REGRESANDO A CASA

REGRESANDO A CASA

«Nada puede compararse con la paz y bendición de un hogar, donde la vida se comparte, se ama y se es amado, donde la voz del padre da dirección, y se disfruta la bendición de estar juntos. Nos asomaremos a un hogar que era feliz, pero que, por el egoísmo y el pecado, se vio invadido por el dolor y el quebranto, pero fue restaurado por el persistente amor del Padre»

En el evangelio de Lucas, en su capítulo quince, nos narra tres parábolas: «La oveja perdida», «La moneda perdida», y la famosa historia de «El hijo pródigo». Las tres narraciones tienen que ver con algo perdido y que al encontrarlo es causa de gran gozo y hasta motivo de celebración.

De estas tres parábolas quizá la más conocida es la del Hijo Pródigo, la cual también podríamos llamar «El Padre amoroso», porque de eso se trata, de un padre compasivo, que tiene misericordia, que pasa por alto las faltas y recibe con un abrazo al hijo.

Lucas 15:11-32, nos cuentan la historia de un hombre rico que tenía dos hijos varones, el más joven fue a su padre, y le pide la parte de la herencia que le corresponde, este hijo menor, al vivir con su padre no necesitaba esa herencia; la casa era cómoda, los bienes abundaban, nada le faltaba, y sobre todo, el padre lo amaba. Pero todo eso no fue suficiente, el joven quería irse lejos, experimentar nuevas cosas fuera del alcance de su padre, quien cedió ante la exigencia del hijo, sabiendo que la herencia no le pertenecía hasta que el padre muriera.

El verso 13, nos dice que se fue a una provincia apartada, lejos del hogar y de la presencia de su padre, buscando su libertad; se rodeó de amigos que, como él, querían vivir la vida sin freno alguno, y quienes luego lo abandonaron cuando los bienes se agotaron. De pronto, se vio sólo y con hambre; tuvo que contratarse para cuidar puercos, un trabajo humillante, sobre todo para un judío, forzado entre animales impuros que tenían mejor suerte que él. Hasta ese punto tuvo que descender el joven, para reaccionar y darse cuenta de su error.

El padre de la historia, es un hombre tierno y amoroso, que aceptó la decisión del hijo de marcharse lejos del hogar. No intenta detenerlo, le entrega lo que pide y lo deja partir, pero esperando cada día que el chico regresara, y esperándolo con corazón dispuesto y brazos abiertos, presto a recibirlo otra vez en el seno de la familia, con perdón y sin reproches.

El hijo mayor a quien le correspondía el doble de la herencia, es un muchacho trabajador y obediente, que permaneció al lado del padre, pero al final, con su actitud, pareciera que no era feliz, que no disfrutaba vivir al lado de su progenitor, ya que al regreso de su hermano menor, no compartió la alegría del padre, ni estuvo de acuerdo con el recibimiento que se le dio.

Dos hijos completamente diferentes, uno rebelde que no valoró la bendición tan grande que tenía en su casa, y el otro, obediente al padre, pero resentido y amargado. Pero el padre, no solo recibe al pecador, y al ingrato, también da palabras de invitación al hijo mayor, ambos son sus hijos y anhela que los dos, disfruten de la herencia y especialmente que disfruten su amor.

Esta parábola nos enseña varias cosas

En primer lugar, nos habla del amor de Dios que es como ese padre bueno que, aunque a veces no está de acuerdo con nuestras decisiones, nos da la libertad de elegir, aun sabiendo que esas decisiones traen tristeza. Nos habla también de un padre perdonador, misericordioso, siempre dispuesto al perdón. Cuando nos arrepentimos y humillamos, Él siempre está dispuesto a recibirnos en casa, sin reproche.

En segundo lugar, nos habla del hijo pródigo, no seamos como él, que teniéndolo todo, no lo valoró. Hoy nosotras sin ser las mejores, sin tener algún mérito, puso sus ojos en nosotras, nos recibió con los brazos abiertos, nos ha perdonado y tenemos el privilegio de ser llamadas sus hijas y también coherederas en Jesucristo, tenemos su Santo Espíritu y con derecho a todas las promesas que hay en su Palabra. ¿Qué más necesitamos? ¿Qué más podríamos pedir?

Y por último, tengamos mucho cuidado de no comportarnos como el hijo mayor, quien no compartió el gozo del padre ante el regreso de su hijo perdido. No juzguemos, no nos sintamos mejores que los que por algún tiempo se han apartado del camino del Señor y vuelven. Recordemos que todo lo que tenemos es sólo por su gracia y misericordia, nada nos hemos ganado. Gocémonos cuando alguien que habiendo conocido al Señor se apartó de Él y ha decidido regresar al camino, recibámoslo con gozo, démosle la bienvenida a casa, hagamos fiesta porque «muerto era, y ha revivido, se había perdido y es hallado».

Por otra parte, quiero animarte a ti, que tienes algún pródigo en tu hogar a quien, a pesar de haberle enseñado el camino santo, un día decidió apartarse, vivir su vida fuera de la voluntad de Dios y despilfarrar su herencia espiritual, trayendo mucho dolor a tu vida. No olvides que nuestro Señor, es un Dios de oportunidades, y que sus misericordias son nuevas cada mañana. No te canses de clamar día y noche delante del Señor, para que vuelva en sí y se dé cuenta de lo que ha perdido. Y que tú, al igual que el Padre de esta historia, lo recibas con gran gozo, celebrando su retorno.

También podría ser que seas tú, la que por alguna circunstancia te has alejado del Señor. Has dejado de tener la comunión íntima que tenías antes con Él. Yo te invito que escuches su voz, te está invitando que vuelvas.

El dueño de casa, el Padre amante, nos hace saber su amor sin límites, recordándonos que cualquiera que sea nuestra situación, siempre hay un lugar en su corazón que nadie más puede ocupar. Dejemos nuestros deseos ofensivos, nuestro egoísmo, porque eso endurece el corazón, y nos incapacita para amar al Padre y a nuestros hermanos.

Al regresar a casa, la fiesta sin fin inicia, pero es necesario que dejemos todo lo que estorba para disfrutar el encuentro.

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La oración que Dios oye

LA ORACIÓN QUE DIOS OYE

Ante las dificultades y necesidades que enfrentamos en nuestro diario vivir, tenemos una manera muy especial de comunicarnos con nuestro Padre Celestial y es por medio de la oración.

La oración es la comunicación del ser humano con Dios, es un vínculo tan íntimo donde nosotras como creyentes expresamos al Creador nuestros pensamientos, sentimientos, temores, esperanzas y gratitudes.

Dios es un Dios que desea comunicarse con cada uno de sus hijos, está atento, Él desea que tengamos esa confianza de acercarnos y pedir lo que necesitamos: Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye (1 Juan 5:14).

Como padres conocemos a la perfección cuando nuestros hijos están alegres, tristes o preocupados, pero nos gustaría que ellos tengan la suficiente confianza para acercarse a nosotras y poder ayudarles. Hace tiempo uno de mis hijos tenía una preocupación, aunque no me la había comentado, ya sabía cuál era su necesidad, le dije a mi esposo que le ayudara y me respondió: «deja que él lo pida».

Dios no está ausente en nuestras vidas, no está exento de cada aspecto de nuestra vida, Él se manifiesta cuando lo invocamos: Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen, oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará (Salmo 145:18-19).

Tal vez en alguna ocasión hemos escuchado a algunas personas decir que Dios no escucha sus oraciones, inclusive hemos escuchado esa queja en boca de hermanos de la iglesia. En las Escrituras podemos ver los principios que Dios utiliza para las oraciones: El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable (Proverbios 28:9), será bueno analizar cómo está nuestra vida ante los ojos de Dios.

La oración que Dios oye

En Lucas 18:9-14 vemos la parábola de el Fariseo y el Publicano, en la cual Jesús habla a unos que confiaban en sí mismo como perfectos, como justos, menospreciando a otros: Dos hombres subieron al templo a orar, uno era fariseo y otro publicano. El fariseo puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como este publicano, ayuno dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano (vv. 10-12).

El nombre Fariseo viene del arameo parash que significa separado o apartado(1). Por tanto, el fariseo se consideraba separado para no contaminarse. El fariseo era una persona que pertenecía a un grupo religioso judío de la época de Jesús, que se caracterizaba por observar escrupulosamente y con cierta afectación los preceptos de la Ley Mosaica; en general, se interesaba más por la manifestación externa de esos preceptos que por seguir el espíritu de la Ley(2)

Veamos en esta parábola la actitud del fariseo cuando sube al templo a orar:

1. Oraba consigo mismo: muestra que no estaba orando a Dios, quería que lo escucharan los que estaban a su alrededor, con esta actitud muestra orgullo en su vida: Y cuando ores, no seas como los hipócritas, porque ellos aman el orar en pie en medio de las sinagogas… (Mateo 6:5).

2. Juzga y menosprecia: Al dar gracias por no ser como otros hombres que viven en pecado, se siente superior a los demás, si bien era estricto con las disciplinas espirituales guardando al pie de la letra la ley, se enaltecía, era soberbio, jactancioso: Altivo, arrogante y escarnecedor son los nombres del que obra con orgullo insolente (Proverbios 21:24, LBLA).

