ÚLTIMA CENA, INICIO DE LA VIDA NUEVA

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fué entregado, tomó pan”

(1 Corintios 11:23).

La mayoría de los pueblos, tiene una narración con la que cuenta la historia de su fundación. Roma contaba la historia de Rómulo y Remo alimentados por una loba. Los aztecas contaban la leyenda de cómo, sus deidades los guiaron hasta encontrar el águila devorando una serpiente apoyada sobre un nopal, en medio de un lago, lugar en el que fundarían su gran ciudad. El México moderno contará la historia de su independencia y pondrá especial interés en el momento conocido como «el grito», evento que se recordará año con año como «símbolo» de la emancipación y del nacimiento de La Nación.

La Pascua fue para los israelitas la historia de su fundación, no surgieron como nación a partir de que ocuparon el territorio prometido, sino a partir de su liberación en Egipto. Desde entonces, cada año, se recordó en Israel aquel evento, no solo por ser un mandamiento de Dios sino por ser tan importante para su historia y significativo para su vida. De esclavos a libres, de no ser pueblo a ser pueblo elegido por Dios, de vivir oprimidos a formar una sociedad justa, de ser propiedad de otros a tener su propiedad, de estar lejos de Dios a tenerlo como tesoro más preciado, cercano y compañero de jornadas.

La ceremonia, permaneció con aquellos símbolos que recordaban los actos extraordinarios de Dios y las bendiciones recibidas, incluso; con el paso del tiempo, se añadieron elementos como las oraciones, los himnos y la bendición de la copa. Sin lugar a dudas, para el pueblo de Israel, la Pascua es la celebración más importante, pues en ella están contenidos los símbolos de la fe, de la explicación de su origen como pueblo y de sus más altos valores.

Para cada pueblo, contar su historia fundante no representa solo el saber acerca de su origen, el dato histórico de hecho es lo menos importante, lo que más interesa son los valores que se desprenden de su historia, por eso, la narración y sus símbolos tienen un gran peso, pues llegan a determinar la cosmovisión, la forma de ser y de pensar de quienes se ven identificados con ella, en consecuencia sirve para dar forma a sus estructuras sociales, políticas, económicas y religiosas. En el relato de fundación se justifican las acciones, las decisiones y los derroteros que se eligen en el desarrollo histórico de cada pueblo.

El nuevo pueblo de Dios: la Iglesia, no es la excepción. También contamos con una historia en la que explicamos nuestro origen y todo lo que ello comprende. Para nosotros, no es el relato de Pentecostés (Hechos 2), sino el Evangelio, y este está representado en el relato de la Cena del Señor. Desde el inicio de la Iglesia, reunirse a participar de la Mesa del Señor, mediante los emblemas del pan y del vino, ha sido el evento más importante entre las celebraciones que la comunidad tiene. El inicio de nuestro pueblo está determinado por la entrega de Jesús como cordero perfecto. Esa narración, con la profundidad de sus símbolos, son determinantes para la vida de la Iglesia y no se pueden tomar a la ligera ni confundir o diluir con otros, pues al hacerlo también se puede demeritar su contenido y fuerza.

Si bien, es cierto que la Cena del Señor se instituyó en el marco de la celebración de la Pascua judía, no es equivalente. Es decir, la Cena del Señor no es para los cristianos lo que la cena de Pascua (Séder) para los judíos. Sin embargo, hay quienes pueden confundir ambos eventos y ponerlos en la misma dimensión. Esto, quizá se deba al hecho de que el apóstol Pablo menciona a Cristo como «nuestra pascua» y a que ambos eventos coinciden en el tiempo. Será importante entonces señalar algunas diferencias, aunque necesitamos comenzar con sus «similitudes».

La primera similitud que salta a la vista es la fecha. Dentro de la gran celebración de pascua, que duraba siete días y se componía de dos eventos, el primero, era la cena de Pascua conocida como Séder, que se comía en la tarde, al final del día 14 del primer mes (Nisán), después de que se sacrificaba a los corderos (Éxodo 12:6). Con esta cena, comenzaba la celebración de los panes sin levadura o los ázimos (matzá/mazzot) que comenzaba en la tarde que da inicio al día 15, la cual duraba siete días (Éxodo 12:14-20). El Maestro no instituyó la Cena en la fecha que corresponde al Séder, sino que «se adelantó» (Juan 13:1) y la tomó al inicio del día 14. Juan 18:28 indica que la mañana en la que el Señor fue juzgado, precedía a la Cena pascual, por lo tanto, aunque la Cena del Señor y la Pascua (Séder) se comen el día 14 de nisán, la primera se realiza al inicio y la segunda al final, y esto tiene un propósito que más adelante comentaremos.

La segunda similitud es la referencia a la palabra Pascua. La palabra Pesaj (Pascua), hace referencia a un brinco, a un salto, al movimiento que hace un cojo al caminar. Es muy probable que esta expresión refiera a la acción de Dios al pasar aquella noche y «saltarse» las casas que tenían la señal en el marco de la puerta. En 1 Corintios 5:7, Pablo menciona que Cristo es nuestra pascua, en este contexto, no se refiere a la fiesta sino a la acción mediante la cual, por medio de su sangre somos libres de la muerte. Aquí, la palabra pascua se utiliza de la misma forma que la levadura, como símbolos de la experiencia cristiana, con la primera se refiere a la experiencia de haber sido liberados de la muerte y la segunda acerca de la pureza moral a la que los creyentes somos llamados.

