TE DEJO GANAR MIS BATALLAS

-«Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león.

-No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales?

Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron:

Estos animales los llevamos dentro; los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo. Tengo que entrenarlos para que sólo se lancen sobre presas buenas, son mis ojos. Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir, son mis manos. Los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las situaciones difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta, son mis pies. Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista para morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño, es mi lengua. El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día, es mi cuerpo. Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso, ese, es mi corazón»(1)

Cuando se acerca la Cena del Señor, la gran mayoría de nosotros desearíamos escuchar mensajes que nos recuerden del gran amor de Dios, de su infinita misericordia y de las promesas que tiene para nuestra vida, pero poco reflexionamos sobre la obediencia que Él quiere de nosotros, del enorme esfuerzo que tenemos que hacer para vivir en santidad, porque así lo pide Dios, de que tenemos que vivir bajo el control del espíritu y no dominadas por la carne, como Él nos lo enseñó.

Tal vez quisiéramos que todo fuera fácil, aunque nadie dijo que lo sería, por lo tanto, para andar firmes en el camino de la espiritualidad, sin poner en riesgo el Don de la Gracia, es importante dominar todo nuestro ser y vivir conforme a los deseos del espíritu. Es en nuestro Señor Jesucristo donde encontramos un genuino ejemplo de lucha, de espiritualidad, de obediencia y sacrificio. No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. Lucas 6:43-44

LA LUCHA CONTRA MI PENSAR Y ACTUAR

Una persona perversa resuelve hacer un presente a una persona pobre por su aniversario e irónicamente manda preparar una bandeja llena de basura y desperdicios. En presencia de todos, manda entregar el presente, que es recibido con alegría por el agasajado. Gentilmente, el agasajado agradece y pide que lo espere un instante, ya que le gustaría poder retribuir la atención. Tira la basura, lava la bandeja, la cubre de flores, y la devuelve con un papel, donde dice «Cada uno da lo que posee»(2)

Todo lo que somos, rige aquello que pensamos, nuestros pensamientos dirigen nuestro proceder y nuestro proceder determina nuestra verdadera espiritualidad y relación con Dios, por lo tanto, es el momento de analizar quienes somos realmente, qué poseemos en nuestro interior, ¿De qué estamos llenas, basura o flores?, ¿Qué gobierna nuestro pensamiento y nuestro actuar?

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios (Gálatas 5:19-21).

Los pensamientos que tenemos y las palabras que decimos invariablemente están formando nuestras vivencias; muchas veces Dios permite que por causa de éstas, vivamos las pruebas y las luchas que moldearán lo que somos. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová (Isaías 55:8).

Un pensamiento carnal es prejuicioso y nos lleva a juzgar las cosas sin tener cabal conocimiento, muchas veces ocasionando divisiones dentro de la Iglesia o llevándonos a la separación de los amigos, de la familia o de la pareja, echando por tierra toda buena obra, por eso es importante que cultivemos pensamientos y acciones de bendición, para evitar que el pecado entre en nuestra mente y se apodere de nuestro corazón, trastocando la espiritualidad con la que debemos conducirnos siempre, y no solo cuando se acerca la Cena del Señor.

Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu (Romanos 8:5), y, por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad (Filipenses 4:8).

LA LUCHA CONTRA LAS PALABRAS NECIAS

Muchas personas agreden a los demás con sus palabras, y no sólo no se dan cuenta del mal que hacen, sino que piensan que están haciendo un bien porque Dios les ha dado el poder de corregir lo que consideran que es incorrecto y van dejando detrás de sí una estela de dolor y desaliento.

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (Efesios 4:29-30).

El apóstol Pablo nos dice que las palabras de un cristiano deben infundirle fe y ánimo al que lo escucha. Nuestras palabras deben ser un medio de gracia y deben ser dichas con gracia: Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno (Colosenses 4:6)

Cada una de nosotras es confeccionista de lo que somos, nuestras palabras y acciones determinan nuestra espiritualidad o nuestra carnalidad, éstas son las batallas que debemos vencer día con día, la carne contra el espíritu. Somos miembros de la Iglesia de Dios, somos parte del cuerpo de Cristo, tenemos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo y año con año recordamos el pacto hecho en Cristo, con su cuerpo y con su sangre, sin embargo aún vivimos en un cuerpo de muerte y la ley de los miembros de éste, se rebela contra la ley de Dios. Lo difícil es poner resistencia en la batalla y ceder a lo más fácil, el pecado, poniendo en riesgo la gracia salvadora. Jesucristo es quien nos ha liberado del pecado dando su vida por nosotros, entonces, ¿por qué queremos volver a colocarnos el yugo del pecado?

Finalmente, para ganar la batalla de la carne contra el espíritu y acercarme dignamente a la mesa del Señor, es necesario tener fortaleza para enfrentar las pruebas y vencer el combate contra el enemigo, y sólo puedo obtenerla por medio de la oración constante. También necesito valentía para vencer el miedo y para salir victoriosa en la tentación, ya que en la lucha entre la carne y el espíritu gana a quien alimentamos más. Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Romanos 8:9).

Es importante vivir día con día una auténtica espiritualidad, como una oportunidad constante de obrar y probar que estamos sujetas a los deseos del espíritu, siguiendo el ejemplo de nuestro Salvador, no tenemos excusa, ya que aun con sus virtudes humanas, espirituales y emocionales, que constantemente estuvieron afectadas por las circunstancias sociales en las que vivió, todo el tiempo actuó conforme al Espíritu. Permitamos que el poder de Dios actúe en nosotros y tome dominio de nuestra persona, nuestras palabras, sentimientos y actos.

Al renovar cada año el pacto con Cristo y anunciar su venida a través de la cena, podemos considerar entonces que Cristo es nuestro Rey, por lo que debemos seguir esperando su venida, con una vida donde la carnalidad esté sometida al Señor, permitiendo que Él pelee nuestras batallas. De manera que, cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor (1 Corintios 11:27).

En la disposición que tenemos por lograr una espiritualidad genuina a veces tropezamos y caemos haciendo constantemente lo que le desagrada a Dios, pero no debemos olvidar lo que Romanos 8:26-27 nos dice:

Así mismo el espíritu ayuda a nuestras flaquezas: porqué qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles. Más el que escudriña los corazones sabe cuál es el intento del espíritu (Romanos 8:26-27).

Fuentes de referencia

  1. (1) URL: http://www.tengoseddeti.org/apuntes-del-camino/el-viejo-anacoreta/
  2. (2) URL:  http://www.actosdeamor.com/queposeeuno.htm

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