SOMÉTANSE A LAS AUTORIDADES

Al menos los discursos expresados por el entonces candidato en las campañas, estaban cargados de un contenido racista, beligerante, con propuestas de medidas radicales en los ámbitos de migración de personas, económicas, anti-islámicas, moralistas, impulsoras de un supuesto patriotismo mal entendido. Pero lo más sobresaliente para la presente reflexión es la sorpresa que se generó al obtener una victoria contra toda predicción de los encuestadores y el deseo expresado en el voto popular, así como las diferentes manifestaciones de oposición de personas famosas e influyentes a nivel global. En las redes sociales, en los noticiarios, en manifestaciones de masas dentro y fuera del país, no se dejaron esperar las expresiones de rechazo; primero a la candidatura, y después al resultado sorpresivo de la victoria. ¿Qué pasó?, ¿cómo sucedió esto que pocos esperaban, o al menos esa era la percepción?

Ante la noticia sorpresiva de las elecciones, no faltaron los comentarios provenientes de círculos evangélicos y líderes «cristianos» que interpretaron el hecho como la voluntad de Dios: «esto sucedió para que se cumplan las profecías»; «Dios así lo quiso para que inicie la tercera guerra mundial y suceda el apocalipsis»; «El Señor levantó a este líder para hacerle frente a los musulmanes»; en las redes sociales se hicieron virales comentarios como: «el candidato aceptó a Cristo como su salvador en una iglesia evangélica»; «ahora sí, el cristianismo volverá a ocupar su lugar de dominio en América y se pondrá freno a las corrientes libertinas», y otros.

Los comentarios anteriores han vuelto a sacar a la luz un pensamiento generalizado entre muchos cristianos evangélicos, ideas que hacen necesario volver a evaluar la participación del cristiano en la sociedad y en la transformación de su entorno.

Gobiernos con los que la gente no está de acuerdo

Nuestro mundo está convulsionado. En diferentes países se viven experiencias amargas y dolorosas que resultan del ejercicio de gobiernos malos, injustos y perversos. Por doquier hay tiranos: Corea del Norte, China, Venezuela, Cuba, Sudán, Irán, Uganda, Guinea, Camerún; Presidentes corruptos, tan solo en Latinoamérica han sido acusados ocho expresidentes por casos de corrupción y enriquecimiento ilícito: Brasil, Honduras, Argentina, Guatemala, El Salvador y Perú; en nuestro país, estas noticias no son extrañas: Gobernadores, presidentes municipales, senadores, diputados, magistrados, jueces, e incluso el Presidente; se han visto en el foco de atención debido a un ejercicio errado de su gobierno, malos manejos del poder, de los recursos económicos, tráficos de influencias, y más.

Alrededor del mundo hay una queja generalizada, constante y aún hay gritos desesperados de dolor, de hartazgo y de impotencia; parece que los malos gobiernos, la injusticia y la opresión no tienen fin. Por supuesto hay también los escasos buenos gobiernos y están las quejas de aquellos a quienes nada les satisface, aunque estén disfrutando de bienestar y tranquilidad. También están los que se quejan porque el gobierno en turno no compensa a sus intereses egoístas y mezquinos y no tanto al bien común, pero de eso nos ocuparemos en otra ocasión.

El creyente ante las autoridades

Cuando uno observa las diferentes actitudes que los cristianos tenemos ante la realidad de injusticia y el mal ejercicio de los gobiernos, se pregunta, ¿a qué se debe nuestra pasividad que a veces raya en la indiferencia?

Se escuchan entonces diversos argumentos y muchos de ellos se apoyan en la interpretación de algunos versículos de la Biblia; solo haré referencia a los tres más citados:

Daniel 2:21: Él (Dios) muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos.

Romanos 13:1-3: Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

Tito 3:1: Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra.

Muchos creyentes encuentran en estas referencias bíblicas un argumento para mantenerse al margen, y muchas veces para validar o legitimar a los malos gobiernos. Ya he mencionado algunas expresiones que surgen desde algunos círculos cristianos, y debo reconocer que estoy convencido de que éstas son expresiones profundamente creyentes; de una fe, honesta y sincera, pero no por ello, acertadas o apegadas a la verdad.

¿Podemos decirles a los norcoreanos que acepten a su tirano como un hombre que fue puesto por Dios? ¿Podemos decirles a las familias de los ejecutados, por ser opositores en regímenes totalitarios, que deben aceptar su condición con abnegación y serenidad porque Dios fue quien los determinó así? ¿Es válido explicarles a las víctimas de la injusticia, de la violencia y del abuso que están sufriendo esas condiciones, porque Dios está cumpliendo una profecía? A veces imagino que muchas de estas interpretaciones bíblicas se hacen desde la comodidad que nos ofrece vivir en un país con mayores libertades.

La Biblia debe interpretarse teniendo una visión completa de su mensaje

Para responder a los planteamientos anteriores necesitamos tener una visión completa, general y global del mensaje bíblico.  La verdad bíblica no se sustenta solo por citar un versículo, es necesario levantarla sobre el conjunto de la revelación para que pueda aseverarse que cumple con el calificativo de «Bíblica».

