LA ORACIÓN QUE DIOS OYE

Ante las dificultades y necesidades que enfrentamos en nuestro diario vivir, tenemos una manera muy especial de comunicarnos con nuestro Padre Celestial y es por medio de la oración.

La oración es la comunicación del ser humano con Dios, es un vínculo tan íntimo donde nosotras como creyentes expresamos al Creador nuestros pensamientos, sentimientos, temores, esperanzas y gratitudes.

Dios es un Dios que desea comunicarse con cada uno de sus hijos, está atento, Él desea que tengamos esa confianza de acercarnos y pedir lo que necesitamos: Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye (1 Juan 5:14).

Como padres conocemos a la perfección cuando nuestros hijos están alegres, tristes o preocupados, pero nos gustaría que ellos tengan la suficiente confianza para acercarse a nosotras y poder ayudarles. Hace tiempo uno de mis hijos tenía una preocupación, aunque no me la había comentado, ya sabía cuál era su necesidad, le dije a mi esposo que le ayudara y me respondió: «deja que él lo pida».

Dios no está ausente en nuestras vidas, no está exento de cada aspecto de nuestra vida, Él se manifiesta cuando lo invocamos: Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen, oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará (Salmo 145:18-19).

Tal vez en alguna ocasión hemos escuchado a algunas personas decir que Dios no escucha sus oraciones, inclusive hemos escuchado esa queja en boca de hermanos de la iglesia. En las Escrituras podemos ver los principios que Dios utiliza para las oraciones: El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable (Proverbios 28:9), será bueno analizar cómo está nuestra vida ante los ojos de Dios.

La oración que Dios oye

En Lucas 18:9-14 vemos la parábola de el Fariseo y el Publicano, en la cual Jesús habla a unos que confiaban en sí mismo como perfectos, como justos, menospreciando a otros: Dos hombres subieron al templo a orar, uno era fariseo y otro publicano. El fariseo puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como este publicano, ayuno dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano (vv. 10-12).

El nombre Fariseo viene del arameo parash que significa separado o apartado(1). Por tanto, el fariseo se consideraba separado para no contaminarse. El fariseo era una persona que pertenecía a un grupo religioso judío de la época de Jesús, que se caracterizaba por observar escrupulosamente y con cierta afectación los preceptos de la Ley Mosaica; en general, se interesaba más por la manifestación externa de esos preceptos que por seguir el espíritu de la Ley(2)

Veamos en esta parábola la actitud del fariseo cuando sube al templo a orar:

1. Oraba consigo mismo: muestra que no estaba orando a Dios, quería que lo escucharan los que estaban a su alrededor, con esta actitud muestra orgullo en su vida: Y cuando ores, no seas como los hipócritas, porque ellos aman el orar en pie en medio de las sinagogas… (Mateo 6:5).

2. Juzga y menosprecia: Al dar gracias por no ser como otros hombres que viven en pecado, se siente superior a los demás, si bien era estricto con las disciplinas espirituales guardando al pie de la letra la ley, se enaltecía, era soberbio, jactancioso: Altivo, arrogante y escarnecedor son los nombres del que obra con orgullo insolente (Proverbios 21:24, LBLA).

3. Se enaltecía: Ayunaba dos veces a la semana y daba el diezmo, el fariseo buscaba aprobación y admiración ante los hombres. Cuando ayunéis no seáis austeros como los hipócritas (Mateo 6:16a). El Señor Jesús nos da enseñanza de que, al dar nuestras ofrendas y diezmos, al ayunar, sea en secreto, el Padre ve en secreto y dará la recompensa (Mateo 6:1:4, 16-18).

Ahora veamos la contraparte del fariseo, el otro hombre que subió al templo a orar, era un publicano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios sé propicio a mí, pecador (Lucas 18:13). Un Publicano es una persona que tenía la responsabilidad de cobrar los impuestos para los romanos y como todos los cobradores de impuestos, eran odiados, lo consideraban un gentil(2)

Actitud del publicano cuando subió al templo a orar:

1. Estaba lejos: el publicano se mantenía a una distancia, no se quería acercar, en el versículo 13 no menciona en qué parte del templo estaba, probablemente se mantenía en la entrada, mientras que el fariseo estaba en el centro, acusándolo ante Dios como un pecador. El publicano se sentía indigno y por eso se mantenía alejado.

2. No alzaba sus ojos: El no alzar los ojos es una muestra de humildad, se sentía avergonzado ante la presencia de Dios, a diferencia de la soberbia del fariseo.

3. Se golpeaba el pecho: Se trata de un gesto de arrepentimiento que era común dentro de los rituales judíos, lo vemos cuando Jesús fue crucificado: Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho (Lucas 23:48).

4. Expresaba «Sé propicio de mí»: Imploraba la benevolencia de Dios al reconocer que era un pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro (fariseo), porque cualquiera que se enaltece, será humillado y el que se humilla será ensalzado (Lucas 18:14).

Esta hermosa parábola es una gran enseñanza para nuestra vida, para reflexionar acerca de nuestra comunicación con Dios, y saber cuál es la oración que Él escucha.

Entonces, ¿a quiénes escucha Dios?

1. A los humildes: Cercano esta Jehová a los quebrantados del corazón y salva a los contritos de espíritu (Salmo 34:18). A los soberbios los resiste Dios y da gracia a los humildes (Santiago 4:6).

2. A los obedientes: Debemos esforzarnos para honrarle y respetarle obedeciendo su palabra: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho (Juan 15:7), no nos confundamos como muchos lo hacen escudándose de que todo lo que pidamos en el nombre de Jesús será dado, sí, así será, si permanecemos en Dios.

3. A los que tengan Fe:  Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra (Santiago 1:6).

4. A los que hacen justicia: Claman los justos y Jehová oye. Y los libra de todas sus angustias (Salmo 34:17). El hombre justo, en términos humanos, es aquel que por guardar los mandamientos de Dios contribuye a la paz y la prosperidad de sus semejantes. Siempre debe establecerse una íntima relación entre servir a Dios y el trato que tenemos con los hombres Malaquías 3:18 discerniréis la diferencia entre lo justo y lo malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve(1)

Hermanas tengamos la certeza de que Dios escucha nuestras plegarias cuando cumplimos con sus principios, cuando le obedecemos, cuando somos justas, tenemos fe y somos humildes, quitando toda amargura para tener un corazón limpio. Dios no escucha la oración si tenemos rencores. Mientras nuestro corazón no esté acorde a Dios, nuestras oraciones pueden ser repeticiones, no seamos como las personas que dicen: «Dios no escucha mi oración»(2)

El Señor les bendiga.

Fuente de consulta

• La Santa Biblia (2000). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas (Versión Reina-Valera 1960).

(1) Nuevo Diccionario de la Biblia

(2) Estudio Bíblico para Mujeres

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