3. Se enaltecía: Ayunaba dos veces a la semana y daba el diezmo, el fariseo buscaba aprobación y admiración ante los hombres. Cuando ayunéis no seáis austeros como los hipócritas (Mateo 6:16a). El Señor Jesús nos da enseñanza de que, al dar nuestras ofrendas y diezmos, al ayunar, sea en secreto, el Padre ve en secreto y dará la recompensa (Mateo 6:1:4, 16-18).

Ahora veamos la contraparte del fariseo, el otro hombre que subió al templo a orar, era un publicano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios sé propicio a mí, pecador (Lucas 18:13). Un Publicano es una persona que tenía la responsabilidad de cobrar los impuestos para los romanos y como todos los cobradores de impuestos, eran odiados, lo consideraban un gentil(2)

Actitud del publicano cuando subió al templo a orar:

1. Estaba lejos: el publicano se mantenía a una distancia, no se quería acercar, en el versículo 13 no menciona en qué parte del templo estaba, probablemente se mantenía en la entrada, mientras que el fariseo estaba en el centro, acusándolo ante Dios como un pecador. El publicano se sentía indigno y por eso se mantenía alejado.

2. No alzaba sus ojos: El no alzar los ojos es una muestra de humildad, se sentía avergonzado ante la presencia de Dios, a diferencia de la soberbia del fariseo.

3. Se golpeaba el pecho: Se trata de un gesto de arrepentimiento que era común dentro de los rituales judíos, lo vemos cuando Jesús fue crucificado: Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho (Lucas 23:48).

4. Expresaba «Sé propicio de mí»: Imploraba la benevolencia de Dios al reconocer que era un pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro (fariseo), porque cualquiera que se enaltece, será humillado y el que se humilla será ensalzado (Lucas 18:14).

Esta hermosa parábola es una gran enseñanza para nuestra vida, para reflexionar acerca de nuestra comunicación con Dios, y saber cuál es la oración que Él escucha.

Entonces, ¿a quiénes escucha Dios?

1. A los humildes: Cercano esta Jehová a los quebrantados del corazón y salva a los contritos de espíritu (Salmo 34:18). A los soberbios los resiste Dios y da gracia a los humildes (Santiago 4:6).

2. A los obedientes: Debemos esforzarnos para honrarle y respetarle obedeciendo su palabra: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho (Juan 15:7), no nos confundamos como muchos lo hacen escudándose de que todo lo que pidamos en el nombre de Jesús será dado, sí, así será, si permanecemos en Dios.

3. A los que tengan Fe:  Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra (Santiago 1:6).

4. A los que hacen justicia: Claman los justos y Jehová oye. Y los libra de todas sus angustias (Salmo 34:17). El hombre justo, en términos humanos, es aquel que por guardar los mandamientos de Dios contribuye a la paz y la prosperidad de sus semejantes. Siempre debe establecerse una íntima relación entre servir a Dios y el trato que tenemos con los hombres Malaquías 3:18 discerniréis la diferencia entre lo justo y lo malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve(1)

Hermanas tengamos la certeza de que Dios escucha nuestras plegarias cuando cumplimos con sus principios, cuando le obedecemos, cuando somos justas, tenemos fe y somos humildes, quitando toda amargura para tener un corazón limpio. Dios no escucha la oración si tenemos rencores. Mientras nuestro corazón no esté acorde a Dios, nuestras oraciones pueden ser repeticiones, no seamos como las personas que dicen: «Dios no escucha mi oración»(2)

El Señor les bendiga.

Fuente de consulta

• La Santa Biblia (2000). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas (Versión Reina-Valera 1960).

(1) Nuevo Diccionario de la Biblia

(2) Estudio Bíblico para Mujeres

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Fortaleciendo nuestras defensas espirituales

FORTALECIENDO NUESTRAS DEFENSAS ESPIRITUALES

El matrimonio es la institución humana que surge a consecuencia de la conclusión de la etapa del noviazgo. Aunque no siempre se está consciente de lo que significa esta nueva fase de la vida, ya que algunos solo lo ven como una relación que se ha escalado, sin considerar los factores diferentes en que se transforma dicha relación. Si hacemos una comparación de las familias orientales, con las familias de occidente, veremos ciertos rasgos que nos diferencian. Nos estructuramos en núcleos más pequeños. El tipo de familia occidental no se extiende más allá de los abuelos, tíos, sobrinos e hijos. Existen países occidentales donde incluso el vínculo padres e hijos se rompe al adquirir la mayoría de edad. Además de esta realidad las familias nucleares son cada vez más pequeñas, sin embargo, por más pequeñas, estas reúnen los elementos necesarios para verse como célula social.

La visión secular sobre la familia influye con sus nuevas realidades sobre lo que refiere la relación de pareja. La sociedad navega en un mismo barco, y en la iglesia también tendemos a correr conforme se mueve la inercia de los modelos de familia. Solo algunos modelos rígidos y bien estructurados de nuestro tiempo siguen sus propias configuraciones de vida y comunidad, a pesar de tener ciertos contactos con el mundo exterior. Es el caso de la Comunidad Menonita que se encuentra instalada en diversas regiones de nuestro país. Los menonitas son un grupo minoritario asentado inicialmente en el estado de Chihuahua a partir de 19221. Los grupos de esta comunidad que viven en nuestro país, son un grupo religioso y étnico de ascendencia alemana, que siguen las creencias de Menno Simons quien fuera un líder de una de las corrientes del protestantismo del siglo XVI que fueron los anabaptistas. El movimiento menonita surgió en Zúrich, Suiza.

Si fuésemos más congruentes con nuestra realidad de ir contracorriente de muchas desviaciones sobre el mundo, quizá estuviéramos un poco semejantes a grupos como estos. Sin embargo, no somos grupos que étnica y religiosamente nos manifestemos tan radicales o en tal uniformidad de vida. Reconocemos que no todo en la cultura es equivocado, y que se puede ceder a cambiar aspectos de menor importancia, siempre y cuando estos no influyan o desencadenen otros de mayor peso que descompongan los valores de nuestra fe. Los esposos de matrimonios de creyentes, al igual que los demás matrimonios también deseamos tener nuestro propio hogar, que nuestros hijos accedan a una buena educación, yendo a la escuela con otros niños diferentes en su fe y en su estilo de vida. Las nuevas realidades de la vida social viven dentro de nuestras familias. Las mujeres de nuestro tiempo trabajan y se destacan en sus agendas laborales logrando éxito en campos que solo pertenecían a los varones. Las familias también desean que sus hijos triunfen como estudiantes, que al interior del hogar se respire amor, que se pueda vivir no solo un amor conceptual y de entrega, sino además un amor romántico, de telenovela. Los cambios y el pluralismo han relegado poco a poco a la familia tradicional que homogenizaba el tipo de familia que había que formar. El control de la natalidad, la independencia de la pareja, los cambios de paradigmas en el asunto de la autoridad del padre, para dar paso a un tipo de relación igualitaria sobre la responsabilidad de los recursos, de la educación de los hijos como de las tareas de casa. Todo esto ha incidido en la configuración de las familias de la Iglesia.

La relación familiar es menos distante que antes, los hijos tienen mayor acceso a saber qué piensan los padres y estos comparten los proyectos de familia para trabajar unidos como familias colaborativas. Se ha cedido en el tema de la autoridad y la exigencia haciendo uso del derecho a la libertad de todos los miembros de una familia. La sociedad en su comprensión de la inercia ideológica, crea cada vez leyes más finas que responden a esta nueva realidad, en la que las personas distinguen que no pueden estar unidos solo porque una autoridad superior como lo es el Estado, resguerde el vínculo civil. Los matrimonios de hoy tenemos que aprender a ser más moderados en el uso de la autoridad, comprendiendo que esta autoridad establece una guía por medio de su tutoría que contiene los impulsos humanos de los integrantes de la familia. Los matrimonios actuales tenemos que ser más creativos para lograr que nuestra familia siga unida por lazos fuertes, sin que recurramos al uso tradicional de razonamientos del siglo pasado.

Aprendamos a leer los tiempos, sepamos movernos en nuestro momento. Muchos matrimonios se están perdiendo porque entre otras cosas, nos aferramos a rivalizar con los modelos que han cambiado a las familias, y que cambiaron la forma de ejercer el liderazgo. Se han realizado cambios en la resolución de conflictos, en todos los roles y papeles de los integrantes de una familia. Cambios que afectan tanto a quien ostenta la autoridad, como a quien se subordina a ella. Busquemos puntos de equilibrio que permitan un espíritu de conciliación y nutrición en nuestro núcleo familiar.

