LA SANTIFICACIÓN POR MEDIO DEL ESPÍRITU SANTO

LA SANTIFICACIÓN POR MEDIO DEL ESPÍRITU SANTO

Mas nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación por el Espíritu y la fe de la verdad (2 Tesalonicenses 2:13).

Ya se ha dicho que santificación, en el término original, se refiere a algo que ha sido separado o consagrado a Dios. Y cabe entonces la pregunta, ¿separado de qué? Y la respuesta necesaria, separado del pecado para servir a Dios.
En el llamado de Dios a la santidad, la Biblia pone como referente ineludible la santidad de Dios, de hecho, Santo es uno de los nombres con que se describe a Dios (2 Reyes 19:22; Salmo 89:18; Isaías 5:19, 24; 10:20; 12:6; 29:19; 30:12; 30:15; 37:23; 41:14, 16, 20; 43:3, 14; 45:11). A Jesús también se le menciona como «El Santo de Dios» (Marcos 1:24; Lucas 4:34).
La santidad es parte del carácter de Dios. En la visión del profeta Isaías, este escucha las voces de los serafines que decían el uno al otro: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria (Isaías 6:3). Es la misma adoración de los cuatro seres vivientes en la revelación de Juan: …y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir (Apocalipsis 4:8, RV60). De acuerdo a este atributo que tiene Dios, Él nos llama a que seamos santos en todas las áreas de nuestra vida. Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos; porque yo soy santo (1 Pedro 1:15-16, RV60).
En la cita anterior, el apóstol Pedro escribe que Dios nos llama a reflejar su carácter santo, pero ante este llamado, nos damos cuenta de que, como seres humanos, tenemos un grave problema: Nosotros, por nosotros mismos, no somos santos y, como no podemos encontrar la santidad en nosotros mismos, nos preguntamos ¿Quién realizará la santidad en nosotros y cómo lo hará? La respuesta está en Dios pues ha enviado a su Santo Espíritu para que nuestras vidas sean transformadas por su poder.

El Espíritu Santo como santificador de nuestras vidas

Nosotros, en cambio siempre debemos dar gracias a Dios por ustedes; hermanos amados por el Señor, porque desde el principio Dios los escogió para ser salvos, mediante la obra santificadora del Espíritu y la fe que tienen en la verdad (2 Tesalonicenses 2:13, NVI). Como podemos ver en este texto, el que realiza la obra santificadora es el Espíritu Santo.
El Espíritu inicia su obra sellando las vidas de aquellos que, oyendo la palabra de verdad, creen en el evangelio de salvación.
En el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Efesios 1:13).
El Espíritu Santo no solo nos sella como propiedad de Dios, sino que nos hace nacer de nuevo
De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios –dijo Jesús. ¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo? –Preguntó Nicodemo. –¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer? –Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios –respondió Jesús– (Juan 3:3-5, NVI).
El nuevo nacimiento es la obra santificadora del Espíritu Santo. Esta obra es inmediata, ya que limpia nuestras vidas con la Sangre de Jesucristo. Esta es una obra de regeneración instantánea que solo Dios puede hacer, porque nadie puede limpiarse a sí mismo de sus pecados. Por ello, el apóstol Pablo refiere que, antes de haber conocido a Cristo, estábamos muertos en delitos y pecados. Y de ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados (Efesios 2:1). Sin la regeneración o nuevo nacimiento, el hombre depravado por naturaleza, es un cadáver espiritual. Ante esta realidad, el muerto no requiere que se le cure poniéndole parches, untándole una pomada o administrándole un medicamento, porque no se trata de un enfermo, sino de un muerto. ¡Sí, un muerto espiritual! Por ello, requiere una nueva naturaleza, y para ello se necesita que «nazca de nuevo».

Nacer de nuevo tiene que ver con los siguientes puntos: 1. Ser compungido (apenado y afligido) en el corazón. 2. Oír la Buena Nueva: «Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados». 3. Debe operar en él un sincero arrepentimiento de los pecados cometidos. 4. Hacer pública su fe a través del Bautismo en el nombre de Jesucristo. 5. Como resultado recibirá el perdón de sus pecados. 6. Y el don del Espíritu Santo. Esto está referido, en el primer sermón del apóstol Pedro, dirigido a aquellos judíos que asistían a celebrar la fiesta de Pentecostés, cuando dijo: Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2:36-38).

La Santidad es Posicional

Al ser perdonados por la acción redentora de Jesucristo y recibir el Espíritu Santo, la vida del creyente es santificada de manera instantánea. A esta santidad instantánea se le llama Santidad Posicional, ya que somos justificados por la gracia mediante la fe en Jesucristo, y esta santificación es la posición que Dios da al creyente, por haberle separado de la esclavitud del pecado, para servir a Jesucristo. Es por ello que el apóstol Pablo, cuando escribe en sus epístolas, se dirige a los miembros de una iglesia local, llamándoles Santos. Desde luego que no lo hacía porque habían alcanzado la perfección, sino porque habían sido lavados en la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios. Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Timoteo el hermano, a la iglesia de Dios que está en Corinto, juntamente con todos los santos que están por toda la Acaya (2 Corintios 1:1). Como podemos ver en este texto, todo creyente es considerado parte del grupo de los «Santos», no porque ya hayan alcanzado la perfección, insistimos, sino porque han sido separados del pecado para servir a Dios.

La Santidad también es Progresiva o Gradual

Aunque el creyente haya sido regenerado, esto no implica la ausencia de la naturaleza pecaminosa en su vida, esta sigue allí. Entonces surgen estas preguntas: ¿Cómo vencer a esta naturaleza? ¿Cómo se puede superar la ira, la envidia, los deseos pecaminosos y demás obras de la carne detalladas en Gálatas 5:19-21?

La respuesta es que: debemos andar en el Espíritu y no debemos satisfacer los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa, (Gálatas 2:16). Andar en el Espíritu Santo, es dejar que Dios siga obrando en nuestras vidas a través del Fruto de su Espíritu, esto lo menciona el apóstol Pablo en Gálatas 5:22 y 23: Mas el fruto es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley.
El Fruto del Espíritu de Dios nos hace amarle y amar a los demás (Amor), estar siempre alegres (Gozo), vivir en paz con Dios y con todos (Paz), nos hace tolerantes y pacientes (Tolerancia), amables (Benignidad), tratar bien a los demás (Bondad), tener siempre confianza en Dios (Fe), ser humildes y sencillos (Mansedumbre) y saber controlar nuestros deseos (Templanza). En lo natural, las frutas salen de los árboles, porque está en su naturaleza, de la misma manera, estas virtudes fructifican en la vida del creyente por la acción del Espíritu Santo en él. A esta etapa de la vida cristiana se le conoce como Santificación Progresiva o Gradual, ya que todo creyente está en el proceso de crecimiento espiritual, donde necesita a Dios todo el tiempo.

Cada creyente debe tener el deseo de cuidar su vida espiritual, ya que la Palabra de Dios le amonesta a abstenerse de las cosas que lo llevan al pecado. En lugar de dar pie a cometer un pecado, es mejor buscar ser lleno del Espíritu Santo. Efesios 5:15-18 (NVI), dice: Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.

Aunque la santificación es obra del Espíritu Santo, no debemos pensar de la siguiente forma: «Como es el Espíritu Santo el que obra en mi vida, entonces yo no debo hacer nada». Quien piensa así está equivocado, pues la santificación progresiva es el resultado del trabajo primario del Espíritu de Dios y complementario del creyente, que colabora activamente; esto se evidencia con los siguientes pasajes bíblicos:
Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios (2 Corintios 7:1).