La tercera similitud es el uso de pan ázimo. El maestro tomó el pan que era parte del Séder (aunque no era la fecha) e hizo el rito como era costumbre, sin embargo, introdujo una explicación diferente a la tradicional, con ello, rompe el significado original y le da un nuevo sentido. Para los Israelitas, el ázimo significaba la prisa con la que tuvieron que salir de Egipto, representaba que la acción liberadora de Dios dio lugar a una salida rápida, sin previsiones (Éxodo 12:34, 39). Jesús por su parte dijo: este es mi cuerpo que por vosotros es entregado (Lucas 22:19). En otros textos del Nuevo Testamento, la levadura tiene una interpretación diferente.

Hemos visto que las similitudes solo son aparentes, es decir, aunque el mismo símbolo está presente, su significado es muy diferente. Completaremos el conjunto de diferencias atendiendo a los elementos distintivos de la Cena del Señor.

La presencia de los doce. La Cena pascual se realizaba regularmente entre familiares, por supuesto había excepciones, sin embargo, en el caso de la Cena del Señor es claro que la presencia de los discípulos no fue accidental, estaba determinada por el propósito de Jesús. En los doce se representa a un Nuevo Pueblo, con ellos se fundará la Iglesia, ellos son, las primicias del Reino de Dios que ha llegado (Apocalipsis 21:14). El número doce representa elección y no es casualidad que sea el mismo número de los patriarcas de Israel que dieron origen a las tribus que conformarían el Pueblo de Dios.  Estos doce fueron llamados, Jesús los eligió, están sentados a la mesa por la gracia de Dios, son lo vil del mundo y lo menospreciado (1 Corintios 1:28), aún el que entregaría al Maestro está allí, símbolo de la inclusión, y los otros le abandonarán, pero serán redimidos. En aquella mesa estaba presente la gracia, la aceptación, el perdón, la justificación, la redención y el amor de Dios vertidos sobre doce discípulos que nos representan a nosotros: la Nueva Humanidad.

El vino. Este no era parte de la cena de pascua que se relata en el libro del Éxodo, se incorporó después como copa de bendición (en realidad eran cuatro). Para los hebreos, el vino representa la alegría de los hombres (Jueces 9:13), se incorporó a la ceremonia como símbolo que expresa alegría, lo opuesto a las hierbas amargas, que les recordaban la condición de esclavitud y los sufrimientos. Jesús utiliza una copa e introduce la frase: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada (Marcos 14:24). Aquí, Jesús da otro giro, completamente novedoso e inesperado al ceremonial, porque carga con un significado incomparable al acto de participar de la copa, es Su sangre y es un Nuevo Pacto.

La consigna de Jesús: haced esto en memoria de mí (Lucas 22:19, 1 Corintios 11:24, 25).  Otro elemento diferente es la encomienda del Maestro, claramente está diciendo que esto es algo nuevo y diferente a la Pascua, está instituyendo. Normalmente cabe la pregunta acerca de las interrogantes que podrían suscitarse en la mente de los discípulos, ya que la instrucción para ellos era la de preparar la Pascua (Lucas 22:13), sin embargo; todas estas diferencias: adelantarse, dar significado nuevo al pan y al vino, hablar de su cuerpo partido, de su sangre derramada y del establecimiento de un Nuevo Pacto, no concordaban con la tradición, era de esperarse que Jesús les dejara claro que estaba estableciendo un Nuevo Memorial, pues se estaba dando origen a algo completamente novedoso. Así que no hubo preguntas, aunque la comprensión vendría después.

¿Y el cordero? Es evidente que Jesús no tomó la «pascua de los Judíos» con sus discípulos, dentro del memorial está completamente ausente el cordero. En esto es necesario detenerse porque Jesús dejó muy claro que iba a morir, que su cuerpo iba a ser partido y su sangre derramada, Él iba a ser el cordero sacrificado. Por ello, es importante resaltar que el día 14, fecha en que murió Jesús, a la hora de la tarde, en medio del proceso de su crucifixión, de manera simultánea, estaban siendo sacrificados muchos corderos como parte de la preparación para la cena pascual. Jesús murió como cordero, su muerte estaba terminando con aquella tradición, un justo estaba siendo víctima de la injusticia, el inocente Cordero de Dios se estaba entregando, eso sería el colmo de la maldad humana y al mismo tiempo el culmen de la gracia divina. En la última cena de Jesús no hubo cordero ni lo habrá después, porque Jesús murió y con su entrega terminó con los sacrificios, pues el suyo, vale una vez y para siempre (Hebreos 9:26; 10:12-14).

Aquella última Cena, narra el inicio de la Vida Nueva, el origen de nuestro Pueblo. En ella están contenidos los símbolos únicos e inigualables que relatan y dan fe del porqué, este Nuevo Pueblo puede ser la luz, la esperanza y el modelo para crear una nueva humanidad.  Nuestros símbolos sagrados, no hayan comparación en ninguna cultura, en ningún acontecimiento histórico, aún la Pascua hebrea, con todo y que fue instituida por Dios, queda como una sombra ante la grandeza de la gloria manifestada en la cruz del calvario. Vivamos nuestra celebración, nuestra pascua, conscientes de los valores, las expectativas, los desafíos y las bondades que están representadas en los símbolos que nos unen a la experiencia de la salvación, de la Nueva Creación, del Nuevo Pacto, del Nuevo Pueblo de Dios, de la Nueva Humanidad y de la Nueva Creación, hasta que lleguemos al banquete celestial, a la cena en la que El Cordero estará presente para unirse con su Novia.

Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.

Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios (Apocalipsis 19:9).

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