La familia construye a las estructuras sociales, sobre las cuales debemos responder como creyentes. El divorcio, por ejemplo, ha sido una realidad dolorosa que siempre ha existido. Era un escándalo saber que un matrimonio había optado por separarse ya que la mayoría de los matrimonios eran sólidos. No obstante que siempre ha existido esta terrible realidad, lo nuevo es el volumen que alcanza actualmente, y que esto incide directamente en la sociedad por la clase de hijos que llegan al tejido de la comunidad. Se agudiza la condición de familias uni-paternas donde se priva de la cobertura que el núcleo familiar debía dar a los hijos, a los que se pone en estado de crisis a edad temprana. No solo es la cantidad, sino la facilidad para acceder a la desintegración del matrimonio. El divorcio se establece ya no como una lamentable alternativa ante lo disfuncional que pueda parecer un matrimonio, ahora está en el nivel de los derechos, ya que nadie puede obligar a una persona a vivir el resto de su vida con quien decida ya no querer vivir, en garantía de las libertades individuales. Razonamientos que por supuesto van en contra de los principios bíblicos que rigen la indisolubilidad del matrimonio. El incremento del divorcio no tiene que ver con el neoliberalismo sino con el aumento de los motivos o causas y con la rápida aceleración del procedimiento. Los últimos dos países en reconocer esta práctica como legal fueron Chile (2004) y Malta y Filipinas (2011)2. El pluralismo democrático de la sociedad orilla a legislar con base en hechos sociales y no bajo principios ideológicos o éticos. Estos son aspectos parciales de la realidad que no hacen justicia al resto de matrimonios que sigue siendo mayoría y que se esfuerzan por permanecer juntos a pesar de las desavenencias.

Requieren los nuevos matrimonios para la defensa de su vínculo marital, estrategias fuertes basadas en los principios bíblicos para consolidar a la familia, para no perder a los hijos, para no optar por salidas fáciles, falsas y carentes de compromiso en todo caso. Los motivos que enraícen al matrimonio con los principios bíblicos deben ser mayores y más contundentes que el ofrecimiento de una libertad que encubre la falta de responsabilidad, y que rompa los lazos sanguíneos del parentesco y proyectos de vida. No requerimos obligadamente aislarnos del mundo para permanecer inmunes a la inercia que domina al mundo. Lo que necesitamos fortalecer son nuestras defensas espirituales basadas en el amor de Dios. Fue Dios quien en su perfecto amor diseñó el modelo familiar a partir de una pareja que se construye a sí misma con sus diferencias y particularidades individuales, pero con los recursos espirituales y humanos con los que se construye un hogar, en el cual podremos pasar el resto que nos quede de vida, disfrutando la paz que otorga la vida en familia.

Referencias

1 En 1922 se inició la inmigración con la llegada de 3.000 personas (que se establecieron en su totalidad en Chihuahua), luego de ser invitados a México por el gobierno de Álvaro Obregón que cubrió los gastos de traslado.4 Para 1927 ya se habían establecido 10.000 menonitas en México, repartidos entre los estados de Chihuahua, Durango y Guanajuato.4 Hoy en día hay menonitas en casi todos los estados mexicanos e inclusive en el Distrito Federal, pero las comunidades más arraigadas se han establecido en Chihuahua, Durango, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Zacatecas, Campeche, Quintana Roo y Tamaulipas, recientemente se han ido desplazando a otros estados donde no había comunidades como Baja California, Oaxaca, Tabasco y Yucatán; y se estiman unos 100.000 menonitas en todo el territorio nacional,5 de los cuales más de 90.000 están establecidos en Chihuahua,6 y unos 6.500 en Durango. https://es.wikipedia.org/wiki/Menonitas_en_M%C3%A9xico

2 https://www.elsoldemexico.com.mx/analisis/el-divorcio-como-derecho-3015704.html

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Mascunilinidad y paternidad

MASCULINIDAD Y PATERNIDAD

Por las tardes, ¿Qué es lo que más te gustaría hacer? Teatro, futbol, baile, judo, música… ¡Estar contigo!

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres (Malaquías 4:6, RV60).

En los últimos años, los padres buscan suplir su paternidad con actividades extraescolares. Los hijos están un tercio de su tiempo en la escuela, que es en mucho su segundo hogar, dónde se forma académicamente y en valores que son transmitidos por sus compañeros, maestros y el sistema educativo en conjunto. El otro tercio de su tiempo lo ocupan en actividades extraescolares, es decir; en talleres, deportes, etcétera. Por eso cuando el padre le pregunta a su hijo: ¿Qué es lo que más te gustaría hacer? Ellos responde con un ¡estar contigo papá!

¡Estar contigo! debe de significar mucho para los hijos, por eso necesitamos replantear nuestra masculinidad y paternidad. Hoy miramos una sociedad con valores relativos, carente de estabilidad, de sentimientos. La nuestra es una sociedad tóxica, esto a razón de la tarea preponderante de la familia mal ejecutada. Cómo varones de Dios, debemos esforzarnos por desarrollar una actitud saludable al momento de imitar el carácter y forma de actuar de Jesús.

Nuestros hijos llamados «Generación Y» o «Millennials» (nacidos entre 1982 y 1994), o «Generación Z» o «Centennials» (nacidos a partir de 1995 y hasta el presente) se ven influenciados por el contexto que los rodea, por los recursos y formas de comunicación, estamos viviendo la era digital.

Además de la influencia cibernética, también su formación influyente es su hogar, lugar donde debe de recibir el afecto de sus padres, así como la enseñanza de valores cristianos que logren moldear su conducta y regular sus emociones. Pero lamentablemente, de acuerdo a los diferentes estudios sobre conducta, hoy miramos hijos inseguros, con problemas de identidad, problemas emocionales y actitudes tóxicas que rompen con los moldes de la ética cristiana. Por ello, es importante que como padres volvamos la mirada a Jesús y sea Él quien nos dé la pauta para desarrollar una paternidad responsable. Así mismo, debemos observar nuestro rol como proveedores de amor, de cercanía, de diálogo. Que nuestros hijos miren en nosotros no sólo nuestra presencia física, sino también que podamos estar cerca emocionalmente.

Si bien es cierto que nuestro rol de proveedor nos obliga a ausentarnos y no estar en los momentos más significativos de nuestros hijos, esto no nos exime de poder ejercer nuestro rol de padres y valorar nuestra paternidad cuando estemos en casa. La idea es que podamos ser, hoy día, padres responsables que permitan el crecimiento espiritual, moral y físico de nuestros hijos. Si tenemos hijos espiritual y emocionalmente sanos, tendremos una sociedad sana y una iglesia que proclame con eficacia el Reino de Dios.

¿Qué influye en la formación de los hijos?

Hay influencia negativa y positiva en la formación de los hijos. Desde el Génesis miramos una influencia de rebeldía, (Génesis 3:16), el hombre tomó decisiones equivocadas en contra de la familia como la envidia, la avaricia, la mentira y la violencia, Dios había dado un señorío bueno en línea de gracia, pero el hombre tomó el camino equivocado y con ello sus consecuencias. Pero también vemos su influencia positiva en cada historia, si bien lo señala Lucas 2:40: Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él…

El presente y sus efectos

La paternidad contemporánea se ve reflejada en la conducta antisocial de los individuos, en el reflejo de sus emociones tóxicas, en el vandalismo, en niños y jóvenes inmersos en las drogas de todo tipo, en niños violentos. Por otra parte, vemos niños y jóvenes sin identidad, con falta de aceptación, su imagen deteriorada, lo que genera personas inseguras e inestables para vivir en sociedad.

En nuestras iglesias tampoco estamos exentos de llevar a cabo una paternidad educadora de fe, todo lo contrario, muchos de nuestros hijos no tienen identidad como miembros de la iglesia de Dios, se alejan y toman conductas de sus padres, amistades y vecinos. ¿Será que tenemos que revalorar nuestra influencia paterna?

Los hijos necesitan de nosotros los varones, somos en gran medida el bastión que les permita crecer en gracia y llenos de la sabiduría de Dios, tomemos nuestro rol paterno y que los hijos tengan esa necesidad de estar con nosotros, que vean un perfil cristiano el cual quieran imitar. Exhorto que seamos agentes de influencia, tomemos en cuenta las siguientes recomendaciones:

Paternidad Saludable1

La familia está diseñada para (y llamada a) ser un núcleo en donde se permite y se estimula el crecimiento integral de todos sus miembros. Este crecimiento integral implica la satisfacción de las necesidades de procreación y sexuales (Génesis 1:27–28), afectivas (Efesios 6:1–4), intelectuales (Lucas 2:52), materiales (Lucas 2:6–7), espirituales (Lucas 2:52), relacionales (Lucas 2:21–38; 2:52), etcétera. Es decir, vemos a la familia cumpliendo las funciones básicas de reproducción, nutrición, educación y socialización.

Con el ánimo de proveer este crecimiento integral, a la luz de la Biblia y reconociendo sus múltiples expresiones históricas y culturales, la familia está capacitada para desarrollarse sobre la base de los siguientes principios:

Relación de amor. Marido y mujer, padres e hijos, han de relacionarse mutuamente sobre la base del amor (Efesios 5:21ss). El amor establece el marco de referencia que no solamente modela el patrón de relación entre los diferentes miembros del sistema familiar, sino que a su vez, permite el crecimiento de ellos.