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:1-2).
Conclusión: El Espíritu Santo hace nacer al creyente a la vida nueva que viene de Dios y le sustenta en ella. Esta vida nueva es un milagro de Dios que demanda del creyente su disposición a la influencia del Espíritu Santo, para andar en Él; que se traduce en una vida activa, responsable y anhelante de la llenura de Su Santo Espíritu.

Bibliografía:
• Fundamento Doctrinal. Iglesia de Dios (7º día), febrero 2017.
• John C. Ryle, «Santidad». Editorial Peregrino, 2010.
• Leo J. Trese, «El Espíritu Santo y su tarea». Editorial Rialp, 2011.
• John R. W. Stott, «Sed llenos del Espíritu Santo». Editorial Caribe, 1967.
• Gerard Blocha y Philippe Gruson, «El Espíritu Santo en la Biblia».
• SBU (2000) La Santa Biblia Antiguo y Nuevo Testamento. (Versión Reina-Valera 1909). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas.
• La Santa Biblia (2000). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas (Versión Reina-Valera 1960).
• SBU (1999) La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. Sociedades Bíblicas Unidas.

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EL PAPEL DEL PROFETA EN LA IGLESIA

EL PAPEL DEL PROFETA EN LA IGLESIA

¿Cuál es nuestra historia ahora? Desmembrada en el interior de un centro botanero en Taxco, Guerrero, fue encontrada la nutrióloga Magdalena Aguilar Romero después de nueve días de su desaparición el pasado 22 de enero del 2018. Nos sorprendió la nota, pero, ¿acaso es el único y espeluznante feminicidio? No, como este caso hay muchos; así como las/os desaparecidos.

El uso de adolescentes que son forzados para ser comandos armados o parte de células delictivas. Los constantes asesinatos de ciudadanos y de quienes forman parte del crimen organizado. Las víctimas por tráfico de niños y mujeres es tan real en México que supera los 500,000 casos.
En un mundo cuyo gobierno se basa en diversas ideologías de poder que, en lugar de potenciar al ser humano, lo han llevado a experiencias de vida infrahumanas con sus políticas tiranas.

Un mundo donde todo se ha materializado y donde el poseer se mira como el único fin para ser pleno; donde se reduce a los seres humanos a simples objetos; donde los índices de enfermedades y pobreza se han elevado sin posibilidad alguna de ser atendidas. En un mundo así, es evidente la urgencia de ser liberados de tanto dolor. En una realidad así que está en constante lamento por el pecado y la injusticia, se anhela escuchar algo nuevo.
La iglesia debería sacar las voces que recuerden al Señor Jesús diciendo a los discípulos de Juan: … Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas (Lucas 7:22b, NVI).
¿Quién hablará hoy cuando todos callan? ¿Cómo puede el creyente de hoy ser un heraldo de la esperanza divina?
Cabe entonces la pregunta: ¿cómo se presentan desde esta perspectiva en el N.T. los creyentes?
En principio, el Nuevo Testamento presenta a Juan y a Jesús como los últimos profetas a manera de oficio o itinerantes. Ellos ejercieron su ministerio ante una situación social similar a la descrita anteriormente. El texto los describe como personas impulsadas y potenciadas por el Espíritu Santo como rasgo distintivo.

Por otro lado, el Nuevo Testamento señala a los creyentes que recibieron el «Don de profecía» que edificaban y exhortaban a la iglesia. También, presenta a personas que vivieron como radicales (con raíces profundas) que entendieron su relación con Dios a través de un compromiso con su realidad. Ellos pronunciaban su palabra y corrieron el riesgo por el juicio que declaraban contra quienes, gozando de poder, oprimían y querían ocultar sus pecados por actos sociales o religiosos opresivos. En este sentido, nuestros primeros hermanos en la fe, fueron profetas, porque como dice Harold Segura: «Dios les había quemado el corazón con el fuego de su Palabra, y no les quedaba otra alternativa que hablar».
Entonces, es pertinente preguntarnos: ¿Cuál es específicamente la función del profeta en la actualidad en la iglesia?

La función del Profeta

Tomando en cuenta nuestros referentes neotestamentarios, por un lado, denunciaban toda manifestación de injusticia y todo pecado en el pueblo y dentro de la iglesia. Por el otro, anunciaban salvación y esperanza en la figura principal Jesucristo, frente a las realidades de pecado, riquezas mal habidas e injusticia y frente al dolor de los más empobrecidos (niños, mujeres, enfermos, ancianos).
Cuando se habla el tema de la profecía es menester aclarar que, profetizar no es vaticinar eventos futuros ni, exclusivamente, la manifestación abierta de información secreta. Sino antes aún, actualizar en el presente la palabra de Dios que comienza transformando las realidades en el aquí y en el ahora, aunque con una mirada hacia el futuro de la completa y plena redención que obrará nuestro Señor Jesucristo.
El Apóstol Pablo menciona alguna de las funciones de la profecía en la iglesia en su Carta a los Corintios Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación (1 Corintios 14:3).

Edificaban a la Iglesia

No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno (1 Tesalonicenses 5:19-21). Pablo siente el deber de orientar a los creyente en estas dos realidades, las cuales procuraban el crecimiento y la madurez en la iglesia. Así lo hicieron Judas y Silas: Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras (Hechos 15:32). Invertían sus fuerzas fortaleciendo a las comunidades.

Vivían cercanos a Dios y comprometidos con su prójimo

El profeta vivía cercano a Dios, pero también estaba, plenamente, con su pueblo. Veía a Dios y a su vez estaba viendo, analítica y críticamente, las realidades históricas. Tenía como referencia la enseñanza de Jesús: El amor a Dios y el amor al prójimo debe estar en relación de semejanza. Era un radical porque veía lo que otros no podían ver, miraba su mundo con los ojos de Dios y su corazón ardía con celo por la voluntad de Dios, de manera que la realidad lo incomodaba tanto que callar era imposible para su caso. Así lo comprendió Juan el teólogo: Entonces uno de los ancianos me preguntó: «¿Quiénes son estos que están vestidos de blanco, y de dónde han venido?» «Tú lo sabes, señor», le contesté. Y él me dijo: «Éstos son los que han pasado por la gran tribulación, los que han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero (Apocalipsis 7:13-14, DHH).

Denunciaban los pecados, abusos de gobernantes y dirigentes religiosos. Jesús no dudo en realizar una crítica radical a los poderes establecidos y la provocación de una esperanza inusitada. Denunció proféticamente en contra de los pecados personales y estructurales en clave sociopolítica.
Dos casos de confrontación entre Jesús y las autoridades que abusaban en el templo según Marcos, cuando dice: Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación (Marcos 12:38-44). Al mismo tiempo, enfocó a los dirigentes que promovían el abuso del tributo. Jesús no respondió directamente diciendo: «no es lícito». Más bien, su respuesta implicaba que si Dios es el exclusivo Amo y Señor y, si el pueblo de Israel vive bajo el exclusivo dominio de Dios, entonces todo pertenece a Dios, y las implicaciones para el César serían obvias.

La misma función profética la desarrolló Juan cuando «denunció los pecados de las siete iglesias, atacó el culto al emperador (Apocalipsis 13:2,4) y condenó ardientemente los crímenes del imperio romano». A la vez anunció el juicio contra los opresores. El triunfo del bien sobre todo mal, y sobre todo, anuncia una nueva creación, una nueva comunidad y un nuevo paraíso (Apocalipsis 20-22).

Consolaban al pueblo en momentos de dolor

Los apóstoles también fueron seducidos por el Espíritu de Dios y tomaron muy en serio su papel de portavoces de la palabra de Dios.
Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios (Hechos 4:29-31).

¿Cuáles son las implicaciones para la vida eclesial en la actualidad?

