TEOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD DE LA PROFECÍA

El libro del Apocalipsis es un libro bíblico que además de no ser fácil de entender, causa mucha expectación e interés en el mundo cristiano y hasta en el que no lo es. Es de llamar la atención, que de todos los cursos que se imparten en la Iglesia, nunca se observa una mayor concentración de gente que cuando se expone sobre el Apocalipsis. En la cosmovisión del mundo occidental, el Apocalipsis es por lo general muy atractivo aunque sea sinónimo de miedo, catástrofes, destrucción, sufrimiento, muerte, guerras, profecías y eventos futuros, pues la gente quiere saber sobre todo eso.
No obstante, nada más alejado de la realidad que considerar esta obra bajo una óptica catastrófica o futurista. Ciertamente el Apocalipsis es un libro que contiene gran dramatismo como es característico del género literario apocalíptico1, más no es una palabra para espantar a la gente y mucho menos al pueblo de Dios, todo lo contrario, es el libro por excelencia que nos trae esperanza y aliento ante la adversidad, es el Espíritu Santo hablándonos ante la crisis y la desesperanza para que vivamos una ética de resistencia, por no decir subversiva2. Contiene un mensaje que trasciende su tiempo y nos sigue hablando aquí y ahora.
El libro comienza con un prólogo y en él, una frase solemne que frecuentemente se pasa por alto: La revelación de Jesucristo. Dicho de otra manera, nos dice: El apocalipsis es Jesucristo. Y es que el apocalipsis es más que un libro de la Biblia, es la revelación, es el quitarnos el velo (apo – kalyptos) que no nos deja ver, y esta revelación no es la guerra o la catástrofe, la bestia, el 666 o el falso profeta, es: Jesús revelado. Y es que estamos hablando aquí de lo que en la gramática griega se llama genitivo plenario. El genitivo no es otra cosa que la manera en que se expresa la relación de posesión o pertenencia, solo que en el de tipo plenario es tanto objeto como sujeto; en otras palabras, es una frase que contiene un doble significado de manera simultánea, lo cual hace que dicha frase diga: Es una revelación tanto por Cristo (Cristo revela) como acerca de Cristo (revela a Cristo).
Esto nos lleva desde el principio del libro a su clave hermenéutica, es decir, la clave para interpretarlo es Jesucristo, el Cordero de Dios, especialmente desde su muerte sacrificial (Apocalipsis 5:6,12-13; 7:9-17; 13:8). Dios se nos revela en Jesucristo (el mensaje de Dios, el Logos), y Jesucristo se nos revela en la cruz, lo que Dios hizo por nosotros.
Jesucristo sin la cruz sería solo filosofía platónica, y con la sola resurrección sería exclusivamente gnosticismo (doctrina del conocimiento intuitivo, misterioso y secreto o gnosis de las cosas divinas que conduce a la salvación) o, en el mejor de los casos, nada más un milagro. Sin embargo, la revelación de Dios está allí donde no queremos, en la muerte. Esto es locura para los griegos (1 Corintios 1:18). Por tanto, cualquier interpretación que hagamos de Apocalipsis debe estar en relación a la cruz, al Cordero inmolado. Todo lo que venga de aquí en adelante, su referencia central será Jesús y la cruz, esto le dará sentido al todo.
Teniendo esto en cuenta, entonces llegamos al verso 3 del prólogo del libro en donde aparece una bienaventuranza o makarismo3, dirigida para aquellos que oyen y leen las palabras de esta revelación. Una bienaventuranza es algo que nos da alegría, pero una alegría que solo puede venir de Dios. Es pues una triple bendición: leer, oír y guardar. Y es que el Apocalipsis es concebido como obra para ser recitada en la asamblea comunitaria, ahí adquiere toda su fuerza, esto es algo que no solía suceder con ningún escrito apocalíptico, pero éste debe leerse en comunidad. La iglesia de hecho tenía lectores para esta tarea, eran los heraldos que representaban la Palabra viva, esto ya sucedía en el año 70 d.C. La lectura de la Escritura era el centro de cualquier culto judío (Lucas 4:16; Hechos 13:15).
La Escritura se leía en las sinagogas judías a la congregación por siete miembros de la misma, aunque, si estaban presentes un sacerdote o un levita, se les concedía prioridad. La Iglesia Cristiana adoptó esta costumbre del orden de la sinagoga, y la lectura de la Escritura siguió ocupando una parte central del culto. El problema de hoy es que no leemos y menos escuchamos; tan solo el ir a la congregación pareciera una carga para muchos, no es prioridad, no importa escuchar a Dios, ni meditar su palabra. No basta con levantar el velo, se requiere que el pueblo colabore escuchando y practicando la palabra de Dios.