Provisión afectiva. La provisión afectiva no viene expresada en la abundancia de regalos, sino en la calidad de las relaciones. Esto significa hacerse presentes unos a otros, disponibles, solidarios y dispuestos a satisfacer necesidades.

Ubicación y límites. La Biblia establece que cada miembro dentro de la familia tiene una función qué desempeñar y que existen reglas que regulan sus relaciones. A su vez, provee los recursos que corrigen el quebrantamiento de dichas normas. De los hijos se espera obediencia mediada por los mandamientos de Dios (Efesios 6:1–12).

Participación activa. De ambos padres se espera una participación activa que tenga en cuenta la «disciplina» y la «amonestación del Señor» (Efesios 6:4). Es decir, creemos que una clave para el liderazgo de los padres es mirar el modelo de la paternidad del Dios de amor, entendido como consideración, comunicación, disciplina, respeto, conocimiento y perdón.

«La salud de una familia depende de la salud de quienes la fundaron, de quienes decidieron formarla»2. Nuestros padres nos enseñan a relacionarnos con el mundo, nos enseñan a sentirnos merecedores y dignos de ser amados, o bien, pueden enseñarnos a sentirnos fracasados y merecedores de rechazo y dolor. Es por eso que la relación de un padre con un hijo puede marcarlo negativa y permanentemente para su edad adulta. Tomemos con responsabilidad nuestra paternidad y que nuestra guía sea el modelo de nuestro Señor Jesús.

Bibliografía

1 Maldonado, J. E. (Ed.). (1995). Fundamentos bíblico-teológicos del matrimonio y la familia (pp. 42–43). Grand Rapids, Mi. Libros Desafío.

2 José Luis Canales, «Padres Tóxicos, legado disfuncional de una infancia», (pag.21) edit. Paidós

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Un matrimonio que proclama el evangelio

UN MATRIMONIO QUE PROCLAMA EL EVANGELIO

Las últimas palabras de Jesús antes de ascender a los cielos fueron proféticas:  Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8).

Cada discípulo de Jesús se constituye en un testigo, así que cada matrimonio cristiano debe testificar su fe como estilo de vida. Además, debe mostrar su amor y su unidad en el seno de su familia, para poder impactar con el evangelio a su red más cercana (familia, vecinos, amigos y compañeros de trabajo). Su testimonio tiene mucho que decir delante de todas las personas que les rodean. Dentro del buen testimonio de un matrimonio cristiano está el compromiso con el Señor Jesucristo y su misión.

Tenemos algunas preguntas para ustedes: Los matrimonios de nuestra iglesia, ¿están comprometidos con la misión? ¿Están testificando el amor de Dios? ¿Qué se requiere para que proclamen el Evangelio?

Tomaremos el inmejorable ejemplo que nos presenta el matrimonio de Priscila y Aquila, un excelente matrimonio cristiano. Su historia de fe nos mostrara las características que un matrimonio debe tener para proclamar el evangelio.

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe estar convertido a Cristo» (18:1-2).

Es muy probable que Aquila (cuyo nombre significa Águila) y Priscila (nombre que es diminutivo de Prisca y que quiere decir Anciana); ya eran cristianos desde que estaban en Roma. Lo podemos deducir porque no hay ni una sola referencia de que hayan sido evangelizados por Pablo y también está el hecho de que fueron expulsados de Roma por el emperador Claudio. Según Suetonio, historiador romano del primer siglo, afirma que los judíos fueron expulsados por un problema creado acerca de uno llamado El Cristo. Y el historiador cristiano Orosio afirma que tal expulsión se dio en el año 49 d. C. Así que podemos afirmar que Aquila y Priscila fueron echados de Roma debido a su predicación del evangelio. Pero lo que podemos resaltar es que esta pareja era un matrimonio fiel a Dios, y su pertenencia a Cristo era a  toda prueba. Como resultado de la expulsión del emperador, tuvieron que viajar al oriente para instalarse en la cosmopolita Corinto. La Palabra de Dios dice: Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra (Tito 3:1). Y eso hicieron ellos porque practicaban una vida cristiana.

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe estar comprometido con el trabajo misionero» (18:18).

Por la referencia de Hechos 18:1-2, el apóstol Pablo dejó Atenas y se fue a vivir a Corinto, Aquila y Priscila lo hospedaron. Cuando Pablo decide continuar su viaje misionero, sale de Corinto y va a Éfeso, este matrimonio le acompañó. Es evidente que ellos tenían un gran amor por la obra del Señor Jesucristo, no solo dispusieron su casa para establecer la iglesia (Romanos 16:3-5), sino también había disposición de ayudar para sembrar una iglesia en otro lugar. Tal parece que cuando Timoteo llegó a Éfeso y luego salió como evangelista itinerante por algunas ciudades de Asia Menor, este matrimonio le acompañó en la proclamación del evangelio. Esto se deduce de los saludos que Pablo les envía en su segunda carta a Timoteo: Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo (2 Timoteo 4:19).

Si nosotros como matrimonios decidimos comprometernos y dedicar tiempo, recursos y esfuerzo para abrir grupos familiares o apoyar a las misiones de nuestra iglesia, el crecimiento de la iglesia será otro. Dios obre en nuestros corazones y tomemos el ejemplo de este hermoso matrimonio neo-testamentario.

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe ser celoso y guardador de la sana doctrina (18:24-26).

La Escritura dice que estando ellos todavía en Éfeso, llegó a esa ciudad un judío llamado Apolos quien era un poderoso predicador en las Escrituras. Pero a pesar de ser tan elocuente, Apolos necesitaba una mejor instrucción en la doctrina cristiana. Él conocía sólo el bautismo de Juan, pero éste era para arrepentimiento de pecados; en cambio, el bautismo en Jesucristo, además del perdón de pecados, es para recibir el don del Espíritu Santo. Y Priscila y Aquila se encargaron de enseñarle e instruirle para que su ministerio fuera todavía más firme y poderoso. Cuán importante es que nosotros estemos bien cimentados en la Sana Doctrina, para poder vivirla, guiar e instruir a los demás.

En estos tiempos, algunos cristianos, especialmente nuestros jóvenes son arrastrados por diferentes corrientes de doctrinas, principios y prácticas, no sustentadas en la Palabra de Dios, es cuando matrimonios con madurez cristiana y celo por la sana doctrina debemos intervenir, siguiendo el ejemplo de Aquila y Priscila, para exhortar e instruir a quien ande errado en el camino de la fe. La Palabra de Dios nos invita: Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra (2 Tesalonicenses 2:15).

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe poner todos sus recursos para la obra de Dios».

Aquila y Priscila en donde quiera que radicaron abrieron las puertas de su casa para que se predicara la Palabra de Dios.

1. Cuando estaban en Roma: Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. Saludad también a la iglesia de su casa… (Romanos 16:3-5a).

2. Cuando vivían en Éfeso: Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor (1 Corintios 16:19).

En la actualidad, muchos matrimonios han abierto sus casas para establecer la obra de Dios, hoy muchas iglesias nacieron en las casas de los hermanos. ¡Atrévete a experimentar tan ricas bendiciones! ¡Abre tu hogar y ponlo al servicio del Señor! Y haz tuya esta palabra: … Yo y mi casa serviremos a Jehová (Josué 24:15).

Un matrimonio que proclama el evangelio, «debe ser un ejemplo para los demas».

Seis pasajes del Nuevo Testamento hablan de este matrimonio y todos ellos son referencias altamente positivas, ninguna negativa y todas basadas en el trabajo de la misión. Algo que llama nuestra atención es que la primera vez que se mencionan es en Hechos 18:2 y en los saludos paulinos a los corintios (1 Corintios 16:19). Aquila, que es el varón, es mencionado primero. Pero en todas las demás ocasiones (Hechos 18:8; 18:26; Romanos 16:3 y 2 Timoteo 4:19). Priscila es mencionada antes que Aquila ¿Por qué será? Posiblemente porque ella era la que tomaba la iniciativa en muchas de las cosas espirituales. ¡Y así es todavía en nuestros días! ¡Y qué bueno! ¡El Señor siga encaminando el corazón de nuestras hermanas para alentar a sus esposos y formar matrimonios y familias cristianas de excelente testimonio!

Los matrimonios comprometidos con la «Proclamación del Evangelio» son aquellos que:

1. Han experimentado un encuentro personal con Jesús, de tal manera que sus vidas revelan una verdadera conversión.

2. Están dispuestos a compartir lo que Dios les ha bendecido, dedicando tiempo, esfuerzo y recursos, para la predicación del Evangelio.

3. Son temerosos de Dios, guardadores de la sana doctrina y guía para otros creyentes.

4. Aman la obra de Dios y están dispuestos a colaborar con las misiones e incluso a prestar su casa para establecer Grupos Familiares, o para iniciar una misión.

5. Y por último, se mantienen como un matrimonio fiel a Dios, son iconos en su congregación y muchos les quieren imitar porque representan un ejemplo a seguir.