Conscientes de la realidad actual donde las desigualdades sociales se incrementan debido al poder con pretensiones multiformes del capitalismo financiero y hegemónico de nuestra era postmoderna. Al mismo tiempo, los excluidos y empobrecidos claman por una nueva forma de vida. Es muy preocupante el silencio y la falta de compromiso evangélico por parte de los cristianos en el presente; en la vida cómoda, sin compromiso alguno por parte de la iglesia, hacia afuera, es decir, en la sociedad.

Hoy se hace necesario la presencia de una iglesia con voz profética. Si consideramos que la tarea fundamental del profeta es hacer realidad un nuevo comienzo humano mediante la expresión de la libertad de Dios y la política de justicia y compasión, entonces somos desafiados a:
Primero. Comprender y aceptar que, con el derramamiento del Espíritu en la iglesia del primer siglo, el anuncio de la palabra ya no es solo de unos cuantos sino de toda la iglesia. Así, queda marcada como una comunidad profética, donde todo creyente tiene ese llamado y el deber de cumplirlo en todo tiempo. Anunciemos que Dios en Jesucristo tiene la fuerza para seguir adelante.

Segundo. Seguir mirando arriba sin quitar los pies de la tierra, es decir, asimilar que nuestro papel profético no es espectáculo o desciframiento de misterios, no es solo ver hacia el futuro negando el presente. Por más que nos aferremos a silenciar los múltiples textos en la Biblia que registran la confrontación a las estructuras de poder político y religioso, el Evangelio y su anuncio sigue siendo «el recuerdo peligroso de la libertad que cuestiona todas nuestras opresiones, nuestros miedos, nuestros desalientos, nuestras cobardías y también nuestras seguridades». La iglesia tiene que mirar a los desvalidos y oprimidos tal como miró Jesús al pueblo que estaba sin pastor o a la encorvada ignorada por los mismos líderes de la sinagoga o a la samaritana repudiada.

Tercero. Todo cristiano está obligado a enjuiciar la maldad a través de esa palabra divina que es Cristo. Esa palabra le hace valorar como algo positivo la desaparición de la esclavitud, el tráfico de órganos, la trata de blancas, la explotación laboral. También la hace juzgar como inadmisibles las terribles diferencias estructuradas entre ricos y pobres; le impulsa a rechazar una economía de la exclusión y la inequidad. Por ejemplo, a los empobrecidos que, por nuevas reformas, son desplazados de sus áreas de comercio por una riqueza privada sobre la pobreza pública. Además de denunciar cuando la iglesia o los dirigentes muestren abusos de poder y pisoteen los derechos de las personas.

Cuarto. Seguir abonando a favor del crecimiento y madurez de la fe, en una época en la que la iglesia resulta poco atractiva o sin crédito, ante la triste decadencia de nuestra sociedad. La palabra del profeta debe examinar y responder llamándonos a volver a Jesús y a encontrar la plenitud solo en Él. Así, una forma de profetizar hoy, es hablar la verdad de Dios frente a la mentira que el mundo ofrece.

Quinto. Son muchos los desafíos de la labor profética en la iglesia actual, teniendo en mente que no todo está perdido. Por ello, el creyente debe seguir anunciando esperanza. Como dice la Carta del Apóstol Pedro: y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros (1 Pedro 3:15b).

Anunciar que un nuevo reino está presente, y que es el mismo Jesús infundiendo valor y fe todos los días. Anunciar que el bien triunfa sobre el mal. Anunciar que una nueva creación es posible. Anunciar la llegada de una nueva comunidad y un nuevo paraíso como lo anunció Juan: He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad (Apocalipsis 22:12-14).

El presente sigue demandando nuestro papel profético y la iglesia está llamada a ejercerlo aquí y ahora, y hasta el último momento de nuestra existencia.
Recuerde que callar nunca fue una opción para los primeros cristianos. Ellos expresaron su fe, su esperanza y el juicio para todo sistema opresivo y en pecado. «Yo quisiera vivir sin tener que ser profeta…perder la huella de la noche, no sostener más la perla del abismo…Pero es imposible, Dios mío» Canto de la locura (1962), versos de Matos Paoli, encarcelado en una sombría mazmorra por su entrega sacrificada a la patria y su devoción a la más genuina conciencia religiosa, nos sean de inspiración para seguir siendo la voz de Dios en nuestro tiempo.

Fuentes de consulta

José Luis Sicre, Profetismo en Israel. Editorial Verbo Divino-2003
Luis Rivera-Pagán, La voz profética: Justicia, paz y reconciliación. Tomado de: http://www.lupaprotestante.com/blog/la-voz-profetica-justicia-paz-y-reconciliacion/.
Walter Brueggemann, La imaginación profética (España: Editorial Sal Terrae 986), 117.

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TEOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD DE LA PROFECÍA

TEOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD DE LA PROFECÍA

El libro del Apocalipsis es un libro bíblico que además de no ser fácil de entender, causa mucha expectación e interés en el mundo cristiano y hasta en el que no lo es. Es de llamar la atención, que de todos los cursos que se imparten en la Iglesia, nunca se observa una mayor concentración de gente que cuando se expone sobre el Apocalipsis. En la cosmovisión del mundo occidental, el Apocalipsis es por lo general muy atractivo aunque sea sinónimo de miedo, catástrofes, destrucción, sufrimiento, muerte, guerras, profecías y eventos futuros, pues la gente quiere saber sobre todo eso.
No obstante, nada más alejado de la realidad que considerar esta obra bajo una óptica catastrófica o futurista. Ciertamente el Apocalipsis es un libro que contiene gran dramatismo como es característico del género literario apocalíptico1, más no es una palabra para espantar a la gente y mucho menos al pueblo de Dios, todo lo contrario, es el libro por excelencia que nos trae esperanza y aliento ante la adversidad, es el Espíritu Santo hablándonos ante la crisis y la desesperanza para que vivamos una ética de resistencia, por no decir subversiva2. Contiene un mensaje que trasciende su tiempo y nos sigue hablando aquí y ahora.
El libro comienza con un prólogo y en él, una frase solemne que frecuentemente se pasa por alto: La revelación de Jesucristo. Dicho de otra manera, nos dice: El apocalipsis es Jesucristo. Y es que el apocalipsis es más que un libro de la Biblia, es la revelación, es el quitarnos el velo (apo – kalyptos) que no nos deja ver, y esta revelación no es la guerra o la catástrofe, la bestia, el 666 o el falso profeta, es: Jesús revelado. Y es que estamos hablando aquí de lo que en la gramática griega se llama genitivo plenario. El genitivo no es otra cosa que la manera en que se expresa la relación de posesión o pertenencia, solo que en el de tipo plenario es tanto objeto como sujeto; en otras palabras, es una frase que contiene un doble significado de manera simultánea, lo cual hace que dicha frase diga: Es una revelación tanto por Cristo (Cristo revela) como acerca de Cristo (revela a Cristo).
Esto nos lleva desde el principio del libro a su clave hermenéutica, es decir, la clave para interpretarlo es Jesucristo, el Cordero de Dios, especialmente desde su muerte sacrificial (Apocalipsis 5:6,12-13; 7:9-17; 13:8). Dios se nos revela en Jesucristo (el mensaje de Dios, el Logos), y Jesucristo se nos revela en la cruz, lo que Dios hizo por nosotros.
Jesucristo sin la cruz sería solo filosofía platónica, y con la sola resurrección sería exclusivamente gnosticismo (doctrina del conocimiento intuitivo, misterioso y secreto o gnosis de las cosas divinas que conduce a la salvación) o, en el mejor de los casos, nada más un milagro. Sin embargo, la revelación de Dios está allí donde no queremos, en la muerte. Esto es locura para los griegos (1 Corintios 1:18). Por tanto, cualquier interpretación que hagamos de Apocalipsis debe estar en relación a la cruz, al Cordero inmolado. Todo lo que venga de aquí en adelante, su referencia central será Jesús y la cruz, esto le dará sentido al todo.
Teniendo esto en cuenta, entonces llegamos al verso 3 del prólogo del libro en donde aparece una bienaventuranza o makarismo3, dirigida para aquellos que oyen y leen las palabras de esta revelación. Una bienaventuranza es algo que nos da alegría, pero una alegría que solo puede venir de Dios. Es pues una triple bendición: leer, oír y guardar. Y es que el Apocalipsis es concebido como obra para ser recitada en la asamblea comunitaria, ahí adquiere toda su fuerza, esto es algo que no solía suceder con ningún escrito apocalíptico, pero éste debe leerse en comunidad. La iglesia de hecho tenía lectores para esta tarea, eran los heraldos que representaban la Palabra viva, esto ya sucedía en el año 70 d.C. La lectura de la Escritura era el centro de cualquier culto judío (Lucas 4:16; Hechos 13:15).
La Escritura se leía en las sinagogas judías a la congregación por siete miembros de la misma, aunque, si estaban presentes un sacerdote o un levita, se les concedía prioridad. La Iglesia Cristiana adoptó esta costumbre del orden de la sinagoga, y la lectura de la Escritura siguió ocupando una parte central del culto. El problema de hoy es que no leemos y menos escuchamos; tan solo el ir a la congregación pareciera una carga para muchos, no es prioridad, no importa escuchar a Dios, ni meditar su palabra. No basta con levantar el velo, se requiere que el pueblo colabore escuchando y practicando la palabra de Dios.
La tercer bendición es guardar (teiruntes), que significa observar, vigilar, mantener, que no se nos vaya, no quitar la vista de. Pero ¿qué es lo que hay que vigilar, observar, mantener y poner en práctica? La profecía, y ¿qué es profecía? Existe mucha confusión al respecto, hay un reduccionismo típico en la comprensión que popularmente se tiene de profecía, al considerar que esta es un mensaje solo de tipo predictivo cuando en realidad puede ser predictivo o exhortativo.
Fee y Stuart, en su muy valioso libro: La lectura eficaz de la Biblia4, señalan, con base en una exégesis cuidadosa de los textos proféticos, que solo 5% de esos libros tiene algo que ver con el futuro, y eso mayormente muy cercano, cumplido siglos antes de Cristo. Además, según Fee y Stuart, sólo 2% es mesiánico y sólo 1% puede ser todavía futuro. El 95% que no tiene nada que ver con el futuro no es menos profético por no ser predictivo.
Las visiones del Apocalipsis pueden ser del futuro, pero no siempre ni necesariamente. También, pueden ser del presente de Juan (las siete iglesias). En las visiones, los verbos están en tiempo pasado, no en futuro. En el desarrollo de su mensaje pastoral Juan pasa a menudo del presente al futuro (Apocalipsis 1:5-9), del futuro al presente (cf. 1:10) pero también del futuro al pasado remoto (de 11:15-29 a 12:1-3 y siguiente). «Es un error dar una preferencia a priori a interpretaciones futuras, como también es un error comenzar con un prejuicio contra ellas. Juan no era ni futurista ni preterista, sino pastoral. Ahora es nuestra tarea exegética decidir por las evidencias cómo entender cada pasaje»5.
En otras palabras, la profecía es la palabra en su sentido más teológico, el primer profeta en la Biblia fue Abraham (Génesis 20:7) y el fundador del profetismo fue Moisés, y no porque vaticinara el futuro, sino porque era quien hablaba al pueblo de parte de Dios, era el vocero de Dios, y lo que hablaba era su voluntad para bienaventuranza del pueblo. Un mensaje es profético, en sentido bíblico, por su carácter teológico y ético –denunciativo–, no por predecir el futuro. La finalidad de la proclamación de los profetas es llamar a sus contemporáneos a la conversión, al arrepentimiento, y como dice el texto apocalíptico, porque el tiempo, que deja huella y es de Dios –kairós–, está cerca.
Tenemos pues una palabra que si la escuchamos, meditamos y guardamos es de gran bendición para nuestras vidas. Es la palabra que se nos descubre en Cristo pero que cobra sentido en su muerte por nosotros. Esta es una palabra no para el futuro ni para el pasado, sino para el presente, no para el morbo o la especulación o el terror, sino palabra que denuncia, resiste, promete y devela el amor de Dios en la palabra por excelencia, el Logos, Jesucristo, la voz de Dios para nosotros en todo tiempo.
Vivimos en tiempos difíciles, los poderes políticos se ensoberbecen y engañan al pueblo. Hay incertidumbre en lo que pueda pasar, los cristianos no somos perseguidos como antes, pero si somos testigos de la injusticia y la idolatría de nuestro tiempo. Hoy por hoy, necesitamos de la Palabra, de la profecía, no para saber el futuro o adivinar qué viene según nuestras teorías, sino para seguir el modelo de Jesús, el Cordero. Fieles y testigos hasta la muerte, denunciando la maldad y optando por la vida, el amor y el evangelio. Después de todo, como dijera Karl Barth: «Ante la cruz de Cristo, nadie es grande».

Referencias
1 Este tipo de literatura surge en un momento de crisis nacional en el mundo judío, y propone una manera distinta de comprender la vida. Los narradores apocalípticos ven que la realidad es inhumana, bestial, y anuncian juicio que invierta la situación. http://www.lupaprotestante.com/blog/apocalipsis/ Lupa Protestante. Acceso (12.02.2018).
2 Idem. Más que un libro de miedo al fin del mundo, se trata de una invitación a resistir mediante la ética y la liturgia ante las amenazas de los Imperios que destruyen los símbolos de los pequeños pueblos.
3 Son 7 makarismos en todo el libro: 1,3; 14,13; 16,15; 19,9; 20,6; 22,7; 22,14. Se leen uno a la luz de los otros y no se agotan con lo que dice solo uno de ellos. El número de totalidad y plenitud es el 7.
4 Gordon Fee et Douglas Stuart. La Lectura Eficaz de la Biblia, Editorial Vida, Miami 2007.
5 Juan Stam, Leamos el Apocalipsis en Clave Pastoral. Protestante Digital, Febrero 2014. http://protestantedigital.com/magacin/14253/Juan_Stam_Leamos_el_Apocalipsis_en_clave_pastoral

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CRISTO; MEDIADOR DE UN NUEVO PACTO.

CRISTO; MEDIADOR DE UN NUEVO PACTO.

HABÍA LA NECESIDAD DE TENER UN NUEVO PACTO DEBIDO A LA DEBILIDAD DEL PRIMERO (HEBREOS 9:1-10).

  1. El escritor a los Hebreos habla de Jesús como mediador de un nuevo pacto. La superioridad del sacrificio que realizó, al derramar su sangre, establece un nuevo pacto (Hebreos 9:11-15).
  2. El cristianismo se fundamenta en la muerte de Cristo. Sin esta muerte no tendríamos fundamento de nuestra fe. Fue necesario que el dador de la vida muriera en la cruz, para garantizar al ser humano las inmensas bendiciones de la salvación. Sin la cruz no hay nada, solo miseria, oscuridad, muerte y pecado.
  3. Es por eso que aquellos que no acuden con fe a anunciar su muerte hasta que Él venga, vivirán para siempre lejos de su Creador, sin esperanza, sin consuelo y en oscuridad espiritual (1 Corintios 11:26).