La tercer bendición es guardar (teiruntes), que significa observar, vigilar, mantener, que no se nos vaya, no quitar la vista de. Pero ¿qué es lo que hay que vigilar, observar, mantener y poner en práctica? La profecía, y ¿qué es profecía? Existe mucha confusión al respecto, hay un reduccionismo típico en la comprensión que popularmente se tiene de profecía, al considerar que esta es un mensaje solo de tipo predictivo cuando en realidad puede ser predictivo o exhortativo.
Fee y Stuart, en su muy valioso libro: La lectura eficaz de la Biblia4, señalan, con base en una exégesis cuidadosa de los textos proféticos, que solo 5% de esos libros tiene algo que ver con el futuro, y eso mayormente muy cercano, cumplido siglos antes de Cristo. Además, según Fee y Stuart, sólo 2% es mesiánico y sólo 1% puede ser todavía futuro. El 95% que no tiene nada que ver con el futuro no es menos profético por no ser predictivo.
Las visiones del Apocalipsis pueden ser del futuro, pero no siempre ni necesariamente. También, pueden ser del presente de Juan (las siete iglesias). En las visiones, los verbos están en tiempo pasado, no en futuro. En el desarrollo de su mensaje pastoral Juan pasa a menudo del presente al futuro (Apocalipsis 1:5-9), del futuro al presente (cf. 1:10) pero también del futuro al pasado remoto (de 11:15-29 a 12:1-3 y siguiente). «Es un error dar una preferencia a priori a interpretaciones futuras, como también es un error comenzar con un prejuicio contra ellas. Juan no era ni futurista ni preterista, sino pastoral. Ahora es nuestra tarea exegética decidir por las evidencias cómo entender cada pasaje»5.
En otras palabras, la profecía es la palabra en su sentido más teológico, el primer profeta en la Biblia fue Abraham (Génesis 20:7) y el fundador del profetismo fue Moisés, y no porque vaticinara el futuro, sino porque era quien hablaba al pueblo de parte de Dios, era el vocero de Dios, y lo que hablaba era su voluntad para bienaventuranza del pueblo. Un mensaje es profético, en sentido bíblico, por su carácter teológico y ético –denunciativo–, no por predecir el futuro. La finalidad de la proclamación de los profetas es llamar a sus contemporáneos a la conversión, al arrepentimiento, y como dice el texto apocalíptico, porque el tiempo, que deja huella y es de Dios –kairós–, está cerca.
Tenemos pues una palabra que si la escuchamos, meditamos y guardamos es de gran bendición para nuestras vidas. Es la palabra que se nos descubre en Cristo pero que cobra sentido en su muerte por nosotros. Esta es una palabra no para el futuro ni para el pasado, sino para el presente, no para el morbo o la especulación o el terror, sino palabra que denuncia, resiste, promete y devela el amor de Dios en la palabra por excelencia, el Logos, Jesucristo, la voz de Dios para nosotros en todo tiempo.
Vivimos en tiempos difíciles, los poderes políticos se ensoberbecen y engañan al pueblo. Hay incertidumbre en lo que pueda pasar, los cristianos no somos perseguidos como antes, pero si somos testigos de la injusticia y la idolatría de nuestro tiempo. Hoy por hoy, necesitamos de la Palabra, de la profecía, no para saber el futuro o adivinar qué viene según nuestras teorías, sino para seguir el modelo de Jesús, el Cordero. Fieles y testigos hasta la muerte, denunciando la maldad y optando por la vida, el amor y el evangelio. Después de todo, como dijera Karl Barth: «Ante la cruz de Cristo, nadie es grande».

Referencias
1 Este tipo de literatura surge en un momento de crisis nacional en el mundo judío, y propone una manera distinta de comprender la vida. Los narradores apocalípticos ven que la realidad es inhumana, bestial, y anuncian juicio que invierta la situación. http://www.lupaprotestante.com/blog/apocalipsis/ Lupa Protestante. Acceso (12.02.2018).
2 Idem. Más que un libro de miedo al fin del mundo, se trata de una invitación a resistir mediante la ética y la liturgia ante las amenazas de los Imperios que destruyen los símbolos de los pequeños pueblos.
3 Son 7 makarismos en todo el libro: 1,3; 14,13; 16,15; 19,9; 20,6; 22,7; 22,14. Se leen uno a la luz de los otros y no se agotan con lo que dice solo uno de ellos. El número de totalidad y plenitud es el 7.
4 Gordon Fee et Douglas Stuart. La Lectura Eficaz de la Biblia, Editorial Vida, Miami 2007.
5 Juan Stam, Leamos el Apocalipsis en Clave Pastoral. Protestante Digital, Febrero 2014. http://protestantedigital.com/magacin/14253/Juan_Stam_Leamos_el_Apocalipsis_en_clave_pastoral

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