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EL MATRIMONIO Y LA MISIÓN DE LA IGLESIA

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Hace ya unos veinticinco años, cuando mi esposa y yo iniciamos nuestra amistad, fuimos invitados por su compañera de trabajo a su casa para una reunión de amigos que tenía planeada. Sin saber de qué se trataba, al llegar nos dimos cuenta que era una reunión de estudio bíblico a lo que llamó «Célula». Fue la primera vez que escuchamos este término para lo que nosotros llamamos Grupos Familiares. Cuando llegamos, algunos de sus vecinos ya habían estaban allí para orar y escuchar un mensaje. Dentro de las actividades propias de la reunión, quien dirigía la palabra tomó a Verónica y a mí, quizá pensando que éramos pareja y comenzó a orar para que Dios nos diera un propósito en sus planes. Fue la primera y última vez que vimos a este predicador. Hace unos meses, mi esposa me recordó sobre ese momento que habíamos experimentado y que en lo personal casi lo había olvidado, ella había atesorado este momento entre sus recuerdos como el primer día que alguien oró por nosotros. Su oración había tenido el propósito de ponernos en las manos de Dios para el camino que hasta hoy hemos recorrido. Después de tres años de noviazgo y veinte de matrimonio, puedo concluir, por la fuerza de la evidencia, que la mezcla de la misión de Dios y los aspectos particulares de nuestro matrimonio, han fortalecido nuestra unión.

No es fácil lograr un matrimonio estable y duradero si no se va más allá de los roles del hogar; los compromisos con los hijos; y tratar de mantener la llama del amor. Si no se tiene un propósito que sea trascendente y en el que todos estemos incluidos no sé cuántos de los matrimonios que continúan estarían en estas mismas condiciones. La vida de Iglesia no se ejerce en solitario, es más, ningún propósito debería seguirse solo si se quieren lograr las metas propuestas. El evangelio abarca a familias enteras, así está diseñado desde los términos bíblicos del Nuevo Testamento para la relación de Dios con los creyentes donde somos colocados como Padre–Dios–e hijos–nosotros–. Observamos además cómo entre los primeros conversos de la iglesia se dieron transformaciones integrales entre familiares y amigos cercanos que trabajaron juntos como Bernabé y Marcos (tío y sobrino), Priscila y Aquila (esposos), o que se convirtieron juntos a la invitación del evangelio como Cornelio y su familia, o el carcelero de Filipos y su casa (familia). Y si a todo esto le agregamos que el Antiguo Testamento trata predominantemente sobre la creación de un pueblo a partir de familias patriarcales y que éstas en lugar de dispersarse se entrelazaron con un propósito indivisible y sustentado por la fe, podremos dimensionar el valor que el matrimonio y la familia adquieren en la encomienda de Misión.

La fe se vive en familia y cuando alguno de los miembros falta, escuchamos el clamor de los padres porque sus hijos sean alcanzados por Cristo. Es por ello que debemos recuperar el sentido familiar de la misión e involucrarnos desde el matrimonio para alcanzar a otros esposos y otros hijos para el Señor. No podía ser diferente si tratamos de construir y articular esta comunidad de fe llamada Iglesia. Desde el mismo Jesús vemos cómo su familia tomó un papel principal en su infancia, realizando las tradiciones propias de su vida de fe, y en su ministerio no faltó su madre que le acompañó entre sus discípulos y que seguramente fue parte de la naciente Iglesia en pentecostés. Entre la población de nuestra Iglesia podemos observar un fenómeno sobre el crecimiento numérico, y es que, entre las familias que viven en etnias de ascendencia indígena, cuando se convierten los padres es casi seguro que se convierta toda la familia, incluyendo muchas veces a la familia extendida. El individualismo de la población urbanizada que es donde mayoritariamente tiene presencia la Iglesia en la república mexicana, ha hecho que esposos lleguen solos a la iglesia, ya sea sin sus hijos, o sin su cónyuge. Que bendición es observar a familias completas que llenan un espacio en el culto, donde todos sus integrantes participan y son un buen testimonio para quienes llegan por primera vez, promoviendo así un trabajo de integración para los nuevos que han sido alcanzados.

El papel de los matrimonios en la misión de la Iglesia consiste en recuperar el espíritu de la familiaridad que nos distingue, porque no hay testimonio de conexión con Cristo más contundente para quienes nos visitan, que ver familias enteras transformadas por el poder de la Palabra. Familias que se instruyen y que crean una red de relaciones irrompibles por una fuerza más grande que la que da el parentesco sanguíneo. Hemos sido rescatados por gran precio, el precio de su amor, de su misericordia. Tenemos un vínculo no solo entre nosotros sino con todo aquel que ha transitado el camino de la fe, una fe que en muchas familias ha sido heredado desde los abuelos y que seguirá mientras le demos valor a la comunión de esta red de familias. Tomemos consciencia a tiempo y comencemos desde el matrimonio a trabajar juntos integrando al resto de la familia por la consolidación de una iglesia má fuerte que trascienda más allá nuestras convicciones individuales, compartamos la fe en familia, participemos juntos con alegría de nuestras reuniones haciendo notar al mundo inconverso que ¡Ha llegado la salvación a toda nuestra casa!

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NO TODO SE TRATA DE MÍ

NO TODO SE TRATA DE MÍ

Abraham Lincoln dijo: «Si quieres probar el carácter de un hombre dale poder». El orgullo, la soberbia y el protagonismo, presentan un importante reto al siervo de Dios, ya que la naturaleza pecaminosa de la carne y los antivalores de este mundo, pueden llegar a infiltrarse en la más poderosa armadura.

En su segunda carta, Pedro habla de una manera muy hermosa acerca de las alturas alcanzadas por los cristianos; de ser, al igual que Cristo, Piedras vivas (1 Pedro 2:4-5), de ser un linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido (2:9) y de ser pueblo de Dios (2:10), pero inmediatamente les ruega que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma (2:11) y comienza una serie de exhortaciones que aparentan ser un viraje extremo, ante el cual uno se pregunta ¿Pues entonces qué? ¿Son o no son, todo lo que se ha dicho de ellos? ¿Cómo es posible que un hijo de Dios escogido, sacerdote, santo, adquirido, todavía batalle, con cosas que se suponen superadas?

De la misma manera, los siervos de Dios, hemos sido tocados, de una forma muy especial por su gracia, tenemos el privilegio de ser hechos Pastores, Diáconos, Ministros, Obreros, Líderes, el honor de ser sus embajadores; pero sin duda, batallamos en nuestra alma, contra muchos deseos carnales. La comprensión de esta ambigüedad, nos debe de llevar a ser humildes, mansos, modestos, siempre teniendo cuidado de nosotros mismos, como dijo David ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos (Salmo 19:12).

En mis días de seminario escuchaba constantemente, de parte de los maestros, que el Pastor batalla con las tres «F», pero no piense en las famosas tres «efes» que todo hombre, se dice, debe tener: «feo, fuerte y formal» ¡No, decían! cuídense de las tres «efes»: faldas, fama y finanzas, que son las tres tentaciones más graves de todo Siervo de Dios. Hablaremos un poco de la segunda.

Dice la Palabra de Dios, que Nabucodonosor, era un rey muy poderoso, los libros de historia secular, nos hablan del gran constructor de Babilonia y forjador de un gran y vasto imperio. Él, sí tenía motivos humanos para sentirse poderoso, orgulloso, arrogante, pues todo giraba en torno a él, a sus decisiones, a sus políticas, a los caprichos y excesos de un déspota oriental.

Aunque Babilonia tenía muchos siglos de existir, antes que él, fue Nabucodonosor, quien reconstruyó la ciudad, y la volvió, en la ciudad más grande y hermosa de su tiempo. Cavaron una enorme fosa alrededor de la ciudad, la llenaron de agua, desviando parte del caudal del río Éufrates, la bordearon con una muralla enorme, con palacios y construcciones magníficas, su sistema hidráulico la convirtió en un oasis en medio del desierto, y con sus jardines colgantes, una maravilla del mundo antiguo; además logró grandes victorias militares, hasta volverse, el más poderoso imperio de su tiempo, pues fue capaz de vencer a los asirios y de someter y convertir en tributarios a todos los pueblos y naciones de alrededor, incluyendo al pueblo judío, a quién tiempo después le destruirían su Templo, las murallas, la ciudad de Jerusalén y se llevarían cautiva, a la mayor parte de su población a Babilonia.

Nabucodonosor, en el apogeo de su poder y en lo máximo de su gloria, tuvo varios sueños, en el capítulo 2, del libro de Daniel, nos habla del sueño de la gran estatua, que al habérsele olvidado, no había quien le pudiera descifrar nada, y que por este motivo, estuvo a poco de matar a todos los que se decían sabios en Babilonia; sin embargo fue Daniel, un joven hebreo, quien libró la situación, al declarar e interpretar el sueño, con mucha humildad y mesura, dándole el crédito al Dios: Entonces el arcano fue revelado a Daniel en visión de noche; por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo (Daniel 2:19ss). Y a mí ha sido revelado este misterio, no por sabiduría que en mí haya más que en todos los vivientes, sino para que yo notifique al rey la declaración (Daniel 2:30). Terminado este episodio, Nabucodonosor, «aparentemente» reconoce la supremacía del Dios verdadero El Rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente que el Dios vuestro es Dios de dioses, y el Señor de los reyes, y el descubridor de los misterios… (2:47ss).