ASÍ QUE, POR ESO ES MEDIADOR DE UN NUEVO PACTO (HEBREOS 9:15)

  1. Aarón fue el Sumo Sacerdote en el Tabernáculo, por lo tanto, él era un mediador, pero no logró alcanzar que el hombre fuese restaurado a una comunión plena con el Señor (Hebreos 9:1-10).
  2. Pero Cristo, a diferencia de Aarón, oficia en un Tabernáculo más excelente (Hebreos 9:11). Entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, para una eterna redención (v. 12). Ofreció un sacrificio puro, obteniendo para su pueblo una mejor limpieza (vv. 12-14).
  3. Por esta razón, es decir, por la naturaleza superior y la eficacia de su sacrificio, Cristo fue mediador de un nuevo pacto (v. 15). Solo Cristo pudo presentar una ofrenda excelente con una actitud humilde, por ello es mediador entre Dios y su pueblo.
  4. El pecado era la causa que impedía la comunión entre el hombre y Dios, por lo tanto, si se quería restaurar dicha comunión, entonces era necesario quitar el pecado de en medio y esto fue lo que hizo Cristo Jesús.
  5. Mediador de un nuevo pacto: Cristo Jesús es solo quien puede garantizar ante Dios y los hombres que el pacto no será quebrantado nunca más; vivimos con esta esperanza hasta que Él venga.
  6. Jesús hizo un pacto con su Padre en el cual se comprometía a llevarnos de regreso a Él a través de su encarnación, enseñando a través de su vida perfecta, pero definitivamente por su muerte en la cruz, Él tomo nuestro lugar, de manera que ahora nosotros, los que hemos creído en su Nombre y lo hemos manifestado en el bautismo, podemos entrar en la presencia del Padre por medio de Cristo Jesús Señor nuestro (Juan 14:6).
  7. Para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto (v. 15b). Se afirma la eficacia del sacrificio de Cristo. La muerte de Jesús no solo fue por los creyentes del nuevo pacto, sino también por los del antiguo.
  8. Siendo que los sacrificios en el antiguo pacto solo limpiaban ceremonialmente, fue necesario un mejor sacrificio que quitara el pecado de los corazones de ellos, pues, de no ser así, el hombre siempre estaría alejado de Dios.
  9. Los llamados reciban la promesa de la herencia eterna (v. 15c). Mientras en el antiguo pacto la herencia era terrena, material y por lo tanto temporal, en el nuevo pacto las bendiciones son espirituales y eternas. La sangre de Cristo, sobre la cual se fundamenta el nuevo pacto (Marcos 14:24), garantiza todas las cosas que la gracia de Dios provee para los que creen. Siendo que el pacto es eterno, entonces la salvación que ofrece es eterna y sus bendiciones también lo son.
  10. Ahora los que reciben esta herencia eterna con todas sus bendiciones, son los que han sido llamados. El Señor establece Juan 8:31 una condición para el verdadero discipulado. Tristemente algunos bautizados no son auténticos discípulos del Señor, pues su corazón continúa lejos de Dios. Así que, los herederos de la promesa no son los profesan una religiosidad, sino aquellos que entregan su voluntad a Dios y se complacen en obedecerle. Estos son los que se convierten en verdaderos discípulos de Jesucristo para recibir la herencia.

CONCLUSIONES:

  1. Si aún estuviera vigente el antiguo pacto, nosotros no perteneceríamos al pueblo de Dios (Efesios 2:11-12). Pero gracias a Dios, quien, por medio de Cristo, nos hizo herederos de un nuevo pacto.
  2. Que nuestro corazón se humille en una verdadera adoración a Dios, quien en su amor y gracia nos tomó en cuenta estando lejos del pacto, para acercarnos a su gloria.
  3. En medio de las tribulaciones y angustias de esta vida, siempre debemos recordar que tenemos una herencia eterna con Dios, la cual fue ganada para nosotros por un alto precio, el de la sangre de Jesús, por lo tanto, esforcémonos en medio de las tribulaciones, avanzando con gozo, poniendo nuestra mirada en el galardón precioso que el Señor ganó para nosotros.
  4. Participemos de este momento, recordando el gran sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, por quien tenemos este nuevo pacto. ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (Hebreos 9:14). Renovemos el compromiso con Dios y sigamos fielmente a nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús.

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El SÁBADO COMO SEÑAL DE LIBERTAD

El SÁBADO COMO SEÑAL DE LIBERTAD

Clamor en Egipto
La oración de lamento es quizá, uno de los primeros actos, en la relación de Dios y su pueblo, un pueblo que clamó desde su dolor y sufrimiento. Personas que se encontraban en un estado de opresión, encontraron en la oración de lamento a un Dios alternativo de los que hasta ese momento conocían: los dioses egipcios. Un Dios desconocido en el que confiaron sus flaquezas, un Dios distinto, y no éstos, porque los dioses faraónicos avalaban y justificaban el deseo desmedido de los faraones. El pueblo de la opresión trabajaba para construir ladrillos que fortificaban ciudades, templos de diversos dioses que engrandecían la vanidad y deseo desmedido del nombre de los faraones, ocurriendo que cada dinastía quería ser más grande que la anterior. El lamento de este pueblo tenía que ser dirigido a Otro Dios. Un Dios distinto.
Esta relación que inició como forma de queja, de un pueblo a un Dios que no conoce, y de un pueblo que se sintió escuchado por ese otro Dios. Finalmente, ese otro Dios decidió escuchar a ese pueblo gimiente, y le proveyó de libertad, una libertad real, representada en signos.

El sábado
El primer encuentro entre Moisés y el faraón es para pedirle que deje salir a su pueblo a celebrar en el desierto un Holocausto a Dios (Éxodo 5:1-9), sin embargo; la respuesta del faraón fue negativa, y les recuerda a Moisés y al pueblo cuáles eran las expectativas que tenía con ellos: «…ustedes están apartando al pueblo de sus obligaciones. Vayan a sus trabajos. Y añadió: ahora que el pueblo es numeroso ¿quieren que interrumpa los trabajos?…». Que fueran más productivos era lo que deseaba el faraón, quien también les llama ociosos, flojos y mentirosos, ya que están pensando otra forma distinta a la de él, pues se perderán tres días de trabajo, y retrasarán la producción y los avances de las obras emprendidas por su imperio.
«El tiempo es dinero», es una idea que, aunque la conocemos en el mundo moderno, también era una idea faraónica: «el tiempo es producción». La idea de perder el tiempo en un mundo de producción es inconcebible. Se degrada la persona si pierde el tiempo para hacer. Sin embargo, la idea bíblica del tiempo incluye también el descanso como un provecho para el ser humano, y así encontramos en el sábado un primer signo de libertad.
Es el descanso (shabath) la herramienta que Dios pone al pueblo para golpear el sistema de producción faraónico. En el pueblo invalidaría el poder y el látigo de faraón. Un sábado ceremonial es el que llevaría al pueblo su liberación.
Es así como tiene lugar la alianza de Dios en el Sinaí, sellada con los primeros mandamientos. El primero, no tener otros dioses ni una imagen de Dios… que justifiquen la esclavitud, o una imagen que demande santuarios, que justifiquen el deseo desmedido y la opresión al pueblo. Ante esto, se presenta al descanso como bendición para el ser humano y signo de libertad

