiesta cuando lo invocamos: Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen, oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará (Salmo 145:18-19).

Tal vez en alguna ocasión hemos escuchado a algunas personas decir que Dios no escucha sus oraciones, inclusive hemos escuchado esa queja en boca de hermanos de la iglesia. En las Escrituras podemos ver los principios que Dios utiliza para las oraciones: El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable (Proverbios 28:9), será bueno analizar cómo está nuestra vida ante los ojos de Dios.

La oración que Dios oye

En Lucas 18:9-14 vemos la parábola de el Fariseo y el Publicano, en la cual Jesús habla a unos que confiaban en sí mismo como perfectos, como justos, menospreciando a otros: Dos hombres subieron al templo a orar, uno era fariseo y otro publicano. El fariseo puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como este publicano, ayuno dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano (vv. 10-12).

El nombre Fariseo viene del arameo parash que significa separado o apartado(1). Por tanto, el fariseo se consideraba separado para no contaminarse. El fariseo era una persona que pertenecía a un grupo religioso judío de la época de Jesús, que se caracterizaba por observar escrupulosamente y con cierta afectación los preceptos de la Ley Mosaica; en general, se interesaba más por la manifestación externa de esos preceptos que por seguir el espíritu de la Ley(2)

Veamos en esta parábola la actitud del fariseo cuando sube al templo a orar:

1. Oraba consigo mismo: muestra que no estaba orando a Dios, quería que lo escucharan los que estaban a su alrededor, con esta actitud muestra orgullo en su vida: Y cuando ores, no seas como los hipócritas, porque ellos aman el orar en pie en medio de las sinagogas… (Mateo 6:5).

2. Juzga y menosprecia: Al dar gracias por no ser como otros hombres que viven en pecado, se siente superior a los demás, si bien era estricto con las disciplinas espirituales guardando al pie de la letra la ley, se enaltecía, era soberbio, jactancioso: Altivo, arrogante y escarnecedor son los nombres del que obra con orgullo insolente (Proverbios 21:24, LBLA).

3. Se enaltecía: Ayunaba dos veces a la semana y daba el diezmo, el fariseo buscaba aprobación y admiración ante los hombres. Cuando ayunéis no seáis austeros como los hipócritas (Mateo 6:16a). El Señor Jesús nos da enseñanza de que, al dar nuestras ofrendas y diezmos, al ayunar, sea en secreto, el Padre ve en secreto y dará la recompensa (Mateo 6:1:4, 16-18).

Ahora veamos la contraparte del fariseo, el otro hombre que subió al templo a orar, era un publicano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios sé propicio a mí, pecador (Lucas 18:13). Un Publicano es una persona que tenía la responsabilidad de cobrar los impuestos para los romanos y como todos los cobradores de impuestos, eran odiados, lo consideraban un gentil(2)

Actitud del publicano cuando subió al templo a orar:

1. Estaba lejos: el publicano se mantenía a una distancia, no se quería acercar, en el versículo 13 no menciona en qué parte del templo estaba, probablemente se mantenía en la entrada, mientras que el fariseo estaba en el centro, acusándolo ante Dios como un pecador. El publicano se sentía indigno y por eso se mantenía alejado.

2. No alzaba sus ojos: El no alzar los ojos es una muestra de humildad, se sentía avergonzado ante la presencia de Dios, a diferencia de la soberbia del fariseo.

3. Se golpeaba el pecho: Se trata de un gesto de arrepentimiento que era común dentro de los rituales judíos, lo vemos cuando Jesús fue crucificado: Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho (Lucas 23:48).

4. Expresaba «Sé propicio de mí»: Imploraba la benevolencia de Dios al reconocer que era un pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro (fariseo), porque cualquiera que se enaltece, será humillado y el que se humilla será ensalzado (Lucas 18:14).

Esta hermosa parábola es una gran enseñanza para nuestra vida, para reflexionar acerca de nuestra comunicación con Dios, y saber cuál es la oración que Él escucha.

Entonces, ¿a quiénes escucha Dios?

1. A los humildes: Cercano esta Jehová a los quebrantados del corazón y salva a los contritos de espíritu (Salmo 34:18). A los soberbios los resiste Dios y da gracia a los humildes (Santiago 4:6).

2. A los obedientes: Debemos esforzarnos para honrarle y respetarle obedeciendo su palabra: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho (Juan 15:7), no nos confundamos como muchos lo hacen escudándose de que todo lo que pidamos en el nombre de Jesús será dado, sí, así será, si permanecemos en Dios.

3. A los que tengan Fe:  Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra (Santiago 1:6).

4. A los que hacen justicia: Claman los justos y Jehová oye. Y los libra de todas sus angustias (Salmo 34:17). El hombre justo, en términos humanos, es aquel que por guardar los mandamientos de Dios contribuye a la paz y la prosperidad de sus semejantes. Siempre debe establecerse una íntima relación entre servir a Dios y el trato que tenemos con los hombres Malaquías 3:18 discerniréis la diferencia entre lo justo y lo malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve(1)

Hermanas tengamos la certeza de que Dios escucha nuestras plegarias cuando cumplimos con sus principios, cuando le obedecemos, cuando somos justas, tenemos fe y somos humildes, quitando toda amargura para tener un corazón limpio. Dios no escucha la oración si tenemos rencores. Mientras nuestro corazón no esté acorde a Dios, nuestras oraciones pueden ser repeticiones, no seamos como las personas que dicen: «Dios no escucha mi oración»(2)

El Señor les bendiga.

Fuente de consulta

• La Santa Biblia (2000). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas (Versión Reina-Valera 1960).

(1) Nuevo Diccionario de la Biblia

(2) Estudio Bíblico para Mujeres

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