Y es increíble, que después de esta experiencia, en el capítulo 3, él mismo se manda a hacer una estatua de oro, como la del sueño, de veintisiete metros de alto, por dos y medio de ancho para que todos la adoraran, pero los tres compañeros de Daniel: Sadrach, Mesach, y Abed-nego, no lo hicieron y fueron arrojados a un horno de fuego, calentado siete veces más de lo común (3:19ss). Dios guardó a sus hijos y después de experimentar ese poder, Nabucodonosor, tuvo un nuevo y fugaz «ataque de conversión»: Nabucodonosor habló y dijo: Bendito del Dios de ellos, de Sadrach, Mesach, y Abed-nego que envió su ángel, y libró sus siervos que esperaron en él (3:28-29).

Después de estas dos oportunidades, que Dios le dio al rey, de reconocerlo verdaderamente en su vida, en el capítulo 4 tiene un sueño más, que no le da un buen augurio; al momento de interpretar el sueño, Daniel, quedó impactado, por el significado que Dios le estaba mostrando y al ver que dudaba en declarárselo, Nabucodonosor le urge: Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, estuvo callando casi una hora, y sus pensamientos lo espantaban. El rey habló, y dijo: Beltsasar, el sueño ni su declaración no te espante. Respondió Beltsasar, y dijo Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su declaración para los que mal te quieren (4:19ss).

Resulta que, a través del sueño, Dios le estaba advirtiendo contra su pecado, su arrogancia, egoísmo, maltrato, injusticias, abusos, explotación, e iniquidades que cometía contra el pueblo: Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad (4:27).

A Nínive le dieron cuarenta días para arrepentirse (Jonás 3:4ss) y lo hicieron, y no llegó el castigo en esa generación. Pero a Nabucodonosor le dieron doce meses, un año, (4:29ss), no obstante, el sueño, la advertencia y todo lo que esto significó; él no cambió ni un ápice de su soberbia.

Dice la Palabra: Al cabo de doce meses, andándose paseando sobre el palacio del reino de Babilonia, habló el rey, y dijo: ¿no es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi grandeza? Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando cae una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: el reino es traspasado de ti; y de entre los hombres te echan, y con las bestias del campo será tu morada, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo se enseñorea en el reino de los hombres, y a quien él quisiera lo da (4:29-32ss).

Dios lo castigó quitándole la razón, haciéndole quedar como un animal durante siete años, después de los cuales dice la Palabra: Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi sentido me fue vuelto; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades… En el mismo tiempo, mi sentido me fue vuelto, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis grandes me buscaron; y fui restituido a mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y humillar puede a los que andan con soberbia (5:34-37).

Aprendió la lección ¿no es cierto?, comprendió que el asunto, no se trataba de él, que las cosas no las había logrado por él, que debía ser humilde, honesto, tratar con consideración a las personas, que tenía que dejar a un lado su soberbia.

El Apóstol Pablo, el Apóstol de los gentiles, lo comprendió muy bien pues dijo: Yo mismo tengo motivos para tal confianza. Si cualquier otro cree tener motivos para confiar en esfuerzos humanos, yo más: circuncidado al octavo día, del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa; en cuanto a la interpretación de la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable. Sin embargo; todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia… (Filipenses 3:4-9a, NVI).

La Palabra, nos insta a luchar contra la tentación del egoísmo, de centrar toda la atención en nosotros mismos; nuestra principal preocupación debe ser, rendir la gloria al Señor en todo lo que somos y hagamos, procurando el bienestar de nuestros hermanos, antes que el nuestro propio: En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios… Hagan como yo, que procuro agradar a todos en todo. No busco mis propios intereses, sino los de los demás, para que sean salvos (1 Corintios 10:31,33, NVI).

Aprendamos a disminuir las pretensiones personales, a valorar la importancia de llevar una vida sencilla, de escuchar la voz de Dios, en las llamadas de alerta, a desterrar la soberbia, la egolatría, el orgullo, el narcicismo, y a mantener una actitud confiada en los propósitos de Dios: Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado (Romanos 12:3, NVI).

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YO SOY EL PAN DE VIDA

YO SOY EL PAN DE VIDA

Una gran multitud sigue al Maestro, personas que han visto los milagros de sanación, no han querido dejarlo, caminan con Él, aun cuando no llevan provisiones. Y es entonces cuando el milagro portentoso de dar alimento a más de cinco mil con solo cinco panes de cebada y dos peces, sucede. Asombrados han visto recolectar doce cestas de pedazos de pan, como sobrantes de tan solo cinco piezas. Este hecho los tiene verdaderamente deslumbrados, de tal manera que su proclamación es la de reconocer que realmente están ante el profeta esperado (Juan 6:14). Jesús entiende que estos hombres pueden incluso arrebatarlo y proclamarlo rey, razón por la cual, se aparta de ellos al monte para estar solo.

La narración continúa en el capítulo seis del evangelio de Juan, mencionando la insistente búsqueda de estos hombres hacia el Maestro, incluso han abordado navecillas para llegar a Capernaum y encontrarlo. Sorprendidos de verle, y al no saber cómo ha llegado hasta ese lugar; pues no le han visto zarpar, interrogan al Señor, siendo éste, el preámbulo para la enseñanza hermosa del primer «Yo Soy» de Jesús, no sin antes hacerles una observación que es muy interesante de analizar.

Respondióles Jesús, y dijo; de cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis. Trabajad no por la comida que perece, más por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque a éste señaló el Padre, que es Dios (vv. 26-27).

Posteriormente añadiría: Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás (v. 35).

La profundidad del mensaje bendito de salvación, es el anuncio del pan de vida que trasforma nuestro ser completamente. Pan eterno que conduce a la vida que no perece y que nadie más nos puede dar, sino solo el Padre. La meta, creer que Jesucristo es el Hijo de Dios, el cual fue enviado para nuestra salvación, haciendo notar que las necesidades materiales son complementarias cuando lo prioritario es lo celestial.

El ser humano común se agobia por llevar el alimento a casa. El pan ha simbolizado, ahora y siempre, esa necesidad básica de alimentarse; sin él, poco a poco enferma y finalmente muere. Tal vez por eso, es el afán desmedido que algunos tienen para que no les falte el sustento, dedicándose enconadamente en obtenerlo, sin evaluar que las cosas más profundas, como son el vivir en comunión constante con el Padre celestial, son realmente las fundamentales y necesarias. El Pan de vida que es Cristo Jesús, nos hace ver que esa necesidad material pasa a segundo término cuando nuestra mirada está puesta en el reino de Dios que ha prometido por medio de su bendito Hijo.

Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas

(Mateo 6:33).

Siguiendo con el pasaje de Juan, los que siguen a Jesús argumentan que sus padres han comido el pan del cielo, refiriéndose al maná que Dios les dio en el desierto, siendo necesario para nuestro Señor Jesús abrir sus ojos, aclarando el verdadero significado de esto.

1. Moisés dio un pan que les permitió sobrevivir en el desierto. Dios en Cristo Jesús, nos da un pan que permanece para vida eterna, que nos permite sobrevivir a la muerte.

2. El maná fue suficiente para todo Israel, saliendo en su búsqueda, el pueblo encontraba su sustento, teniendo justamente lo que le era necesario. El Pan que es Cristo, da vida al mundo entero en todos los tiempos y está dispuesto para el que le busca. Ellos salían a buscar maná, hoy, el que le busque, puede hallar ese Pan de vida.

3. El maná saciaba el hambre. El pan del cielo transforma para desear más que el pan material, el pan espiritual, su palabra, su presencia en nuestras vidas.

4. El maná fue dado al pueblo cuando en el desierto no había nada que comer. Dios, en Cristo Jesús, provee la salvación, el Pan de vida es dado a la humanidad en un desierto espiritual, donde hay carencia de todo valor moral y total desconocimiento para seguir la voluntad de Dios, siendo la única forma de alcanzar la salvación.

Por eso este mensaje es de vida plena. El rayo de luz y esperanza es Cristo en medio de la total obscuridad y vacío que tiene la humanidad en todos sentidos. Él es el Pan en donde toda alma será saciada porque recibirá justamente lo que necesita. Así como el maná fue provisto por el Padre, así el Hijo de Dios es acercado a la humanidad por el mismo Padre quien en su soberana voluntad acercará a quienes han de ser salvos, solo por su infinita gracia, porque no hay merito humano que merezca salvación y resurrección en el día postrero.

Yo soy el pan de vida (Juan 6:48)

El anuncio final de esta declaración de nuestro Señor Jesús es figura de su propio ser en el nuevo pacto, Jesús es el pan sin levadura que simboliza su cuerpo, entregado para redención nuestra, siendo el sello de nuestra justificación en la cruz.

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente (Juan 6:54-58).

Al participar del pan en la Cena del Señor no solo recordamos que Él es el pan de vida, también llegamos a la más profunda reflexión de la muerte del santo de Dios que nos reconcilió con el Padre y, al mismo tiempo, celebramos su victoria en la resurrección, teniendo memorial de lo perfecto, puro e incomparable de su sacrificio que nos ha traído vida en abundancia y la promesa preciosa de un día estar con Él. ¡Alabado y Bendito sea Dios por siempre!