La comunidad sabática como signo de libertad hoy
¿Cuántas veces hemos escuchado los mismos argumentos de la ideología faraónica como creyentes? La seducción del consumismo, de tener más, comprar más, gastar más; da como resultado ciudadanos que tienen que trabajar más tiempo, doblar turnos, adquirir dobles trabajos o laborar los fines de semana, etcétera. Convirtiendo al trabajo en una adicción o en una constante esclavitud. En ese sentido el sábado es una resistencia a la voraz cultura del consumo o del trabajo excesivo.
Para el Israel, una vez ya liberado, las voces de celebración (Sábado) fiesta, la música, así como las oraciones comunitarias (de lamento) recordando los sucesos del Dios libertador.
Encontramos en los Salmos (homenaje a la torá) una amplia recopilación de oraciones que nos ayudan a seguir orando y celebrando el sábado en comunidad (iglesia). Y que afirman la bendición de Dios para el ser humano desde el dolor a la alegría: has cambiado nuestro lamento en baile… La comprensión del pueblo cambia, de ese Dios desconocido al Dios que conocen por haberlos escuchado y liberado de Egipto. Ahora es el Dios libertador, el que, como dice el Salmo 103: salva, rescata del hoyo…, el que, …junto a aguas de reposo (sabáticas) hace descansar, conforta el alma…
Cuando guardamos el sábado lo hacemos también, como resistencia y alternativa. Una visible insistencia de que nuestras vidas no están definidas por la producción consumista y la búsqueda del confort. Una resistencia a las seducciones faraónicas de la búsqueda de vanidad. La iglesia es una alternativa a la cultura del entretenimiento que hoy determina la agenda familiar de miles de familias.
Trasmitir o proclamar a este Dios que libera, que transforma vidas, que guía y brinda herramientas al ser humano para su crecimiento, es una tarea que tenemos todos los que hemos vivido esa trasformación y libertad. El Dios que nos muestra Jesús de Nazaret, es nuestro Dios: Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar. Acepten mi enseñanza y aprendan de mí que soy paciente y humilde. Conmigo encontrarán descanso. Mi enseñanza es agradable y mi carga es fácil de llevar (Mateo 11:28-29, PDT)

Bibliografía:
• Sabbath as Resistance: Say no to the culture of now, W. Brueggemann, Westminster John Press Louisville, Kentucky

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EL CLAMOR DE LA TIERRA

EL CLAMOR DE LA TIERRA

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora (Romanos 8:22).

La película «Un día después de mañana» del director Roland Emmerich ha generado en muchos la inquietud acerca de los efectos reales del cambio climático del planeta en el medio ambiente. La trama presenta una sorpresiva destrucción de vastas regiones del planeta, provocada por el descongelamiento de los polos y el consiguiente desbordamiento de los mares; todo esto como consecuencia del cambio climático. Los países que rodean los polos son terriblemente afectados con inundaciones, tornados, granizadas y tormentas de nieve. Las imágenes son dramáticas, las poblaciones enteras aparecen tan frágiles ante la furia de la «naturaleza».

Para muchos especialistas, la película exagera los efectos del cambio climático; sin embargo, no podemos negar que señala algo real: el planeta está mostrando alteraciones, que en buena medida se deben a irresponsables acciones de los seres humanos, tales como: el uso de combustibles contaminantes y de aerosoles, la salvaje explotación de los bosques, la quema de pastizales, el empleo desmedido de aire acondicionado, la construcción de enormes planchas de asfalto o cemento, y otras. Por lo que dichas alteraciones deben interpretarse como la respuesta del planeta a estas agresiones.
Esta respuesta, o más bien, este clamor de la tierra, nos obliga como cristianos a reflexionar y a actuar por el cumplimiento fiel de nuestro llamado a ejercer la mayordomía de la creación. ¡Tenemos un encargo de Dios: Señorear en toda la creación! (Génesis 1:28).

El cambio climático

El clima es el resultado del vínculo que existe entre la atmósfera, los océanos, las capas de hielo (criósfera), los organismos vivientes (biósfera) y los suelos, sedimentos y rocas (geósfera).
La atmósfera es uno de los componentes más importantes del clima terrestre. Es una capa gaseosa compuesta de una diversidad de elementos bien mezclados, pero que no es uniforme, ya que tiene variaciones en temperatura y presión dependiendo de la altura sobre el nivel del mar.

La temperatura se equilibra entre otras cosas por la proporción de los gases invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CCH4) y el óxido nitroso (N2O); los cuales forman una capa protectora para el planeta.

El problema es que esta capa se engruesa cada vez más, básicamente por los siguientes factores: la quema de carbón, petróleo y gas natural que libera grandes cantidades de CO2 a la atmósfera; la tala inmoderada de bosques que reduce la absorción de dicho gas realizada por los árboles; la cría de bovinos y el cultivo de arroz que general metano y otros gases semejantes. Si no se controla esta situación habrá un aumento global de la temperatura entre 1.5 y 4.5 “C en los próximos 100 años, ya que los gases invernadero absorben y reemiten la radiación de onda larga infrarroja que emite la superficie de la tierra; tal reemisión ha crecido por el espesor de la mencionada capa y es la causante del aumento en la temperatura. A este fenómeno se le ha denominado: Efecto Invernadero, causa principal del cambio climático.

Los posibles efectos del cambio climático
Los efectos de un cambio climático tan rápido ocasionarían que los ecosistemas no se adaptaran al ritmo del proceso y habría efectos en los patrones de la lluvia y del viento. El calentamiento de la tierra podría descongelar las capas polares y provocar un cambio en el sistema de circulación del aire, modificando los ciclos de lluvia. El nivel del mar podría subir y amenazar islas y áreas costeras bajas; lo cual, unido al aumento poblacional del planeta, generaría hambrunas, además de las muertes de las personas vulnerables a las temperaturas extremas; traería también el esparcimiento de enfermedades como la malaria, el dengue y el cólera; y quizá, presentarse en la realidad lo que la película mencionada muestra tan crudamente y que nosotros vinculamos al clamor de la tierra.

Qué hacer ante el clamor de la tierra
La ONU, a través de su organismo especializado en este problema de la humanidad, se propone estabilizar los gases invernadero en la atmósfera. Algunos países promueven el uso eficiente de la energía en los diferentes sectores: industrial, doméstico, comercial, del transporte. Estimulan el uso de fuentes de energía renovable, atacan la deforestación y promueven la reforestación.
Hay distintos esfuerzos de diferentes instancias, de los gobiernos y de organismos particulares; sin embargo, hasta ahora los resultados son mínimos. Por otra parte, la Iglesia cristiana se ha mostrado indiferente ante el problema ecológico. Por lo cual es la hora de recordar que la tierra espera una respuesta de los hijos de Dios: Porque el anhelo de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios (Romanos 8:19).

Fundamentos para una respuesta cristiana
La tierra es de Dios: Porque así dijo Jehová que creó los cielos; él es Dios el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso: no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro (Isaías 45:18).
Dios es el creador de la tierra. Él la hizo de tal manera que fuese posible la vida, una vida que realmente sea vida. La convirtió en el espacio para el desenvolvimiento del ser humano.

Teológicamente, al hablar del mundo visible es conveniente comprenderlo como creación y no como naturaleza; en su sentido griego el concepto de naturaleza de la idea de algo que existe por sí misma, que ya está acabado y que tiene su valor en sí misma. En cambio, creación implica que el mundo que habitamos es resultado de una mente y poder superior y bueno.
Esta creación está hecha con sabiduría y representa una obra en la que Dios se expresó. Él puso su sello en cada principio que rige el cosmos, que en la «casa del hombre». Dios vio que su creación era buena (Génesis 1:31). La cualidad de ser buena no se limita a ser bella, implica el que era favorable al ser humano, funcionaba para la vida.

La tierra es la casa de la vida
De nuestro análisis del texto bíblico, llegamos a comprender que Dios está íntimamente relacionado con su mundo. Que los principios que puso en él nos hablan de su permanente cuidado y de su profundo amor por la vida del ser humano, de los animales y de toda su creación; así lo canta el Salmo 104. Dios sostiene su mundo y sus criaturas.

Los principios que Dios puso en la creación rigen para preservarla como cada de vida. Hay una relación entre la obediencia a estos principios y las consecuencias para el ser humano: Si anduvieres en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusieres por obra yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto (Levítico 26:3-4).