Así como encontramos la exhortación, en Romanos y Tito, a reconocer que las autoridades fueron dispuestas en ese orden por Dios, en otros contextos encontramos expresiones de crítica, señalamiento y hasta de condenación contra las autoridades injustas: Moisés desafiando al Faraón (Éxodo 8:1); Elías haciendo frente a los atropellos y la apostasía de Acab (1 Reyes 21:20); Amós confrontando a las autoridades que se dejan sobornar para cometer cohecho y oprimir al pobre en la época de Uzías y Jeroboam (Amós 1:1; 7:1ss); Isaías denunciando la corrupción de los jefes del pueblo en su tiempo; Jeremías alzando su voz para llamar al arrepentimiento a los malos pastores de Israel (Jeremías 23); Daniel, confrontando a Nabucodonosor por haberse ensoberbecido al punto de bestializarse (Daniel 4); Juan (el bautista) confrontando el pecado de Herodes (Lucas 3:19); nuestro Señor llamando «zorra» a Herodes (Lucas 13:31-32), denunciando la hipocresía de los jefes del pueblo (Mateo 23), llamando bienaventurados a los perseguidos por causa de la justicia (Mateo 5:10); Juan, el escritor del Apocalipsis, denunciando las injusticias y perversidades de Roma (Apocalipsis 17).

Por supuesto, todos ellos fueron perseguidos, amenazados e incluso algunos de ellos asesinados por esta causa. ¿Fueron rebeldes a la autoridad? ¿Se opusieron a lo que Dios había establecido? ¿Eran personas amargadas, descontentas o resentidas? ¿Dejaron de someterse a la autoridad?

Con base en estas dos posiciones, necesitamos comprender la dinámica de relación que existe entre un creyente y las autoridades.

¿Autoridades puestas por Dios?

En primer lugar es importante comprender que existe diferencia entre: dar origen a las «autoridades» y designar a quién ocupa el lugar para ejercer esa autoridad. La primera se refiere a las estructuras, a los poderes y la segunda a las personas. La Escritura señala que Dios creó las cosas invisibles: tronos, dominios, principados, potestades (Colosenses 1:16); en Romanos 13:1, Pablo explica que Dios estableció a las autoridades, del gr. tásso, que significa arreglar de manera ordenada; esta indicación refiere el hecho de haber creado las estructuras sobre las cuales los seres humanos se organizan para promover el orden en la sociedad y el mundo. Es a este acomodo ordenado que se recibe la exhortación de someterse.

¿Someterse?

El verbo griego ὑποτάσσω (jupotásso1), que se utiliza en ambos textos paulinos, es la composición que resulta de jupo=bajo y tasso=arreglar de manera ordenada, disponer. Se traduce como someter, sin embargo, cabe señalar que esta expresión se refiere a un acto voluntario y consciente, el de ponerse a disposición, en armonía de colaboración, no el de sometimiento servil o sin consciencia, como el que tiene un esclavo (para eso se utiliza: αἰχμαλωτίζω, aichmalōtizō1), o como el sometimiento de un soldado que llega a cometer toda clase de vilezas porque «sólo obedece órdenes», sino el de un ciudadano libre que se dispone para contribuir con la autoridad en los propósitos nobles del Estado.

Ninguno de los personajes que pusimos como ejemplo anteriormente dejó de estar sometido a la autoridad; precisamente, su reconocimiento de que han sido puestos por Dios, les llevó a cuestionar si realmente estaban haciendo lo que se esperaba de ellos. En consecuencia, no a título personal ni en su propio nombre, sino en el de Aquel que les concedió ese lugar de servicio, les llamaron a cambiar de dirección en su camino. En ningún hombre de Dios vemos la insubordinación. Cuando levantaron su voz, se sometieron a la decisión que sus autoridades tomaron en consecuencia porque siempre fueron motivados por el deseo de promover que la autoridad cumpliera con el propósito designado para ellos. Para todo creyente, está claro que ponerse a disposición de una autoridad es algo incuestionable, la rebelión es un pecado equivalente a la adivinación (1 Samuel 15:23), sin embargo, este sometimiento es primeramente al Reinado de Dios, pues los creyentes somos «ciudadanos de dos mundos» y es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 4:19; 5:29).

La labor profética

Sí, Dios creó los poderes y las estructuras para hacer posible un orden que sea propicio para la vida plena; sin embargo, las personas que ocupan esos lugares son pecadores, seres falibles y débiles como todos lo somos.

Ante esta realidad se hace necesario que la iglesia se manifieste en el mundo, no solo con la predicación del Evangelio, sino con el anuncio del Reino de Dios, con el llamado al arrepentimiento, que incluye la invitación a las autoridades para que se sometan a Dios y realicen su vocación de servicio conforme a los principios del Reino.

En este sentido, es importante mantener un sentido crítico frente a las acciones de los gobernantes, para generar consciencia entre las personas con tal de trabajar junto con ellos en la construcción de un mundo en el que se experimenten las bendiciones del Reino que está entre nosotros, los frutos de la justicia y la paz. Esa es la labor profética de la iglesia (1 Timoteo 2:1-4).

«El Estado tiene el derecho de exigir sumisión exclusivamente en su ámbito o jurisdicción; cuando va más allá de los límites, la resistencia es un deber al pueblo profético y recordar que la soberanía de todos los poderes le corresponde a Dios»

Ausencio Arroyo

Bibliografía

1 Strong, J. The exhaustive concordance of the Bible : Showing every word of the test of the common English version of the canonical books, and every occurence of each word in regular order. Ontario: Woodside Bible Fellowship.

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