Fuente de consulta

• SBU (2000) La Santa Biblia Antiguo y Nuevo Testamento. (Versión Reina-Valera 1909). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas.

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Esa fuerza maravillosa que da nueva vida

ESA FUERZA MARAVILLOSA QUE DA NUEVA VIDA

lo largo de la historia han habido quienes han estado dispuestos/as a hacer la voluntad de Dios; sin embargo, la enorme mayoría ha fallado en ese intento, pues hacer la voluntad de Dios no es algo que esté al alcance de una criatura finita, limitada y débil como lo somos nosotros los seres humanos; criaturas en cuya naturaleza está el pecado, un poder que provoca que no atinemos al blanco, que constantemente estemos buscando la manera de «traspasar la línea» y tengamos la tendencia a distorsionarlo todo. Algunos han creído, equivocadamente que, para andar en la voluntad de Dios es suficiente con conocer la ley de Dios y cumplirla; pero no es así, aunque la ley es una expresión de la voluntad de Dios, no nos capacita para realizarla, por ello se hace necesario que en nosotros opere esa fuerza maravillosa que da nueva vida llamada Espíritu Santo.

¿A qué le llamamos espíritu?

Nuestra sociedad ha construido a lo largo de su historia una manera de comprender la realidad, somos el resultado de una mezcla de visiones que han confluido: prehispánica, católico medieval, moderna, etcétera. En nuestra manera de ver el mundo es común encontrar que la palabra espíritu es comprendida como la referencia a un ser inmaterial, por ejemplo, el diccionario de la Real Academia de la lengua Española1  lo define así: «espíritu. (Del lat. spirĭtus). m. Ser inmaterial y dotado de razón. || 2. Alma racional. || 3. Don sobrenatural y gracia particular que Dios suele dar a algunas criaturas. Espíritu de profecía. || 4. Principio generador, carácter íntimo, esencia o sustancia de algo». Se ha comprendido que el espíritu o lo espiritual es una sustancia; esta tendencia viene de varias fuentes, por ejemplo, entre las culturas prehispánicas se tenía la idea de que había espíritus presentes en la realidad y que éstos se manifestaban de maneras diferentes. A esta práctica, presente en diversas culturas del mundo se le conoce como animismo, en ella estos espíritus son como fantasmas que pueden poseer o ejercer acciones sobre objetos materiales. En el mundo griego, que ha influenciado de manera determinante al occidente, a la sustancia no material se le comprendía como éter (aitherios / αιθεριος) o etéreos, esta era la sustancia que respiraban los dioses y que después pasó a ser comprendida como la sustancia del mundo espiritual: el cuerpo en el mundo espiritual, se denomina cuerpo etéreo o vital, a aquel donde se concentra la más baja vibración y expresa el principio vital. Se trata del gemelo metafísico del cuerpo material al que le brinda energía y lo rodea, interactuando con él, pero no se puede ver ni tocar. Si el cuerpo etéreo se distorsiona, el cuerpo físico se enferma2.

Lo anterior es revelador para orientarnos y saber que cuando un creyente contemporáneo escucha o lee la palabra espíritu en la Biblia, tiene la tendencia a pensar en ello como si se tratase de un fantasma o un ser incorpóreo (etéreo) con rasgos personales. Esta comprensión es mucho más evidente en la traducción de la Biblia al inglés conocida como King James, en la que se traduce Espíritu Santo como Holy Ghost (fantasma santo) y no como Holy Spirit (santo espíritu) o Holy Breath (aliento santo) o Holy Wind (viento santo) que serían traducciones más plausibles.

Sin embargo; en el pensamiento hebreo, reflejado en el texto sagrado del primer testamento, no hay lugar para los espíritus como sustancias o seres que existen como sustancia etérea; el espíritu es una fuerza, es un poder que anima, que impulsa, que empuja, que se hace evidente en el aliento, en el movimiento de las cosas. Así, aquello que mueve a los seres sean humanos o a los animales es espíritu (por eso se habla de: espíritu de sabiduría (Éxodo 31:3), espíritu de celos (Números 5:30), espíritu de adivinación (1 Samuel 28:7), espíritu de mentira (1 Reyes 22:23), espíritu de mi inteligencia (Job 20:3), espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová (Isaías 11:2), entre otros. El espíritu es un impulso, una motivación, es aquello que alienta a las personas a actuar de determinada manera. Puede ser tanto en un sentido positivo como en uno negativo; así, si su motivación es la mentira será espíritu de mentira, si la motivación es la verdad será espíritu de verdad, etcétera.

Por supuesto que la palabra espíritu en el idioma hebreo tiene más acepciones y aplicaciones y dependerá del contexto apropiado saberlo. Lo que es básico entender es que la palabra hebrea para hablar de espíritu es ruah (חור), cuya traducción primaria es aliento; es decir, el aíre en movimiento que se expulsa al respirar, y es una palabra descriptiva para hablar del vigor, el valor, la fuerza o la energía.

Tomando como base lo anterior, recordaremos la expresión del apóstol Pablo: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia (Efesios 2:1-2). ¿Qué es este espíritu que opera ahora en los hijos de desobediencia? ¿Qué alienta al ser humano a hacer lo que hace?

Para comprender esta realidad pondré dos ejemplos, uno que es ilustrativo y otro que estamos viviendo en carne propia.

En el año 2000, los estudios Disney produjeron una película llamada Dinosaurio, la cual tiene como tema de fondo la caída de un meteorito que chocó contra la tierra y provocó un cataclismo. Los dinosaurios comenzaron a realizar un éxodo buscando una tierra en la cual pudieran sobrevivir. En una de las escenas se observa al líder del grupo, por cierto un tirano-saurio-rex, guiando a los dinosaurios hacía su salvación, pero le caracteriza que es, como lo dice su nombre, un tirano, exigente, intolerante e insensible hacia los débiles, por eso en su marcha va dejando a los enfermos, a los ancianos, a los cansados, a los que tienen menos fuerza. La escena ilustra muy bien la ley del más fuerte. Por otro lado, aparece el protagonista de la película, quien es un dinosaurio joven que se preocupa por los que el tirano va dejando atrás, se ofrece a acompañarlos, a ir a su ritmo, a ocuparse de los enfermos y a cuidar a los más viejos; este personaje desafía a la ley del más fuerte y apuesta por la solidaridad y la compasión como verdadero poder para sobrevivir. El encuentro entre estos dos personajes refleja la lucha entre dos maneras de ser y dos maneras de comprender la realidad; en resumen, refleja que aunque todos desean sobrevivir en el fondo de cada uno existen motivos diferentes para hacerlo.

La película mencionada, cuya narrativa aquí es ilustrativa, nos ayudará para entender que esa misma experiencia es vivida cada día, aquí y ahora. Hace unas semanas salió una caravana de migrantes de Centroamérica buscando llegar a los Estados Unidos, su movimiento ha suscitado una gran cantidad de comentarios. Algunos a favor de los migrantes y otros en contra. Quienes hablan en contra de los migrantes constantemente apelan a la ley, recuerdan que son personas ilegales, que no tienen permiso para entrar al país, que están infringiendo la ley y que, por tanto, son delincuentes, esta actitud se apoya en lo que es legítimo y, por ello, tiene sustento en el poder legislativo y judicial. Quienes defienden esta postura se presentan como fieles guardadores de la ley, justos e imparciales.

Lamentablemente, este apego férreo a la ley es generalmente una pantalla para esconder lo que hay de verdad en el fondo. Como explica la investigadora española Adela Cortina en su libro: Aporofobia, el rechazo al pobre, un desafío para la democracia3. En él, la escritora expone que la verdadera razón en contra de los migrantes no es la raza, no es xenofobia, porque los mismos países que cierran sus fronteras a estos migrantes la abren a otros que provienen de los mismos países, la diferencia entre a quienes dan la bienvenida y a quienes rechazan no está en la raza sino en el dinero. Esta podría ser una explicación de porqué hay tal rechazo a la caravana de migrantes en América y el rechazo a los migrantes en Europa. Por supuesto que nadie dirá abiertamente que existe el rechazo hacia el pobre, el camino más cómodo y más fácil para esconder tal rechazo es la propia ley, esa ley que fue escrita para proteger al ser humano y establecer justicia y equidad.

Esa aversión al pobre, ese rechazo por el débil, hace notar Adela Cortina, puede estar anclado en la lucha por la sobrevivencia; los pobres nos recuerdan a la debilidad, y los débiles están destinados a desaparecer, esa es la ley del más fuerte.

Esta actitud, esta motivación, esta fuerza que dinamiza a las naciones poderosas a rechazar a los pobres, y aún a los pobres a unirse a ese rechazo contra sus hermanos, es un espíritu que opera en los hijos de desobediencia.

¿Qué alienta a Dios a hacer lo que hace?