Hay una interrelación entre Dios y el ser humano y la creación. El pecado del hombre genera el luto de la tierra a casa de la sombra de muerte que la cubre. La ambición humana y las prácticas irresponsables destruyen la armonía y provocan la extinción de los animales que Dios creó: Oís palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden. Por lo cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo; y aún los peces del mar morirán (Oseas 4:1-3). La ideología dominante tiene como uno de sus puntos centrales el progreso y mira la «naturaleza» como algo para conquistar y arrancarle sus riquezas.

El hombre: protector de la casa de la vida
Dios le ha otorgado al ser humano la dignidad y responsabilidad de proteger el medio ambiente a favor de las generaciones presentes y futuras. Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrará y lo guardase (Génesis 2:15). La voluntad de Dios es que el ser humano proteja la creación con el fin de que cada uno siga disfrutando de ella: Cuando sities a alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruirás sus árboles metiendo hacha en ellos, porque de ellos podrás comer; y no los talarás, porque el árbol del campo no es hombre para venir contra ti en el sitio (Deuteronomio 20:19).
Dios se declara en contra de la crueldad y de acciones que destruyan el medio ambiente y nos enseña a ser compasivos con todos los seres vivos con los que estamos ligados. Si viereis el asno de tu hermano, o su buey; caído en el camino, no te apartarás de él; le ayudarás a levantarlo (Deuteronomio 22:4). El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel (Proverbios 12:10).

El reposo sabático fue dispuesto por Dios para liberarnos de la ambición desmedida de arrancarle irracionalmente los recursos a la creación. Guardar el sábado nos permite mantener el equilibrio de la tierra, dejamos que la tierra se restaure, contaminamos menos y recordamos de quién es la casa que habitamos.

Conclusión
La casa de la humanidad fue creada en un equilibrio armonioso, y así deberá mantenerse. La irresponsabilidad del hombre manifestada en la destrucción de los bosques, el uso irracional de los productos derivados de petróleo, la agresión hacia la naturaleza (la contaminación de los ríos, la extinción de especies animales, la generación de basura, y otros) ha provocado que el clima se vaya modificando.

Las respuestas del planeta: las lluvias, las inundaciones, el aumento de la temperatura, las nuevas epidemias, representan el grito de una creación viva que se ve amenazada. La creación clama por su liberación, aguarda la manifestación de los hijos de Dios.

Reconociendo la soberanía de Dios en su creación y aceptando la condición de mayordomos en ella, en el Concilio Ministerial del 2003 hemos declarado nuestro compromiso a:

1. Conservar los recursos humanos.
2. Buscar, restaurar y recuperar el suelo, el agua, el aire, etc.
3. Reforestar recursos tales como árboles, arbustos, etc., en la medida que se considera práctico hacerlo.
4. Practicar el reciclaje de objetos de plástico, vidrio, papel y metal en toda oportunidad.
5. Involucrarse en la limpieza y mantenimiento de nuestro ambiente inmediato.
6. Involucrarse en programas educacionales que promuevan la conservación y restauración de nuestros recursos naturales.
7. Reconocer que el uso prudente de los recursos de la tierra es recomendable.
8. Evitar apoyar y participar en organizaciones que tengan una posición radical o anti bíblica respecto al ambiente.
9. Participar en el cuidado y la defensa de los animales como parte de la creación de Dios, particularmente de las especies en extinción.

«Solamente cuando se haya secado el último río, cortado el último árbol, matado el último pez, el hombre se dará cuenta de que no puede comerse el dinero» (Lema del Parque Nacional «Iguazú», Argentina).

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¿POR QUÉ DIOS PERMITE EL SUFRIMIENTO?

¿POR QUÉ DIOS PERMITE EL SUFRIMIENTO?

Por qué las cosas malas le pasan a la gente buena? Se preguntó Harold Kushner a la muerte de su hijo Aaron, quien nació con progeria (falta de crecimiento y envejecimiento prematuro) y fallece a los 14 años de edad. ¿Puedo de buena fe, continuar predicando que el mundo es bueno y que un Dios misericordioso y lleno de amor es responsable de lo que está pasando aquí? Se cuestionaba este rabino de origen neoyorkino.
Las personas estamos expuestas a innumerables formas de sufrimiento: «Dolor físico, corporal, causado por accidentes, catástrofes naturales, guerras, hambre, enfermedades de todo tipo y el penoso envejecimiento. Dolores insoportables: incontables discapacidades; amarga dependencia de instrumentos y medicinas, de cuidadores y terapias. Y al final el dolor del ir apagándose las fuerzas y del penoso proceso de morir (…) Y aún más: el infinito espacio del dolor del alma (…) por las propias limitaciones…por la culpa y el pecado. El dolor de las expectativas defraudadas y las esperanzas rotas, el dolor causado por el prójimo: por sus críticas y desprecio, por sus burlas y desconsideración, por la envidia y la ambición, por el abuso y la competitividad… el sufrimiento producido por tantos que me amargan y echan a perder la vida (…) Y el sufrimiento por el amor… porque la persona amada no es como pensábamos… por los hijos, que no toman el camino que habíamos previsto; se sufre a causa de Dios. ¡Con cuánta frecuencia la oración no es escuchada, en vez de consuelo, tan sólo impenetrable oscuridad! …tener que vivir como si él no existiera (…) a la larga ninguna vida se libra del dolor. En seguida acecha un sufrimiento nuevo. Nadie escapa de él; resulta inevitable que a todos nos alcance ¿por qué?»
C.S. Lewis plantea de la forma más simple el problema del dolor y la fe en Dios: «Si Dios fuera bueno, hubiera querido hacer a sus criaturas perfectamente felices, y si Dios fuera todopoderoso, hubiera sido capaz de hacer lo que Él quería. Pero las criaturas no son felices. Por tanto, Dios carece o bien de bondad o bien de poder o de ambos» . En esta interesante obra, Lewis responderá que la respuesta está en el criterio del libre albedrío que Dios dispuso en la Creación.

Alternativas de explicación
al problema del sufrimiento
Merecemos lo que recibimos, las desgracias provienen de castigos a nuestros pecados (Isaías 3:10-11; Génesis 38:7; Proverbios 12:21). Dios da a los hombres su justa retribución. Esta explicación tiene varias repercusiones: la gente se autoculpa, odia a Dios, se odia a sí misma y además, esto no se ajusta a los hechos.
Otra idea es que: el plan divino es justo en el plano final (Salmo 92:5-7, 12-15). El sufrimiento ocurre y contraría la existencia humana; sin embargo, Dios tiene sus razones. Por ejemplo: puede ser el mejor momento para que alguien deje este mundo, o bien, es para evitarle algo malo o hay otros fines que de momento no alcanzamos a mirar.
Se dice también, que el sufrimiento tiene un propósito educativo: para reparar lo defectuoso en el ser humano y que algún día comprenderemos que fue para nuestro bien (Proverbios 3:12), se dice que Dios nos lastima con el fin de ayudarnos. Esta es una apología de Dios (teodicea) pero no ayuda a la persona a sobrellevar su pena.
Otro abordaje al problema del sufrimiento consiste en la idea de que Dios nos libra de un mundo de dolor y que al morir nos conduce a uno mejor. Esta explicación puede ayudar a algunas personas a sobrellevar el sufrimiento, pero puede ser utilizada como excusa para no transformar las injusticias con la sabiduría y la fuerza que Dios nos ha dado.
Todas estas explicaciones suponen que Dios es la causa de nuestro sufrimiento y todas tratan de comprender la razón por la cual nos es impuesto. Pero es posible que nuestro sufrimiento no sea causado directamente por la voluntad divina. Es posible que estemos haciendo preguntas erradas.