Por otro lado, el evangelio trae una nueva fuerza motora para la humanidad, un impulso que alienta a los seres humanos a ir más allá de la vivencia textual de la ley, una fuerza que mueve a la nueva humanidad a ir en la dirección del aliento mismo de Dios (Espíritu de Dios).

¿Qué haría el Señor con estos migrantes? Podemos leer en la Biblia la constante preocupación de Dios por los extranjeros: porque fuiste extranjero… le recuerda a Israel (Éxodo 23:9). Dios ama al extranjero, procura su bienestar, Él se ha ocupado permanentemente del débil, del pobre, del quebrantado, su misión en el mundo es ser buenas noticias para ellos –para nosotros– (Isaías 58:7, Lucas 4:18). Eso es su Espíritu. Es Santo porque no es el espíritu del mundo, no es la fuerza que impulsa a los que luchan por sobrevivir y hacerse los más fuertes; es la fuerza que impulsa a los seres humanos a ser hermanos unos con otros y a ocuparse del que quedó atrás, del débil y el enfermo.

En una ocasión se presentó un hombre ante Jesús preguntando por la vía para ganar la vida eterna, — todo eso lo he guardado desde mi juventud; respondió después de que Jesús le indicara que el camino a la vida eterna es guardar los mandamientos. Pero este hombre no estaba motivado por un espíritu santo sino por el espíritu del mundo. Porque cuando Jesús lo invita a obedecer la ley más allá de la letra —Anda ve y vende todo lo que tienes y luego repártelo a los pobres (Marcos 10:17-22); él responde con egoísmo, se retira cabizbajo porque amaba más a su riquezas que a su prójimo. Jesús le está invitando a amar a su prójimo, pues esto es el resumen de la ley y quien ama a su prójimo ha cumplido la ley (Romanos13:8), pero él no estaba dispuesto a ser movido por el amor.

Hay un espíritu nuevo que está manifestándose al mundo, un poder transformador que alienta a la nueva humanidad, una fuerza extraordinaria que está cambiando las motivaciones humanas. No se trata de un fantasma que visita las habitaciones de los creyentes para charlar con ellos, sino de una fuerza sobrenatural que viene de Dios y transforma el corazón humano desde el fondo mismo de las decisiones, el rincón más apartado desde el que suscitan los motivos y las verdaderas razones.

El Espíritu consigue en el ser humano lo que para la ley era imposible, porque la letra no puede dar vida, solo la fuerza de Dios, el aliento divino, el poder transformador que cambia desde la raíz al ser humano. Si somos guiados por ese aliento, si permitimos que esa fuerza maravillosa que da nueva vida nos posea y dinamice, estaremos en condiciones de vivir en la voluntad de Dios, mucho más allá de lo que la letra de la ley expresa y así seremos honra, gloria y alabanza a nuestro Señor, mientras somos parte de la creación de la nueva humanidad.

Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros (Romanos 8:11).

Referencias

1 Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

2 https://deconceptos.com/general/etereo

3 Aporofobia, el rechazo al pobre: Un desafío para la democracia, Adela Cortina Orts – Ediciones Paidós, 2017.

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En lo prospero y en lo adverso

EN LO PROSPERO Y EN LO ADVERSO

En lo prospero uy en lo adverso. El cristiano ante las dificultades.

«Cuando aprendemos verdaderamente que la vida es difícil, cuando lo entendemos y lo aceptamos, entonces la vida deja de ser difícil. Porque una vez aceptado, el hecho de que la vida sea difícil ya no tiene importancia», afirmó Scott Peck en su libro «La Nueva Psicología del amor».

A menudo, en el fondo del ser se encuentra el anhelo de que no existan problemas en la vida. La razón es que éstos, implican sufrimiento, provocan sentimientos desagradables, dolor. Si bien es cierto que, no todo en la existencia es adversidad, también es cierto que no todo es prosperidad. En el peregrinaje por la vida se encontrarán tanto momentos de felicidad y plenitud como momentos de desdicha e insatisfacción. Son esos momentos problemáticos, los que es necesario también asumir como parte de la vida.

En el ministerio pastoral, se encuentran estas dos realidades. Se viven momentos dolorosos y también momentos gratos. Un rasgo de madurez es el asumir estas dos caras de la vida como posibles, de tal manera, que, cuando sucedan, se enfrenten, ya sea para gozar y disfrutar (en el caso de lo grato), o para analizar y resolver (en el caso de lo problemático). Hacerlo traerá crecimiento, aprendizaje, fortalecimiento del carácter.

En la Biblia, encontramos numerosos ejemplos de estas dos realidades. Uno de ellos es el testimonio del apóstol Pablo. Sus cartas reflejan las bondades y los dolores que implica el ministerio. Él vivió la alegría del amor fraternal de sus hermanos filipenses, así como el cuestionamiento respecto a su apostolado por parte de un sector de la congregación en Corinto. Experimentó el gozo de ver la obra del Señor expandirse, y vivió el dolor de las persecuciones.

La vida de Pablo es un ejemplo de cómo afrontar las adversidades y disfrutar las bendiciones de la vida. En Hechos 20:17-38 encontramos un discurso que ha sido denominado por muchos como su testamento de fe. Él presiente que su muerte está cercana. Por eso, ante los líderes de la iglesia de Éfeso, llamados ancianos, realiza un recuento de su vida ministerial. Este emotivo discurso en Mileto contempla tres actitudes fundamentales que lo han guiado a lo largo de su camino de servicio al Señor:

La humildad. A veces, el que anuncia corre el riesgo de remitir todo a sí mismo, de juzgar la respuesta de las personas sólo según su particular criterio, de no asumir su responsabilidad cuando las cosas no salen según sus planes. Pablo, por el contrario, reconoce que ha servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas.

Será la humildad la que permita asumir los propios errores cuando las cosas no van bien. La que posibilite la no personalización de los conflictos, de tal manera que se separe lo que son ideas y conductas de las personas en sí, asumiendo el propio criterio como una perspectiva de la realidad, pero no la verdad absoluta.

La entrega. La entrega del apóstol alcanzó los niveles más dramáticos en los momentos de persecución. No se limitaba a los momentos en que todo era a su favor. Era una actitud permanente, sobre todo, ante lo adverso, complicado y problemático que muchas veces fue el predicar a Jesucristo en su tiempo.

No es lo mismo ser entusiasta un día que hacer de la propia vida una ofrenda permanente para el Señor y su obra. El entusiasmo de un día puede provocar el aplauso y reconocimiento. La entrega de toda la vida tiene la eficacia del grano de trigo enterrado; en ocasiones será reconocida, pero otras no, sin embargo, dará fruto. Asumir el ejemplo de Pablo implica el total compromiso en la obra del Señor, en medio de cualquier entorno, sobre todo en los contrarios, comprendiendo que a veces habrá resultados favorables, pero por momentos no.

La fidelidad. La Misión está llena de riesgos, de cansancios, de búsqueda de compensaciones. El apóstol así lo asumió hasta el final. Es vital hacer propio el ejemplo del Pablo, pues para él, lo relevante y que daba sentido a su vida era cumplir el encargo del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es gracia de Dios.

A menudo, la fidelidad se confunde con el aguante. Como si se tratara de soportar una loza extremadamente pesada sobre las espaldas. Asumirla así produce agotamiento y frustración, detiene la creatividad y frescura. Pues más que aguante, la fidelidad implica resistencia, pasión, consistencia, congruencia, integridad, y amor en el servicio al Señor.

Así como el apóstol Pablo, tenemos otros testimonios de personas comprometidas hasta la muerte con la Misión. Uno de ellos es el del japonés Toyohiko Kagawa. «Él se formó en la Universidad Presbiteriana de Tokio y en el Seminario Teológico de Princeton (1914-1916), sufrió cárcel por defender los valores de Cristo con los más desfavorecidos, apoyando sus reivindicaciones laborales, viviendo pobremente entre los pobres (“Para trabajar entre los pobres tengo que ser pobre”: se le conoció como el “Santo de Shinkawa”, por haber trabajado en los barrios bajos de ese distrito), luchando por la paz en el fragor de su beligerante patria… Ecologista, antirracista, novelista de éxito (casi todas sus ganancias iban para los pobres), ensayista (escribió cerca de 150 libros), en vida se le nominó en dos ocasiones para el Premio Nobel de Literatura (1947 y 1948) y para el Nobel de la Paz (1954 y 1955)»1.

He aquí uno de sus poemas:

«Nunca diré

Que estoy ocupado:

Aquellos que ayudan

A los atribulados

Deben esperar siempre

Estar ocupados.

Cristo era tan asediado

Por las multitudes

Que no tenía tiempo para comer.

Él dijo: “Al que tiene,

Se le dará más.

Y al que no tiene,

Hasta lo poco que tiene

Se le quitará”.

Lo que quiere decir

Que si no usamos

Todos nuestros poderes

Los vamos a perder…

Entonces, también, el problema es

Que debemos hacer nuestro trabajo

De todo corazón;

No nos cansamos de hacer

Lo que nos gusta hacer.

Pero lo más importante,

Nuestro consuelo y fortaleza

Vienen solo cuando

Dios Mora en nuestras almas

Trabajando junto a nosotros»2

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