La historia de Job
En el planteamiento de este enigmático libro observamos tres premisas fundamentales:
1. Dios es todopoderoso y es causante de todo lo que sucede en el mundo. Nada acontece sin que Él lo desee.
2. Dios es justo y es razonable que los justos sean premiados y los perversos castigados.
3. Job es una buena persona.
Pero, no se pueden sostener las tres premisas. Por un lado, los amigos de Job intentan confortarlo diciéndole que el mundo funciona lógicamente, que no es un lugar caótico, que si sufre es por la culpa de Job, que algún pecado debe tener y que si quiere que termine su padecimiento deberá arrepentirse, confesar y volverse a Dios para que cambie su suerte; por su parte Job expresa su desilusión y el sinsentido de su dolor. Si Dios es justo y todopoderoso entonces él que ha sido un hombre íntegro no debería sufrir. En su opinión Dios se ha equivocado con él.
La enseñanza del libro admite la bondad de Dios y la integridad de Job y relativiza que Dios sea todopoderoso. Dios es bueno, pero ha decidido limitar su poder. Dios desea que los justos vivan contentos y en paz, pero no interviene directamente en todo acto o situación y entonces la vida o el mundo parecen ir a la deriva porque ha creado este mundo con el criterio del libre albedrío. El hecho de que Dios sea todopoderoso, no implica que pueda crear algo lógicamente imposible. Para que el ser humano disponga de libre albedrío se hace necesaria la posibilidad de que el hombre elija lo bueno o lo malo, incluso que no acepte a Dios.
¿Por qué Dios no controla el caos y no limita el daño que pueda causar? Muchas cosas suceden «al azar», dentro del ámbito de libertades que Dios nos da. El azar en el mundo da la impresión de caos. ¿Por qué suceden cosas malas a las buenas personas? Una razón es que nuestra condición humana nos otorga libertad de lastimarnos los unos a los otros y Dios «no puede» detenernos sin quitar esa libertad que nos convierte justamente en humanos. Las vidas de las personas están afectadas por las decisiones triviales e impensadas. Hay aspectos que se mantienen independientes de su voluntad, pero entristecen a Dios igual que a nosotros.
Generalmente suponemos que si Dios es amor prefiere un mundo sin sufrimiento. ¿Es necesariamente verdad? Creemos que Dios tiene razones primordiales para permitir el sufrimiento en el mundo. Por ejemplo; conocemos casos de la vida en los que permitimos el dolor para producir un bien mayor. Hay «bien», como las virtudes morales, que sólo pueden lograrse a través de la colaboración libre de las personas, y puede ser que un mundo con sufrimiento tuviera un saldo en la balanza mejor que un mundo sin sufrimiento.
En el paradigma de Job se confrontan dos concepciones opuestas de fe: una fundamentada en derechos y deberes a partir de su comportamiento moral y una basada en la gratuidad del amor. Job nos ayuda a ver el sufrimiento como un misterio más que como un escándalo. El cuestionamiento esencial que Dios le hace es: ¿Quieres ser Dios o quieres ser tú? ¿Quieres ser el Creador o quieres ser criatura? Job 38:1-40:2. El dolor de Job se convierte en revelación para nosotros.

¿Por qué Dios permite el mal?
Mucho sufrimiento parece injustificado y no le vemos sentido ni necesidad. Pero, ¿es realmente injustificado o sólo lo parece? No estamos en una buena posición para dilucidar ese tipo de probabilidad con certeza. Somos seres limitados en inteligencia, en espacio y en tiempo. Pero Dios, en el plano general, ve el final de la historia desde el comienzo y ordena providencialmente los hechos para que se llegue a un final que Él desea, a través de las acciones libres de los hombres. Y para un final de acuerdo a Sus objetivos, Dios puede muy bien tener que admitir una gran cantidad de sufrimiento en el camino.
Todo evento ocurrido, inicia una cadena de efectos a través de la historia, de tal manera, que las razones morales suficientes que Dios pueda tener para permitir que un mal ocurra, podrían no emerger hasta tiempo después. Sólo un Dios omnisciente puede aprehender las complejidades de dirigir un mundo de personas libres hacia sus objetivos previstos. Un bien a corto plazo, puede a largo plazo conducir a un sufrimiento indecible, mientras que ciertas acciones que parecen desastrosas en un principio, pueden resultar ser una bendición para la humanidad.
William Craig explica varias posibilidades sobre por qué Dios permite el sufrimiento , dice: El propósito principal de esta vida no es la felicidad, sino el conocimiento de Dios (Y el conocimiento de la gloria del Señor llenará entonces toda la tierra… Habacuc 2:14). El propósito principal para el hombre es el conocimiento de Dios, que al final dará lugar a la felicidad última y la máxima realización. Mucho del sufrimiento en el mundo puede resultar completamente inútil en relación a producir felicidad humana en esta vida, pero puede no ser inútil en relación a dar lugar a un conocimiento más profundo de Dios.
Otro punto es que «la humanidad vive en estado de rebelión contra Dios y sus propósitos. En lugar de someterse a Él y adorarle, la gente se rebela contra Dios para seguir su propio camino, con lo que se alejan de Él, y se sienten moralmente culpables ante Dios, buscando a tientas en su oscuridad espiritual y persiguiendo falsos dioses de su propia manufactura. Terribles maldades humanas en el mundo dan testimonio de la depravación del hombre por ese estado de alienación espiritual de Dios. Las Escrituras nos indican que Dios deja al hombre que opta por el pecado. Él no interfiere para detenerlo y permite que la depravación humana siga su curso (Romanos 1:24, 26, 28). Esto sólo sirve para aumentar la responsabilidad moral de la humanidad ante Dios, así como nuestra necesidad de perdón y de purificación moral». Mucho del sufrimiento que padecemos nos lo causamos unos a otros, como manifestación de la maldad humana elegida.
Además, el propósito de Dios no se limita a esta vida, sino que se derrama más allá de la tumba hacia una vida eterna. Cuando Dios pide a sus hijos que soporten sufrimientos en esta vida, es solo con la perspectiva de un gozo que viene del cielo y una recompensa que van más allá de toda comprensión. El apóstol Pablo se sometió a una vida de increíble sufrimiento que incluía males morales y naturales. Su vida como apóstol fue una vida marcada por las aflicciones, penas, desgracias, golpes, encarcelamientos, tumultos, trabajos, vigilias, hambre… (2 Corintios 6:4-5). Aun así, escribió: Por tanto no nos desanimamos…pues este ligero y momentáneo tiempo de aflicción nos prepara para un intenso regalo de eterna gloria más allá de toda comparación, porque miramos, no aquello que puede ser visto, sino aquello que no lo es, pues las cosas que vemos son transitorias, pero las que no vemos, son eternas (4:16-18).
El peso de la gloria es tan enorme, que sobrepasa más allá de toda comparación el del sufrimiento. Conocer a Dios, el centro del bien y amor infinitos, es un bien incomparable, la realización de la existencia humana, para esto fuimos creados. La persona que conoce a Dios, no importa lo que sufra, no importa cuán terrible pueda ser su dolor, puede aún decir honestamente «Dios es bueno conmigo», simplemente en virtud del hecho de que él conoce a Dios, un Bien inconmensurable. Así puede Job afirmar: Aunque él me matare, en él esperaré (Job 13:15).

Referencias
1 Greshake, G. ¿Por qué el Dios de amor permite que suframos? Salamanca, Sígueme, (2008)
2 C.S. Lewis. El problema del dolor. Ed. Caribe, 1977, Miami
3 http://lastresllavesdepablo.blogspot.mx/2011/07/un-analisis-del-problema-del-mal-por-w.html

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